Al encuentro de Mr. Walt: La historia de la otra Disney

Alberto Corona nos acerca la Cara B de los primeros años de vida de The Walt Disney Company, con su libro ‘La otra Disney Vol. 1'.

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21 de septiembre de 2020

¿Quién es Walt Disney? A Alberto Corona le seducía enormemente la idea de deconstruir a uno de los seres humanos más poderosos de la historia reciente. Más que nada porque Walt canalizó su pensamiento en todas sus películas a las que él y por supuesto todos nosotros, generación tras generación, nos hemos expuesto con muchísima alegría. 

Así que cuando Applehead Team contactó con este redactor y crítico cinematográfico que podéis leer en sitios como SensaCine, Espinof, Canino Magazine o aquí mismo para que hiciera un estudio de los no clásicos de Disney, es decir de aquellas películas de acción real que la compañía echaba fuera de la columna vertebral de sus grandes obras (a pesar de que muchas de ellas fueron incluso más taquilleras que sus películas animadas), Corona se puso manos a la obra.

“Su pensamiento (el de Walt) va en contra de lo que soy ahora y de cómo me relaciono con la cultura. Así que hacer este libro fue un ejercicio muy enriquecedor”.

Para el lector aseguro que también, porque además, y antes de meternos al meollo, debemos apuntar que este primer volumen de La otra Disney también sirve como guía imprescindible para acompañar un maratón de esas películas de la compañía del ratón en acción real que hoy puedes ver en Disney +. Corona llena cada reportaje de cada título con muchísimas anécdotas de preproducción, de rodaje y del posterior éxito o fracaso. Lo cuenta siguiendo un relato perfecto repleto de reflexiones sobre el consumo, los gustos y las modas aunque siempre protagonizado por nuestro querido empresario, dibujante, guionista y animador nacido en Chicago. 

¿Cómo lidiar con la obra de un genio cuando descubres que este genio era un miserable? Esta es una pregunta que cada vez nos hacemos más a menudo y el debate no es condenar o no al artista, porque está claro que sí. El debate es si es ético seguir disfrutando de su obra (y cómo hacerlo) a pesar de que como en el caso de Walt Disney era un tipo que explotaba a sus trabajadores, que quitaba de los créditos a sus dibujantes en pos de su propio ego, que reventaba cada manifestación sindical, que por supuesto señaló a compañeros comunistas en la era del macartismo (a Charlie Chaplin, por ejemplo) y que como bien explica Corona no perdía nunca la oportunidad de plasmar sus ideas en cada película para intentar frenar cualquier movimiento progresista que fuera en contra de su concepto de familia tradicional  y del sueño americano.

La película más racista de Disney

Las ideas que contienen muchas de estas películas hoy podrían herir la sensibilidad de muchos. Y La otra Disney comienza a lo grande, con un riguroso (y divertidísimo) análisis de Canción del sur, la película más racista de la compañía y la que por supuesto llevan décadas intentando enterrar. 

La película nació en una de las primeras crisis del estudio y en mitad de una huelga de animadores. Cuando Corona vio esta cinta por primera vez todo le pareció muy absurdo: “El tema racial era tan sumamente caricaturesco que no me violentaba, solo me hacía gracia”. Pero cuando se la puso a Piper Valca, consejero literario en temas raciales y de minorías, este se horrorizó. Corona cuenta en el libro cómo Valca le explicó cada uno de los elementos de lectura racial difíciles de identificar y que seguramente enriquecerán a cualquier lector. 

Con Canción del sur ocurre lo mismo que con Lo que el viento se llevó. Que además no son producto de su tiempo, ojo: hay que dejar bien claro que ya eran racistas cuando se estrenaron. 

“Es un debate sumamente difícil”, nos explica. “Me gusta mucho ver cine clásico y a menudo me encuentro constantemente con este debate. No tengo por qué aplaudir una película en toda su hondura, al final todo forma parte de una misma lectura”. 

Aunque en este caso Canción del sur no da para mucho, ya que esta producción de Disney, según cuenta Corona en su libro: “Es una castaña”. 

¿Quién no querría ser estadounidense? 

Disney hizo muchos westerns durante la edad dorada del género y son fáciles de distinguir del resto de películas del Oeste de Hollywood a pesar de que ahondan en prácticamente la misma idea, la de contar la creación de la nación norteamericana:  “Disney convierte estos relatos en cuentos muy monolíticos: este país es la leche y todas las personas involucradas en la construcción de EE.UU. son buenas personas. Todos tenían la razón de su parte y entre ellos han construido esta grandísima nación”. 

Según Corona este tipo de western no conoce los conflictos morales, incluso películas con planteamientos más adultos e imposibles de pensar en los años 40 como Héroes de hierro (el western de Disney favorito de Corona) tiene un argumento que circula entre estos valores. 

¿Cómo no querría uno ser estadounidense? ¡Menudo país! En los 60 sin embargo había que cambiar de tercio, ya no valía con decir lo mucho que molaba Estados Unidos: había que explotar cuanto antes ese puente que se empezaba a tejer entre el Mayo francés y la sociedad norteamericana. 

Entre las películas de este otro subgénero de película familiar cuya punta de lanza es la exitosa Tú a Boston y yo a California se encuentra una película absolutamente ridícula en los parámetros actuales titulada Los conflictos de papá donde una de las características principales del personaje principal es su fuerte odio a los franceses… “¡Había que odiarlos! Estaban a la vanguardia.” Es divertidísimo leer a Corona explicando los intentos de Walt Disney para frenar cada nueva corriente progresista que se asomaba al país, siempre a través de sus películas. Y casi siempre ganaba, eh. Sus películas tenían tanto éxito  y la compañía gozaba de tanta prosperidad que incluso era fácil para ellos experimentar con ciertos géneros o formas narrativas distintas. 

Y hasta hoy, momento en el que Disney es casi indestructible. “Nos encontramos con una compañía que lamentablemente ha llegado a un punto de poder hegemónico que no le hace falta ir a contracorriente de nada”. ¿#MeToo? Películas con personajes femeninos a la altura de las circunstancias. ¿LGTBI? Personajes homosexuales que se dan un beso aunque sea en un frame casi imperceptible al final de una película como Star Wars – Episodio IX: El ascenso de Skywalker. Es imposible calibrar en qué momento Walt Disney Company va a comenzar a perder. 

Porque, queridos lectores, con La otra Disney una de las cosas más importantes que aprenderás (y dicho con las propias palabras de su autor): 

“El capitalismo siempre gana. El capitalismo se las apaña para ganar siempre y de las maneras más variadas”.

Perros y Julio Verne 

Afortunadamente Corona va mucho más allá. Su lectura no se ciñe a una mirada pesimista y analítica de una compañía como Disney, de una sociedad como la americana y de una industria como Hollywood. Afortunadamente La otra Disney es un libro lleno de ideas bellas sobre quiénes somos y por supuesto sobre quiénes éramos en nuestra infancia. 

La otra Disney me puso en contacto con mi yo infantil para compararlo con quién soy ahora”, nos cuenta Corona. Y ciertamente no hay nada más estimulante que dialogar con las películas. Para los lectores acudir a esa conversación se convierte en un agradable paseo por películas para descubrir o redescubrir. 

“Ahora puedo racionalizar mucho más los visionados pero si una película hecha para niños ha sido rodada con cariño me va a encantar tenga la edad que tenga”. 

Una de las películas imprescindibles que desgrana Alberto es Un candidato muy peludo: “Está hecha con un gran entusiasmo a la hora de moldear la tontuna, el humor absurdo y ser una obra muy consciente del ridículo”.

Fiel amigo, por su parte, fue la cinta que dio comienzo a la dogexplotationTras La Dama y el Vagabundo, la primera vez que una producción de Disney es protagonizada por animales domésticos, Walt se da cuenta que ahí hay un filón, a la gente le gusta mucho los animales y si lo acotamos a entornos domésticos el resultado son super taquillazos. “En los 50 se da cuenta de eso y el género empieza a explosionar hasta llegar a Los perros de mi mujer y seguir adelante con evoluciones tremendamente chifladas, como documentales de la naturaleza que literalmente se convierten en películas”.

Hay joyas en este género que cualquier generación podría disfrutar hoy mismo y Alberto las revisa con cariño y mil anécdotas: Desde clásicos tan satisfactorios hoy en día como La isla del tesoro hasta cualquier adaptación de Julio Verne entre las que destaca, por supuesto, 20.000 leguas de viaje submarino

Y por fin la película prácticamente perfecta en todo

Y efectivamente así es. Una película absolutamente perfecta que hoy sigue estando viva, sigue siendo mágica. Sus canciones son deliciosas y sus coreografías espectaculares. La narración sigue siendo arriesgada, moderna, las interpretaciones insuperables, los personajes, escritos con delicadeza y dulzura, siguen siendo actuales. 

La relación de Alberto Corona con esta película es especial, tanto que no estaba en el índice del libro pero le pidió a la editorial dedicarle un capítulo. Quizá uno de los mejores. “Mary Poppins es la historia de Disney”. 

Alberto habla con pasión de su descubrimiento año tras año de una película inmensa, como ese tremendo shock que hemos pasado cualquier fan al descubrir ya de adultos que el protagonista no era otro que George Banks. Corona detalla a un nivel exquisito la famosa preproducción de esta obra maestra que ya daría para un libro entero, la composición de las canciones por los hermanos Sherman, la negociación con Pamela Lyndon Travers, la escritura del guion…

Y por supuesto el diálogo que tiene el autor con la película es fascinante, recorriendo cada detalle de la misma, cada significado, cada polémica sobre sus lecturas de cine de izquierdas que Corona desbarata con tino y mucha elegancia solo prestando atención a detalles de alguien apasionado. 

Y qué fácil es contagiarse de la pasión de otros. Uno cierra el libro de La otra Disney (primero de dos volúmenes dedicados a analizar esta historia alternativa) y lo primero que hace es una lista de películas, algunas para saldar cuentas pendientes, otras para volver de nuevo a la infancia. 

Un viaje, este último, en el que Bert estaría encantado de acompañarnos.

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