[3 décadas de valores y educación Ghibli] Vol. 1: Protagonistas femeninas

El estudio de animación japonés ha persistido en subrayar el protagonismo y carácter de sus personajes femeninos, a diferencia de otros estudios occidentales.

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28 de diciembre de 2018

El conocido Studio Ghibli de anime japonés (Koganei, Tokyo, 1985) lleva nada más y nada menos que 33 años produciendo películas que han educado a generaciones enteras de espectadores, transmitiendo una serie de valores y mensajes que han hecho reflexionar a un amplio y muy variado público alrededor del mundo. Esta situación no se ha dado tan solo por la belleza visual de sus producciones, sino también por la profundidad de sus personajes (femeninos, en su gran mayoría) y tramas, haciendo del estudio y sus trabajadores a día de hoy una leyenda viva y muy valorada del séptimo arte.

Los máximos responsables de que todo esto ocurriera fueron desde el inicio, Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki. Este trio del anime japonés fue quien fundó Studio Ghibli en 1985, tras el éxito económico y popular obtenido con Nausicaä del Valle del Viento, estrenada en cines un año antes. Cada cual en sus respectivos campos, Miyazaki y Takahata como directores, guionistas, productores y animadores, y Suzuki, como productor y principal promotor del estudio, consiguieron levantar y aún a día de hoy sostener un imperio cinematográfico dirigido a aquellos que buscan en estos largometrajes algo más que las risas y aventuras de la animación occidental.

Haciendo uso de un lenguaje oral, visual y musical (de la mano de Joe Hisaishi en muchas de las películas) absolutamente simbólico y trascendente, las producciones de Studio Ghibli comenzaron a desmarcarse del resto de las películas de animación, bien por la diferencia de valores que albergaban sus protagonistas, así como por el mensaje que trataban de transmitir las distintas tramas.

Asimismo, hay quienes piensan que estas películas están exclusivamente dirigidas a la audiencia infantil, y a pesar de que son totalmente aptas para niños, esto no excluye al público adulto de disfrutar de los increíbles mundos que se nos presentan, cargados de metáforas y analogías que no todos los niños son capaces de comprender a tan temprana edad, aunque sí de absorber a través de una ingente cantidad de valores que están enfocados a la igualdad entre sexos, a la honradez, el esfuerzo personal, el amor propio, la confianza en uno mismo, el respeto absoluto a la naturaleza o en la ayuda al prójimo, entre otros tantos. Valores que durante muchos años han estado completamente ausentes en las películas de la mayoría de estudios de animación occidentales.

A pesar de que este último hecho vaya transformándose cada vez más rápido, hemos de tener en cuenta que Studio Ghibli fue pionero en estas prácticas que al fin y al cabo, hicieron y siguen haciendo mella en la imaginación y la educación de su extenso público.

 

Lo que Disney no nos enseñó, lo hizo Ghibli

Acostumbrados desde niños a las fantasías Disney (desde su fundación en 1923) donde las protagonistas femeninas (princesas en su gran mayoría, aunque con excepciones) eran mujeres completamente indefensas, sin voluntad, poder, fuerza o personalidad necesaria (todo eso lo reservaban para las villanas) que las encaminaran a solucionar los problemas en los que se veían envueltas, era absolutamente indispensable no ya la ayuda, sino la intervención total y absoluta de un hombre (ya fuera príncipe o no) que resolviera el aprieto en el que se encontraban.

Por tanto, la solución a todos los problemas, la tranquilidad y el bienestar de la mujer siempre dependía de las acciones de los hombres. Pero Studio Ghibli optó por no atravesar esa vía y dar a sus protagonistas femeninas el valor, la fuerza y la persistencia necesarias para solucionar sus problemas, asimismo sin rechazar la ayuda de segundos y terceros, pero siempre con la idea de que las chicas podían salir adelante gracias a sus propias acciones y convicciones.

De esta manera, nos encontramos con protagonistas tan entrañables, carismáticas y resolutivas como la propia Nausicaä (Nausicaä del Valle del Viento, 1984) líder y salvadora de su hogar amenazado, quien se dedica a recorrer los cielos tratando de buscar una solución para su pueblo; Satsuki (Mi vecino Totoro, 1988) quien debe hacerse cargo de la familia a la temprana edad de 11 años, atendiendo a su hermana y a su padre mientras su madre descansa en un hospital para enfermos de tuberculosis; Nicky (Nicky la aprendiz de bruja, 1989), quien debe abandonar el hogar familiar para independizarse (a sus 13 años) en una nueva ciudad y ejercer sus poderes en beneficio de los ciudadanos; Shizuku (Susurros del corazón, 1995) quien aprenderá que el esfuerzo personal es el camino para alcanzar cualquier meta; la famosa princesa Mononoke (La princesa Mononoke, 1997) quien deberá velar por la seguridad y supervivencia de los bosques y sus habitantes frente a la intimidante (también chica guerrera) Lady Eboshi y su gran ambición; la valiente Chihiro (El viaje de Chihiro, 2001) quien tendrá que trabajar duramente y enfrentarse a la mezquina bruja Yubaba para poder salir del mundo en el que está atrapada o la entrañable Sophie (El castillo ambulante, 2004), la cual se aventurará en un viaje peligroso y emocionante para recobrar su verdadero aspecto, adquiriendo finalmente mucho más que un simple físico durante su trayectoria.

 

El miedo es universal, la valentía no

Todas estas heroínas (y más que no hemos mencionado), cada cual a su manera y en su respectiva situación, tienen algo en común: la capacidad de hacerle frente, a través de sus convicciones y su fuerza interna, a la situación en la que se ven envueltas, sea cual sea el problema. También, todas sentirán miedo en algún momento de la trama, como cualquier otro lo sentiría en su situación, pero cada una de ellas se enfrentará a sus temores a través de la confianza en sí mismas, la tenacidad, la bondad, la responsabilidad que sienten y la protección que están dispuestas a ofrecer a aquellos que las rodean y ayudan en su camino.

Y toda esta valentía, este enfrentamiento que tienen con sus miedos e incluso con ellas mismas derivará en algo mayor que ninguna será capaz de predecir en un principio, pero que acabarán por asimilar y aceptar en sus vidas. Todas transitarán hacia un cambio que las fortalecerá y marcará para siempre: la madurez.

Uno de los ejemplos más evidentes de este cambio lo representa la joven Chihiro, quien es obligada a trabajar apenas sin descanso en la casa de baños de la bruja Yubaba para poder sobrevivir en un mundo paralelo al suyo y de esta manera salvar a sus padres, quienes fueron convertidos en cerdos por la hechicera. Al mismo tiempo, sacará fuerzas para enfrentarse a más de un altercado que sufre en su camino hacia su libertad, la de sus padres e incluso la de algunos de los amigos que hace en su trayectoria. Habrá de superar múltiples obstáculos que la cambiarán de por vida.

De esta manera, Miyazaki nos presenta al inicio de la película a una niña caprichosa, desconfiada y un tanto quejica que acabará por resaltar su personalidad valiente, trabajadora y luchadora, y a la que sus padres finalmente tendrán mucho que agradecer. El viaje recorrido nunca será en vano, sino que cambiará a cada una de las protagonistas de las películas, empujándolas e introduciéndolas con sutileza en el mundo de los adultos.

 

Por encima de todo, resolutivas

Algo que cabe destacar y que contienen la mayoría de las películas de Studio Ghibli en común, es que casi nadie, ni hombres ni mujeres, ponen en duda la capacidad de estas protagonistas de solucionar los problemas que las acechan. Nadie se cuestionará el poder, liderazgo, fuerza o valentía que muestren de cara al exterior. Podríamos destacar las dudas iniciales de Porco Rosso (Porco Rosso, 1992) al verse en la situación de tener que depositar su confianza en una joven ingeniera aeronáutica, de la que en un principio se quejará (por su condición de mujer y sus respectivas, según este, aptitudes y limitaciones) y a quien finalmente terminará por admirar y respetar, no solo como persona, sino como trabajadora competente.

Aunque este broche no se lo otorgará Porco Rosso, sino las propias acciones de la muchacha, de nombre Fio, que hablarán por ella. Asimismo, Yubaba dudará copiosamente de la validez de Chihiro como empleada, aunque terminará por retractarse y valorarla positivamente como capital humano de su negocio, que al fin y al cabo es lo único que le interesa como empresaria que es.

Sin embargo, nadie dudará de la capacidad de liderazgo de Nausicaä, Satsuki, Mononoke, Sophie o Umi (La colina de las amapolas, 2011), entre otras, al tomar decisiones y cometer acciones. De la misma manera, en La colina de las amapolas, el interés común de los chicos y chicas pertenecientes a la Casa de Estudiantes, quienes quieren mantener el edificio en pie a toda costa, les unirá para realizar una limpieza completa de la casa en la que todos tendrán un deber y una responsabilidad para con su limpieza.

En un principio parece que solo las mujeres tomarán parte en tal tarea, pero más tarde serán todos y cada uno de los estudiantes quienes trabajen en común para llevar a cabo su objetivo. Si bien esto puede parecer algo simple o poco destacable, debemos reconocer que no es un comportamiento que se de habitualmente en las películas al tratar este tipo de situaciones. Por tanto debemos aplaudir la intención de tratar de normalizar una situación como tal a un público que es altamente influenciable (los niños) y a otro que tal vez cambie su visión de las tareas domesticas a algo equitativo y mixto, en vez de reducirlo al campo de las mujeres.

Cabe destacar también el respeto que se respira hacia las mujeres ancianas en las producciones Ghibli. Estas adquirirán el papel de figura de sabiduría, tanto en las tribus o clanes (como sucede en Pompoko o en La princesa Mononoke) como en la sociedad rural (Recuerdos del ayer, Mi vecino Totoro) o en la misma ciudad (Ponyo en el acantilado, Nicky la aprendiz de bruja). Estas ancianas serán siempre respetadas por los jóvenes y serán también quienes instruyan, aconsejen y guíen en múltiples ocasiones a nuestras protagonistas. Asimismo, el contraste que surge entre lo nuevo y lo viejo, no solo es una alegoría de la sabiduría que se adquiere con la experiencia de los años, sino que también representará a los valores tradicionales ante los cambios que puede llegar a generar lo moderno en múltiples ocasiones.

Por tanto, tenemos mucho que agradecer a la filosofía que Studio Ghibli a tratado de transmitir generación tras generación a través de sus películas, en las que nada es introducido por casualidad, sino que está todo medido y seleccionado al milímetro, de igual manera que el afán de los guionistas y productores del estudio de dar voz y fuerza a las protagonistas femeninas en una sociedad tan machista como es la japonesa. En un medio de difusión tan enorme como el cine, resulta emocionante ver que las niñas y mujeres de este mundo y de todos los mundos de fantasía tienen hueco en los papeles protagonistas, que a su vez nos han acostumbrado a asociarlos como papeles escritos para los hombres.

Pero es más que eso. Estas mujeres demuestran completamente que están igual de capacitadas para hacerle frente a cualquier miedo, amenaza, peligro o acción, como lo pueden llegar a estar los protagonistas masculinos. Es un orgullo y un placer poder tener como referente de todos los valores mencionados anteriormente tanto a una niña de 11 años, como a una mujer madura o a una anciana muy mayor, pero muy dura de roer.

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