Así es Marta Nieto, la nominada a mejor actriz en los Goya que brilla con luz propia

La actriz de ‘Madre’ tiene mucho que decir. De ahí que esté preparando su salto a la dirección con un guion sobre un niño trans

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24 de enero de 2020

Si tuviese que usar un solo adjetivo para describir a Marta Nieto diría que es luminosa. Concreto esta sensación vaga hace unos días, mientras hablamos en uno de los recovecos del oscuro y laberíntico restaurante Ramsés, y el sol interior de la actriz me resulta más evidente que nunca. Empiezo preguntándole por los Goya –podría recoger el premio a mejor actriz protagonista el próximo 25 de enero en el Palacio de los Deportes de Málaga– pero enseguida estamos hablando de cuestiones bastante más profundas como el autoconocimiento, la realización personal o el éxito y el fracaso.

Marta Nieto (Murcia, 1981) ocupó repentinamente el foco de atención en la pasada edición de los Oscar, cuando el corto que protagonizaba, Madre, un angustioso plano secuencia de una madre que atiende impotente a la desaparición de su hijo pequeño, fue nominado a mejor cortometraje de ficción. No ganó pero la actriz pasó de compatibilizar las clases de yoga con personajes secundarios en cine y televisión, a ganarse por derecho el papel protagonista de Madre, el largometraje dirigido por su pareja, Rodrigo Sorogoyen (El Reino, Que Dios nos perdone), que la ha llevado a ganar premios en Venecia o los Forqué y que podría abrirle también las puertas de los Goya. Un personaje complejo, con muchas capas y registros que la actriz borda en cada plano.

Parece una historia de cuento con final feliz o, lo que es casi igual, un Story de Instagram. Pero cinco minutos con ella bastan para intuir todo lo que se esconde detrás. Trabajo, esfuerzo, inteligencia, sensibilidad. Y esa luz interior.

¿Te has preparado un discurso para los Goya?
No lo estoy pensando porque me pondría nerviosa. Es una situación extraña. Si subes azarosamente y no tienes nada preparado, fatal. Pero prepararlo te coloca en la posibilidad de ganar. Cuando el trabajo que hay que hacer es el contrario, quitarle importancia a la posibilidad de no ganar. Los discursos son géneros en sí mismos. Son un altavoz, mucha gente te escucha y da mucho valor a lo que estás diciendo. Es muy difícil hacerlo bien, pero también muy valioso. ¡Ya me estoy poniendo nerviosa!

Si ganas te harán una foto con Antonio Banderas, nominado a mejor actor protagonista que, como director, te dio tu primera oportunidad en cine en El camino de los ingleses.
Sería precioso. Hubiese sucedido en los Forqué, pero no pudo acudir. Está en Málaga con un musical y estamos hablando estos últimos días porque me encantaría verlo.

¿Es difícil encajar todo lo que te está pasando?
No soy muy consciente de nada más allá de que he hecho un trabajo que me hace sentir realizada como actriz y que la gente ha conectado con él. Soy consciente de que me ven desde otro lugar, con otras posibilidades como actriz. Es el lugar en el que quiero estar, donde me valoran para papeles que quiero hacer.

¿Cómo de difícil es que te den esa oportunidad?
Muy difícil. También entiendo que tiene que ver con uno mismo. No todo depende de la circunstancia, de la industria, de que los papeles femeninos no abunden, o de la maternidad. Creo que hay algo propio y que tiene que ver con conquistarse a uno mismo con unos tiempos que son de lo más orgánicos. Desde fuera todo tiene que ser “ya”, “el éxito ya”, “no estás trabajando, así que eres un fracasado”. Te venden una narrativa que te hace sentir muy mal, te hace sentir muy culpable porque el éxito no llegue inmediatamente. Yo he llegado hasta aquí y he podido interpretar este personaje por todo lo que he pasado, porque he conectado con lugares propios. Lo que quiero es disfrutar este lugar y avanzar desde aquí, no dar un paso atrás.

Es un discurso sobre el éxito y el fracaso muy distinto al que prima en la sociedad.
Todo se simplifica, todo tiene que ser inmediato y, al ser posible, que no cueste esfuerzo. Si hay algo que yo quisiera decirle a mi hijo desde un lugar desde el que me va a escuchar seguro sería que esto cuesta mucho esfuerzo. Él ve a su madre brillar y se pone muy contento pero yo le explico todo el tiempo que esto no va de recoger. Va de sembrar. Esto que me está pasando a mí es maravilloso, pero es algo puntual y fruto del iceberg que está debajo. La narrativa social no tiene nada que ver con que el esfuerzo es importante o con que la capacidad de trabajo puede ser placentera. Además, creo que la movida va de dentro a afuera, y no al revés. Esto no va de que te den el curro por tu cara o tu simpatía ni de que te quedes en casa esperando. Lo que entiendo ahora es que si tú generas movimiento interno, de mejora, de aprendizaje, de autoanálisis, inevitablemente pasan cosas fuera.

¿Qué te ha ayudado a crecer como persona y actriz en estos últimos años?
El yoga, claro. En el mat está la vida desplegada: el luchar contra los pensamientos negativos, contra el no puedo más, tienes que estirar pero relajar. Es un pequeño ensayo de la vida. Pero no solo el yoga me ha ayudado. He hecho mucha terapia. Y también creo que la vida está llena de gente que te ayuda, sabiéndolo o no. Me viene muy bien y necesito estar en contacto con los demás.

En ese proceso, tiene todo el sentido que estés escribiendo y que quieras dirigir.
Hay algo de asumir lo que quiero y no ponerle peros ni ego, que puede parecer lo contrario. Me da muchísima vergüenza decir que estoy escribiendo. Es inevitable escucharte con la voces de los otros y decir “esta tía actriz, que se pone ahora a escribir”. Es verdad que escribir la película bajo el sostén de la Academia [es una de las residentes] me da mucha tranquilidad.

¿Eres capaz de proyectarte en el tipo de directora que vas a ser?
En realidad, estoy lejísimos de eso. Fantaseo con la idea y sé lo que quiero contar, pero tengo muchísimo que aprender. Me concentro en escribir. Pero sí que miro muy de cerca a directoras que me gustan, que son referentes. Alice Rohrwacher, Céline Sciamma… Me apetece hacer el ejercicio de ponerme en el lugar femenino, aunque sea solo por discriminación positiva.

¿Y estás pudiendo avanzar en la escritura del guion? ¿Qué puedes contar?
En navidades le he dado un empujón. Todavía tengo mucho curro por delante pero ya veo la película. Es la historia de un niño trans contada desde el punto de vista de su madre. Es un universo que tiene que ver con política, con ideología, con cuestiones de género, con la naturaleza humana. Pero mi enfoque es el de la maternidad. Uno está dispuesto a hacer grandes cambios en uno mismo por amor y contar eso es lo que me interesa.

¿Hay mucho estigma todavía con ese tema?
Sí. En ese sentido, la película es antisistema. Esta madre se da cuenta de que para hacer feliz a su hijo tiene que luchar contra el sistema. Porque es el sistema el que nos impone un código binario y sesgado para sostener el heteropatriarcado. Lo femenino y lo masculino ha ido mutando a lo largo de las culturas. ¿Por qué lo femenino es esto ahora? En el siglo XVII los hombres podían pintarse, llevar el pelo largo y llevar tacón sin dejar de ser masculinos, ¿por qué ahora no?

La taquilla de Madre está por debajo de lo esperado. ¿Qué está pasando con el público del cine de autor en España?
No esperábamos que fuese súper taquillera pero ha sido una decepción. Yo lo achaco a varias cosas. Por supuesto, a un ecosistema industrial que no sostiene nada que se salga del mainstream. Los márgenes tienden a desaparecer si no se protegen. En todos los aspectos, sociales pero también culturales. Si el Estado no tiene políticas de cuidar no se puede competir con grandes cadenas, con el cine estadounidense… En Murcia, Madre estuvo en una sala una semana. Y doblada. Más allá de eso, entiendo que a la gente le ha echado para atrás que fuese un drama, la historia de una madre que pierde a su hijo. Y eso lo respeto mucho. Hasta donde he entendido, hay espectadores que no han entrado para nada en la película y otras que sí que entran y se pegan el viaje.

Para el espectador de la gala de los Goya no hay evidencia de la cada vez mayor distancia entre el cine de autor y el cine comercial.
Sí. Cada vez es más difícil hacer el primero. Yo me doy cuenta de que hemos tenido unos productores muy muy valientes. Esta peli ya se veía desde guion que no era comercial. Venía arropada con un director que está de moda, y el corto del que parte había sido nominado al Oscar, pero a mí no me conoce nadie. Esto solo ha sido posible por esas productoras que han apostado por la película.

Se supone que han mejorado las cosas para las mujeres en la industria, pero luego llegan las nominaciones de los Oscar y los Goya y no hay mujeres nominadas a mejor dirección.
Es que no están mejorando, todavía. Estamos muy al comienzo. Todavía no se ha materializado, lo malo es que esto da pie a las voces críticas. Ahora estoy escuchando unos podcasts que se llaman ‘La otra mitad del mundo’ y me encanta. El otro día hablaban de por qué los recreos de los colegios están ocupados por campos de fútbol y las niñas juegan a los márgenes. Esto se da por supuesto y como algo normal. Hay algo de que ese espacio es masculino y una niña percibe que eso no es para ella.

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