“No hay nada peor en la vida que ser ordinario”: 20 aniversario de ‘American Beauty’

El 1 de octubre de 1999 Sam Mendes sorprendía a medio mundo con una bolsa de plástico y una lluvia de pétalos en un filme protagonizado por Kevin Spacey.

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01 de octubre de 2019

LOS 40 SON LOS NUEVOS 20. Eso debía pensar el guionista Allan Ball (A dos metros bajo tierra) mientras retrataba el perfil del personaje de Lester Burnham (Kevin Spacey), un cuarentón en plena crisis de edad, en la búsqueda de su propio lugar en el mundo e inmerso en un inadecuado coqueteo con una adolescente. Un argumento curioso dadas las acusaciones (negadas ahora por un tribunal) que han sido vertidas en los últimos meses hacia el intérprete. American Beauty (1999) obtenía las alabanzas de la crítica y el público, en un título con claras reminiscencias a la novela Lolita de Vladimir Nabokov. Un claro homenaje que emana literatura en cada plano, comenzando por el nombre del protagonista, un acrónimo de Humbert Learns, el personaje principal del libro.

Rosas con espinas

Angela Hayes (Mena Suvari) se convertía en una Venus de Milo, frágil, inocente, fría como el mármol y bella como ninguna. Ya decía el amor platónico que la mera fantasía de poseer una figura inalcanzable se traducía en su idealización. Y vaya si Lester pierde su cordura por la jovencita, en un filme que no pasaría inadvertido para el ojo censor del público actual. Una historia que demuestra cómo el sueño americano no es tener una casa, una mujer, hijos y un coche. La vulnerabilidad de la clase media resurge con el problema del paro y la búsqueda de un nuevo empleo, las peleas conyugales, las disputas filiales y la fuerza del deseo de una vida que nunca podremos alcanzar. Una serie de aspectos más presentes que nunca, pese a la crítica sobre la inexactitud de la realidad que muchos se empeñan en mantener.

Pero una rosa nunca va separada de sus características espinas. El rodaje no estuvo exento de polémica. El primer inconveniente que se producía era la diferencia de edad de los protagonistas, un hecho recurrente a lo largo de los años en películas como León: El profesional, Entrevista con el vampiro o Call me by your name. Su director Sam Mendes quiso desde un principio evitar malentendidos acudiendo a controles extraordinarios, con una por entonces menor de edad Thora Birch, que tenía varias secuencias comprometidas en la cinta.

Por si fuera poco, el realizador británico no solo tuvo que enfrentarse a estas críticas, o las del falso reflejo del sueño americano, sino que también tuvo que pugnar contra los duros comentarios del director de fotografía de la cinta: Conrad L. Hall (A sangre fría, Dos hombres y un destino). Uno de los trabajadores que tras el estreno, y pese a su propio éxito en los Oscar, acusaba a la cinta de ser un homicidio artístico, pese a lo cual volvió a colaborar con Mendes tiempo después.

Un sueño americano

Una simple bolsa de plástico volando en la calle, así comenzaba la trayectoria del filme. Ball comenzó a escribir una obra de teatro a partir de este hecho tan sencillo y mundano. Esta se convertiría posteriormente en una película, que el guionista intentó vender a diversos estudios sin éxito. Cuando ya quedaban pocas esperanzas, la compra inesperada del libreto por parte de Dreamworks, con un productor de lujo como Steven Spielberg, convirtió el sueño en realidad.

La primera tarea fue elegir director y casting, algo en lo que Ball participó activamente. La propuesta arriesgada hizo que no acudieran a realizadores con un alto caché, por lo que algunas de las primeras propuestas fueron (por aquel entonces) Robert Zemeckis o Mike Nichols, que rechazaron la propuesta. Finalmente, un novato Sam Mendes llegaría a la producción.

Por su parte, Conrad Hall arribaba en American Beauty como colaborador. Un hecho producido gracias a que Tom Cruise le enseñó el guion. Por aquel entonces, Cruise estaba casado con Nicole Kidman, la cual trabajaba en una obra de teatro con Mendes. El realizador pensó que Hall no querría trabajar en su ópera prima dada su trayectoria profesional. Sin embargo, cuando Fred Elmes rechazó la propuesta debido a que no estaba conforme con el guion, esto precipitó que Hall tomara el mando de la parte visual. Mano a mano los dos crearon de la literatura de Ball una serie de storyboards. Una narración llena de sátira y crítica hacia la vida posmoderna, con una serie de bocetos donde ya destacaban la importancia de las rosas como signo de pureza, belleza y alto valor de las cosas.

En la búsqueda de la belleza

La producción fue  marcada desde su inicio por el bajo presupuesto con el que Mendes se vio obligado a hacer malabares. El inglés contó con 15 millones de dólares para su realización y obtuvo una cifra astronómica de 356 millones en la taquilla internacional.

Este hecho coartó la libertad creativa de Hall en varias ocasiones. La escena en la que Angela flota encima de Lester de forma onírica fue inicialmente pensada como una secuencia en la que ‘la lolita’ nadara sobre él en una gran cantidad de agua. Esto suponía la utilización de un tanque, al cual debieron de renunciar por una lluvia de pétalos y una escena posterior en una bañera debido a las dificultades técnicas.

No es el único recorte al que se vieron abocados. La dificultad de grabar exteriores sin la zancadilla de los transeúntes, los cuales alargarían el tiempo de rodaje, obligó a la búsqueda de un set acorde a estas características.  Así llegaron al reconocido vecindario del filme, que había sido protagonista en muchas comedias de las décadas anteriores, y que cinco años después albergaría las casas de Mujeres desesperadas: Wisteria Lane. ¿El problema del decorado? Estaba infestado de ratas. 

Un final alternativo muy cruento 

Los cambios en la producción de American Beauty hicieron que incluso el cierre de la trama diera un giro. Ball y Mendes tenían pensado un final muy diferente. Sin embargo, en la sala de montaje ambos decidieron meter la tijera para crear un final “menos hipócrita y crudo”, lo que hizo que gran parte del trabajo de Hall se perdiera sin explicaciones.

En la versión oficial de la película, Lester muere a manos de su vecino Frank (Chris Cooper). Cinco personas son las que oyen los disparos: una confesa virginal Angela, Ricky (el hijo del vecino) y Jane (la hija de Lester y Carolyn) que hacen las maletas para escaparse, y cómo no, el propio responsable del asesinato. No obstante, en el desenlace alternativo,  Ricky y Jane eran juzgados como responsables de la muerte de su suegro y padre, respectivamente. Un final que finalmente pareció demasiado “horrible” a los creadores para que fuera cierto, por lo que decidieron cambiarlo de raíz.

Una película de suma actualidad

El filme cosechó un éxito inusitado en el 1999 alzándose con cinco Oscar, incluidos el de mejor película, director, actor, guion y fotografía, junto a tres Globos de Oro, seis Premios BAFTA… Esto abrió la puerta del estrellato a Mendes, que posteriormente sería el encargado de realizar algunas joyas cinéfilas como SkyfallSpectre, Camino a la perdiciónRevolutionary Road. Como curiosidad, Lester es muy fan de James Bond, por lo que la dirección de Mendes en la saga de 007 suponía un círculo perfecto. Su matrimonio con la actriz Kate Winslet (de 2003 a 2010) finalmente promovería que Mendes fuera uno de los hombres de moda.

20 años después la película podría ser traída a la actualidad. Los mismos problemas sociales, el mismo descontento laboral y emocional, las mismas crisis de la edad adulta… Sin embargo, lo que podíamos ver como un camino de un hombre en la búsqueda de sí mismo se ha transformado. Es innegable que la popularidad de Spacey se ha visto afectada y ha dañado el recuerdo de algunos de sus títulos. Más allá de las controversias, es cierto que la figura del varón afectado y dañado por una mujer obsesiva ha dado un giro de 360 grados. Son muchas las personas que con el trascurso de estas décadas y los cambios sociales (afortunados) se sienten más cercanas a esa neurótica Carolyn (Annette Benning), la cual tan solo demandaba atención, pese a que su marido y su hija nunca se la prestaron.

¿Qué fue de los protagonistas?

Todo parecía indicar que la carrera de una jovencísima Thora Birch despegaría de una forma imparable. Su participación en la película de Mendes, así como en algunos de sus éxitos de los 90 como El retorno de las brujas o Amigas para siempre, auguraban una gran trayectoria para la norteamericana. El excesivo control de sus padres y la negación a moldearse a los cánones de Hollywood produjeron que la intérprete obtuviera a partir de entonces pequeños papeles en televisión o películas fuera de los focos comerciales, lo que provocó que desapareciera de la gran pantalla. Mena Suvari corrió su misma suerte. Su éxito en sagas como American Pie o sus roles en series como American Horror Story no han conseguido que la actriz haya conseguido repetir el tremendo éxito de este título hasta el momento.

Del trío de jovenzuelos, el que sacó un mayor provecho fue Wes Bentley. Sus problemas con las drogas postergaron que su carrera no tomará el buen camino hasta tiempo después. Su participación en proyectos como Los juegos del hambre, Yellowstone, Interstellar American Horror Story: Murder House ha hecho que el actor se encuentre en este mismo en la primer plana, y goce del mayor momento de reconocimiento a su carrera.

Por su parte, pese a que Kevin Spacey consiguió su Oscar por American Beauty y que a lo largo de los años ha tenido una fructífera carrera, los escándalos recientes han hecho que la carrera del actor se vea resentida, y  haya visto mermadas sus oportunidades en Hollywood. Pese a todo, fue el actor que más rentabilizó el éxito del filme de Mendes junto a Annette Benning, que a lo largo de los años ha participado en proyectos como Capitana Marvel, Ruby Sparks o Los chicos están bien.

American Beauty pasará a la posterioridad para muchos, y es que es difícil olvidar citas célebres como: “Aquí me tienen, cascándomela en la ducha… Para mí, el mejor momento del día. A partir de aquí, todo va a peor”. 

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