‘Annabelle vuelve a casa’: Esta es la historia (más o menos real) de la muñeca poseída

Con motivo del nuevo capítulo del 'Warrenverso', buceamos en la historia del matrimonio de investigadores y su relación con el diabólico juguete.

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15 de julio de 2019

Viendo la saga que dio inicio con Expediente Warren, a poco que tengas ciertas nociones sobre los hechos reales en los que se basan, es fácil sentir algo parecido a la incomodidad. Llevando todas ellas el sello de James Wan y beneficiándose (solo algunas de ellas) de su buen gusto para el cine de terror, muchas veces ocurre que lo más violento que te atenaza viendo estos films es la sensación de ser cómplice, y víctima al mismo tiempo, de una estafa. La misma que el matrimonio Warren (el de verdad) consumó a lo largo de los años 70, 80 y 90.

En Annabelle vuelve a casa, nueva entrega de la franquicia enclavada en una trilogía de spin-offs con una muñeca poseída de protagonista, es capaz de conducir esta sensación a nuevos y más problemáticos límites cuando, antes de los créditos finales, el espectador descubre que el film está dedicado “a la memoria de Lorraine Warren”. La médium que falleció hace pocos meses, y que utilizando sus poderes en connivencia con el marido libró a varios estadounidenses de supuestos espíritus revoltosos al mismo tiempo que se forraban.

Hay otras pegas que se le pueden achacar a ese Warrenverso que ya se ha extendido a siete películas y no muestra signos de flaquear en taquilla, pero en cualquier caso habría que concederle a Wan el gran trabajo que ha hecho a la hora de llevar al mainstream la parte más oscura de la cultura pop norteamericana, desarrollando todo un catálogo de monstruos no en base a la literatura clásica, sino a casos de dudosa veracidad. Como, por cierto, es el de Annabelle. Un caso más o menos real, cuya historia te contamos a continuación con el consejo de que no te la creas del todo.

Donna y Angie

La saga de Expediente Warren da inicio con un primer plano de Annabelle. Al comienzo del film inaugural, dirigido por Wan en 2013, el primer caso del matrimonio protagonista que tenemos oportunidad de ver es el referente a esta muñeca, que le es mostrada a los Warren por parte de tres jóvenes realmente asustados.

Ocurre en torno a 1970, que es precisamente la fecha en que los Warren reales entraron en contacto con este juguete. No obstante, hay unas diferencias enormes entre el aspecto de la muñeca y su homólogo en el film de Wan. La principal es que la Annabelle de Expediente Warren es de porcelana mientras que la Annabelle real es una corpulenta muñeca de trapo. Aunque tampoco podemos olvidar, claro, que la Annabelle cinematográfica ya da repelús de por sí, mientras que la original posee un aspecto más ambiguo y susceptible de parecerle adorable a alguien.

Es lo que pasó con la madre de Donna, que le compró la muñeca a su hija pensando que le iba a encantar. Dicha muñeca, aún sin nombre, pertenecía a la colección de Raggedy Ann, cuyos juguetes habían sido desarrollados en función a las ilustraciones de los libros para niños que Johnny Gruelle publicó a partir de 1915. Las figuras Raggedy Ann fueron tan famosas durante la primera mitad del siglo XX en los EE.UU. que incluso Fleischer Studios (factoría responsable de crear a Betty Boop y Koko el Payaso, entre otros personajes) le dedicó una serie de dibujos animados, pero alrededor de 1970 su popularidad había descendido drásticamente.

De hecho, las muñecas Raggedy Ann ya eran prácticamente una antigüedad, pero la madre de Donna no se equivocó cuando pensó que esta en concreto podía gustarle a su hija. Donna era una estudiante de enfermería que compartía piso con su amiga Angie, y ambas solían recibir en su domicilio las visitas de Lou, prometido de Donna. La muñeca rápidamente ocupó su lugar en una estantería pero, por supuesto, no se quedaría quieta.

En los siguientes días, la muñeca fue hallada en lugares distintos a donde las inquilinas recordaban haberlas colocado, así como también aparecía de vez en cuando con una postura diferente. Pero lo peor fue lo de los pergaminos que empezaron a encontrarse por la casa. Ni Donna ni Angie recordaban haber comprado nunca ese material, y sin embargo esta inquietud fue dejada de lado cuando leyeron lo que en ellos había escrito: frases como “Help us” (“Ayúdanos”), “You miss me?” (“¿Me has echado de menos?”) o “Save Lou” (“Salva a Lou”). Y ahí es cuando la dos jóvenes empezaron a tener miedo.

Entre cuatro o seis meses después, Donna y Angie ya habían descartado que todo fuera culpa de un vecino empeñado en gastarle bromas, sobre todo cuando otra tarde se encontraron con que la Raggedy Ann estaba en una mecedora con un líquido encima similar a la sangre. Por todo ello, llegaron a la conclusión de que se trataba de un asunto paranormal, y recurrieron a una médium que no dudó demasiado a la hora de lanzar un diagnóstico: la muñeca estaba poseída.

Dicha médium fue más específica, y les reveló que en su juguete había entrado el espíritu de una niña de 7 años llamada Annabelle Higgins. Esta niña había sido encontrada muerta varios años antes en el mismo descampado donde ahora se levantaba el edificio de viviendas en el que se alojaban las dos amigas, y hasta ahora su alma había estado buscando un recipiente. Una vez encontrada la muñeca Raggedy Ann, según decía la pitonisa, lo único que quería era ser amiga de Donna y Angie. Ser una de ellas, y compartir la infancia en la que se había quedado atrapada para siempre.

Donna y Angie, de natural compasivo, pensaron que la Raggedy Ann (Annabelle a partir de ahora) no suponía ningún peligro.

Entran los Warren

El origen de la mencionada Annabelle Higgins es el primer elemento de la historia en torno al cual surgen las disonancias, ya que, si bien todo lo contado hasta ahora es la versión oficial, años más tarde los Warren insistirían en detalles como el ferviente catolicismo de la madre de Donna y en el hecho de que Annabelle había muerto en un accidente de coche frente al edificio, y no dentro de él. Puede que se trate de una tentativa de darle al caso un acabado más truculento, pero lo importante es que Lou, cuando escuchó la historia que le había contado la médium a su novia y a la amiga de esta (la cual creían a pies juntillas), las tomó por idiotas.

La muñeca Annabelle fue tratada como una reina a partir de ese momento mientras Lou aseguraba no creerse ni una palabra, hasta que él mismo empezó a experimentar en sus propias carnes los poderes del espíritu. Una noche que dormía en el apartamento tuvo una pesadilla en la que alguien le estrangulaba, y al despertarse se encontró tanto con la muñeca a los pies de la cama como con unas marcas en su cuello que sólo podían pertenecer a unos arañazos. Por supuesto, no había nadie en la habitación.

Otro día, en el mismo apartamento, Lou sintió una presencia a sus espaldas mientras planeaba un viaje de estudios con las jóvenes, y al volverse descubrió de repente que un nuevo arañazo en el pecho le había hecho sangrar profusamente. Todos empezaron a pensar que Annabelle no era un espíritu tan amistoso como les había dicho la médium, y decidieron llamar a un cura episcopaliano de la zona, que respondía al nombre de Hegan, para que les diera un nuevo diagnóstico. En vez de eso, Hegan les dio el número de un matrimonio de parapsicólogos.

Cuando Ed y Lorraine Warren acudieron al piso, no necesitaron mucho tiempo junto a la muñeca para descubrir (o elucubrar la historia) que la tal Annabelle Higgins no existía, sino que la muñeca había caído bajo el control de un espíritu maligno cuyo objetivo era poseer a Donna. El matrimonio les aseguró entonces que los espíritus nunca poseen muñecos, sino que los usan como recipientes provisionales para luego poseer realmente a un humano, y este era el plan de la falsa Annabelle. Otro cura procedió a exorcizar el edificio, y los Warren decidieron llevarse a la muñeca a su propia casa.

Por el camino Ed decidió transitar por carreteras secundarias abrigando el temor de que la muñeca alterara de alguna forma el tráfico y provocara un accidente. Un temor que pronto quedó refrendado cuando el coche se caló varias veces, y solo pareció funcionar con normalidad una vez él y su mujer decidieron esparcir agua bendita por el interior del vehículo. De forma que los Warren llegaron a su casa, en Monroe, Connecticut, y añadieron la muñeca Annabelle a la colección que pronto exhibiría su famoso Museo del Ocultismo.

En este punto la historia pasa a depender en su totalidad del punto de vista de los Warren, y en este punto, también da comienzo Annabelle vuelve a casa.

El museo de los horrores

Esta historia es contada, sin grandes divergencias, en el prólogo de Expediente Warren, sirviendo la película que acaba de estrenar Gary Dauberman como una continuación más o menos inmediata. Lo cual implica, globalmente, que toda la historia anterior de Annabelle pertenece a la imaginación de los guionistas, pues no hubo ningún matrimonio que tuviera antes a la muñeca o fuera asaltada por una secta en su propio hogar (como contaba la primera Annabelle), ni hay constancia de la trágica historia familiar que recrea Annabelle: Creation.

El compromiso del Warrenverso con la narrativa tejida por los Warren, sin embargo, permanece intacto en Annabelle vuelve a casa. Y es que este film (mucho más ligero y divertido que sus precedentes) se limita a explorar lo que pudo haber ocurrido una vez la muñeca descansaba en su urna dentro del Museo del Ocultismo, rodeada de otros artefactos de propiedades misteriosas. La película se centra en la hija de los Warren y unas adolescentes que tienen la mala suerte de recalar en la casa familiar, pero en el marco de la (supuesta) realidad la estancia de Annabelle en este sitio tampoco estuvo exenta de sobresaltos.

Antes de recluirla en su famosa vitrina, los Warren llamaron a otro cura para que le echara un vistazo a la muñeca, pues en pocos días ya había vuelto a jugar a aparecer y desaparecer en los lugares más inoportunos. El nuevo cura se alteró de lo lindo y le gritó “¡Eres una muñeca, no puedes hacer daño a nadie”, para montarse en el coche y tener un aparatoso accidente del que pudo salir con vida. Años más tarde, con los poderes de Annabelle ya encerrados en estas cuatro paredes, el Museo del Ocultismo se había convertido en una de las grandes atracciones de la región, y el matrimonio podía permitirse ganar dinero con algo más sencillo que sus aparatosas investigaciones.

“Muchos de los objetos en esta habitación pueden tener diferentes efectos en la gente”, anunciaba Ed a la entrada de su instalación. “La gente ha sido asesinada, ha sido mutilada. Ha sido internada en instituciones psiquiátricas por su contacto con ciertos objetos expuestos aquí. Tenéis los muñecos voodo, o tenéis la muñeca Raggedy Ann, que fue la responsable de la muerte de un joven que una vez vino aquí, le desafió a que le hiciera lo peor que pudiera hacerle, y la muñeca lo hizo”.

Ed se refería a un joven que tiempo antes había venido al museo junto a su novia y, una vez se encontró con la vitrina de Annabelle, empezó a reírse de ella y a gritarle que le arañara como había hecho con el pobre Lou. Ed les expulsó del museo, y de camino a casa el joven perdió el control de la moto en que viajaban y se estrelló contra un árbol, saliendo su novia con vida pero muriendo él en el acto. Es la única muerte atribuida directamente a Annabelle.

Lo que, claro, no quiere decir gran cosa. Los Warren ya han fallecido, pero su Museo del Ocultismo sigue recibiendo visitantes y dándole ingresos a la familia, y es al cine a quien le corresponde echar cuentas con su legado. Especialmente porque, según defendió Ed en vida, la muñeca Raggedy Ann había sido la inspiración directa de Don Mancini para crear al Chucky de Muñeco diabólico en 1988. Las cosas de Ed.

“Muchos de los mitos y leyendas que rodean a los Warren tienen la apariencia de su propia intervención, y muchos no saben separar a los Warren de su contrapartida en Hollywood”, escribía la científica Sharon A. Hill en los días anteriores al estreno de Expediente Warren: El caso Enfield. “Al igual que sucede con el propio Ed Warren y sus historias, en la vida real la muñeca Annabelle es mucho menos impresionante”.

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