6 películas de Coppola que no has visto (y deberías)

En la filmografía del Premio Princesa de Asturias hay mucho más que 'Padrinos' y apocalipsis vietnamitas. Descubre con nosotros sus trabajos más infravalorados.

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07 de abril de 2020

El padrino, El padrino II, Apocalypse Now, Drácula de Bram Stoker y, si ya eres un fan con sus tres letras, La conversación La ley de la calle: según la opinión de casi todo el mundo, esas son las obras maestras canónicas de Francis Ford Coppola. 

Sumido desde hace años en una segunda etapa indie que le ha hecho darse algunos trompazos (lo sentimos, pero Tetro mola más bien poco) y un regreso por todo lo grande que se resiste, el flamante Premio Princesa de Asturias de las Artes ha quedado como un señor pronto a los excesos megalómanos, cuya filmografía dispensa un lote de truños por cada trabajo genial. ¿Es esto cierto? Pues sólo a medias: la carrera de Coppola abunda en trabajos fáciles de infravalorar, así como en películas machacadas en su momento por público y crítica que merecen una revisión.

Como justo homenaje a este señor que nació en Detroit, y que tanto ha sufrido (y gozado) a caballo entre Nueva York y Hollywood, te ofrecemos una selección de filmes que deberías ver ya mismo para apreciar del todo su obra.

Dementia 13 (1963)

Como todo el mundo sabe, los primeros pasos en el camino hacia la gloria son duros. O, en este caso, durísimos: ponerse en manos del viejo pirata Roger Corman, realizar a sus órdenes trabajos delirantes (como Batalla más allá del sol, filme de ciencia-ficción soviético remontado y con nuevos diálogos) y debutar en largo con un thriller de terror rodado en nueve días y en cuyo guión (escrito por Francis en una sola noche) se dan cita una herencia discutida, una falsa sesión de espiritismo y un asesino con un hacha.

Si, con esos mimbres, un cineasta puede armarte una película tan disfrutable como esta, entonces es que está destinado a grandes cosas. Por si fuese poco, Francis conoció durante el rodaje a Eleanor Jessie Nell, esa esposa que tanto le ha aguantado a lo largo de 42 años largos.

 

Ya eres un gran chico (1966)

Aunque por edad (nació en 1939) la ‘década prodigiosa’ le pilló un poco mayorcito, Coppola no dejó de ser un chico gamberro de los 60, aficionado a la música pop, a las chicas con minifalda y (dicen) a consumir pastillitas de colores y hierbas fumables al por mayor. Esa faceta de su biografía, muy desconocida para el público en general, eclosionó en esta deliciosa comedia, concebida como un trabajo de fin de carrera para sus estudios de Cine en UCLA.

Recién mudado a Nueva York huyendo de una familia sobreprotectora, el pardillo Bernard (Peter Kastner) se ve envuelto en un delirante viaje hacia la madurez en el que tercian mujeres fatales (Elizabeth Hartman), amigos moderniquis dispuestos a mantenerle suplido de anfetaminas, una chica de buen corazón (Karen Black) y canciones de los Lovin’ Spoonful. Tras estrenarse, Ya eres un gran chico no sólo le consiguió a Francis un título universitario: también supuso una nominación al Oscar para Geraldine Page, y buenas críticas que avivaron el interés por su autor.

 

Llueve sobre mi corazón (1969)

Cuando pensamos en Coppola, a todos nos vienen a la cabeza grandes producciones desaforadas sobre temas bigger than life. Así pues, sorprende saber que, antes de embarcarse en la ordalía de El padrino, Francis acometió este trabajo de pequeño formato y en el que se cruzaban los estilemas del dramón íntimo y la road movie. Tras descubrir que está embarazada, la antiheroína Shirley Knight decide abandonar el domicilio conyugal, lo cual le llevará a convertirse en vértice de un triángulo amoroso que completan un motero canalla y un policía de buen corazón.

¿Dónde está la gracia? Pues que dichos papeles corresponden, respectivamente, a James Caan y a Robert Duvall, dos actores que por entonces compartían piso, y que a partir de ese momento serían cruciales en la filmografía de nuestro héroe. Llueve sobre mi corazón tuvo una repercusión discreta en Estados Unidos, pero el Festival de San Sebastián la galardonó con la Concha de Oro.

 

Corazonada (1981)

Todos conocemos la historia: tras cuatro obras capitales (los dos Padrinos, Apocalypse Now La conversación), Coppola decidió entrar en los 80 por la puerta grande… y acabó haciéndolo con el peor pie posible. Planteada como un trabajo de transición, Corazonada acabó convertida en una máquina de tragar billetes (debido al empeño del cineasta en experimentar con nuevas tecnologías) que fracasó apocalípticamente en taquilla, llevando a la ruina tanto a su autor como a su estudio American Zoetrope. 

¿Es eso todo? Pues no: hablamos del filme más infravalorado de Francis Ford Coppola. Envuelta en un ambiente onírico gracias a una fotografía magistral de Vittorio Storaro y los diseños de Dean Tavoularis, con canciones de Tom Waits y con un reparto modesto pero muy solvente (Teri Garr, Natasja Kinski, Raúl Juliá, Harry Dean Stanton), esta película sobre amores desorientados en Las Vegas permitió a Francis lucir sus dotes para el musical, un género que ya había probado en El valle del arco iris (1968). Y, en general, queda como una de esas obras increíblemente extrañas que siempre conviene revisar. Más que nada, para tener claro lo injustos que son algunos fracasos.

 

Tucker: Un hombre y su sueño (1988)

El batacazo de Corazonada tuvo duras consecuencias: básicamente, Coppola se pasó los 80 y buena parte de los 90 realizando trabajos de encargo para cubrir su bancarrota. Pese a todo, esto le llevó a entregar grandes películas (Rebeldes, La ley de la calle), algunas no tan buenas (Jardines de piedra, Peggy Sue se casó y, en fin, Jack), y también uno de esos bichos raros de su filmografía que tanto gusto dan.

Sí, el autor se siente plenamente identificado con Preston Tucker, aquel ingeniero que trató de revolucionar la industria automovilística mediante inventos tan raros (entonces) como el cinturón de seguridad. Y nosotros también nos identificamos con el héroe, siempre que éste tenga el rostro de un Jeff Bridges muy en forma y en plena posesión de su apostura ochentera. Cuando sabemos que Preston Tucker fue uno de los héroes de infancia de Coppola, y que el director llevaba tratando de rodar esta película desde 1967 (durante una época, contó con Marlon Brando para encarnar al héroe), todo cobra su sentido.

 

Legítima defensa (1998)

“¡Un momento!”, nos diréis. “¿De verdad queréis convencernos de que este thriller de abogados basado en un libro de John Grisham (La tapadera) es una de las grandes películas infravaloradas de Coppola?”. Pues sí.

Tras haber reclutado a una nueva legión de fans con Drácula de Bram Stoker, y de haber mandado (otra vez) su prestigio a tomar viento con Jack, Francis se arremangó la camisa, adoptó la actitud del artesano solvente y echó el resto en lo referido a escoger actores: Matt Damon Danny DeVito sorprenden con su química de comediantes, mientras que puretas como John Voight, Dean Stockwell y un Mickey Rourke en espera de esa resurrección crítica que tanto tardaría en llegarle (y que tan poco le aprovechó) también se lucen. Por otra parte, Grisham considera este filme como la mejor adaptación jamás rodada de uno de sus libros. Interesante, porque su moraleja es que chocar contra el Sistema puede hacerte picadillo… pero también convertirte en mejor persona.

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