Así fue la gala de los Premios Feroz 2015

¿De verdad se besaron Jose Coronado y Miguel Ángel Muñoz? ¿Le dolió a Paco León el tortazo de Marián Álvarez?

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25 de enero de 2015

Antes de que comenzase la gala de los Premios Feroz 2015 (segunda de muchas, esperamos), nosotros ya le habíamos colocado un adjetivo a los premios españoles de la crítica. Y ese adjetivo era “giratorio”. ¿Por qué? Pues porque, en su Twitter, los galardones insistían en mostrarnos vines de las estrellas asistentes en los que éstas aparecían, indefectiblemente, girando sobre su propio eje antes de entrar al Gran Teatro Ruedo Las Ventas. De esta manera, Carlos Vermut y Bárbara Lennie (Magical Girl), Jaime Rosales e Ingrid García Jonsson (Hermosa juventud) y el ganador del Feroz de Honor, Carlos Saura (acompañado por su hija Anna Saura Ramón y por una cámara de fotos analógica casi tan veterana como él) aparecían transmutados, no sólo en píxeles, sino también en peonzas. Nuestro favorito, la verdad, fue un Jose Coronado que no sólo aparecía solo en la foto de rigor, sino que aprovechaba el remolino para brindarnos una media verónica.

Entre otras visiones fascinantes, la alfombra roja de los Feroz nos ofreció perlas tales como el encuentro entre el tocado (megaflor amarilla) de Rossy de Palma y las maxigafas de Carlos Areces. Por otra parte, se hacía curioso ver a todo un paladín de la austeridad autoral como Jaime Rosales luciendo un pañuelo rosa en el bolsillo de su chaqueta. ¿Sería para hacer juego con el vestido de Ingrid García Jonsson? Por otra parte, el esmóquin y la pajarita de Quim Gutiérrez nos hacían confiar en que el actor aparecerá hecho un pincel en Anacleto, agente secreto. Y, en general, el vestuario de las actrices asistentes parecía ser la causa de mucho sufrimiento. Porque, durante la noche del domingo, en Madrid hizo un frío canino. De las pocas que se escapaban a esa gélida impresión, nosotros destacaríamos a la presentadora de la edición anterior, Alexandra Jiménez: además de elegante, su vestido rosa roto parecía confortable y muy abrigadito.

Pero, con frío o sin él, ya tocaba comenzar la gala de los Feroz. Y comenzaba de la mejor manera posible: con Bárbara Santa-Cruz presentándose a la Academia Rosa María Sardá de presentadores de entregas de premios. Una gala, por cierto, cuya secretaria se parecía mucho a María León, y cuyo trainer era clavadito a Adrián Lastra. Lo cual sirvió para continuar con lo que parece consolidarse como una tradición en estos galardones: los pullazos hacia el crítico Carlos Boyero. El sketch, en el que participaron entre otros Eva Hache, Terele Pávez y un José Sacristán inusitadamente puesto en los misterios de Twitter, le proporcionó a la noche una apertura divertidísima. “Ya estamos plenamente consolidados: ¡Almodóvar se ha negado a venir!”, sentenció Santa-Cruz antes de arrancarse por un discurso evocador de los de Tina Fey y Amy Poehler en los Globos de Oro. Es decir, mordaz, agudo e ingenioso, con recordatorios a las películas nominadas, al ministro José Ignacio Wert y a un Santiago Segura que acogió con caballerosidad un par de invectivas muy… pues sí, feroces. Fueron de señalar también las ovaciones para el equipo de Ocho apellidos vascos: “El vídeo de boda más corto que he visto jamás”, según la presentadora, quien acto seguido confundió a Javier Cámara con Mortadelo. No entendemos el motivo de esa confusión: el actor de La vida inesperada fue a la gala sin gafas…

Ahora bien: a una gala se viene para entregar premios, ¿no? Pues en ello estaban Inma Cuesta y Quim Gutiérrez, encargados de otorgar el trofeo a Mejor Actor de Reparto. El actor catalán, por cierto, reveló el valor de las estatuillas entregadas: 25 euros en el Cash Converters. Mucho nos parece, fíjate tú. Y entonces llegó el momento de que los pelos se pusieran como escarpias: a los sones de Manolo Caracol y su La niña de fuego, José Sacristán recogió su segundo Feroz (el primero, honorífico, le llegó el año pasado) por su tremebundo rol en Magical Girl. La segunda victoria de la gala fue para Julio de la Rosa, ganador de Mejor Música Original por La isla mínima. A Aitor Luna y Antonio Velázquez les tocó acto seguido subirse al estrado de una gala que (¡menos mal!) se desarrollaba a velocidad de vértigo. Usando una dinámica tomada de los Monty Python (oye, no hay nada malo en recurrir a los clásicos), la pareja hizo reír a la concurrencia antes de entregarle a Daniel Fernández y Christina Sutherland (La isla mínima) su trofeo a Mejor Tráiler.

Luna y Velázquez también entregaron el Feroz a Mejor Actriz de Reparto, que correspondió a Itziar Aizpuru: gracias al triunfo de la actriz vasca, que hizo bueno el tópico de “visiblemente emocionada”, Loreak se estrenaba en el palmarés de la noche. Tan temblorosa y tan encantadora se mostró Aizpuru, que los regidores de la gala volvieron a darle voz no una, sino dos veces, a los micrófonos del estrado para que ésta pudiera pronunciar íntegros sus agradecimientos y dedicatorias. Cambiando el color de su vestido (del rojo al lavanda), Bárbara Santa-Cruz presentó un demoníaco minijuego en el que participaban los candidatos a Mejor Guión. Tras esto, Javier Fesser (inventor del término “jolgórico-cuchipandi”) y Leonor Watling entregaron el premio más literario de la noche, destinado a Carlos Vermut. Segunda victoria, pues, para Magical Girl. El siguiente premio fue entregado al alimón por Santa-Cruz (con otro vestido más, y para colmo carísimo) y la presentadora de los Feroz 2014, Alexandra Jiménez. Muy dignas ellas, las dos damas aprovecharon para propinarle un varapalo antológico a la profesión de crítico de cine… antes de anunciar el Feroz Especial para una película tan bienamada por los plumillas como Costa da Morte. ¿Tendría algo que ver el hecho de que Lois Patiño, autor de dicha cinta, fuera “guapísimo” en opinión de las presentadoras?

Como se suele decir, “gallegos y asturianos, primos hermanos”. De modo que, tras el gallego Patiño, le llegó el turno al astur Pedro Vallín, presidente de la Asociación de Informadores Cinematográficos. “Optimista patológico”, según propia descripción, Vallín hizo girar su discurso en torno a una cita de Star Wars (y de las precuelas, para colmo) antes de pedir un brindis “por el futuro y por el cine español”. Le sucedieron Manuela Vellés y Miguel Ángel Muñoz, para entregar el Feroz al Mejor Actor Protagonista: los nombres de todos los nominados fueron acogidos con ovaciones de excepción, mientras la actriz tenía el gusto de rememorar los morreos que se ha arreado frente a la cámara con algunos de los nominados (y de los no nominados, también). En ese momento, mientras la pareja iniciaba un conato de bronca, llegó el punto álgido de la noche: el hollywoodiense morreo que Coronado le arreó a Muñoz “por exigencias del guión”. Tras el shock, Javier Gutiérrez recogió el tercer galardón de la noche para La isla mínima. Un premio que dedicó, entre otros, al “querido y añorado Álex Angulo”, emocionando con ello a muchos.

A continuación, llegó el Feroz al Mejor Cartel. Un trofeo gracias al cual Carlos Vermut le sacó partido a su doble condición de cineasta y dibujante, puesto que su Magical Girl fue la triunfadora en la categoría. El filme del madrileño y La isla mínima quedaban así empatados en victorias por el momento: tres ‘lobos’ para cada uno. José Coronado, que pese a su falta de nominación quedaba ya como uno de los personajes más memorables de la noche, entregó con mucho respeto el Feroz de Honor a Carlos Saura. Imágenes de Flamenco, ¡Ay, Carmela!, Deprisa, deprisa, La caza y otros clásicos en el vídeo conmemorativo, armado en torno a un furioso taconeo. Cuando el maestro aragonés subió al estrado, Coronado le acogió con otro beso (en la mejilla, esta vez, y sin lengua) para acto seguido dejarle pronunciar su discurso. Cuarenta películas (muchas de ellas inmortales), siete hijos y fe en “una generación de cineastas españoles que va a dar mucho que hablar”: desde luego, don Carlos, si eso es “haber cumplido en la vida”, ahí nos las den todas.

Rossy De Palma y Carlos Areces (con su floripondio, ella, y él sin sus gafas) hicieron entrega del Feroz a Mejor Actriz Protagonista, tras dedicarle un memorable roasting a esos actores (Antonio de la Torre, Luis Tosar) que ya no tienen sitio en sus casas para tanto premio. Ah, y también una collejita a Pedro Almodóvar… Que quedó algo atenuada por, digamos, un ‘errorcillo’ en realización. Menos mal que, como dijo Areces, “esto lo montan luego”. El último galardón dramático de la noche, a todo esto, sirvió para romper el empate en el marcador: no sabemos si su estatuilla le sirvió a Bárbara Lennie para compensar los sufrimientos de su personaje en Magical Girl (nosotros, desde luego, seguiremos teniendo pesadillas con la Sala del Lagarto Negro), pero desde ese momento el filme de Carlos Vermut ya era el más premiado de la velada, con cuatro trofeos a su nombre. Un desempate temporal, no obstante, porque fue Alberto Rodríguez (La isla mínima) quien se hizo acto seguido con el Feroz a Mejor Director.

¿Cuántos vestidos llevaba ya estrenados Bárbara Santa-Cruz? A esas alturas, ya habíamos perdido la cuenta, pero el caso es que el nuevo atavío (negro, para más señas) llevaba aparejado un collar deslumbrante. Menos mal que pagaba producción… El premio a Mejor Comedia fue a parar a Carmina y amén, cuyo equipo fue acogido con una ovación estruendosa (¿lo mayor de la noche?) y en cuyo discurso de agradecimiento Paco León dejó caer alguna velada referencia a los sufrimientos debidos a su apuesta por el multiplataforma. Dado que, en el sketch anterior, el actor y director se había llevado todo un señor sopapo de manos de Marián Álvarez, fue un placer verle tan contento, y tan dispuesto a reivindicar la validez de la comedia como medio expresivo. Y, de postre, un “Je suis Charlie”. Llegaba, pues, el momento de despedirse con el premio al Mejor Drama de 2014. Un premio con el cual La isla mínima se coronó como gran vencedora de la noche, con cinco victorias. Y, después, en palabras de la presentadora, llegó el momento más esperado: las chicas pudieron quitarse los tacones, los chicos aflojarse la corbata, y los periodistas dar gracias por una ceremonia que, lejos de lo maratoniano, arregla todo lo que tiene que arreglar en dos horitas escasas. ¡Hasta el año que viene!

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