[Berlín 2015] Bienvenidos al club

El chileno Pablo Larraín entra en la carrera por el Oso de Oro con 'El club', un retrato de humor negro y puntería acusadora sobre los casos de pederastia en la Iglesia Católica.

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10 de febrero de 2015

¿De qué se habla en la Berlinale hoy? De lo contenta que se va a poner la Iglesia Católica cuando vea El club, del chileno Pablo Larraín. De lo jodido es que se te estropee el ordenador en medio de un festival de cine (de esto ahora mismo sólo habla servidor).

¿Qué hemos visto? 1. El club, de Pablo Larraín. Tras la relativamente soleada No (2012), Pablo Larraín vuelve a hacer el cine que mejor se le da: ese que en cuanto lo ves te dan ganas de suicidarte. Conste que esto es un cumplido: en cuanto uno asume que se ha sentado frente a la pantalla para deprimirse, demolerse y empacharse de sordidez, películas como Tony Manero (2008), Post Mortem (2010) y ahora esta se revelan como obras mayúsculas. En concreto El club se sitúa en una casa en la playa ocupada por sacerdotes descarriados –pederastas, fascistas, ladrones de niños, más pederastas, y más pederastas—, teje un relato que funciona como híbrido macabro de Aquí no hay quien viva y Los Soprano y que, haciendo gala de un irresistible humor negro y de una furiosa puntería acusadora, señala con el dedo la mala costumbre de la Iglesia de esconder sus vergüenzas debajo de la alfombra como si fueran meras pelotas de polvo.

2. As We Are Dreaming, de Andreas Dresen. Si mezcláramos Trainspotting, de Danny Boyle, con La guerra de los niños, de Parchís, el resultado sería bastante parecido a esta lamentable película que, junto a Queen of the Desert, de Werner Herzog, es lo peor que la competición de la Berlinale ha dado este año. El cine alemán se sale.

3. Body, de Malgorzata Szumowska: las expectativas eran bajísimas considerando el historial previo de una directora que en Ellas (2011) sugirió que el papel de la mujer en el seno de las familias de clase media es comparable al de una prostituta, y que en Amarás al prójimo (2013) vino a decir que la Iglesia Católica es esencialmente un refugio para homosexuales –ahí Larraín no estaría del todo en contra de ella–. Por eso Body, sin ser gran cosa, ofreció algo parecido a una sorpresa positiva: se trata de un drama con toques de comedia absurda que sitúa médiums, policías borrachos y bulímicas en el seno de una sociedad polaca totalmente deprimente para hablar de lo mucho que cuesta cerrar las heridas causadas por la pérdida.

¿Qué has comido? Una ensalada César y una cerveza de trigo. Y, en una fiesta en honor del cine chileno, ganchitos. Nivelazo.

¿Qué esperas de la jornada de mañana? Nada, básicamente. Porque por un lado se presenta Eisenstein en Guanajuato, lo nuevo de Peter Greenaway –“Ah, ¿pero Greenaway está vivo?”, preguntó ayer la redactora jefe de Cultura de un periódico nacional a su enviado especial a la Berlinale, y este no supo muy bien si responder que sí o que no–, y por otro se estrena mundialmente Cincuenta sombras de Grey, de la que cabe esperar lo que cabe esperar. Así que lo dicho: nada.

Berlinómetro: El club ha irrumpido con fuerza en la zona más caliente de las quinielas. Fue ovacionada por la prensa, los críticos la ponen por las nubes y a Darren Aronofsky, presidente del Jurado, tiene pinta de haberle encantado.

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