Así fue la gala de los Globos de Oro 2014

Tina Fey y Amy Poehler siguen manejando con soltura los premios de la prensa extranjera de Hollywood. Para la historia: la despedida triunfal de 'Breaking Bad', el discurso de Jacqueline Bisset ('Dancing on the Edge') y la victoria de Leonardo DiCaprio. Por YAGO GARCÍA

13 de enero de 2014

Anoche, cinemaníacos, nos sorprendimos a nosotros mismos sentados ante el escritorio, con un ojo puesto en la TV y otro en el monitor del ordenador, flexionando los dedos para no perdernos un detalle de la gala de los Globos de Oro 2014. Y, por lo pronto, mientras esperábamos a que las presentadoras Tina Fey y Amy Poehler soltasen sus ocurrencias, el ritual preliminar de la alfombra roja (más largo que nunca en la historia de estos premios, según insistían nuestros compañeros de la NBC) nos permitió constatar bastantes cosas.

Comprobamos, por ejemplo, que a Zooey Deschanel se le puede acabar el turno como manic pixie dream girl oficial de Hollywood si no se mantiene lejos de las garras del bótox, o que el look de Amy Adams era un campo de batalla sobre el cual pugnaban ese rojo intenso que a la actriz le sienta tan bien con un escotazo tal vez excesivo. Aunque asumimos que esto es discutible, a nosotros nos encantó ver a Lupita Nyongo’o (12 años de esclavitud) hecha toda una bruja escarlata, y a Cate Blanchett convertida toda ella en un triunfo de Armani. Así mismo, como señaló en Twitter nuestra compañera Mariló García, Amber Heard apareció con un conjunto que parecía empeñada en batir el récord de Angelina Jolie y sus faldas con raja sobredimensionada. Si los Estopa la hubieran visto, habrían acabado componiendo no ya una rumba, sino un disco conceptual. No debemos olvidar tampoco ni a Margot Robbie (El lobo de Wall Street),arrebatándole el sentido a los espectadores más fashionistas a fuer de blanca y radiante, ni el fotón que tuvo como protagonistas a Emma Thompson, sus hijas y un Bono extremadamente chanante.  

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También fueron dignas de mención, por la parte masculina, esas gafotas de pasta lucidas por Kevin Bacon (hipnóticas, en serio) y esas chaquetas de terciopelo que parecían diseñada por los peores enemigos de Kevin Spacey y Matthew McConaughey, sus infortunados portadores. Mientras la barba de Michael Fassbender desataba verdaderos torrentes de hormonas en las redes sociales (puedes ver la foto más abajo), a nosotros nos llegaban al alma el gesto de ese Bryan Cranston tan señor, oscilando entre un resignado “a ver si cae esta vez” y un anhelante “de esta noche no pasa”, y el continente mucho más duro de un Aaron Paul nominado por primera vez como secundario televisivo. ¿Se atrevería la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood a provocar las iras de Walter White y Jesse Pinkman? Esa pregunta, lo confesamos, se solapaba en nuestra mente con otra más puñetera: ¿es que nadie le dijo a Leonardo DiCaprio que le hacía falta una talla más de esmóquin? Aun así, pensar con claridad era difícil cuando el público, motivado por la presencia de Jennifer Lawrence en la alfombra, emitía un sonido similar al descrito por Obi-Wan Kenobi cuando la Estrella de la Muerte destruyó el planeta Alderaan. ‘J-Law’, a todo esto, provocó uno de los primeros GIFs multipropagados de la noche al hacerle una fotobomba a Taylor Swift…

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Y, pasados por fin los preliminares, ahí que iban una Fey y una Poehler muy puestas a presentar la gala, saludando con cariño “a todas las mujeres y los hombres gays que nos están viendo desde sus casas”. Ah, y también (cosa de Amy) a calificar a Tom Hanks de “tesoro nacional”. Muy aplaudida fue su referencia a Meryl Streep (griposa y ausente el año pasado) y a ese Martin Scorsese tan entrañable. Ah, y según las chicas, el argumento de Gravity es el que sigue: “George Clooney preferiría flotar y perderse en el espacio antes que pasar un minuto con una mujer de su misma edad”. Cuidado, amigas, que Ricky Gervais se buscó la ruina por menos…

Aun así, las chanzas de Fey y Poehler (quien, por cierto, se marcó una imitación de Scarlett Johansson con mucha mala baba) iban resultando rítmicas, agudas y, en general, acogidas con aplausos por la concurrencia. Incluso por ese Jonah Hill a quien dedicaron cierto chiste de masturbaciones y piscinas. Según nos recordaron, el sarao duraría cerca de tres horas, “o, como diría Scorsese, ‘el primer acto”. Hanks y una Sandra Bullock multicolor (su vestido causó torrentes tuiteros, tanto a favor como -sobre todo- en contra) comparecieron para presentar el premio a la Actriz Secundaria, que fue a parar a Jennifer Lawrence por La gran estafa americana. La chica de oro de Hollywood no se cayó durante su camino al estrado, tal vez gracias a un par de manos bienintencionadas, pero estuvo de lo más jadeante a la hora de agradecerle la confianza al director David O. Russell.


Channing Tatum y Mila Kunis anunciaron el premio de Jacqueline Bisset (Dancing on the Edge) como Mejor Actriz Secundaria de Miniserie. La inglesa, que se estrenaba como ganadora tras cinco nominaciones (la primera, como Actriz Más Prometedora en 1969), se tomó su tiempo para llegar hasta la estatuilla, que sostuvo entre sollozos antes de comenzar su discurso de agradecimiento, tan largo, entrecortado y vengativo (“A los que me han echado mierda encima: iros al infierno”) que no bastó ni con la música para ponerle fin. Y, en este momento, recordamos cuál es uno de los grandes clásicos de la gala de los Globos: las abundancia de pausas publicitarias, no por breves menos incordiantes.

Acto seguido, se plantaron frente al público Naomi Watts (deslumbrante) y Mark Ruffalo para el premio a la Mejor Miniserie o Telefilme. El cual cayó cual colleja sobre todos aquellos que obstaculizaron la producción de Behind the Candelabra por “demasiado gay”. La misma pareja presentó el premio a la Actriz Principal de Miniserie: Elizabeth Moss (Top of the Lake) se mostró emocionadísima, y no es para menos. Quedar por encima de Jessica Lange, Helena Bonham-Carter, Helen Mirren y Rebecca Ferguson no es algo que suceda todos los días, ni siquiera aunque los fans de Mad Men te adoren a muerte.

Matt Damon, siguiente presentador, se presentó como “el basurero” (replicando a un pullazo anterior de Fey y Poehler) y declaró haberse olvidado las gafas para presentar a Capitán Phillips como nominada a Mejor Película Dramática. Durante la siguiente pausa para publi (sí, otra más), Jennifer Lawrence lanzó otra bomba, pero no fotográfica sino verbal, en la sala de prensa: a la actriz de Los juegos del hambre le gustaría lanzarse en breve a la dirección.

¿Quién dijo que los chistes étnicos no estaban ya de moda en Hollywood? Porque Fey y Poehler se quedaron a gusto mencionando una hilarante lista de presuntos miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera (¡al rico estereotipo!) antes de dar paso al presidente de esta, Theo Kingma. El cual, todo hay que decirlo, tuvo el gesto de sinceridad de llamar a su intervención “la pausa para ir al baño” antes de que Jonah Hill y Margo Robbie demostrasen ser una pareja cómica de altura al presentar la nominación de El lobo de Wall Street: gracias a su elegante manera de solventar un fallo del teleprompter, el público se rió con ellos casi más que con las anfitrionas, lo cual es decir mucho.

Aplausos enormes acto seguido, porque tocaba citar a los nominados al mejor actor televisivo de drama, y el nombre de Bryan Cranston fue el primero en sonar. Y, como muchos esperábamos, volvió a oírse cuando se anunció al ganador. Envuelto en una ovación astronómica, el único y verdadero señor Heisenberg agradeció “esta maravillosa manera de despedirme de la serie”, dedicó el premio a Vince Gilligan y a sus compañeros, empezando por Aaron Paul (“¡Te quiero, tío!”) y, en general, quedó como un rey mostrándose breve además de emotivo. Acto seguido era el propio Vince Gilligan quien cosechaba el galardón a la serie dramática: escoltado por sus actores, Gilligan ofreció un discurso muy 2.0, recordando a los fans (“o early adopters, como dicen en internet”), al que Aaron Paul puso un contundente remate secuestrando el micro por las bravas para pronunciar ese “Yeah, bitch!” que debería pasar a la historia. 

Steve Coogan y Philomena Lee: dúo británico para presentar la nominación de… Philomena, efectivamente, la señora encarnada por Judi Dench en el filme de Stephen Frears. Siguiente premio: Mejor Banda Sonora en una película. Y sorpresa gorda, porque en lugar de los favoritos Hans Zimmer (12 años de esclavitud) o Steve Price (Gravity) la estatuilla cayó en las manos de Alex Ebert, balbuceante (a juzgar por su discurso) compositor de Cuando todo está perdido. Resulta irónico, por otra parte, que haya que usar la música para desalojar del estrado a un profesional de las corcheas. También fue una relativa sorpresa la victoria de Ordinary Love, la canción que unos U2 ganadores de su segundo Globo (el primero fue por Gangs of New York) aportaron a Mandela: Del mito al hombre. Sí, The Edge: todos sabemos que allá por los 80 fuísteis una de las voces rockeras más significadas en contra del Apartheid, pero el “amén” final como que quedó un poco mesiánico de más…

La raja de la falda de Amber Heard… Perdón, Amber Heard, toda ella, fue la encargada de pronunciar el nombre de John Voight como ganador a Mejor Actor Secundario en Serie Dramática por Ray Donovan. Dejando de lado las enhorabuenas al intérprete, eso nos entristeció: Aaron Paul no tendría ocasión de volver a pronunciar su “yeah, bitches!” frente al micrófono. Olivia Wilde anunció la nominación de Ella como Mejor Comedia, nosotros nos preguntamos dónde se habían metido Tina y Amy… Y se desató el delirio cuando Robert Downey Jr. llegó para, impasible, y entre chascarrillos, explicar lo que iba a pagarle cada una de las nominadas a Mejor Actriz de Comedia en caso de que se llevasen el premio. Cuando Amy Adams se hizo con la estatuilla, logró recitar un enorme número de agradecimientos a toda prisa: sólo hicieron falta un par de compases de fanfarria para hacerla tomar soleta.

A continuación, Keira Sedgwick y las gafas de Kevin Bacon llegaron para presentar a su hija y Miss Globos de Oro, Sosie Bacon. A su vez Tina Fey, anunció “en pro de la igualdad de género” a un presunto hijo que se parecía mucho a Amy Poehler, y que nos hizo echar unas risas a cuenta de Jacqueline Bisset y de los candidatos a su paternidad. La misma pareja anunció el premio a mejor actriz en una serie dramática de TV: gracias a Robin Wright (otra presencia radiante), que se llevó el galardón por su interpretación en House of Cards, recordamos que a veces compensa ser la bruja más mala del cuento. En la ficción, claro.

Dos tontos muy tontos 2 está al caer y hay que promocionarla. Por eso (suponemos) Jim Carrey abandonó sus usuales maneras poco sociables para presentar a La gran estafa americana como nominada a Mejor Comedia, pullazo a Shia LaBeouf incluido. Sorpresa generalizada cuando Christoph Waltz, ese genio, anunció a Jared Leto como Mejor Actor Secundario por Dallas Buyers Club. Reconociendo que, para su rol, tuvo que hacerse la cera integral “incluyendo las cejas”, el premiado nos hizo olvidar (un poquito) que el tremebundo Michael Fassbender de 12 años de esclavitud también estaba nominado. Y, mira tú por donde… Otro descanso publicitario. Y es que, a estas alturas, ya echábamos de menos a los anuncios.

Copazo y zapatos en mano (“Este rojo [el del forro] es mi sangre”) la gran Emma Thompson presentó a los nominados a Mejor Guión Original. Un premio cuyo ganador, anunciado con exquisito acento británico, fue Spike Jonze (Ella). El consumado autor de historias desquiciantes fue otro de los galardonados entrañables de la noche: “No se me da muy bien expresarme en inglés, y eso que es el único idioma que hablo”, dijo antes de mencionar a la productora Megan Ellison. Una presentación más, pero esta vez especial: Laura Dern nos recordaba la nominación de Nebraska, filme protagonizado por su padre Bruce Dern. 

Cuando Julie Bowen y Seth Meyers se presentaron para anunciar al Mejor Actor en Serie Cómica, nos recordaron dos cosas: la primera, que ninguno de los dos tiene un Globo en la repisa. Y, la segunda, que les alegraba mucho que Andy Samberg (Brookyln Nine-Nine) se llevase el premio. Y en estas estábamos cuando Paolo Sorrentino y el productor Nicola Giuliano subieron al estrado para recoger el premio a la Mejor Película Extranjera para La gran belleza. Un trofeo que Sorrentino dedicó a “Italia, un país loco y maravilloso” antes de que otras dos locas maravillosas, Fey y Poehler, pillasen a su odiada Julia Louis-Dreyfuss engulliendo un perrito caliente.

Jimmy Fallon y Melissa McCarthy (a la pobre, nos explicó el primero, le había caído una bolsa de arena en la cabeza y se creía la esposa de Matt Damon) entregaron a Michael Douglas (Behind the Candelabra) el premio al Mejor Actor Principal en Miniserie o Telefilme. Con perilla de coronel sureño, el actor nos reveló que Soderbergh y él comenzaron a planear la película allá por 2000, durante el rodaje de Traffic. Y también encomió a su compañero Damon (“La única razón por la que tú estás aquí es que yo tengo más secuencias”) y al director, amén de a lo que parecía el staff completo de HBO. 

Jennifer Lee, la primera mujer en dirigir un filme Disney, subía junto a su compañero Chris Buck para recoger el premio de Frozen a la Mejor Película de Animación. Colin Farrell anunció a A propósito de Llewyn Davies como candidata a Mejor Drama antes de que Chris O’Donnell y la khaleesi Emilia Clarke presentaran el premio a la actriz de serie cómica: en el momento en el que Amy Poehler (Parks & Recreation) se enteró de que era la agraciada, estaba recibiendo un masaje en la espalda de manos de Bono en persona. La resultante relajación le debió sentar muy bien, porque irrumpió en el estrado hecha un torbellino para los agradecimientos de rigor. amy_poehler_bono_globos_oro

A estas alturas de la noche, tanto “Bryan Cranston” como “Robin Wright” eran sendos trending topics de Twitter en español. Pero quién se va a acordar de ello cuando, según el dúo de presentadoras, Emma Stone “está buscando nuevos amigos”. Estamos seguros de que Woody Allen, a quien la susodicha hizo entrega del Premio Cecil B. DeMille, estará deseoso de atender esa solicitud y cuantas hiciesen falta. Pero el genio de Manhattan tendrá tiempo de hacerlo durante el rodaje de su próxima película, de modo que siguió fiel a su costumbre de no atender jamás a ceremonias como esta. Destaquemos, por otra parte, que el montaje conmemorativo de rigor se abrió con el hilarante encuentro en la tercera fase de Recuerdos, una de las películas menos recordadas (y más amargas) del actor y director. Y también que a Diane Keaton, que recogió el trofeo, le sigue quedando mejor que a nadie el traje de chaqueta. La actriz y ex compañera del cineasta incluyó en su discurso con aquella frase, tan alleniana, de “más que vivir para siempre en mis películas, preferiría hacerlo en mi apartamento”. Y remató su discurso con una canción que, en su voz quebradiza, quedaba como hermosísima conmemoración de “una amistad de 45 años”.

La emoción fue intensa, pero tuvo pronto reemplazo: Liam Neeson, una entidad cósmica en sí mismo, salió para anunciar Gravity como nominada a Mejor Drama. Y nada menos que Batman (es decir, Ben Affleck) presentó el premio a Mejor Director, que fue a parar a Alfonso Cuarón: observado por una Sandra Bullock emocionadísima (y que se llevó un “gracias por no abandonar cuando entendiste ‘te voy a dar un herpes’ en vez de ‘un ear piece [audífono]”) lanzó una larguísima lista de agradecimientos de la que estuvo ausente George Clooney. Qué cosas… Fey dejó a medias una referencia a Michael Bay para anunciar a Uma Thurman y Chris Evans, que entregaron el premio a Mejor Serie Cómica a Brooklyn Nine-Nine. 

Entregadas ya las categorías televisivas, era el turno de que Jennifer Lawrence entregase el premio a mejor actor dramático. Y lo que muchos se esperaban, pero pocos se acababan de creer, ocurrió: Leonardo DiCaprio (El lobo de Wall Street) se extrañó de haber ganado en la categoría cómica, pronunció parabienes para el resto de los nominados (¿era nuestra imaginación, o ese Joaquín Phoenix con coleta le miraba con malos ojos?) antes de darle las gracias a un Scorsese deshecho en lágrimas. Por aquí nos seguimos preguntamos si es o no una ironía que Reese Whiterspoon, dama sureña donde las haya, anunciase la candidatura a Mejor Película Dramática de 12 años de esclavitud: mejor lo dejábamos estar, porque (acompañado de Chris Hemsworth) Niki Lauda dejaba claro que ser una leyenda viviente de la Fórmula 1 no te asegura talento para la comedia. Menos aún cuando Rush (nominada a Mejor Drama) deja claro que tu fama en el mundillo siempre ha sido la de un señor tan implacable como borde.

Embarazadísima y con un vestido de difícil catalogación, Drew Barrymore presentaba la categoría de Mejor Comedia o Musical, que fue para La gran estafa americana. Y, más adelante, Tina Fey dejaban tieso al público anunciando a DiCaprio (que acudía a presentar el premio a la actriz dramática) al grito de “démosle una bienvenida cálida como la vagina de una supermodelo”. El trofeo fue para Cate Blanchett (Blue Jasmine), quien recorrió un camino kilométrico hasta el estrado a los sones de Blue Moon, recogiéndose la falda y sin inmutarse. Otra de las guapas de la noche, Jessica Chastain, anunció al mejor actor dramático del año: un inesperado Matthew McConaughey.

Y, para rematar la noche anunciando la Mejor Película Dramática, comparecía Johnny Depp, muy ronco y muy sexy él. El anuncio de 12 años de esclavitud como triunfadora arrancó una ovación monumental según Steve McQueen avanzaba hacia la estatuilla.. Escoltado por el reparto de su filme casi al completo (el coproductor Brad Pitt no se había presentado en la gala), el británico pareció serio al comienzo, para después revelar una insospechada jovialidad. En su lugar, ¿quién no se alegraría?

A nosotros también nos tocaba movernos, pero no en busca de ningún trofeo, sino más bien de un merecido descanso. Nos despedimos con una foto que demuestra cómo, pese a las críticas, el vestido de Jennifer Lawrence se convirtió en tendencia mundial durante la gala. Para que luego digan que esta chica no crea moda…

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