[Berlín 2017]: La arrogancia de Europa

La Berlinale, tan volcada al cine social de trazo grueso, proyecta dos fascinantes alegatos políticos

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14 de febrero de 2017

¿De qué se habla hoy en Berlín?
De la rueda de prensa de Aki Kaurismäki. Preguntado por la banda sonora de su película, el lacónico e irónico director respondió: “Es muy normal, tiene sonido y música”. O, más en serio: evocó a Jean Renoir, quien dijo que intentó sin éxito parar la Segunda Guerra Mundial, y añadió que “no quería cambiar al público, sino el mundo, aunque quizá me tenga que conformar con cambiar Europa”.

¿Qué películas has visto?

The Other Side of Hope, de Aki Kaurismäki.

Dice Kaurismäki que lo que comenzó como una trilogía portuaria con El Havre, ha pasado a ser una trilogía sobre la inmigración con The Other Side of Hope. De hecho, el director finés ha realizado una película contemporánea y política, un ejercicio de humanismo profundamente conmovedor. La historia de vidas cruzadas entre un finlandés que ha abierto un restaurante y un refugiado sirio que acaba de llegar a la ciudad sirve a Kaurismäki para trazar un alegato a la comunidad, en torno a cómo las personas pueden tener una ética y un humanismo más fuerte que el sistema. Y, ya que estamos en Berlín, vale la pena recordar que el año pasado el Oso de Oro fue para Fuego en el mar, un documental sobre la vida en Lampedusa, cuya costa intentan alcanzar los refugiados. Aquella película adolecía de una cierta ambigüedad: pretendía denunciar las dos caras de la isla, la de sus habitantes y la de aquellos que se quedan en el mar, y sin embargo, en ella, los refugiados se quedaban sin la identidad individual del protagonista. En Fuego en el mar, el refugiado es una idea. En cambio, en The Other Side of Hope, es el héroe, cuyo rostro, teñido de negro, emerge de entre el carbón, en una de las imágenes más bellas de la película.

Z. La ciudad perdida, de James Gray.

Con Z. La ciudad perdida Gray ha dejado la ciudad de Nueva York, donde había desarrollado toda su filmografía. Puede que sea este cambio de localización lo que hace de Z. La ciudad perdida una película más clásica que, sin embargo, y a fuego lento, va armándose de fascinación. La historia de Percy Fewcett, un explorador británico que emprendió varios viajes para encontrar la antigua ciudad de Z, escondida según él en la jungla del Amazonas, se abre como una muñeca rusa. Se narra la obsesión del protagonista, el respeto por los indígenas, la denuncia de una Europa que se cree más civilizada pero que está a punto de adentrarse en la barbarie de la Gran Guerra, la lucha de la mujer de Fewcett para que él reconozca también sus deseos…Gray traza esta poliédrica película con sencillez, sin necesidad de caer en lo panfletario, armado con los recursos de aquel cine clásico en el que el discurso se mezclaba con el entretenimiento. De hecho, uno de los momentos más bellos de la película tiene lugar en movimiento, cuando Percy y su hijo toman el tren para iniciar un nuevo viaje al Amazonas: el vehículo se mueve, y la cámara con él, dejando atrás a un grupo de gente se despide de los exploradores desde el andén; mientras, un travelling muestra a la mujer y a los otros hijos de Percy, que duermen plácidamente en la casa. Los planos del tren y del hogar, ambos en movimiento, riman. La idea de aventura, de viaje, queda perfectamente definida gracias al travelling, que casa con “travel”.

Sin embargo, esta no es una película feliz, sino el retrato de una obsesión febril, similar a la que sufre el Fitzcarraldo de Werner Herzog, y de un paisaje tan salvaje como seductor. Z. La ciudad perdida desmonta el mito de Europa como la piedra angular de la civilización. Las maneras de Aki Kaurismäki y las de James Gray no podrían ser más distintas y, sin embargo, ambos han realizado dos películas políticas, sobre la arrogancia de nuestro viejo y desgajado continente.

La imagen del día

El actor Sakari Kuosmanen cantando un tango finés en la rueda de prensa de The Other Side of Hope.

¿Qué esperas de mañana?

A Álex de la Iglesia y su bar.

Berlinómetro

De la competición: The Other Side of Hope y Bright Lights, de Thomas Arslan. En los márgenes: Verano 1993, Call Me by Your Name y The Lost City of Z.

 

Berlín Día 1.

Berlín Día 2.

Berlín Día 3.

Berlín Día 4.

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