Brain trusts: ellos deciden qué películas vas a ver

Pixar fue la primera en crear el suyo, y hoy en día cada vez son más las productoras que recurren a ellos: así son los comités creativos de Hollywood.

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17 de junio de 2016

En un futuro lejano, cuando los historiadores (si es que aún existe de eso) quieran saber de qué iba el cine de comienzos del siglo XXI, tendrán que apañárselas con muchos términos cuya explicación resulta muy farragosa. “Saga”, “franquicia”, “viralidad” o “universo compartido” serán algunos de ellos. Pero, especialmente, habrá uno que les llevará a quemarse las pestañas buscando una definición sencilla: se tratará de aquello que en inglés suele llamarse “brain trust” y cuya versión aproximada en castellano sería “comité creativo”.

¿De qué estamos hablando? Pues de una reunión de personas (más o menos numerosas, más o menos talentosas) que se dedican a dar líneas maestras sobre cómo deben hacerse unas películas determinadas. En general se trata de entidades con escaso poder ejecutivo: en muchos casos, carecen de derecho a veto y de otras atribuciones que pueden amargarle la vida a un director y que, para variar, siguen reservándose los productores. Ahora bien, sus sugerencias pueden tener el peso de un decreto ley. Y, lo más importante, los grandes estudios recurren cada vez más a ellos, ahora que las tendencias de Hollywood imponen spin offs y secuelas cada vez más interrelacionadas entre sí.

Curiosamente, la creación del primer brain trust tal y como hoy lo conocemos se le atribuye a un estudio que (teorías de fans aparte) nunca ha recurrido hasta hoy a un universo compartido, y cuyas secuelas no han compuesto (hasta ahora, al menos…) el grueso de su producción. Hablamos de Pixar: ya desde 1995, los empleados de la Casa del Flexo están guiados por un consejo de sabios fundado por John Lasseter, Andrew Stanton (Buscando a Nemo, WALL*E), Ed Catmull, Pete Docter (Del revés) y Joe Ranft. Con el tiempo, la membresía de este selecto círculo se ha renovado, y entre sus componentes de hoy encontramos a Lee Unkrich (Toy Story 3) y Brad Bird (Los Increíbles).

¿A qué se dedica, exactamente, el brain trust de Pixar? Pues, de acuerdo con la descripción de Ed Catmull en su libro Creativity Inc., a servir estrictamente como un órgano consultivo: nada de restricciones, de presiones y de “no volverás a trabajar en esta ciudad”, afirma el productor de Toy Story. “La sinceridad es crucial en nuestro proceso creativo”, explica Catmull. “¿Por qué? Porque, de primeras, todas nuestras películas son una mierda”. La necesidad de evitar que la primera aventura de Buzz Lightyear acabase convertida en un filme “insustancial, cursi o sometido al merchandising” llevó a los fundadores del estudio a decírselo todo a la cara, naciendo así esta asamblea en la que sólo hay creadores, no ejecutivos y cuyos consultantes son libres de seguir o no sus indicaciones. “Las soluciones que podamos dar nosotros nunca serán tan buenas como las que puedan ocurrírsele al director”, afirma Catmull.

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Hasta ahora, todo muy bonito. Pero también cabe suponer que, aunque se insista en la igualdad y en el buen rollo (según Ed Catmull, una de las normas del comité de Pixar es que nunca jamás da directrices), hallarse frente a Lasseter y otros señores que son leyendas vivas en lo suyo impondrá lo bastante como para que aquello que te dicen sea algo más que un consejo amistoso. El caso es que el ejemplo de Pixar influyó lo bastante como para que otros estudios adoptasen el mismo sistema, sobre todo aquellos cuyos planes de marketing se basan en mantener la continuidad entre distintos seriales. Sin ir más lejos, Marvel Studios (emparentada con Pixar, al ser ambas compañías parte del imperio Disney) tuvo uno de estos comités, en el que se daban cita veteranos del cómic como Brian Michael Bendis y Joe Quesada, más ejecutivos de alto nivel como Alan Fine y Dan Buckley. Un reflejo para el cine de esos consejillos de dirección que, en las viñetas, se encargan de supervisar lo que hace cada superhéroe en cada momento, y en evitar contradicciones entre una colección y otra.

¿Por qué usamos aquí el tiempo pasado? Pues porque el comité creativo de Marvel pasó a mejor vida en septiembre de 2015: la guerra civil librada entre el CEO de la Casa de las Ideas, Ike Perlmutter, y el mandamás Kevin Feige acabó con la victoria de este último, y con la disolución del brain trust. Desde entonces, es Feige quien domina en solitario el cotarro, aconsejado por unos pocos expertos de confianza. Una ironía muy gorda: en 2012, el propio presidente de Marvel studios hablaba maravillas de este comité: “Es gracias a ellos que podemos estrenar dos películas al año”, afirmaba el muy fariseo.

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Por otra parte, al igual que Marvel, DC y Warner tuvieron su propia asamblea de cerebros privilegiados. O la tienen, que esto no es seguro: en 2015, el productor Charles Roven desveló la existencia de un comité creativo formado por él mismo, Zack Snyder, su esposa Deborah Snyder, Geoff Johns (guionista de Arrow y Flash, tanto en papel como en viñetas, además de becario en el rodaje de Arma letal, siglos ha) y el ejecutivo Jon Berg. En mayo de este año, la marimorena armada en los despachos de DC a resultas de las malas críticas a Batman v Superman: El amanecer de la justicia llevó al estudio a quitarle poder a Charles Roven… pero también a incrementar la cuota decisoria de Johns y Berg, quienes se habrían convertido en las máximas autoridades del Universo Cinematográfico DC. Sobre si los Snyder están de acuerdo o no con esta reestructuración, o si siguen interviniendo en el devenir de filmes como Wonder Woman o Aquaman, nadie dice ni pio.

Sin salir de Warner, también tenemos otro brain trust, creado en 2013 para supervisar los estrenos de animación del estudio. Según se dijo en su momento, está dirigido por la dupla de Phil Lord y Chris Miller (La Lego película, Infiltrados en la universidad, Lluvia de albóndigas), junto con el guionista de Los Muppets, Nicholas Stoller (Malditos vecinos 2), John Requa y Glenn Ficarra (Crazy Stupid Love) y Jared Stern, un señor cuyo currículum (con Los pingüinos del Sr. Popper y Los becarios como piezas más distinguidas) puede darle escalofríos a más de uno. Entre las películas supervisadas por ese “consorcio creativo”, como lo ha bautizado la productora, está Cigüeñas (Storks), la comedia sobre bebés y cigüeñas que se estrenará el año que viene, codirigida por Stoller. 

Otro ejemplo de comité creativo es el empleado por Universal. Como sabemos, esta productora está enfrascada desde hace tiempo en el relanzamiento de sus monstruos clásicos en un universo compartido, para lo cual reclutaron a Alex Kurtzman (Transformers) y Chris Morgan (guionista de la saga Fast & Furious), junto a Noah Hawley (showrunner de Fargo), Ed Solomon (Ahora me ves) y Aaron Gulzowski (Prisioneros), estos últimos incorporados más recientemente. De esta asesoría han nacido cintas como Drácula: La leyenda jamás contada y Victor Frankenstein.

Seguramente, el censo de conciliábulos dedicados a decidir qué proyectos salen adelante, y qué rumbo toman los proyectos ya aprobados, será mucho mayor, pero estos son los más importantes (o, al menos, aquellos cuyo funcionamiento ha sido más publicitado). La próxima vez que el blockbuster de turno te decepcione, piensa que probablemente habrán sido muchas las cabezas que han participado en su gestación…

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