5 películas de Andrzej Wajda que tienes que ver

Vivió en tiempos adversos, pero siempre hizo el cine que le dio la gana (le dejasen o no). Recordamos al director de 'El hombre de mármol' y 'Katyn', que ha fallecido a los 90 años

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10 de octubre de 2016

Perteneció a la misma generación que Roman Polanski, pero nunca dio el salto a Hollywood. Tal vez porque no pudo (cruzar por las bravas el Telón de Acero podía salirle muy caro a un cineasta en ciernes) o tal vez porque no le dio la gana: si la vida y la obra de Andrzej Wajda, el cineasta polaco que ha fallecido hoy a los 90 años, resultan tan apasionantes, es porque siempre estuvieron modeladas (o zarandeadas, más bien) por la turbulenta historia de su país. Tras padecer en su adolescencia las miserias de la II Guerra Mundial, combatiendo como miembro de la Resistencia, Wajda tuvo que tragar quina aguantando la censura del régimen pro-soviético, algo que le llevó a ingresar en el sindicato católico Solidaridad y a hacer suyos sus postulados hasta tal punto que su penúltimo filme (Walesa. La esperanza de un pueblo, 2013) fue un biopic del líder de dicha central.

Con 60 años de carrera, grandes nombres asociados a su figura (Agniezska Holland, Krystyna Janda) y una larga lista de buenas películas, resumir el curriculum de Wajda resulta muy difícil. Aun así, nosotros hemos seleccionado estos cinco ejemplos de su cine, adecuados (esperamos) para iniciarse en una filmografía que cuenta con más de 50 títulos.

Cenizas y diamantes (1958)

¿Es una historia de ciencia-ficción postapocalíptica? Pues, aunque lo parezca viendo lo devastado de sus imágenes, no: es una cinta sobre la posguerra mundial en Polonia, cuando diversas facciones políticas (entre ellas, esos comunistas que ganaron con una ‘ayudita’ de la URSS) se disputaban el control del país. Como el protagonista, un guerrillero nacionalista que se debate entre el amor y el asesinato, el cineasta contó con Zbigniew Cibulski, un actor conocido como ‘el James Dean polaco’: por su buena pinta, por su tendencia al exceso histriónico… y por haber muerto joven, arrollado por un tren, nueve años después de haber participado en este filme.

La tierra de la gran promesa (1975)

Aunque sus circunstancias hagan que asociemos su cine con las películas bélicas y con las crónicas de la actualidad polaca, no debemos olvidar que una de las grandes especialidades de Wajda fueron los dramas de época. Sin ir más lejos, La tierra de la gran promesa cuenta la historia de tres socios (un alemán, un judío y un polaco: ¿será una metáfora?) que dirigen despóticamente una fábrica de tejidos en plena revolución industrial. Y lo hace sin escatimar la ambientación suntuosa, ni tampoco la degradación o la sangre. Que el director no comulgase con el ‘realismo socialista’ no quiere decir que eludiera tratar ciertos temas. La tierra de la gran promesa le granjeó a Wajda su primera nominación al Oscar.

El hombre de mármol (1977)

30.000 ladrillos en un día: ahí es nada. Esa fue la proeza lograda por Birkut, un albañil aclamado por la propaganda oficial como ejemplo de héroe del trabajo socialista. Y, tras haber llegado a la fama en la Polonia de los 60, tamaño pedazo de currante se desvaneció como si nunca hubiera existido. Tratando de dar con su paradero diez años después, una estudiante de cine (Krystyna Janda) se sumerge a pulmón libre en el mundo de la burocracia, las puñaladas traperas y la censura. La misma censura a la que un Wajda comprometido ya con el sindicato Solidaridad tuvo que esquivar para poder rodar este filme, y para estrenarlo.

Danton (1983)

Tras rodar El hombre de hierro (la secuela de El hombre de marmol, nominada al Oscar), Wajda viajó a Francia para rodar una película con el guionista Jean-Claude Carriére (viejo compinche de Luis Buñuel) y con Gérard Depardieu. Pero, tranquilos, porque (si bien ocupaba ya dos asientos en el autobús) este Depardieu todavía molaba. Y, además, es toda una sorpresa encontrárselo interpretando a todo un prohombre de la Revolución Francesa, con su peluca y todo, enfrentado a ese pérfido Robespierre al que da vida (y muy bien) el polaco Wojciech Pszoniak.

Katyn (2007)

Tras haber ayudado al cambio de régimen en Polonia, Wajda podría haberse relajado entregando películas más livianas. Y, a veces, lo hizo, pero la sombra de la II Guerra Mundial siguió orbitando sobre su cine hasta el final. Y Katyn, seguramente su última obra maestra, explica por qué. La masacre de más de 22.000 militares polacos, llevada a cabo por una URSS que, por entonces, se llevaba muy bien con los nazis, es algo atroz de por sí. Y también lo es el hecho de que el gobierno de la Polonia comunista echara tierra sobre el asunto, a fin de no molestar a los jefazos de Moscú. Pero, cuando sabemos que Jakub Wajda, el padre del director, fue una de las víctimas de la matanza, todo queda claro: esto no es tanto una película como una venganza personal. El filme le proporcionó a Wajda su última nominación a Mejor Película de Habla No Inglesa.