8 consejos de un experto para triunfar en los Oscar

El publicista Joshua Jason, responsable de la promoción de 'Minerita' ante la Academia, habló en Madrid sobre las estatuillas y sus triquiñuelas. Estas fueron sus enseñanzas.

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15 de noviembre de 2015

Visto de lejos, Joshua Jason podría ser un supervillano. O, al menos, uno de esos personajes a los que Stanley Tucci (con quien tiene cierto parecido físico) interpreta tan bien: muy serios, muy listos y con un ingenio vitriólico que no dudan en usar cuando algo no les gusta. Vamos, la idea que uno tiene de antemano sobre uno de los publicistas más solicitados en Hollywood, especialista en competir en un terreno tan lleno de escollos como lo es el de la carrera hacia los Oscar. Este señor bajito y con gafas tiene en su curriculum cinco estatuillas y 24 nominaciones para sus clientes, entre los cuales se han contado varios filmes españoles: gracias a sus esfuerzos, También la lluvia logró un puesto en la shortlist como Mejor Película de Habla No Inglesa, mientras que Chico y Rita se convirtió en la primera película de animación producida aquí en aspirar al ‘hombrecito’ correspondiente.

Ahora, Jason se encarga de convencer a los académicos de que Minerita, el corto de Raúl de la Fuente, merece pasar de precandidato a nominado de pleno derecho al Oscar al Mejor Cortometraje Documental. Por ello, el pasado martes 10 de noviembre se pasó por la Academia de Cine (la de Madrid) para impartir una conferencia sobre los premios más codiciados del celuloide, sus casos, sus cosas y, sobre todo, cómo puede uno llevar a cabo una campaña publicitaria que le sitúe más cerca de subir al estrado en la gala. Escuchándole, y hablando con él tras la charla, nosotros comprobamos que se trata de una persona que se entusiasma de verdad al hablar de cine, capaz de describir con sencillez los bizantinos procedimientos de la Academia (la de Hollywood) y, sobre todo, más lista que el hambre. Aquí tenéis una selección de sus enseñanzas.

Tenlo presente: esto es difícil

Joshua Jason no se anda con rodeos: las películas que aspiran, no ya a una nominación, sino incluso a figurar en la ‘lista corta’ de precandidatas son cientos, y el proceso por el que llegan a la tanda de precandidatas es arduo: “mientras tú haces tu campaña, todo el mundo está haciendo la suya”, advierte.  La expresión que utilizan los de su gremio para describir esta carrera de fondo es “survive to five”, “sobrevivir hasta las cinco”, refiriéndose al quinteto de cintas que optarán finalmente por el Oscar. Pero no conviene confundirse: aunque no llegues a la última etapa, incluso hacerte un hueco en la shortlist es una victoria para los directores, que verán ante sí expectativas de distribución y de trabajo que nunca antes habían podido conseguir. “A veces, un académico puede acercarse a un director precandidato con un guion o incluso una oferta de trabajo, y eso no ocurre si no te das a conocer “, explica.

¿Gustar en tu país o gustar en EE UU?

A continuación, Jason desgrana el proceso por el cual él y el resto de los publicistas de Hollywood eligen a sus representadas entre todo este marasmo de aspirantes: “Alguien llega, te propone la película, tú la ves y, si no te encanta, si no piensas que tiene auténticas posibilidades, la descartas, porque no quieres trabajar con un material en el que no confías”. Y mucho ojo, porque los publicistas que trabajan en la categoría de Película de Habla No Inglesa, o con títulos no estadounidenses en general, son más bien pocos (“Nosotros nos repartimos el mundo”, bromea)Ahora bien, las posibilidades de las películas deben entenderse en un sentido amplio, porque generalmente los cineastas las ruedan pensando en el público local… y éste no tiene por qué compartir gustos con el público estadounidense, y menos aún con los miembros de la Academia. “A veces, los países seleccionan sus películas en función de lo que creen que gusta a los académicos, no en la calidad del filme en sí”. Craso error, advierte: “Cuando mandas una película a los Oscar, más te vale estar seguro de que es puñeteramente buena, porque da igual el esfuerzo que pongas en la campaña: si no vale la pena, no llegará a nada”. Eso sí: si tu filme es estupendo, pero contiene algo que desagrada a los votantes de la institución, despídete de la estatuilla. Jason resume esto último con una anécdota ocurrida durante la promoción de Pa negre: “Al principio de la película, cuando matan al caballo, pensé ‘esto le va a costar un montón de votos’. Y así fue: el público de EE UU se toma muy mal las escenas de maltrato a animales”.

Sé generoso desde el principio

Según señala Jason, el mayor problema en una campaña pre-Oscar es siempre el mismo: el dinero. Los gastos son numerosos, los presupuestos menguados y, sobre todo, muchos de sus clientes no saben cuál es el momento adecuado para tirar de billetera. “Cuando se anuncian las nominaciones, entonces es cuando empieza a fluir el dinero”, explica, “y eso es un error, porque hasta el 14 de enero, cuando empieza la fase de prenom [después de la shortlist y antes de las candidaturas definitivas] puedes hacer lo que quieras. Después, llegan las restricciones”. Unas restricciones, explica, que van haciéndose cada vez más asfixiantes conforme se acerca la fecha de la gala: una vez que se conozcan los nombres de las precandidatas, la Academia empezará a buscarte las cosquillas (“En cierta ocasión me llamaron al orden por haber puesto la palabra ‘cordialmente’ en las invitaciones a un pase. Y yo pensé: ‘¡Joder, si sólo estoy siendo educado!”) y, cuando se hayan hecho públicas las cinco nominaciones, el control sobre tu campaña llegará hasta niveles kafkianos. Por ejemplo, “está prohibido regalar botellines de agua en la última fase, porque se considera un soborno”.  

Familiarízate con los sistemas de votación

Greg Harbaugh - Image Group LA

Greg Harbaugh – Image Group LA

Los sistemas de voto de la Academia se llevan una muy buena parte de la intervención de Joshua Jason. Nada raro, porque en el público de la charla hay muchos profesionales del cine español que, seguramente, sueñan con competir algún día por un Oscar.  De toda esta avalancha de información nos queda algo claro: en cada categoría, las votaciones son de su padre y de su madre. Y, además, la Academia las cambia un poquito cada año, para que la gente no se duerma en los laureles. Algunas permiten votar a todos los miembros de la institución (por ejemplo, las categorías documentales, “hasta que, hace dos años, Michael Moore protestó y dijo que aquello no era respetuoso”), mientras que otras están restringidas a los miembros de comités. Las hay que permiten ver las películas en dvd y votar online, y otras que exigen la celebración de pases en salas de cine, sí o sí. Y, finalmente, los sistemas empleados para recabar la opinión de los votantes también difieren muchísimo. Por ejemplo, si tu película aspira a Mejor Documental y alguien te dice que la ha puntuado con un 7, no te alegres: según Joshua Jason, esa calificación viene a decir “el hecho de que Dios haya creado las cámaras no significa que se las pueda usar para hacer un bodrio como este”, porque la escala de votos va del 7 al 10. Lo que más nos ha pasmado es el método que, hasta hace unos años, se empleaba para las proyecciones de cortometrajes: cada votante que asistía al pase recibía una linterna, con permiso para encenderla si la película proyectada no le gustaba. En el caso de que brillasen muchas luces en el patio de butacas, se interrumpía la proyección, y se pasaba al siguiente corto…

Recuerda: los académicos son personas

Oscars

Y, aquí, decir “personas” no significa necesariamente “buenas personas”. “A los miembros de la Academia les gusta que les hagan la corte”, explica Joshua Jason. “Están en una situación de poder, y lo saben, así que quieren recibir algo a cambio”. Por ello, uno debe aprender detalles tales como que es mejor invitarles a comer que a cenar “porque se reúnen por las tardes” o que uno nunca dará las suficientes recepciones o los suficientes cócteles para agasajarles y “humanizar al director” (es decir, conseguir que su cara les suene y que, si hay suerte, les caiga simpático), así como mover Roma con Santiago para conseguir realizar pases (“entre 7 y 10, es lo habitual”) en salas de cine del Condado de Los Ángeles, para que así tengan muchas oportunidades de ver la película: “al principio, todo son buenas intenciones y dicen que irán a verlas todas, pero luego la realidad es otra”. Ah, y si consigues que tu publicista sea alguien que les conoce ya de antemano (como el propio Joshua Jason, cuyos padres son ambos académicos), pues tanto mejor. “La carrera por los Oscar es como una cita: hay que ir a impresionar”, explica. No obstante, cuando señalamos que esto encaja con el estereotipo de la Academia como un nido de profesionales viejunos, más interesados en que les hagan la pelota que en ensalzar el buen cine, Jason matiza: “Es normal que el grueso de los académicos sea gente mayor: primero, porque son los únicos que pueden perder el tiempo viendo películas a espuertas, y segundo porque se han ganado los galones. Si la persona que va a votar el Oscar a Mejor Montaje resulta que trabajó como montador en Sed de mal, ¿qué objeción vas a ponerle?”.

Arrímate al Cuarto Poder

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Proyecciones y fiestones aparte, saber usar a la prensa es una importante baza a la hora de aspirar a un Oscar. Y aquí, como en todo, hay clases. Según explica Jason, Variety es el medio más importante, porque todos los miembros de la Academia tienen una suscripción gratuita. Los anuncios en el veterano semanario cuestan un pico, pero salen menos caros si uno recuerda que hay descuentos por contratarlos desde fuera de EE UU. Después, llega The Hollywood Reporter, que le merece palabras poco elogiosas: “Tratarán de llevarte a su terreno, y comprarles un anuncio no te saldrá barato”. El escalón más bajo de esta carrera publicitaria lo ocupan los sitios web, tanto los de las propias revistas como Indiewire, Slasfhilm y otras cabeceras online. Una vez más, la clave está en desembolsar cantidades que pueden llegar hasta casi 7o.ooo euros en una campaña más o menos digna. Y siempre recordando que los grandes estudios tienen cuentas de gastos casi infinitas, lo que puede resultar francamente doloroso si representas a un filme europeo en la categoría de Mejor Película de Animación, donde Disney, Pixar Dreamworks siempre dominarán el cotarro: “El año pasado, yo llevaba la campaña de Ernest y Celestine, una película francesa estupenda. Y, claro, teníamos que competir con Frozen: un día fui a la farmacia, y hasta las bolsas que me dieron para mis medicamentos llevaban la cara de la protagonista. Lo que pensé fue: ‘¿Qué se supone que voy a hacer? ¡Esa puñetera princesa está hasta en la sopa!”.

Desconfía de los Globos de Oro

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Aquí, Joshua Jason lo tiene claro: la llamada ‘antesala de los Oscar’ no sólo es mucho menos importante de lo que la gente se cree, sino que también se presta a prácticas poco limpias. “En contra de lo que suele pensarse, los Globos de Oro son menos limpios y menos prestigiosos que los Oscar. De hecho son un buen ejemplo de lo que podría pasar con los Oscar si estuviesen menos controlados”. De acuerdo con nuestro experto, los votantes de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood te harán gastar una fortuna en regalos e invitaciones, a cambio de una sola cosa: “presencia mediática”. Así pues, el consejo está claro: “Si vas corto de presupuesto, ve directamente a por los Premios de la Academia”.

Asume la sombra de Almodóvar

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Como tantos otros estadounidenses, Joshua Jason recuerda muy bien cuál fue la primera película española que vio en un cine: Mujeres al borde de un ataque de nervios. Y, después, “aquella tan buena de Fernando Trueba, la de las hermanas y el soldado… ¿cómo se llamaba?”. El hecho de que semejante profesional no recuerde de primeras el título de Belle Epoque debería dejar claro que, en el entorno de los Oscar, el manchego universal y el cine español son prácticamente la misma cosa. Algo que, por una parte, tiene sus ventajas: gracias a las nominaciones y las victorias de Almodóvar “España está en la lista de doce países, más o menos, cuyas películas seleccionadas siempre van a ver los académicos: están la italiana, la francesa… y la española”. Pero, por otra, también es un lastre, porque “el estilo de Almodóvar, el colorido, los diálogos… todo eso es lo primero en lo que se piensa en EE UU cuando se va a ver una película española”, y cuando aparece un filme que se aparta de ese cliché, la reacción puede ser poco entusiasta. “Loreak es una película diferente”, explica hablando de la candidata española a Mejor Película de Habla No Inglesa. “Usa una estética y un idioma que los estadounidenses no reconocemos. Además, el público de EE UU no sabe apenas nada de la situación en el País Vasco. No sé qué perspectivas tendrá en los Oscar, pero me parece una gran película. Una película única”.

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