30 años de ‘A Better Tomorrow’, la película que cambió el cine de acción

'Cuando llegaron las películas de Hong Kong todos los negros querían un 45. Y no querían uno, querían dos porque querían ser como The Killer' - Samuel L. Jackson en 'Jackie Brown'.

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02 de agosto de 2016

Hace 30 años, el cine de acción cambió para siempre. Todo comenzó en el verano de 1986, cuando los cines de Hong Kong estrenaron una película a la que el boca a boca llevaría a lo más alto de las taquillas del continente. Su título en mandarín era Ying hung boon sik y tras ella había un remake bastante libre y no muy declarado de una cinta de 1967 que aunque tenía el mismo título, se conocía en inglés como The Story of a Discharged Prisioner o Upright Repenter. El nombre internacional de la nueva película fue A Better Tomorrow y desde aquel 2 de agosto de 1986 en que se estrenó, causó un terremoto que aupó a una de sus estrellas, Chow Yun Fat, y a su director, John Woo, a la categoría de dioses del alto octanaje cinematográfico.

La idea original había surgido de Tsui Hark, figura clave para el cine asiático que años atrás había dejado a Hollywood con la boca abierta gracias a Zu, los guerreros de la montaña Mágica (referencia clave para entender la aparición de productos como Golpe en la Pequeña China o El chico de oro). Hark era un cineasta puente entre Estados Unidos y Oriente (estudió cine en Texas y trabajó un tiempo en Nueva York) que quiso renovar la industria hongkonesa y puso en marcha una serie de proyectos tanto para él, como para otros cineastas del país. A causa de tal aglomeración de trabajo, Hark cedió uno de sus proyectos soñados, el de hacer una película basada en la antigua The Story of a Discharged Prisioner, a John Woo, un artesano con buena mano para las comedias y películas de kung fu que no atravesaba un buen momento de ánimo.

La película parecía una más de las que estaba preparando la factoría de Tsui Hark, e incluso parecía haber decisiones fuera de toda lógica que no auguraban un buen futuro, tales como incluir a Chow Yun Fat –un premiado galán del que se decía que tenía tan mala suerte que podía hundir cualquier taquilla- o la de recuperar y dar un papel principal a Ti Lung, un famosísimo actor que había sido la estrella en multitud de producciones de artes marciales pero cuya fama había caído en picado. Sin embargo, cuando A Better Tomorrow llegó a los cines se convirtió en la cinta más taquillera de la historia de Hong Kong.

Chow Yun Fat en Créditos

De la noche a la mañana el fenómeno se extendió por todos los rincones: las gafas que lucía Chow Yun Fat (de la marca propiedad de Alain Delon) pasaron a agotarse, las gabardinas largas se pusieron de moda e incluso se llamaban “Abrigo Mark” en referencia al nombre del personaje, y para colmo, las autoridades acusaban a Tsui Hark y John Woo de haber dulcificado la imagen de las temibles Triadas, haciéndolas atractivas para el gran público.

Esto último era de gran importancia porque la cinta retrataba a sus gangsters protagonistas como hombres de honor a los que la vida les hacía sobrevivir en un mundo en el que ni los demás mafiosos ni la policía parecían ser compañías muy recomendables (Hark pidió que los gangsters fueran falsificadores de moneda en lugar de narcotraficantes porque así serían todavía más simpáticos a los espectadores).

Sangre

Cuando la película vino a Occidente no parece posible que esa glorificación del gangster hongkonés nos pareciera demasiado rompedora, pero sí que impactó el despliegue de puesta en escena de la cinta, con sus cámaras lentas, el lirismo de sus momentos musicales, sus personajes apuntándose en círculos, sus repeticiones desde diferentes ángulos de cámara o las mil y una argucias para hacer los efectos especiales más imposibles (no debió quedar conversación de videoclub ni fanzine fotocopiado donde no se contara que el efecto por el que Yun Fat echaba chorros de sangre por la nariz se debía a que, aguantando la respiración, mantenía una mezcla de mermelada y sangre artificial dentro de la fosa nasal, expulsándola de golpe en el momento exacto de la toma).

Con semejante éxito en los cines se creó (o se resucitó, mejor dicho) un género policiaco con títulos como God of Gamblers, City of Fire, Prisión en llamas, Una bala en la cabeza, Hervidero o por supuesto, The Killer, la cumbre del estilo Woo y su carta de amor a Hollywood (a donde emigraría en 1992). La película, como era de esperar, tuvo dos continuaciones llamadas Honor, Plomo y Sangre (en la que director y productor acabaron como el Rosario de la Aurora) y A Better Tomorrow 3, una precuela que acabó dirigiendo el propio Hark una vez Woo no quiso volver a saber del tema. Más recientemente ha existido un remake piratón (Aaatish: Feel the Fire) hecho en India en 1994 y uno de pleno derecho, estrenado en 2010 y ambientado en el mundo de la mafia surcoreana.

En Occidente, muchas de estas películas empezaban a desfilar por festivales europeos en los que se hablaban maravillas de sus hallazgos visuales y el concepto “coreografía” volvía a protagonizar los ensayos más sesudos, en los que se comparaba su puesta en escena con la de los musicales de Hollywood. En Estados Unidos, toda una generación de cineastas encabezados por Quentin Tarantino y Robert Rodriguez, supieron reciclar las enseñanzas de Hong Kong, siendo el más claro ejemplo el de Reservoir Dogs, cuya trama emanaba en parte del City on Fire de Ringo Lam. Aquí no nos mantuvimos al margen y Manga Films diseñó un sello llamado Made in Hong Kong para distribuir las películas, Canal+ creó una especie de programa doble formado por Hervidero y Una bala en la cabeza y las librerías para inmigrantes chinos, un lugar donde los occidentales no solían entrar, se llenaban de chavales buscando los clásicos VideoCDs asiáticos con películas.

Hoy día, la avalancha de películas -al menos a ojos del gran público de Europa y Hollywood- ha quedado algo olvidada, pero aún 30 años después, cada vez que en una película de Hollywood aparece un tipo apuntando a la vez con dos pistolas, el crédito de la influencia señala directamente a aquella película que de la noche a la mañana redefinió el cine de acción y que hizo rico a Alain Delon a base de vender gafas de sol.

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