‘Boi’, una película extraordinaria

La ópera prima de Jorge M. Fontana, protagonizada por el carismático Bernat Quintana, es el mejor debut del año

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29 de marzo de 2019

“Boi nace de una ambición personal: encontrar lo extraordinario en lo ordinario”. Así define el director Jorge M. Fontana su insólita ópera prima. Una ambición que comparte con su protagonista, el chaval de 27 años cuyo nombre da título a la película y para el que cualquier acto banal puede convertirse en material de novela. Con un corte de pelo a lo Antoine Doinel este aspirante a escritor que trabaja de chofer en una VTC y vive fascinantes aventuras entre la fantasía y la realidad, es, sin lugar a dudas, la mejor sorpresa de nuestro cine en lo que llevamos de año. Cuanto menos, una película extraordinaria en un panorama, por lo general, bastante ordinario. 

Situada en una Barcelona abstracta, nocturna, portuaria, vista desde imponentes zooms aéreos, en la que los fuegos artificiales conviven con los mendigos, las gaviotas y los edificios inspirados en piernas de mujer –no de la manera que crees–, la ópera prima de M. Fontana transita como su protagonista por una carretera de destino impreciso. ¿Cuál es la historia de Boi que el director pretende contar? ¿Qué negocios oscuros se traen entre manos los chinos –estupendos Andrew Lua y Adrian Pang  que le han contratado de chofer? No está claro ni importa lo más mínimo. Como en el cine de David Lynch o el de Jim Jarmusch, al que Fontana mira de cerca, Boi prioriza sobre una hipotética trama de thriller –de hecho, a ratos resulta un estorbo–, la atmósfera y los personajes. Para empezar, rodando en 35 mm y sumergiendo al espectador desde la primera secuencia –flores marchitas, “Tú serás mi baby” interpretada por Los Surfs en la radio– en una experiencia cinemática que, lamentablemente escasa en nuestro cine. Enseguida, la banda sonora de El Guincho, tambores, palmadas, electrónica, se erige como el verdadero hilo conductor de la película, cuyos letreros luminosos, así como su temática, inevitablemente recuerdan a Drive.  

También como en el cine de Lynch, Boi nos sumerge en universo aparentemente normal –el de los conductores de VTC– que, mirado de cerca –peluquines y símbolos recurrentes– resulta inquietante. Tanto como ese club nocturno de trompetistas con gafas de sol y baños con espejos peligrosos, como el enano que persigue al protagonista. ¿O no lo persigue? Es ahí donde Boi aporta su singularidad, ese humor castizo que va desde lo valleinclanesco al slapstick que defiende con soltura el carismático Bernat Quintana. Los taxis amenazan a este conductor accidental que recorre Barcelona junto a su perrita entre lacónico y observador, que relee intermitentemente El tigre de Tracy, de William Saroyan, y la carta de rechazo de una editorial y se embarca con el mismo carisma en soliloquios de amor y en subtramas violentas de la mafia china. 

Ante la sorpresa de Boi uno se pregunta en qué hemos fallado, medios, festivales, industria para no prestarle la atención que merece. ¿Por qué no ha competido este magnífico filme en el festival de cine español de Málaga? ¿Y en el de Berlín? Más allá de los gustos de los comités y vista la sección oficial de ambos certámenes escama un poco su ausencia. Una última reflexión, además, dedicada a Aquí y allí, la productora de Boi. En un panorama industrial, con excepciones –Enrique Lavigne, Álex Lafuente, María Zamora, Valérie DelpierreLastor y algunos más–, cada vez más ordinario, Boi rezuma no solo talento, el de su director, sino esa libertad artística que solo pueden proporcionar productores. No es casual que sean los mismos que hicieron posible otra película extraordinaria titulada Magical Girl.  

Boi se estrena el 29 de marzo.

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