[3 décadas de valores y educación Ghibli] Vol. 3: La bondad de las villanas

Las villanas de Ghibli marcan la diferencia con las acciones y la humanidad que demuestran, apartándose así de la gran mayoría de antagonistas occidentales del cine de animación.

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02 de julio de 2019

Tal y como mencionábamos en los volúmenes I y II de 3 décadas de valores y educación Ghibli, el estudio de anime japonés (Koganei, Tokyo, 1985) ha sido el responsable de crear durante décadas protagonistas y personajes secundarios muy complejos que han formado parte de las diferentes tramas con la intención de expandir mensajes que trataban de educar a los espectadores en temas como el feminismo, la ecología o el valor y los derechos de los seres vivos, entre otros.

Pero a la par que Studio Ghibli creaba estos personajes, también los quiso enfrentar con magníficos antagonistas que obstaculizaban el camino hacia el éxito de nuestras heroínas, pero que debido a sus comportamientos y acciones conseguían superar los estereotipos a los que se suelen enfrentar este tipo de figuras comúnmente. Ayudando con ello a los espectadores a empatizar con la parte más oscura de estos y haciéndoles entender, a fin de cuentas, el por qué de su conducta.

El estudio japonés nos ha brindado por tanto infinidad de antagonistas que han enriquecido el desarrollo de las tramas y ayudado a completar el mensaje que se quería transmitir detrás de cada historia. Aunque ser un villano Ghibli significa mucho más que actuar simplemente movido por la maldad o el egoísmo. Estos antagonistas han demostrado ser capaces de desmarcarse de los tópicos a los que se suelen aferrar “los malos de las películas” y sacar a relucir cualidades propias de de héroes y heroínas, demostrando con ello su humanidad y sensibilidad.

Entre todos estos, podemos distinguir dos clases de antagonistas en las películas de Studio Ghibli.

Villanas de carne, hueso y en ocasiones magia

En su gran mayoría, las villanas Ghibli han sido representadas a través de figuras femeninas muy poderosas, guerreras, ambiciosas y en muchas ocasiones dueñas de poderes mágicos que de una manera o de otra han supuesto una amenaza para nuestras protagonistas. Por una parte, estas cumplen con las características básicas del villano por excelencia, tal y como estamos acostumbrados a asimilarlos. La adquisición de un poder mayor, la gloria, el control sobre algo o alguien o la ambición personal son algunas de estas características que las definen y las mueven a alcanzar sus objetivos.

Pero, a pesar de todo, hay algo que las distingue del resto de villanos que simplemente se dedican a actuar con total malevolencia y sin excusa aparente por su comportamiento. Estas villanas se desmarcan del resto por su humanidad, por pequeña que sea, que acaba saliendo de alguna forma u otra, aunque también impulsada por las acciones de las heroínas. Tal vez podríamos entender esta idea como el yin y el yan de las antagonistas Ghibli.

En toda villana hay una pizca de bondad, por pequeña que sea, que o bien finalmente sale a relucir y boicotea sus propios planes, o nos ayuda a comprender las causas de su manera de proceder. De la misma manera, en toda heroína Ghibli puede llegar a residir el egoísmo o la inmadurez propias de los niños, grandes protagonistas de estas películas. A fin de cuentas, así como nadie es del todo perfecto, Studio Ghibli está muy interesado en transmitir a sus espectadores la idea de que tampoco nadie es malo, mezquino o cruel en su totalidad.

Para ejemplificar esta idea comenzamos con la princesa Kushana (Nausicaä del Valle del Viento, 1985), presentada como una poderosa, intransigente e imprudente guerrera que lidera los pueblos de Tolmekia y cuenta con la disposición de los hombres, quienes la obedecen y admiran sin miramientos, para invadir las distintas regiones a su paso. Aprovechándose de esta situación, Kushana tiene la intención de actuar para reparar el mal que el Mar de Putrefacción ha generado en la tierra. Pero sus métodos, lejos de ayudar a solucionar la situación, acabarán por agravarla aún más.

Su orgullo y desconocimiento del problema, a diferencia de Nausicaä, le impedirá entender que su manera de proceder no es beneficiosa para nadie. A pesar de que sus intenciones sean buenas, sus formas se apartan completamente de los valores morales que Nausicaä, quien tiene el mismo deseo que Lady Kushana, defiende en relación con la búsqueda de una solución factible para el bien común de todos los habitantes de la tierra (incluyendo tanto a los hombres como a los Ohms).

Por tanto, vemos a una mujer luchadora y entregada a su pueblo, que a pesar de querer hacer el bien, no deja de estorbar a Nausicaä en su camino hacia una solución menos drástica y mortífera de la que Lady Kushana propone. Cabe destacar que llegados a un punto, el espectador puede observar cómo debajo de una apariencia de guerrera invencible, encontramos que a Lady Kushana le falta un brazo, debido a un enfrentamiento con los Ohms, tal y como nos hacen entender. Remplazando al de carne y hueso, nace desde su hombro un brazo metálico que incluso aparenta ser más mortífero que el real. Sin embargo no deja de ser una muestra de su condición como humana, de su mortalidad y por tanto, de la flaqueza que en ella reside.

Con una apariencia y presencia en escena tan fuertes como la de la princesa Kushana, Lady Eboshi se presenta como la villana por excelencia de La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997). Su apariencia es la de una mujer guerrera y poderosa que controla y gestiona el comercio y la defensa de la Ciudad del Hierro. En un principio, el espectador genera una idea de Lady Eboshi de heroína y matriarca de la ciudad, preocupada por el bienestar de sus aldeanos y fiel defensora de todo aquel que quiera atacar sus dominios, como puede ser San o cualquier criatura del bosque cercano a la ciudad.

Pero a medida que avanza la película, vemos que Lady Eboshi es en realidad la causante de la enfermedad que corroe al dios Nago de odio, así como la responsable directa de decapitar al Espíritu del Bosque, acabar con el clan de jabalíes de Okkoto o arrasar con parte del bosque para llevar a cabo sus fines comerciales.

Por tanto volvemos a presenciar esta dualidad de la que hablábamos en el carácter de la antagonista. Es capaz de sacar a la luz su humanidad al acoger a los hombres y mujeres de la ciudad del Hierro y protegerlos de los samuráis de lord Asano, así como también es compasiva con los leprosos, ofreciéndoles un lugar donde residir y trabajar, teniendo en cuenta que estos últimos a lo largo de la historia han sido marginados de la sociedad.

Pero así como su sensibilidad y empatía puede ser demostrada con tales acciones, su vileza también sale a la luz debido a su gran ambición y soberbia, que la llevan a tomar decisiones egoístas y con consecuencias nefastas para el medioambiente. Finalmente, habiendo retado imprudentemente a una fuerza mayor que la suya, su poder será aplacado por el bosque y su brazo arrancado por la cabeza decapitada de la loba Moro, a quien hasta entonces se la daba por muerta. Una vez pierde su extremidad, su poder parece menguar, así como el caos que ha generado a su paso. Todo parece volver a su estado natural cuando la cabeza del Espíritu del Bosque es devuelta y el bien se sobrepone al mal.

Desmarcándonos ligeramente de la imagen de líder protectora pero aun así villana que Studio Ghibli ofreció a sus espectadores en anteriores producciones, en El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001) nos encontramos con la bruja Yubaba, regenta de una gran casa de baños donde los dioses acuden para encontrar descanso y purificación. Esta será líder dentro de una estructura piramidal donde ella residirá en lo alto y por debajo estarán sus empleados, de mayor a menor rango.

Actuará mezquina y cruelmente, sin apenas apiadarse de la joven Chihiro, quien acaba de perder a sus padres y se encuentra desamparada y sin demasiados recursos en un mundo de adultos donde nadie parece valorarla. Pero a pesar de que la apariencia y el fuerte carácter de Yubaba consigan mantener su autoridad como dirigente, habrá momentos en los que Chihiro conseguirá franquear esta barrera que hace a la bruja completamente inhumana, para acabar descubriendo que efectivamente, tiene su sensibilidad y cómo no, su punto débil: su Bebé.

Este será el talón de Aquiles de la bruja, quien acabará cediendo a las peticiones de Chihiro con tal de recuperar a su hijo sano y salvo. Asimismo, al principio del largometraje encontramos también otro punto débil que colisiona con la imagen de totalitaria que la hechicera pretende transmitir. Este ocurre cuando tras mucha insistencia por parte de Chihiro, Yubaba acaba por darle trabajo en su negocio, ya que hizo la promesa de contratar a todo aquél que se lo pidiera. Algo que cabe destacar también, es la para nada coincidencia de que Yubaba tenga una hermana gemela (Zeniba), que también posee poderes mágicos pero que a diferencia de Yubaba, vive una vida austera y humilde en un bosque alejado de toda civilización.

Si bien Zeniba también utiliza su magia sin demasiados límites morales (como cuando el hechizo del sello robado por Haku envenena a este mismo casi hasta la muerte o transforma a Bebé en ratón), vemos que en la personalidad de esta reside la bondad y la sensibilidad que tanto le faltan a su hermana. Por tanto, podemos concluir que ambas hermanas representan mejor que ningún otro antagonista Ghibli el yin y el yan que mencionábamos al principio. En la maldad de Yubaba se atisba algo de bondad, así como en la bondad de Zeniba podemos vislumbrar una pizca de maldad.

Asimismo, la bruja del Páramo en El castillo ambulante (Hayao Miyazaki, 2004) también forma parte de este elenco de villanas que por muy malas que aparenten ser, no pueden evitar sacar a relucir tanto sus debilidades como el buen fondo que se esconde en un rincón de sus personalidades. Esta hechicera embruja a nuestra protagonista, Sophie, condenándola a vivir con la apariencia de una mujer muy mayor.

Si bien este acto parece ser movido por puro aburrimiento y maldad, el espectador acabará por entender que todas sus acciones son generadas por los celos y la envidia que alberga por esta, al haber llamado la atención del mago Howl, de quien la bruja del Páramo está totalmente enamorada. Pero una vez que la magia que hacía a la bruja actuar con maldad le es arrebatada de su persona, nos encontraremos con una viejecita débil y desamparada que a pesar de reaccionar con egoísmo, acabará por entrar en razón y actuar en beneficio común. Ella será quien ponga en peligro la vida de los protagonistas, pero su buen fondo y su colaboración conseguirá también salvarlos.

Ocurre igual con los piratas del aire en El castillo en el cielo (Hayao Miyazaki, 1986), quienes en un principio darán una imagen de descorazonados e insensibles caza tesoros, pero acabarán por ayudar a Sheeta y Pazu tanto en sus aventuras como en sus encuentros con el malvado Mushka.

El bien se organizará y unirá sus fuerzas para combatir al mal, quien acaba por ser derrotado ante tan fuerte unión. Estos piratas encontrarán motivos para apelar a la bondad que reside en sus corazones, los cuales no están del todo corrompidos por el mal, como puede ser el del hermano de la princesa Sheeta, Mushka.

Los “otros” villanos Ghibli

Si bien estas son algunas de las antagonistas de carne y hueso que forman parte del universo Ghibli, existen otra clase de villanos mucho más subjetivos creados por el estudio de animación que son complicados de detectar, más difícil aún a los que enfrentarse (en algunos casos, imposible) y con los que en múltiples ocasiones debemos aprender a vivir.

Hablamos de villanos tales como la soberbia y ambición del ser humano que acaba destruyendo la naturaleza y a sus habitantes, siendo también estimulantes de la guerra o el capitalismo salvaje (Nausicaä del Valle del Viento, El castillo en el cielo, La tumba de las luciérnagas, Porco Rosso, Pompoko, La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro, etc.), los desastres naturales que arrasan todo a su paso y vuelven del revés las vidas de los protagonistas (Ponyo en el acantilado, El viento se levanta, etc.), la falta de confianza o inseguridades propias, que mellan en el carácter de muchas de las protagonistas y dificultan sus deseos y aspiraciones (Nicky, la aprendiza de bruja, Susurros del corazón, El viaje de Chihiro, La colina de las amapolas, etc.) y por último, la más terrible e implacable de todas las villanas: la muerte. Dueña de la vida de todos nosotros, que tarde o temprano acaba por aparecer y actuar de forma que afecta a todo aquél que tiene a su alrededor (La tumba de las luciérnagas, Mi vecino Totoro, La colina de las amapolas, El viento se levanta, etc.).

Es así que en múltiples ocasiones, a falta de un villano de carne y hueso, Studio Ghibli hace uso de algunos de estos antagonistas simbólicos que dificultan las vidas de los protagonistas, creando una trama que algunas veces tiene solución y otras simplemente nos enseña a aceptar el curso natural de la vida.

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