Asfalto sangriento: Los 10 mejores ‘thrillers’ de carretera

Recordamos viajes de cine para los que no basta un seguro a terceros.

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22 de agosto de 2014

 

El diablo sobre ruedas (Steven Spielberg, 1971)

Incidente vial: Un pacífico ciudadano (Dennis Weaver) y su utilitario se ven acosados por un camión monstruoso. No es sólo que dicho vehículo parezca empeñado en mandarles a ambos camino del desguace: es que lo hace, sencillamente, porque le da la gana.

Informe del seguro: El road thriller por antonomasia no sólo sigue poniéndonos las revoluciones a mil: también fue el responsable de que Hollywood reparara en su director, un jovenzuelo conocido hasta entonces gracias a un par de episodios de Colombo y al que sus amigos Lucas, Scorsese, Coppola y compañía consideraban el tonto de la pandi. El espléndido guión firmado por Richard Matheson (Soy leyenda) tuvo bastante que ver en ello, a qué mentir.

Carretera al infierno (Robert Harmon, 1986)

Incidente vial: Todos los aficionados al cine de terror lo saben: hacer autoestop puede ser tu pasaporte a la morgue. Pero, ¿qué pasa si el autoestopista de marras tiene los rasgos de un Rutger Hauer más despendolado que nunca tras Blade Runner? Pues que, en ese caso, quien está en apuros es el conductor (C. Thomas Howell).

Informe del seguro: El desparrame histriónico del psicópata Hauer y un guión de lo más perverso (cargado, para colmo, de insinuaciones homoeróticas entre víctima y verdugo) se dan cita con una núbil Jennifer Jason Leigh para convertir a Carretera al infierno en una de esas gemas de serie B que siempre cabe revisitar. Ahora bien: su remake de 2007 con Sean Bean Sophia Bush jamás debió salir del concesionario.

Mad Max: Salvajes de la autopista (George Miller, 1979)

Incidente vial: En nuestros días, los policías de tráfico son señores que (básicamente) ponen multas. En el futuro distópico de Max Rockatansky (Mel Gibson), los excesos de velocidad se pagan con la vida, y darle las largas a quien no debes puede ser la causa de una masacre familiar.

Informe del seguro: Sí, lo sabemos: las aventuras de Max se adscriben más a la acción postapocalíptica que al road thriller ortodoxo. Pero nuestros peritos coinciden en que, por cosas del poco presupuesto y el mucho morro de George Miller, el primer acelerón del Guerrero de la Carretera es más una cinta policíaca con muchos octanos que un desfile de moteros psicópatas con modelitos propios del Club la Ostra Azul. Antes de que Mad Max: Fury Road nos arrolle en los cines, convendría darse un homenaje recordando los orígenes de la saga.

Punto límite: cero (R. C. Sarafian, 1971)

Incidente vial: Como le ocurre a Tom Hardy en Locke, Kowalski (Barry Newman) se pasa esta película sin despegar las manos del volante. Mientras viaja para entregar un coche de coleccionista a su nuevo propietario, este héroe tirando a drogadicto acabará teniendo ciertos problemillas con la ley, materializados en forma de persecución desbocada.

Informe del seguro: El hecho de que Guillermo Cabrera Infante (alias G. Caín) firmase el guión ese sólo una de los atractivos de Punto límite: cero. La desvergüenza propia de la serie B seventies y una banda sonora formidable cortesía de DJ Super Soul (Cleavon Little) se dan la mano con el talento del cubano para crear una odisea hiperveloz, polvorienta y con la aparición estelar de una motociclista desnuda.

Roadgames (Richard Franklin, 1981)

Incidente vial: Las carreteras de Australia, con sus rectas interminables y el perpetuo riesgo de atropellar a un canguro, tienen fama de ser un supino aburrimiento. Pero si te toca recorrerlas, no te quejes: siempre podría pasarte lo que al camionero Stacy Keach, cuyo inesperado descubrimiento de los crímenes de un asesino en serie le convierte en blanco tanto del psicópata como de la policía.

Informe del seguro: Primer dato a favor de Roadgames: en ella interviene una Jamie Lee Curtis jovencita y en plena posesión de sus poderes como reina del slasher. ¿Que esto no te basta? Bueno, pues digamos que Richard Franklin quiso facturar con este filme “una versión sobre ruedas de La ventana indiscreta”. Y estuvo muy cerca de conseguirlo: lástima que eso le llevara a dirigir Psicosis II: El regreso de Norman dos años después.

Death Proof (Quentin Tarantino, 2007)

Incidente vial: El ex especialista de cine Mike (un Kurt Russell supremo) sería un psicópata del montón, si no fuera por una particularidad: el arma que utiliza para masacrar a chicas de esas que beben alcohol y practican sexo prematrimonial es su precioso Chevy Nova acorazado. Zoë Bell Rosario Dawson, por su parte, serían víctimas perfectas… si no fuera porque, en el universo tarantiniano, las mujeres tienen siempre más peligro que los tíos.

Informe del seguro: Parte, junto al Planet Terror de Robert Rodriguez, del programa doble Grindhouse, Death Proof fue severamente criticada tras su estreno. Pero ahora podemos librarnos de los prejuicios y reconocer que el desenfreno de Russell y las acrobacias de Zoë Bell (la especialista que dobló a Uma Thurman en Kill Bill) son méritos suficientes para aclamar a este road thriller como una obra, si bien menor, dignísima y divertidísima.

Giro al infierno (Oliver Stone, 1997)

Incidente vial: ¿Hay algo peor que ir a toda mecha por la carretera, huyendo de una muerte segura? Sean Penn, mafioso de poca monta, sabe que sí: hacer una parada de emergencia en un pueblo donde todos los habitantes son tontos de remate, psicópatas o ambas cosas a la vez.

Informe del seguro: Si bien la filmografía de Oliver Stone parece desprovista del más mínimo sentido del humor (o no tanto: recordemos su debut La mano), Giro al infierno destaca precisamente por una comicidad biliosa, negra como la pez y más ácida que la sangre de alien, con un reparto de campanillas en el que destaca Jennifer Lopez como femme fatale calentorra. El mecánico palurdo de Billy Bob Thornton y ese Joaquin Phoenix con tupé también son inolvidables, pero por otros motivos.

Sin salida (Matthew Bright, 1996)

Incidente vial: Si la historia original de Perrault ya daba mal rollo, imagínate cómo se pondrá de morbosa esta adaptación sui generis de Caperucita roja: aquí, la niña es una delincuente juvenil (Reese Whiterspoon, casi debutante) que viaja a casa de su abuelita. Y, en vez de lobo malo, tenemos a un violador y asesino en serie con el rostro de Kiefer Sutherland. 

Informe del seguro: Como corresponde a una película nacida en la estela de Pulp Fiction Asesinos natos, Sin salida está aquejada de un subido caso de tarantinismo, lo cual puede jugar en su contra hoy en día. Pero, para quienes conocieran a Reese a través de sus personajes de Election Una rubia muy legal, verla aquí ejerciendo de ultrachoni conflictiva (y pintada como una puerta) puede ser un jocoso aliciente.

Autopista al infierno (Ate De Jong, 1991)

Incidente vial: En el mundo del road thriller, cualquier premisa es buena para empezar una persecución. Sin ir más lejos, que en pleno viaje rumbo a una boda exprés en Las Vegas, tu novia sea raptada por el mismísimo Satanás.

Informe del seguro: ¿Otra película más con la palabra “infierno” en el título? Pues sí, pero es que el título original de este filme es Highway to Hell, alusión inequívoca a esa canción en la que estás pensando. Carente del más mínimo sentido del decoro, algo que obra a su favor dada la premisa, esta película ofrece la posibilidad de contemplar a un jovencísimo Ben Stiller (en el papel del mismísimo Atila) en compañía de papá Jerry Stiller y de su hermanita Amy Stiller.

Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991)

Incidente vial: Pues nada, lo de siempre: una madurita descocada y una joven esposa a la que se le cae la casa encima (Susan Sarandon Geena Davisrespectivamente) deciden marcarse una escapadita para aliviar el estrés, y terminan causando un cataclismo en el que tercian ese Brad Pitt descamisetado y el sufrido policía Harvey Keitel.

Informe del seguro: En un panorama como el de este informe, tan lleno de películas de serie B, Thelma y Louise brilla con luz propia: estamos hablando del filme que acabó de rehabilitar la carrera de Ridley Scott, quien acusaba aún por entonces el ostracismo debido a los fracasos (taquilleros) de Blade Runner Legend. Su combinación de feminismo, talento y el selfie más famoso de la historia del cine convirtió a esta película en un mito de la cultura popular en los 90.

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