Angela Lansbury cumple 95 años: la estrella de Broadway y la TV que el cine desatendió

La nonagenaria actriz británica tiene una carrera popular y aclamada, pero tuvo que forjar su relevancia con esfuerzo sobre las tablas y en la pequeña pantalla.

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16 de octubre de 2020

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  • Hasta que Se ha escrito un crimen echó a andar allá por 1984, el número de series dramáticas exitosas protagonizadas por mujeres resultaba irrisorio. Pero la actriz Angela Lansbury, que rozaba los 60 años cuando comenzó a rodar la popular serie de televisión, logró cambiar aquella tendencia (para sorpresa de muchos).

    “Recibimos condolencias, incluso, antes de que [la serie] empezara a emitirse. En el mejor de los casos, esperábamos que fuera un éxito marginal”, confesaría en una entrevista uno de sus creadores, Richard Levinson.

    La CBS tenía pocas expectativas cuando estrenó Se ha escrito un crimen un domingo de septiembre de 1984, a las ocho de la tarde. Pero lo cierto es que, desde el primer momento, el público cayó rendido a los pies de la ficticia Jessica Fletcher, una profesora de inglés jubilada bastante carismática e inspirada en la figura de Miss Marple.

    Una señora que, tras quedarse viuda, opta por reconvertirse en una inteligente detective y escritora de novelas de misterio, y que pasea en bicicleta por las calles de Cabot Cove, un pequeño pueblo de Maine que contaba con el índice de asesinatos más elevado del planeta.

    “Jessica posee extrema sinceridad, compasión y una extraordinaria intuición. Yo no soy como ella. Mi imaginación se desboca. No soy pragmática, pero Jessica sí que lo es”, explicaría la actriz británica al New York Times.

    Durante doce temporadas, la veterana Lansbury se doctoró en la resolución de crímenes y se estuvo metiendo en los hogares de millones de espectadores estadounidenses. La serie triunfó también en otros países y en España se estrenaría a finales de 1986, hasta que en mayo de 1996 el culebrón llegó a su fin.

    Pero, además de eso, consiguió forrarse como nunca antes en su carrera profesional. “Fui a la televisión para ganar algo de dinero, porque no se gana dinero en el teatro, ni con una película ocasional”, comentaría una vez la actriz, que ahora cumple 95 años.

    Aquella serie cambió por completo la vida de la actriz londinense, que nunca antes de aquella etapa se había sentido demasiado atraída por el mundo de la tele. Aunque Lansbury llevaba ya 40 años currando en el mundo del espectáculo, jamás se había visto obligada a lidiar con la enorme popularidad que otorga el protagonizar una serie aclamada como Se ha escrito un crimen. En cualquier caso, se tomó siempre con bastante calma el asunto, sabedora de lo efímero del éxito.

     

    El cine como casualidad

    En realidad, Lansbury siempre ha sabido que el suyo es un oficio de pico y pala. Sin ir más lejos, ella misma empezó ganándose la vida como dependienta, trabajando en unos grandes almacenes de Los Ángeles, y no se planteó lo de ganarse la vida como actriz hasta que la MGM le ofreció un contrato para encarnar un papel secundario en la película Luz que agoniza (1944), un clásico del thriller psicológico donde compartiría cartel con Charles Boyer e Ingrid Bergman.

    Aquella película de George Cukor tuvo muy buena acogida, como también los dos siguientes filmes en los que participó, el drama Fuego de juventud (1944) y El retrato de Dorian Gray (1945); que, por cierto, le valió el Globo de Oro a mejor actriz de reparto.

    Los productores de la MGM veían en esos años su talento y potencial, pero consideraban que aquella joven actriz carecía del glamour necesario para pasar a protagonizar sus grandes filmes. Aun así, estuvieron a punto de contratarla para encabezar el reparto de una película titulada Angel’s Flight, pero a Clark Gable, prota masculino de la cinta, no le gustó nada el guion y el proyecto quedó finalmente en agua de borrajas.

     

    El teatro como salida

    Cansada de encadenar un papel secundario tras otro, Lansbury decidió volcarse en el mundo de los musicales de Broadway, donde brilló como pocas y pudo hacer prácticamente de todo. Desde dar vida a una panadera caníbal en el Sweeney Todd de Stephen Sondheim, hasta encarnar a la excéntrica protagonista de Mame, un papel que encarnó durante tres años y que la convirtió en todo un icono gay.

    Aunque ella siempre ha lamentado que su currículum cinematográfico no resultase tan llamativo como su enorme legado teatral –hasta cinco premios Tony tiene hoy en su vitrina–, es indudable que Lansbury ha formado parte de cintas bastante icónicas. Un hecho que la Academia no pasaría por alto cuando en 2013 decidió otorgarle el Oscar honorífico.

    Ahí quedan títulos como El mensajero del miedo (1962), por cuyo papel resultó nominada al Oscar a mejor actriz secundaria, o el clásico Disney La bruja novata (1971), que ha entretenido a varias generaciones de críos entremezclando personajes animados y actores.

     

    La interpretación como vía de escape

    Lo que está claro es que la interpretación se convirtió en una especie de vía de escape para la británica, que perdió a su padre con apenas once años, se quedó atónita al descubrir que su primer marido era gay –algo que descubrió tras llegar un día a casa y encontrarse una carta donde su marido le confesaba “Lo siento, no puedo continuar”–, y lo pasó francamente mal cuando sus hijos se engancharon a las drogas; Deirdre coqueteó además con la secta del gurú psicópata Charles Manson.

    La actriz abandonó Hollywood y decidió instalarse con su familia en una casa de campo que su segundo marido –el agente Peter Shaw– y ella compraron en la irlandesa ciudad de Cork. Allí, Lansbury dedicó durante un tiempo su energía a ayudar a sus hijos a superar sus adicciones y solo retomó su carrera cuando Shaw falleció en 2003.

    Hoy día, esta Dama del Imperio Británico de la reina Isabel II disfruta de su merecido estatus de leyenda de la interpretación, mientras continúa residiendo a medio camino entre Nueva York y la segunda ciudad más poblada de Irlanda.

    Ya no está por la labor (ni tampoco es que tenga necesidad) de romperse el lomo trabajando, por lo que escoge muy bien los proyectos que lleva a cabo. Quizás por eso, sus seguidores, a los que siempre atiende con cariño y gratitud, celebraron bastante su regreso a los escenarios del West End en 2014, y gozaron con su cameo en El regreso de Mary Poppins (2018). Pero está claro que la cabra tira al monte, y Lansbury ya avisó en una ocasión: “Siempre que pueda poner un pie delante del otro, seguiré actuando”.

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