8 películas que tienes que ver antes de ‘Interstellar’

Prepárate para lo nuevo de Christopher Nolan con este aperitivo cósmico de obras maestras.

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06 de noviembre de 2014

Que Christopher Nolan no es precisamente un director modesto (en sus ambiciones, queremos decir) es algo bastante evidente: no contento con rodar el filme de superhéroes más aclamado de la historia (El caballero oscuro), ni con meterse en nuestros subconscientes para inocularnos un Origen, ahora el cineasta de Londres la toma con la inmensidad del espacio exterior para ofrecernos Interstellar. Con un argumento de esos que aspiran a la profundidad metafísica sin escatimar el entretenimiento, y con actores de postín en su reparto (Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Matt Damon y un largo etcétera, más el inevitable Michael Caine) este viaje desde una Tierra moribunda a la inmensidad del cosmos está levantando un revuelo en los medios sólo comparable al que Alfonso Cuarón y su Gravity despertaron el año pasado. Como adentrarse en el vacío entre los astros sin ir preparado es muy peligroso, en CINEMANÍA hemos preparado esta lista de películas clásicas en la que se dan cita títulos imprescindibles de la ciencia-ficción vintage. Mucho ojo, porque algunas de estas cintas han sido señaladas por el propio Nolan como influencias a la hora de realizar el filme.

2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968)


Esta es de cajón, ¿verdad? Pues sí, pero no por ello resulta menos insoslayable: coaligándose con el escritor Arthur C. Clarke para pergeñar un cuento de simios, astronaves, computadoras asesinas y monolitos misteriosos, Kubrick ofreció el que posiblemente quede como primer vistazo cinematográfico a la ciencia ficción ‘dura’, esa que le da más importancia a la verosimilitud científica que a la espectacularidad. Y añadiendo, de rebote, unas cuantas consideraciones filosóficas de gran calado sobre el lugar de la humanidad en el cosmos. Por si todo esto no fuera suficiente, recordemos que el genio del Bronx es el cineasta fetiche de Nolan: aunque el británico se haya cuidado de no mencionar este filme más de lo necesario durante la promo de su última obra (“Cuando haces una película como esta, no puedes fingir que 2001 no existeestamos seguros de que, en privado, sus ideas eran bien distintas.

Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977)

A lo largo de la producción de Interstellar, esta película ha sido invocada por Nolan como un ejemplo a seguir. Y no sólo porque en su guión aparezcan individuos corrientes que sienten la llamada de las estrellas, sino también porque, para el cineasta, se trata de una muestra de tiempos pasados (y quizá mejores) para la ciencia-ficción de cine. “Si dices que estás preparando una película ‘familiar’ te expones a connotaciones negativas, como si dieras a entender que va a ser algo soso”, comentó el director a la revista Empire. “Pero cuando yo era niño, estas películas [como Encuentros…] eran aptas para toda la familia en el mejor de los sentidos, y resultaban tan atrevidas, originales y desafiantes como las que más”. La sombra del Spielberg primigenio se alza, en realidad, sobre toda Interstellar, porque Christopher Nolan también mencionaba Tiburón en la misma entrevista. Pero, que sepamos, en el filme que nos ocupa los escualos brillan por su ausencia.

La carretera (John Hillcoat, 2009)

¿Por qué abandonan nuestro planeta Matthew McConaughey y sus compañeros? Pues porque, según explican los primeros minutos de Interstellar, la Tierra del futuro es un páramo asolado por el colapso ecológico, donde la comida escasea y la hambruna global es inminente. Pues bien: pasando por ejemplos más pulp (Cuando el destino nos alcance)  y más ‘de autor’ (la tremebunda El tiempo del lobo, o el Apocalipsis según Michael Haneke), este periplo de un padre (Viggo Mortensen, más duro que el Alcoyano) y un hijo (Kodi Smith-McPhee) resulta una impagable visión de un ecosistema hecho trizas donde los recursos naturales son un mero recuerdo. Y, cuando no hay comida, ya se sabe: no queda otra que merendarse al vecino. Buen provecho…

Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979)

Volvemos a tomarle la palabra a Christopher Nolan: aunque los bichos xenomorfos brillen por su ausencia en Interstellar (una pena: ahora que el propio Scott les ha abandonado, los pobres deben sentirse muy solos), las desventuras de Ellen Ripley (Sigourney Weaver) y sus compañeros de la nave Nostromo también han tenido su peso en la preparación del filme. Nos referimos a la idea del ‘futuro usado’, esa de la cual Alien fue pionera junto a otros clásicos como Estrella oscura y Star Wars, y que equivale (en palabras nolanianas) “plasmar un porvenir tan desgastado y tan real como el mundo en el que vivimos”. Algo que, huelga decirlo queda muy de relieve en una película donde las negociaciones salariales son casi tan importantes como las bestias carnívoras del espacio exterior.

El abismo negro (Gary Nelson, 1979)

El mismo año en el que Ridley Scott y Alien revolucionaban para siempre el terror y la ciencia-ficción, Disney trataba de apuntarse a la fiebre galáctica con este filme, que fracasó estrepitosamente en taquilla para después ser reivindicado con los años. ¿A santo de qué lo mencionamos hablando de Interstellar? Pues porque su elemento clave, que también aparece en el filme de Nolan, es un puente de Einstein-Rossen (‘agujero de gusano’ para los amigos), esa clase de agujeros negros de alta densidad que, según algunos teóricos, pueden curvar el espacio y servir de atajo hacia estrellas lejanas. El cine suele tirar de falacias científicas al hablar de estas cosas, y El abismo negro no es una excepción, pero la película se las apaña para convertir a la singularidad cósmica de marras en un ente realmente aterrador. Y la astronave Cygnus es una preciosidad, para qué vamos a negarlo.

Elegidos para la gloria (Philip Kaufman, 1983)

Los críticos la adoraron, pero esta adaptación del reportaje de Tom Wolfe sobre los comienzos de la era espacial no llegó a cubrir su presupuesto y sus ocho nominaciones a los Oscar (incluyendo Mejor Película) sólo le valieron cuatro victorias en categorías técnicas. Aun así, sabemos que Christopher Nolan tiene a Elegidos para la gloria en muy alta estima: por algo organizó una proyección del filme para el reparto y el equipo técnico de Interstellar antes de comenzar el rodaje. Dotada con escenas que han pasado a la historia por derecho propio, la película no escatima el humor (“¡Solicito permiso para vaciar vejiga!”), ni tampoco la intensidad dramática o el rigor histórico. Aún hoy, resulta la película ideal para convencerte de que eso de ser astronauta es una cosa muy seria.

La mujer en la luna (Fritz Lang, 1929)

Dos años después de crear Metrópolis, la distopía industrial más influyente de la historia del cine, Fritz Lang volvió a aventurarse por territorios fantacientíficos junto a su entonces esposa Thea Von Harbou (la cual, todo sea dicho, era un poquito nazi). Aunque optaran por saltarse a la torera realidades ya sabidas por la ciencia (como la ausencia de gravedad, o la carencia de atmósfera respirable en nuestro satélite) hay que decir que la jugada les salió redonda: La mujer en la luna codificó muchos de los elementos que esperamos ver en un viaje espacial de cine… y fuera de él. Sin ir más lejos, los capitostes de la NASA tomaron de la película la idea de anticipar los despegues con una cuenta regresiva, detalle que, si bien técnicamente inútil, añadía mucho dramatismo al evento.

Sunshine (Danny Boyle, 2007)

Aparte de sus pasaportes británicos, el riguroso Nolan y el videoclipero Danny Boyle tienen tanto que ver entre ellos como la noche y el día. Aun así, Interstellar y esta película presentan ciertos parecidos inquietantes. Para empezar, las dos se centran en sendas misiones espaciales para salvar a la humanidad, y en ambos casos los rigores psicológicos del espacio exterior juegan roles muy destacables en la trama. Si la frialdad cósmica de Nolan te deja tiritando cuando salgas de la sala, a lo mejor exponerte al solecito (en extinción) en cuyo torno gira esta película puede ser una buena idea.

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