15 cosas que (probablemente) no sabías de ‘RoboCop’

La sátira futurista y policial de Paul Verhoeven ha cumplido 25 años, y sigue tan fresca como en 1987. Recordamos sus anécdotas en espera del inminente 'remake'

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17 de julio de 2016

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  • Los ricos son cada vez más ricos. Los pobres, cada vez más pobres. Los servicios públicos han sido privatizados, incluída una policía hasta las narices de sus malas condiciones de trabajo, y la gente común vive con el temor diario a perder lo poco que tiene. No, no hablamos de la prima de riesgo, de los recortes o de los rescates autonómicos: hablamos de RoboCop. La sátira futurista y distópica de Paul Verhoeven se estrenó el 17 de julio de 1987, con lo cual luce ahora unos rozagantes 30 años, y nosotros lo celebramos con esta colección de hechos y anécdotas en espera de su remake. Y, si piensas que este filme es una mera anécdota ochentera y que no ha lugar a recordarlo, piensa en que al pobre agente Alex Murphy le cubrían de metal después de muerto para reemplazar a currantes en huelga…

    El patito feo

    robocop

    Antes de que Paul Verhoeven se hiciese cargo de él, el guión de RoboCop había sido rechazado por un sinnúmero de directores, entre los que se contaron David Cronenberg y Alex Cox. Verhoeven, de hecho, no se molestó ni siquiera en leerlo cuando se lo enviaron, pensando que era una peli de acción sin sustancia… Hasta que su mujer lo tomó de su escritorio y, tras hojearlo, llamó su atención sobre los elementos burlescos de la historia y sus posibilidades para derramar mala leche. Por favor, que alguien le haga una estatua a esa señora en Detroit.

    Todo empezó con tres cómics…

    robocop_rom

    En la escena del robo a la tienda 24 horas, uno de las primeras acciones de nuestro justiciero enlatado, el delincuente ojea un tebeo de Iron Man antes de desenfundar su arma. Lo cual no es ninguna coincidencia, claro: este cameo en viñetas de Tony Stark fue incluido por el propio Paul Verhoeven como homenaje a un héroe que, a su juicio, guardaba muchas similitudes con el pasma biónico. Rom, el caballero del espacio (en la imagen) es otro personaje de Marvel al que RoboCop debe mucho, puesto que ambos se mantienen con vida gracias a su armadura. Y el casco que oculta las facciones del resucitado Murphy no es sino un homenaje al implacable Juez Dredd, al que pronto volveremos a ver en los cines con el jeto de Karl Urban.

    …Y también con la Biblia

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    Puede que Paul Verhoeven le tenga mucho respeto a los cómics, pero RoboCop no dejaba de ser una película de encargo. Y el cineasta holandés, que había cultivado una reputación de autor arty en sus primeras películas, arriesgó su reputación haciéndose cargo de ella. ¿Por qué aceptó Verhoeven, además de por el dinero? Pues porque, en su opinión, la historia del policía Murphy, muerto y resucitado, tenía mucho que ver con la de Jesucristo, y su película iba a ser una sátira religiosa además de social. De ahí que el villano Clarence dispare al héroe en la mano, que durante su duelo final RoboCop parezca caminar sobre las aguas, y que cuando el policía cyborg se carga al villano, dichas aguas se vuelvan rojas con la sangre, como si hubiesen sido convertidas en vino. ¿Irreverente, Verhoeven? No, qué va…

    “Lo sentimos, ‘Arnie’, no tenemos tu talla”

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    Durante la preparación de RoboCop, Verhoeven no sólo tuvo tiempo para colar metáforas sacrílegas: también hizo campaña en favor de que Rutger Hauer encarnase al protagonista. El actor holandés, que ya había trabajado con el cineasta en Eric, oficial de la Reina, Delicias turcas, El cuarto hombre y Los señores del acero, se quedó con las ganas, porque la productora Orion tenía entre manos otro nombre de más peso: nada menos que Arnold Schwarzenegger. El austríaco habría dado muy bien el tipo, si no fuera porque su masiva musculatura le impedía encajar bien en el traje metálico. Como sabemos, Verhoeven y el futuro governator se verían las caras en Desafío total.

    La ley del futuro, en calzoncillos

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    El pobre Peter Weller no sabía lo que le esperaba cuando se llevó el papel de RoboCop. Para empezar, aunque su cuerpo resultase bastante menos masivo que el de Schwarzenegger, conseguir que la armadura no le hiciese picadillo al andar fue muy complejo: el actor tuvo que trabajar con un profesor de mimo para moverse con la fluidez necesaria. Pero es que, además, el atavío metálico era tan rígido que le impedía sentarse, con lo que en las escenas en las que conduce su coche, Weller estaba en ropa interior. Durante el primer día de rodaje, por cierto, los técnicos tardaron 11 horas en vestir a Weller con la armadura.

    Fondo de armario

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    Ya que hablamos de la indumentaria de RoboCop, también es interesante recordar que en el rodaje se emplearon siete armaduras. Una de ellas estaba reforzada con fibra de vidrio, para que así el especialista de turno no se descalabrase rodando la escena de la explosión en la gasolinera, y otras dos mostraban los balazos y arañazos que va recibiendo el héroe durante el curso de la historia. Una tercera armadura, la más empleada en la película, estaba dotada de un ventilador, para que así Peter Weller no se asfixiara mientras la vestía. Pese a ello, Weller sudaba tanto que perdió cerca de un kilo y medio de peso por jornada de rodaje.

    ‘Software’ desactualizado

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    Como descubrimos al hablar de Terminator, los androides más violentos del cine de los 80 trabajan con sistemas operativos más bien primarios. Si el cyborg de las películas de James Cameron lleva en su cerebro el mismo procesador que un Commodore 64, el héroe de RoboCop funciona con MS-DOS, el software lanzado por Microsoft en 1982 para controlar los ordenadores del estándar PC. ¿Cómo lo sabemos? Porque en la lista de sus archivos (puedes verla arriba) figuran nombres tales que Command.com, Config.sys y otros que resultarán muy familiares para aquellos que se iniciaran en la informática hace unos añitos… ¿Le saldrán pantallazos azules cuando su disco duro no dé para más?

    ¿Señor agente, o señora agente?

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    El personaje de la agente Lewis (Nancy Allen) fue una bienvenida excepción en el panorama del cine de tiros de los 80. Tan dura resultaba esta oficial de policía de Detroit, que en su primera escena resultaba difícil determinar si era un hombre o una chica hasta el momento en el cual se quitaba el casco. Algo plenamente calculado por parte de Verhoeven, claro: cuando la Allen entró en el rodaje para sustituir a Stephanie Zimbalist (muy ocupada rodando la serie Remington Steele junto a Pierce Brosnan) la primera exigencia del director fue que se cortase el pelo. En una era en la cual ninguna actriz se ponía ante las cámaras sin aplicarse antes litros y litros de laca, su look sorprendió al público.

    Censura criminal

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    Los mayores enemigos de RoboCop durante su rodaje fueron los señores de la MPAA, siempre empeñados en reducir las dosis de sangre. Pero Verhoeven, viejo zorro, sabía cómo mantenerles a raya. A fin de que los censores no se mosqueasen, el director realizó cortes mínimos en el metraje y aumentó el componente jocoso de la película, algo que satisfizo a la entidad. La cual no se dio cuenta de que, en opinión de Verhoeven, los detalles humorísticos volvían a la historia todavía más cruel. Ahora bien: la película tuvo que ser remontada 11 veces para evitar una calificación ‘X’.

    Presupuesto asesino

    robocop_presupuesto

    Paul Verhoeven también se lució de lo lindo a la hora de hacer frente a los contables de Orion Pictures, deseosos de mantener los gastos a raya. El director gastó alegremente los 21 millones y medio de euros (ajustados a la inflación) que se le habían asignado, para después comentar a sus jefes que se había dejado una “pequeña” parte del filme por rodar: justo la escena en la cual Murphy es tiroteado. Como, sin ese momento de la acción, el argumento de RoboCop no tiene mucho sentido, la Orion tuvo que rascarse el bolsillo y concederle más pasta.

    El ‘RoboCopmóvil’ que nunca fue

    robocop_coche

    Aunque en la película le vemos al volante de un funcional Ford Taurus, RoboCop debería haber tenido su propio vehículo superpoderoso, el cual llegó a deambular por los rodajes. ¿Por qué no fue así? Sencillo: cuando, todo ufano, Verhoeven presentó el coche de marras al equipo de rodaje, los actores y los técnicos se partieron de risa, con lo cual el director prefirió devolverlo al garaje y buscar un aparato que, al menos, diese el pego futurista. Como curiosidad, señalar que los villanos del filme conducen un 6000-SUX, un guiño con mucha mala leche al Pontiac 6000, máximo rival comercial del Taurus.

    Paul chupa cámara

    robocop_verhoeven

    Como es lógico tratándose de un tipo tan ególatra, Verhoeven se reservó, no uno, sino dos cameos en RoboCop. El cineasta aparece bailando en un club donde el héroe se enfrenta a Nash, uno de los villanos, y su foto puede verse en una ficha policial cuando los protagonistas identifican al secuaz Emil Antonowsky.

    El final descartado

    Gracias a un certero disparo y a las palabras “Me llamo Murphy”, el final de RoboCop resulta inolvidable. Y, seguramente, lo hubiese sido un poco menos si Verhoeven hubiese mantenido en el montaje un sketch televisivo que mostraba a Lewis recuperándose de sus heridas en el último tiroteo. Claro que, en dicho reportaje, también se nos informaba de que Bixby Snyder (el vendedor de teletienda que no paraba de gritar “¡Lo compro por un dólar!”) había sido arrestado por posesión de pornografía infantil. Actualmente, hubiese funcionado muy bien como escena sorpresa después de los créditos.

    El futuro refuerzo del ‘copyright’

    robocop_copyright

    Para no variar, los créditos de RoboCop terminan con el obligatorio aviso legal en el que se amenaza con acciones legales en caso de distribución, duplicación o venta no autorizada del filme. Ahora bien: ¿cuántas películas conocéis en las que dicho aviso termine con la frase: “Los infractores serán objeto de persecución por los androides de la policía”? Nosotros, sólo una, y es esta.

    A Nixon le gustan los robots

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    Uno de los golpes satíricos más afilados de Verhoeven tuvo lugar, no durante el rodaje de la película, sino durante la promoción de su versión para vídeo doméstico. Porque, tratándose de un filme que parodiaba la paranoia de la sociedad estadounidense, su culto a las armas, su corrupción y su mercantilismo… ¿Quién mejor para anunciar el lanzamiento del VHS que el ex presidente Richard Nixon? El mandatario del Caso Watergate recibió 4 millones de euros por prestarse a la broma, donándolos acto seguido a una asociación benéfica.

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