6 razones para amar a John Carpenter

Llegó para mascar chicle y hacer cine... pero se le había acabado el chicle. Celebramos el 70 cumpleaños del director de 'La Cosa', 'Están vivos' y 'Halloween'

Por
16 de enero de 2018

“En Reino Unido soy un director de pelis de miedo. En Alemania, un autor. En EE UU, un mendigo”. Estas palabras de John Carpenter (Carthage, Nueva York, 1948) se están repitiendo mucho en las redes sociales hoy, cuando el insigne director cumple 70 años. Pero, como fieles seguidores del maestro que somos, no nos dejamos engañar por su cinismo: en realidad, y por mucho que él mismo afirme lo contrario, sabemos que Carpenter es un ente cósmico con bigotón que llegó a nuestro planeta para mascar chicle y rodar peliculones… pero se le había acabado el chicle.

Mientras esperamos esa nueva versión de Halloween que volverá a tenerle como productor, y en la que David Gordon Green dirigirá a su amiga Jamie Lee Curtis, rendimos tributo al maestro del fantástico recordando seis razones por las cuales mola tanto. Son menos de las que el cineasta se merece (faltan, por ejemplo, su modélico uso de la cámara y el encuadre, o su conocimiento del cine clásico), pero te darán razones para correr en pos de sus películas como si una horda de asesinos enmascarados, alienígenas polimorfos, macarras distópicos y vampiros con chupa de cuero te pisasen los talones.

Trabaja con lo justo

En general, al maestro Carpenter se le suele encasillar como un director de películas de serie B. “Y a mucha honra”, podría añadir él mismo. Allá por 1974, cuando era un pipiolo con melenas, nuestro héroe se las apañó para rodar su debut Estrella oscura con la friolera de 60.000 dólares (algo menos de 300.000 dólares, ajustados a la inflación). Tras aquel prometedor comienzo, tramado junto a Dan O’Bannon (el futuro creador de la saga Alien), Carpenter se ha mantenido siempre dentro de los parámetros de lo ahorrativo, cuando no de lo tacaño: obras maestras como La noche de Halloween (325.000 dólares), 1987: Rescate en Nueva York (6 millones de dólares) o incluso La Cosa (10 millones de dólares) fueron realizadas con presupuestos que, si bien iban subiendo con el transcurso de su filmografía, resultaban minúsculos en comparación con los 20 millones invertidos en En busca del Arca perdida, por ejemplo. Toda una lección para más de un cineasta derrochador…

Suena potente

Después de su faceta como cineasta, ¿cuál es la actividad de John Carpenter que más enamora a sus fans? Pues está claro: sus bandas sonoras. Hijo de un profesor de música, nuestro hombre se decidió a firmar la BSO de Estrella oscura por la razón habitual: ahorrarse los dólares que le costaría llamar a un compositor. Desde entonces, con raras excepciones (como La Cosa, donde le cedió el puesto a Ennio Morricone), Carpenter no sólo ha hecho historia del cine, sino también de los teclados y las cajas de ritmos. Constatando que el Hollywood de hoy no tiene sitio para un cineasta refinado a la par que macarra, el cineasta se ha centrado últimamente en esta faceta suya, publicando álbumes y ofreciendo conciertos apoteósicos (en el festival Primavera Sound, sin ir más lejos) para recordar que, sin los temas de Rescate en Nueva York, Asalto a la comisaría del Distrito 13 El príncipe de las tinieblas, movimientos actuales como la synthwave nunca hubieran existido. Y la BSO de Stranger Things, tampoco.

Nos da mucho miedo

Como sabemos, John Carpenter tiene una misión en esta vida, y esa misión es mantener viva la llama del cine de género más brutote y desacomplejado. Y, dentro de su producción, hay un género en el que siempre ha resultado infalible: el terror. No es ya sólo que La noche de Halloween definiera, en 1978, los parámetros del slasher, llenando los cines del mundo de psychokillers con máscara y animadoras acuchilladas. Es que, cuando Carpenter quiere mostrarnos el rostro del horror, maneja un vocabulario en el cual caben desde las adaptaciones de su amiguete Stephen King (Christine) hasta la modernización de viejos mitos (Vampiros) y los vértigos cósmicos inspirados en H. P. Lovecraft que presidieron la ‘Trilogía del Apocalipsis’ (La Cosa, El príncipe de las tinieblas En la boca del miedo). Cuando los Grandes Antiguos despierten de su sueño primigenio y acudan a devorar el mundo en un vórtice de locura, bastará con que John les mire fijamente para que huyan despavoridos.

Se mete en política

Si John Carpenter puede alardear de una cosa (y puede alardear de muchas, qué duda cabe) es de haber dotado a los contestatarios de todo el mundo con una seña de identidad. Porque esos carteles y fotomontajes que muestran a figuras célebres con rostro putrefacto y rodeados de eslóganes tienen un origen: Están vivos (1988). Tanto antes como después de dicho filme, en el que satirizaba la sociedad de consumo con la sutileza de un hipopótamo en celo, Carpenter ha ofrecido ácidos comentarios sobre unos EE UU a los que describe como idiotizados por la cultura de masas (En la boca del miedo), cegados por el fanatismo religioso (Pro-Life, para la serie antológica Maestros del terror) y derivando inexorablemente hacia un estado policial, como muestran Rescate en Nueva York y su secuela 2013: Rescate en LA. Trabajos todos ellos presididos por la amargura de quien es capaz de reír mientras el mundo se va al carajo.

Tiene su corazoncito

¿Pensabas que en el universo de Carpenter sólo hay lugar para la masacre, el desparrame y los subgraves de sintetizador? Pues estás equivocado: los antihéroes de sus guiones siempre suelen ir acompañados de personajes buenos y entrañables (lo cual, todo sea dicho, suelen morir de forma horrible) y, bajo su tono de cinismo, el cine de Carpenter revela a veces la amargura de un idealista decepcionado. De hecho, muchos fans de nuevo cuño se sorprenden de que nuestro hombre firmara un romance alienígena tan dulce como Starman (gracias a la cual Jeff Bridges fue nominado al Oscar) o una comedia romántica y satírica como Memorias de un hombre invisible. Pero basta con ver Golpe en la pequeña China, con sus sinceros tributos al cine de artes marciales, para saber que nuestro héroe tiene mucho amor que dar.

Kurt Russell

Desde Tango y Cash Guardianes de la galaxia Vol. 2, pasando por Stargate Los odiosos ocho, todos tenemos claro que el marido de Goldie Hawn mola, ¿verdad? Pues si no fuera por John Carpenter no lo tendríamos tan claro, ni mucho menos: cuando el cineasta y Kurt Russell se conocieron (rodando el biopic televisivo Elvis en 1979), este último era una ex estrella infantil de Disney que ya había pasado hace mucho tiempo la edad del acné, y cuyo futuro parecía limitarse a telefilmes y producciones de poca monta. Carpenter y Russell se cayeron bien y, cuando Jeff Bridges dijo “no” al papel protagonista de Rescate en Nueva York, el director fichó a su nuevo amigo pese a la oposición de sus productores (ellos querían a Tommy Lee Jones). Al estrenarse filme, el mundo contempló pasmado cómo el protagonista de Un ejecutivo muy mono se metamorfoseaba en Serpiente Plissken sin pestañear. Piensa en ello la próxima vez que veas a Ego Star-Lord jugando a pasarse la pelota.

Vídeo: Así se hizo la música de ‘1997: Rescate en Nueva York’

El colaborador de Carpenter Alan Howarth y un muñeco muy majo de Kurt Russell explican la génesis de la BSO más electrónica y postapocalíptica.

El rumor eterno: Otra vez en marcha el remake de ‘Rescate en Nueva York’

Leigh Whannell será el encargado de escribir un remake de '1997: Rescate en Nueva York' que podría terminar dirigiendo él mismo

El “Maestro del terror” también se lee: Las novelizaciones de John Carpenter

Algo une a 'Dark Star', 'La noche de Halloween' o 'La Cosa' más allá de John Carpenter: todas fueron convertidas en novelas de bolsillo

Muere Frank Doubleday, actor habitual del John Carpenter más gamberro

Padre de Portia Doubleday ('Mr. Robot'), el actor trabajó en 'Asalto a la comisaría del distrito 13' y '1997: Rescate en Nueva York'.