8 películas que verás en Navidad (quieras o no)

Turrón, espumillón, villancicos... Y cine, mucho cine. Las fiestas de invierno no serían lo mismo sin estos filmes, siempre tan puntuales como los Reyes Magos.

03 de diciembre de 2010

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  • Las Navidades están a la vuelta de la esquina, y con ellas sus entrañables iconos: los Reyes Magos, Papá Noel, los belenes (vivientes o no), el turrón, los polvorones… Y esas películas que, bien por su ambientación festiva, bien por su mensaje humanista y buenrollista, nunca fallan en televisión por esas fechas. Échale un vistazo a nuestra lista, y asúmelo: sin ellas en la pequeña pantalla, las cenas familiares de Nochebuena no serían lo mismo.

    * Mary Poppins (R. Stevenson, 1964)

    “Chim-chim-cheree-chim-chim-cheree…”, reza la mítica cancioncilla que Dick Van Dyke cantaba sin descanso en esta producción Disney, con Julie Andrews como institutriz supercalifragilísticoespialidosa. Aunque suene extravagante, raro y espantoso, las historias de esta niñera mágica y los hermanos Banks es una pequeña gema, con números musicales gloriosos y el punto justo de cursilería.

    * Lo que el viento se llevó (V. Fleming, 1935)

    Cuando llegan las fiestas navideñas, las cadenas de TV programan filmes largos, larguísimos, que rellenan las parrillas permitiendo al personal de continuidad pasar (por una vez) una noche hogareña. En esa tesitura, la película que nunca falla es este monumental dramón histórico, cuyos 238 minutos se hacen cortos (publicidad aparte) gracias al fuego pasional de Clark Gable, Vivien Leigh y el incendio de Atlanta. Escuchar aquello de “A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre” en el contexto de una comilona festiva no deja de ser, cuanto menos, paradójico.

    * La gran familia (Fernando Palacios, 1962)

    España entera ha llorado durante casi cinco décadas ante la conjunción de dos factores: el mercado navideño de la madrileña Plaza Mayor, y el nombre de un niño llamado Chencho. Apología descarada de la política pro-natalidad del franquismo, este producto del siempre versátil Pedro Masó se benefició de un reparto como un regalo de Reyes: Alberto Closas, José Luis López Vázquez y José Isbert, el abuelo ideal para todo españolito gamberro.

    * Gremlins (Joe Dante, 1984)

    Dicen por ahí que una cena familiar no está completa sin una buena bronca. Si llega a darse este caso, no está demas recordar que Gremlins es la película ideal para poner de acuerdo a padres e hijos durante una reunión familiar: los peques la adoran por su espíritu travieso y por el encanto de Gizmo el mogwai, mientras que los mayores (sobre todo los más frikis) se mueren de gusto viendo a una horda de mónstruos fuera de control, carentes de todo espíritu navideño, reduciendo a escombros un pueblecito all american.

    * Solo en casa (Chris Columbus, 1990)

    Aunque su aspecto actual esté más a tono con otras festividades (Halloween, por ejemplo), nunca está de más recordar que Macaulay Culkin comenzó su andadura en los cines hecho un angelito abandonado. Columbus, futuro director de las dos primeras entregas de Harry Potter, y su guionista, el ex mago de lo teen John Hughes, materializaron el sueño inconfesable de más de un chaval prepúber: habitar un chalet abandonado, ver la tele hasta las tantas, robarle las revistas guarras al hermano mayor, y atormentar a adultos desprevenidos como Joe Pesci.



    * Ben-Hur (William Wyler, 1959)

    Una película que comienza con un belén viviente y acaba con una salvaje carrera de cuádrigas. ¿Hay algo más navideño? Esta ‘película-río’, híbrido de péplum y cine bíblico con un Charlton Heston judáico, desempeña la misma función que Lo que el viento se llevó en otras programaciones: su maratoniana duración (222 minutos), sólo superada por el número de Oscars que se llevó ( once, los mismos que Titanic) la convierten en pretexto ideal para que los currantes de la emisora de turno se tomen un largo descanso.

    * Los fantasmas atacan al jefe (R. Donner, 1988)

    La verdad, Bill Murray ha tenido momentos mejores en su carrera. El director Richard Donner (Superman, Los Goonies, Arma letal), también. Pero una comedia ochentera como esta, sin excesivas pretensiones y con un argumento (basado en el Cuento de Navidad de Dickens) sobradamente conocido, es ideal para ser disfrutada en el mediodía del 25 de diciembre: con el cerebro aplastado por la resaca y el estómago resintiéndose por los polvorones y el jamón en dulce, cualquiera ve espectros.

    * Qué bello es vivir (Frank Capra, 1946)

    Lo creas o no, esta comedia del siempre optimista Frank Capra no fue precisamente bien recibida el año de su estreno. Con los rigores de la II Guerra Mundial recién acabados, el público de EE UU quería ver historias alegres, no a un James Stewart al borde del suicidio por quítame allá ese crédito. ¿Adivinas de dónde le llegó su presente popularidad? Exacto: la naciente televisión estadounidense aprovechó su argumento navideño y lo barato de sus costes de emisión para proyectarla una vez, y otra, y otra… Hasta convertirla en una presencia tan inevitable en Nochebuena como el espumillón, las zambombas y los chistes verdes de tu cuñado.

     

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