Así me enseñó el cine a sobrevivir una invasión extraterrestre

Los hay que vienen en son de paz, también los que vienen a matarnos e incluso hay algunos extraterrestres de los que podemos llegar a enamorarnos.

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20 de noviembre de 2016

A la pregunta del físico Enrico Fermi: “¿Dónde está todo el mundo”? Tim Ruban contó en su excelente artículo La paradoja de Fermi las diferentes teorías que intentaban explicar cómo era posible que en la absoluta inmensidad inabarcable incluso para nuestra limitada mente humana que es el universo nadie, ningún vecino, haya venido a saludar. ¿Hay más vida inteligente ahí fuera? Una de las preguntas más frustrantes que se haya hecho el ser humano jamás.

Ruban, después de hacer algunos números variando entre diferentes hipótesis y siempre quedándose con los datos más conservadores llega a esta conclusión “Así que hay 100 planetas análogos a la Tierra por cada grano de arena del mundo. Piensa en ello la próxima vez que estés en la playa”.

Una frase como esa es imposible de olvidar. Y de hecho el día que después de leer algo así vas a una playa de Alicante y coges un puñado de granos de arena te entra un sudor frío terrible. ¡Maldita sea! ¿Cómo es posible que no hayamos recibido la visita de nadie todavía? ¿Es que acaso somos el vecino al que nadie quiere saludar en el rellano? Sin embargo, hay que tener cuidado con lo que se desea, quién sabe si las intenciones de una raza extraterrestre que venga a visitarnos serán buenas o terriblemente belicosas.

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La llegada es la última película que plantea este situación y Denis Villeneuve lo hace con un abrumador estilo, lleno de tensión y a través de una historia demoledora que constata que estamos en el mejor momento de la ciencia ficción. Hasta ahora ninguna película había hecho sentir al espectador una sensación tan cercana a lo que de verdad sentiríamos si se da el caso de una visita extraterrestre. También en La llegada hay dudas sobre cómo actuar ante ELLOS… Las mismas dudas que tendríamos nosotros.

Menos mal que el cine nos ha enseñado a comportarnos si algún día sufriéramos una invasión alienígena.

Hablar su idioma

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Importantísimo primer paso. Antes de recibirles en el desierto de Nevado ¿Dónde si no recibiría la raza humana a los extraterrestres? Hay que estar seguros de que vienen en son de paz. Puede que se comuniquen con nosotros mediante ondas de radio que nosotros debemos descodificar como tan bien hizo Eleanor Arroway y su equipo en Contact, una película de Robert Zemeckis que funciona como antecesora de Arrival solo que mucho menos ambiciosa.

O también puede que sean tan sumamente inteligentes (o que nos lleven observando tanto tiempo) que hablen nuestro idioma, como en el caso de los lagartos de V.

Aunque sin duda los idóneo es que la comunicación se haga a través del arte, de la música. Eso sí que sería fascinante, Steven Spielberg así lo plasmó en Encuentros en la tercera fase, que se ha quedado algo antigua en el planteamiento (La llegada ha devorado a todas sus predecesoras) pero que sigue mereciendo la pena aunque sólo sea  por ver a François Truffaut hablando con un ovni a través de cinco notas de (cómo no) John Williams.

Aún sí casi es preferible encontrarse con las típicas razas extraterrestres que vienen a matarnos a todos sin avisar. Al menos a estos se les ve venir y no te intentan engañar con argucias de ningún tipo. Cuando tú como ciudadano ves la gran nave de Independence Day atravesar las nubes y tapar el sol de todo Manhattan queda claro que se avecina rock and roll. Mucho mejor esto que invitar a un extraterrestre a casa y que acabe comiéndote, digo yo.

No plantar maíz

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Si te vas a hacer agricultor o ya lo eres olvídate de plantar maíz. Para los extraterrestres es un lienzo en blanco y van a convertir tus campos en pistas de aterrizaje.

Ocurrió en Señales y bastantes problemas tenían ya Mel Gibson, su hermano Joaquin Phoenix y su desestructurada familia como para combatir la invasión de unos alienígenas bastante chungos. Sin embargo, todo se resolvió de la manera más tonta posible como a veces pasa… Que la solución a nuestros problemas la tenemos delante de nuestras narices. Lo que nos lleva al siguiente punto.

No subestimar a la humanidad

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Lo más lógico sería pensar que las primeras razas extraterrestres que nos visiten  están mucho más avanzadas tecnológicamente. Sería lo lógico si han llegado hasta aquí. Sin embargo, nunca debemos subestimarnos como raza, ni a nosotros, ni a nuestro propio planeta. El cine en películas como Señales o La Guerra de los mundos nos han enseñado que los extraterrestres también pueden pecar de soberbia y cometer errores fatales.

Si no has visto Señales sáltate este párrafo… ¿A quién se le ocurre invadir un planeta en el que el 96’5% es agua sin antes comprobar que el agua es una sustancia altamente tóxica para tu organismo? Muy avanzados no estarían.

Con la guerra de los mundos pasa algo parecido… Se cargan medio planeta y les mata un constipado, un virus que nosotros superamos hace siglos. JA.

Echar el CV en una agencia llamada MIB

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¡Ah! ¿Qué no sabías que los extraterrestres llevan entre nosotros unos cuantos milenios? Pues sí, y de hecho la mejor forma de salvarte si la relación con las cientos de razas que conviven en la Tierra comienza a desequilibrarse es enrolarte en la agencia especial de los Hombres de Negro. Ellos son una especie de agencia gubernamental que trata de mantener la paz entre los distintos seres de este vistoso y extraño universo. Si hubiera una guerra cósmica ellos serían los primeros en enterarse y por tanto los que tendrían más oportunidades de salvarse.

Hazte amigo de uno de ellos

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El siguiente paso es la amistad. El cine no siempre nos enseña el lado malo del extraterrestre… ¿Y si es posible ser amigos? Steven Spielberg nos regaló la película más sentimental sobre la posibilidad de un contacto alienígena. Qué amistad la de E.T., cuántas lágrimas vertidas en las salas de cine y también en el sofá de casa, claro. Evidentemente no hay mejor manera de evitar un conflicto con extraterrestres que tratándolos estupendamente, cuidarlos, disfrazarlos, darles de comer, convertirnos en sus inseparables amigos.

Y no todas las amistades que nos ha enseñado el cine son tan sensibleras como la de E.T. y Elliott. Simon Pegg y Nick Frost se encuentran en Paul con un pequeño alienígena al que deciden ayudar para escapar del gobierno y regresar a su hogar. Si por el camino hay fiestas, sexo, drogas y rock and roll, pues mejor. Los dos frikis interpretados por Pegg y Frost tienen casa al otro lado de la galaxia.

Enamórate de un Alien

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El roce hace el cariño y el siguiente paso es enamorarse de un Alien. Y el cine nos ha enseñado que esto pasa, sobre todo si el Alien tiene la apariencia de Kim Basinger como ocurre en Mi novia es una extraterrestre, una película de los ochenta en la que Dan Aykroyd se enamora de una tal Celeste, una extraterrestre que comienza a degustar los placeres de la vida humana enfrentándose a disparatadas situaciones. Una comedia de enredos camuflada en cine de ciencia ficción que nos enseña que enamorarse de un extraterrestre nos puede salvar la vida a nosotros y quizá a la humanidad entera.

NO los trates como una raza inferior

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Hemos tenido una visita alienígena y claro, nos entra el pánico y ante un ataque hostil decidimos encerrarlos en campos de concentración. El cine también nos ha enseñado, gracias al magnífico director Neill Blomkamp, que esta es una mala idea. Su apartheid extraterrestre titulado Distrito 9 es una distopía tan brutal y tan llena al mismo tiempo de sátira que pronto se convirtió en película de culto.

Además no diría mucho de nosotros como especie y tarde o temprano surgiría una rebelión atroz o lo que es peor, vendrían sus compatriotas a buscarlos dando comienzo una guerra interestelar que dada nuestra tecnología actual acabaría con nosotros en un abrir y cerrar de ojos.

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