7 detalles sorprendentes de la exposición ‘Hitchcock, más allá del suspense’

Hasta el 5 de febrero de 2017, el genio del suspense toma la Fundación Telefónica de Madrid en una muestra que ahonda en su poderío visual.

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14 de octubre de 2016

Que en CINEMANÍA somos fieles practicantes de la fe Hitchcockiana ha quedado patente en más de una ocasión, la última, el despliegue que le dedicamos al genio del suspense en nuestro número 247 (abril de 2016) con motivo del estreno de Hitchcock/Truffaut, de Serge Toubiana y Kent Jones. Y ahora que acaba de inaugurarse la exposición Hitchcock, más allá del suspense nos hemos podido evitar acercarnos al Espacio Fundación Telefónica de Madrid para dar cuenta de las novedades y sorpresas de esta muestra comisariada por Pablo Llorca, profesor de Historia del Cine y de Historia de la Fotografía de la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca.

La exhibición da una vuelta de tuerca a las aproximaciones habituales hacia la figura del cineasta británico. De hecho, su título, ya nos ofrece unas cuantas pistas de qué es lo que no vamos a encontrarnos en la exposición y, a cambio, en Hitchcock, más allá del suspense se ahonda con abundante documentación, fotografías de archivo, storyboards y material de apoyo como revistas o réplicas de vestidos icónicos, en la importancia de lo visual en el cine de Hitchcock. El dominio de los recursos cinematográficos y plásticos en su cine, su destreza y su equipo de colaboradores, su pasión, más bien obsesión, por moldear unos personajes femeninos irresistibles y la capacidad de sus películas por reflejar tendencias e inquietudes culturales de la época son algunas de las claves desde las que parte la muestra.

Estructurada en cinco grandes bloques interconectados –Introducción, El toque Hitchcock, Mujeres y hombres, Hitchcock y su tiempo, el arte y la arquitectura y El revés de la trama: las apariencias y los trucos–, repasamos aquí los detalles que nos han sorprendido de la exposición.

La eterna influencia del cine mudo

Cuando Alfred Hitchcock comenzó en la industria cinematográfica, el cine sonoro todavía no existía y el cineasta se formó partiendo del lenguaje cinematográfico del cine mudo. En la muestra Hitchcock, más allá del suspense, se incide en el aprecio del director por el cine de vanguardia de la época, que estudió en las muchas sesiones que atendió cuando la London Film Society se puso en marcha, en 1927, de donde extrajo muchos de recursos plásticos que incorporó en sus películas, desde yuxtaposiciones de planos a la pasión por los primeros planos de detalles que son icónicos en su cine. Un ejemplo es la secuencia de Declive (1927) que narra el regreso a casa por las calles de Londres de Roddy, el protagonista, en un estado de delirio.

 

Mujer ideal/ mujer humillada

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¿Qué sería del cine de Hitchcock sin las enigmáticas mujeres que lo protagonizan? Los hombres obsesionados por mujeres fantasmales como el Scotty de Vértigo. De entre los muertos, o las mujeres independientes como el personaje de Eve Kendall (Eva Marie Saint) de Con la muerte en los talones, definen la manera en que el cineasta abordaba las relaciones entre uno y otro sexo; unas relaciones por otra parte, nada exentas de un sutil erotismo que Hitchcock puso en pantalla como pocos. Sin embargo, si algo caracterizó al cineasta en relación con su visión del universo femenino es la dualidad entre la idealización de la mujer y esa insistencia por humillarla que aparece de manera clara en el clásico Vértigo: Madeleine y Judy, ambas interpretadas por Kim Novak, conforman la cara y la cruz de esa aproximación a lo Pigmalión que muchos críticos han señalado como propio de Hitchcock.

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‘Hitch’, un cineasta preocupado por el estilo

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Grace Kelly luciendo dos diseños de Edith Head para ‘Atrapa a un ladrón’, una de las películas de Hitchcock más glamourosas de toda su trayectoria.

De la alta costura a su interés por la arquitectura, Alfred Hitchcock consiguió canalizar en sus películas las preocupaciones estéticas de la incipiente cultura de masas e incluso cultura pop que nacía tras la Segunda Guerra Mundila. Su modernidad fue absoluta y supo incorporar a sus películas la voluptuosidad y la elegancia de la alta costura –de Christian Dior a Balenciaga, sin olvidar los estupendos diseños de Edith Head, de quien encontramos numerosos bocetos en la muestra–; el arte de vanguardia de la mano de Salvador Dalí o Saul Bass, a su vez influido por artistas experimentales como John Whitney; o la innovadora arquitectura del Estilo Internacional –de Le Corbusier a Mies van der Rohe o Frank Lloyd Wright, cuyos diseños sirvieron de modelo para levantar, por ejemplo, la famosa casa en el Monte Rushmore de Con la muerte en los talones–.

Asimismo, en la muestra también se recuerda cómo el propio cineasta llegó a convertirse en un icono, ya fuera tras ser reivindicado por las filas de Cahiers du Cinéma o porque el director se prestó a dejarse entrevistar por el mismísimo Andy Warhol para su famosa revista Interview o cedió su nombre para otras tantas publicaciones de corte misterioso para el público juvenil. El interés de Hitchcock por las últimas tendencias queda reflejado en una conversación que mantuvo con Bernard Herrmann a propósito de la banda sonora de Cortina rasgada. Después de asistir a una proyección de Blow Up, de Antonioni, Hitchcock le había escrito a Hermann con el propósito de modernizar la música de aquella película, a lo que el compositor le contestó: “Mira, Hitch, no puedes saltar más allá de tu propia sombra. Y tú no haces películas pop. ¿Qué es lo que quieres de mi? Yo no escribo música pop”.

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Arriba, imagen de la famosa ‘Casa de la cascada’ de Frank Lloyd Wright. Abajo, la ‘Casa Vandamm’ de ‘Con la muerte en los talones’.

 

No sin mis colaboradores

Aunque el sello de Hitchcock es único y personal, su estilo no hubiera sido el que es sin la ayuda de una nómina de fieles colaboradores: los créditos de Saul Bass en Vértigo, Con la muerte en los talones o Psicosis; la fotografía de Robert Burks en Extraños en un tren o Marnie, la ladrona; las historias de John Michael Hayes de La ventana indiscreta a Atrapa a un ladrón, Pero… ¿Quién mató a Harry? o El hombre que sabía demasiado; el inolvidable vestuario de sus películas a cargo de la elegante Edith Head; la icónica música de Bernard Herrmann; o la ayuda constante de su esposa Alma Reville, que el mismo Hitchcock admitió imprescindible. En la famosa entrevista que Truffaut realizó al cineasta, Hitch declaró que sin ella jamás hubiese logrado financiar su primera película y hasta explicó cómo su mujer le ayudó a superar sus dudas e inseguridades: “Después de cada toma, miraba a mi prometida y le preguntaba: ‘¿Va bien, funciona?”.

 

Las capas de aves de ‘Los pájaros’

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Además de su ingenio plástico y de unas historias repletas de aristas, Hitchcock fue también un genio de la dirección, que controlaba de principio a fin todas y cada una de las etapas de producción de la película. Su fabuloso e inigualable trabajo de montaje de la secuencia del primer asesinato en la bañera de Psicosis forma parte del canon del cine, pero hay otras películas en las que Hitch ha demostrado su buen ojo y buena mano como realizador: en la mítica escena del ataque en Los pájaros (1963), el cineasta utilizó miles de aves, algunas amaestradas y supervisadas por decenas de especialistas, para filmar diversas tomas que acabó montando superpuestas en un plano final, el famoso plano del ataque de las aves sobre la gasolinera ardiendo

 

El efecto Schüfftan

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Maestro del ilusionismo, Hitchcock supo aprovechar todos los recursos posibles con el fin de producir efectos suntuosos y enigmáticos, incluso cuando el presupuesto no daba tanto de sí. En sus inicios, Hitchcock recurrió al llamado efecto Schüfftan, una técnica de filmación que consiste en insertar a los actores en un pequeño decorado, mientras que el resto de la escena se amplia con el uso de pinturas o fotografías reflejadas en un espejo. Es probable que comenzara a utilizarlo después de aprender su manejo con películas expresionistas como Metrópolis, de Fritz Lang, cuyo estilo admiraba.

 

El último cameo

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De las 53 películas que Alfred Hitchcock realizó, el cineasta aparece en al menos 38. El cameo, otra marca visual tan única que hoy en día es imposible no hablar de su cine sin hacerlo de las veces o los momentos en los que el británico se deja ver. Lo que en un primer momento nació como una respuesta a la falta de presupuesto de sus primeras películas, acabó convertido en una costumbre ingeniosa, su signatura de autor. Los críticos se han roto la cabeza pensando en los tipos de significado que posee cada cameo y aunque se trata de una cuestión harto complicada, su último cameo en La trama, su última película, broche de oro de la exposición Hitchcock, más allá del suspense, parece una de esas bromas macabras tan propias de su filmografía. Sin duda, una trayectoria irrepetible.

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