7 documentales sobre músicos ocultos

Estos artistas se movieron en la oscuridad... Hasta que una cámara se fijó en ellos.

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20 de mayo de 2014

Como amantes que somos de los documentales musicales, el estreno en España de A 20 pasos de la fama nos ha llenado de júbilo. No sólo porque la película esté muy bien, que lo está, ni porque se llevase un Oscar, sino por un detalle muy especial. Siguiendo los pasos de sus protagonistas, cantantes que han apoyado a Stevie Wonder, Sting y otros mitos, la película de Morgan Neville rinde homenaje a una parte muy especial del gremio sonoro: los músicos de sesión. Es decir, aquellos que (pese a talentos que muchas veces hacen historia) se limitan a tocar o a componer al servicio de otros. Y que, como no suelen publicar discos a su nombre, ni siquiera tienen opción a un filme que los reivindique como pasó con Searching for Sugar Man y Sixto Rodriguez.

Un momento… ¿Hemos dicho que no hay películas sobre los sesioneros? Pues sí que las hay: algunas son muy buenas y todas, sin excepción, revelan aspectos desconocidos de la historia del rock. Si quieres saber quién firmó ese estribillo que no paras de tararear, o qué dedos pulsaron ese solo de guitarra que te cambió la vida, harías bien en echarles un vistazo.

Standing in the Shadows of Motown (Paul Justman, 2002)

Los músicos: ¿Viviste en Detroit durante los 60? ¿Has tocado en más números 1 que los Beatles y los Rolling Stones juntos? ¿Cobraste sueldos de miseria por participar en canciones de Marvin Gaye, The Supremes, los Temptations o los Four Tops? ¿Recompensó tus servicios la discográfica Motown dejándote tirado en cuanto tuvo la oportunidad de mudarse a Los Ángeles? Si la respuesta es “sí”, ¡felicidades! Eso quiere decir que has formado parte de los Funk Brothers, la orquesta más potente (y menos reconocida) de la historia del soul.

¿Les hace justicia la película? Claramente, sí: aunque sus reconstrucciones de temazos como I Heard It Through The Grapevine no acaban de funcionar, las viejas historias (algunas, muy sórdidas) y la participación de talentos como Ben Harper y Chaka Khan convierten al filme en un gustazo para amantes de la música negra.

Muscle Shoals (Greg ‘Freddy’ Camalier, 2013)

Los músicos: Durante la edad dorada del rock, un estudio no sólo se medía por su sonido, sino también por el talento de los músicos que trabajaban en él. Y en el estudio Muscle Shoals de Sheffield (Alabama) contaba con algunos de los mejores: los tremendos Swampers para ponerle el esqueleto rítmico a las canciones, y los Muscle Shoals Horns para darles chicha a base de saxos y trompetas. Los Stones, Bob Dylan, Lynyrd Skynyrd, Otis Redding, Aretha Franklin y otros titanes se beneficiaron de ese poderío.

¿Les hace justicia la película? En puridad, Muscle Shoals no es un tributo a los músicos del estudio, sino al fundador del mismo, el productor Rick Hall. A pesar de que las críticas del filme han sido estupendas, dejémoslo en un “más o menos”.

The Wrecking Crew (Denny Tedesco, 2008)

Los músicos: Para la mayoría de instrumentistas de este planeta, acompañar a Frank Sinatra, Elvis Presley, Scott Walker o los Beach Boys en sus grabaciones sería un honor, pero para el guitarrista Tommy Tedesco y sus compañeros, era una forma de llegar a fin de mes. Fascinado por la historia de este equipo (el más cotizado y solicitado de su época), y a fin de rendir homenaje a su padre, Denny Tedesco invirtió 17 años en la realización de este documental.

¿Les hace justicia la película? Pues sí, pero eso ha supuesto su talón de Aquiles: los músicos a los que retrata The Wrecking Crew tocaron en una cantidad tal de hits que Denny Tedesco no puede estrenar comercialmente la película, viéndose limitado a proyectarla en festivales. Llevar su filme a las salas supondría un pago de 218.000 euros en royalties: demasiado para una producción indie como esta.

A.K.A. Doc Pomus (W. Hetcher, P. Miller, 2012)

El músico: Como cantante, y como pianista, Jerry Felder resultaba tirando a normalito. Como compositor, sin embargo, este chaval de Brooklyn mutilado por la poliomielitis era harina de otro costal: de su cerebro (y del de su socio Mort Shuman) nacieron Teenager In Love (el Por qué me tengo yo que enamorar de Los Bólidos y los Fresones Rebeldes), Viva Las Vegas, Sweets for My Sweet y muchísimas otras canciones que conoces mejor de lo que crees. No en vano fue el primer músico blanco homenajeado por el Blues Hall Of Fame.

¿Le hace justicia la película? Las canciones son apabullantes, la realización es respetuosa, y además Lou Reed (buen amigo de Pomus, a quien dedicó el álbum Magic and Loss tras su muerte en 1991) contribuye aportando unas narraciones que ponen los pelos como escarpias, tomadas del diario del protagonista. O sea, que sí.

Down from the Mountain (N. Dobb, C. Hegedus, D. A. Pennebaker, 2000)

Los músicos: Asumimos que todos los presentes hemos visto O Brother! Lo cual equivale a decir que nos lo hemos pasado pipa con su banda sonora. Ahora bien: ¿nunca has sentido curiosidad por conocer a los músicos que T. Bone Burnett reclutó para ambientar la película de los Coen? Esta película les reunió para un concierto presentado por Holly Hunter.

¿Les hace justicia la película? Admitámoslo: muchos de los participantes en la BSO de O Brother! eran ya famosos antes de que se estrenase el filme. Pero otros, como el veteranísimo Ralph Stanley y la Cox Family, eran artistas de culto cuyo conocimiento estaba reservado a los estudiosos del country y el hillbilly. Verles aquí aclamados a lo grande resulta todo un subidón.

A Life in the Death of Joe Meek (H. S. Berger, S. Stahman, 2014)

El músico: No sabía tocar, no sabía cantar, jamás estudió música y estaba como una auténtica regadera. Pero, pese a todo ello, el británico Joe Meek cobijaba en su cerebro una auténtica mina de ideas que le valieron el ser aclamado (tras su suicidio, con asesinato incluido, y la oportuna reivindicación décadas más tarde) como uno de los grandes productores de todos los tiempos, y como un pionero de la música electrónica.

¿Le hace justicia la película? Tras un biopic tan poco afortunado como Telstar (2008), cualquier reivindicación fílmica de la obra de Meek habría sido bienvenida. Pero es que, además, esta película cuenta con abundantes testimonios tanto de admiradores (Edwyn Collins, Alex Kapranos), como de músicos que trabajaron a sus órdenes, como un tal Jimmy Page (al que tal vez recuerdes tocando la guitarra en Led Zeppelin).

Moog (Hans Fjellestad, 2004)

El ¿músico?: Si los músicos de sesión y los productores lo suelen tener crudo para destacar, hay otra categoría que se queda aún más atrás en los ránkings de popularidad: los inventores de instrumentos, como el doctor Robert Moog. En contra de lo que creen algunos, este caballero no creó el sintetizador, pero sí refinó su diseño con innovaciones que propiciaron una auténtica revolución musical. Y, pese a ello, a no ser que seas teclista es raro que su nombre te suene de algo.

¿Le hace justicia la película? Rodada un año antes de la muerte de su protagonista, Moog está llena de buenas intenciones y cuenta con admiradores de postín, como Rick Wakeman y DJ Spooky. Pero al mismo tiempo presenta ausencias notables (¿dónde está Wendy Carlos?) y sus aportaciones se quedan bastante cortas tanto en lo técnico como en lo personal.

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