13 giallos para empaparse de horror italiano

La muy concurrida cinematografía italiana del giallo está llena de meandros, variaciones, perversiones y nombres propios llenos de personalidad.

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22 de julio de 2016

Aunque la extraordinaria revelación internacional de Peter Strickland (por cierto: no os perdáis su última película, también recién estrenada en nuestros cines, The Duke of Burgundy) no es estrictamente un giallo, porque para eso tendría que haberse rodado hace unos cuantos años y venir de Italia, está claro qué tipo de películas tenía en mente Strickland al concebir Berberian Sound Studio.

Desde su atmósfera opresiva y pesadillesca a la banda sonora de trallazos gótico-sinfónicos, pasando por el tratamiento del color y la iluminación, por no hablar de su propio argumento, todo un homenaje a la industria del cine de horror italiano de los setenta. En Berberian Sound Studio, un técnico de sonido (Toby Jones) llega a un estudio italiano para ayudar en la postproducción de una película de terror, The Equestrian Vortex. Según avanza su trabajo, el productor de la película, un par de actrices que hacen trabajo de doblaje y la propia película en la que trabaja, progresivamente más violenta, empiezan a hacer mella en su ánimo.

Desde el nacimiento del giallo en los años sesenta con películas policiacas de atmósfera demencial a su transformación en los setenta y ochenta en una de las etapas más creativas e influyentes del cine fantástico y de terror a nivel mundial, el giallo está ahora, gracias a homenajes como Berberian Sound Studio, más vivo que nunca. Repasamos algunos de sus hitos con estos títulos imprescindibles.

Seis mujeres para el asesino

(Mario Bava, 1964)

De qué va: Una joven que trabaja para una exclusiva agencia de modelos ubicada en una enorme mansión es asesinada brutalmente por un enmascarado. Pero ninguna de las modelos que la conocían están a salvo: un diario incriminador y que podría desvelar la identidad del homicida desencadena una serie de sádicos asesinatos.

Por qué es importante: Aunque no está considerado como el primer giallo (ese honor corresponde a La muchacha que sabía demasiado, que el mismo Bava rodó un año antes), sí es el primero que ejerce una influencia de gran peso sobre todo el género en la siguiente década. Algunas de sus señas de identidad más imitadas: el asesino con gabardina, guantes y una máscara cautivadora visualmente y que otorga una atmósfera de cine fantástico a los crímenes; la lógica de pesadilla que rige el relato; los ramalazos de ambientación gótica y la importancia de la arquitectura y los escenarios; la brutal violencia que vertebra el relato y que lleva a presentar asesinatos cautivadores desde el punto de vista plástico; o la planificación hiperexpresiva y dinámica.

También fue una de las primeras películas en plantear una sucesión de asesinatos esquemática y mecánica, lo que influiría tremendamente en el género slasher en los años ochenta, sobre todo después de que Bava (¡otra vez Bava) rodara en 1971 Bahía de sangre, un divertidísimo y muy salvaje giallo del que tomarían buena nota producciones americanas como Viernes, 13.

El pájaro de las plumas de cristal

(Dario Argento, 1970)

De qué va: Un escritor norteamericano contempla en una galería de arte italiana el asesinato de la dueña a través de unas puertas transparentes. El inspector encargado de la investigación pide al escritor que le ayude a descubrir al asesino en serie, una misteriosa figura con gabardina y guantes negros que pronto comienza a acosarle a él y a su novia.

Por qué es importante: Podríamos destacar un buen puñado de películas de Dario Argento, quizás el director de giallos más conocido a nivel internacional, pero nos quedaremos con tres, las dos primeras más afines a los códigos del cine policiaco y de suspense, y otra de cuando el director se sumergió en los abismos de los argumentos sobrenaturales. El pajaro de las plumas de cristal, debut de Argento como director, conforma junto a El gato de las nueve colas y Cuatro moscas sobre terciopelo gris la llamada Trilogía Animal de los inicios de la carrera del cineasta, y es la que más incide en los rasgos del giallo moderno.

Por un lado, un protagonista que a menudo es un simple testigo casual de un horrendo crimen, pero que se ve sumergido hasta las trancas en una investigación de consecuencias insospechables. Por otro, el paso a primerísimo plano de los crímenes, rodados con una complacencia casi pornográfica en el detalle violento, y con una belleza y buen gusto exquisitos. De estas tres películas, El pájaro de las plumas de cristal es la más interesante por sus rasgos fetichistas y voyeuristas y por el extraordinario e icónico escenario de la galería de arte, pero el director aún tendría mucho que ofrecer en el giallo clásico con películas como la soberbia Tenebre o el que para muchos es su mejor film, Rojo oscuro.

La perversa señora Ward

(Sergio Martino, 1971)

De qué va: La mujer del embajador, la señora Ward (o Wardh en el título original), descubre recién llegada a Viena que uno de los hombres con los que tiene relación (su esposo, su nuevo amante, su vicioso ex-amante con el que vuelve a compartir secretos) puede ser un despiadado asesino de guantes negros. Cuando los asesinatos comienzan a sucederse, el preocupado marido de Julie Ward le pide que huyan de allí. ¿Es la mejor decisión?

Por qué es importante: Primera película en el género de la actriz Edwige Fenech, pronto muy habitual del mismo y llamada a convertirse en objeto de culto debido a sus altovoltaicas intervenciones en la zona más exploit del giallo. La perversa señora Ward brutaliza los presupuestos de Freud citándolo al inicio y luego sacándolo a pasear con unos crímenes psicosexuales ridículamente espeluznantes.

Sergio Martino, uno de los todoterrenos más chiflados del cine bis de los setenta (de la inenarrable La montaña del dios caníbal al también muy estimable giallo Torso, de la madmaxploitation 2019, Tras la caída de Nueva York a Todos los colores de la oscuridad, un interesante giallo con cultos satánicos), no tiene la elegancia de un Fulci o un Argento, pero sí los arrestos necesarios para rubricar uno de los giallos temáticamente más sucios y costrosos de la década. Pero que se permite no obstante, como en las mejores muestras del género, una interesante estilización de la violencia. Además de poner en primer plano el tema sexual, algo de lo que casi ya no se distanciaría el género.

La tarántula del vientre negro

(Paolo Cavara, 1971)

De qué va: Un inspector de policía investiga unos macabros crímenes en los que las víctimas, chantajeadas previamente por infidelidades, son inyectadas con un veneno paralizante que les obliga a contemplar aterradas cómo les liquidan, al estilo de la lucha animal entre las tarántulas y las avispas negras. La investigación lleva hasta unas lujosas instalaciones vacacionales donde todas las víctimas parecen estar vinculadas.

Por qué es importante: Una película de suspense policial ligera y muy divertida, llena de humor sádico y continuos giros de guión, además de una metareflexión que es puro giallo: el asesino obliga a las víctimas a contemplar sus propias muertes del mismo modo que lo hace el espectador. Para un género en el que la mirada es tan importante (testigos de un crimen en la distancia, testigos involuntarios que no pueden recordar detalles de los crímenes, testigos que se convierten en el último eslabón de una cadena de asesinatos…) este retruécano argumental, tan imposible y disparatado como es habitual en los giallos, le da un toque especial y de algún modo conecta con la muy posterior Terror en la ópera de Argento, una reflexión sobre el masoquismo inherente a cualquier espectador de películas de terror.

La tarántula del vientre negro es mucho menos sofisticada, como demuestran secuencias de pura comedia chusca italiana (como la secuencia en la que los oficiales de policía espían con una cámara oculta al protagonista acostándose con su mujer), pero el conjunto es tan morboso y perverso como giallos mucho más oscuros.

Angustia de silencio

(Lucio Fulci, 1972)

De qué va: En un aislado pueblo del sur de Italia se están produciendo una serie de horribles asesinatos infantiles. Un periodista y una mujer rechazada por todo el pueblo por su talante promiscuo descubren un horrendo submundo de pánico moral y superstición.

Por qué es importante: Lucio Fulci pasó por una buena cantidad de géneros en los primeros años de su carrera: rodó westerns (alguno estupendo, como Las pistolas cantaron a la muerte), comedias coyunturales y unos cuantos giallos perversos y con ocasionales exabruptos de violencia que parecen anticipar el tipo de cine que más adelante le daría fama internacional. Los hay extraordinarios, como Una historia perversa, Una lagartija con piel de mujer o Siete notas en negro, pero el giallo más interesante y perturbador de este Fulci de los setenta es Angustia de silencio, que camufla de investigación policiaca una serie de reflexiones sobre las masas enfurecidas y sus peligros, aderezado con algo de crítica social, metáfora política y rampante anticlericalismo.

El móvil de los asesinatos de infantes sigue siendo hoy tan incómodo y actual como hace cuatro décadas, y la explosión de violencia final garantiza que Angustia de silencio quedará en el recuerdo una buena temporada. El gourmet de la ultraviolencia fulciana hará bien en revisar también un giallo ya tardío, que es puro nihilismo urbano concentrado y que tiene alguna nota en común con Angustia de silencio: la demoledora El destripador de Nueva York.

Siete orquídeas manchadas de rojo

(Umberto Lenzi, 1972)

De qué va: Una mujer que ha sobrevivido al ataque del misterioso “Asesino de la media luna” (llamado así por unos medallones que deja junto a sus víctimas) debe averiguar antes de que sea demasiado tarde y con la ayuda de su esposo la identidad del asesino y, sobre todo, qué misteriosa pista la vincula con las otras seis mujeres asesinadas.

Por qué es importante: Un giallo muy popular y que no se anda ni con veleidades arties ni con demasiadas monsergas: posee un ritmo trepidante y una trama policíaca muy bien urdida y que repite los tropos que por entonces ya se habían convertido en imprescindibles (móviles sexuales, asesinatos crueles y con armas improvisadas, asesinos enmascarados, víctimas femeninas, investigadores inexpresivos…). Se trata, por así decirlo, de un giallo para todos los públicos, idóneo para iniciarse en el género sin demasiado esfuerzo, pero no carente de detalles de interés.

Por ejemplo, fue una de las primeras veces que se usó un taladro como arma homicida, anticipándose a una auténtica fiebre por las herramientas de construcción en los slashers americanos de los ochenta. Y tiene secuencias, como la de la paciente enferma mental y los gatos envenenados que funcionan, aún hoy, con un perfecto engranaje de suspense. Umberto Lenzi, el responsable de Siete orquídeas manchadas de rojo, hizo exploits de todo tipo desde los sesenta, desde Zorro contra Maciste a Caníbal Feroz, pasando por Demons 3.

¿Qué habéis hecho con Solange?

(Massimo Dallamano, 1972)

De qué va: Varias chicas son asesinadas por alguien que los testigos identifican con un sacerdote católico. Un profesor que está teniendo un romance con una alumna de un exclusivo colegio femenino se convierte en principal sospechoso de los asesinatos cuando esta y muchas otras empiezan a caer como moscas. Para averiguar quién se esconde detrás de los crímenes tendrá que desvelar el misterio de Solange.

Por qué es importante: Un giallo que no es, indiscutiblemente, para todos los públicos. Su violencia alcanza límites estratosféricos, y siempre se ejerce sobre colegialas desvalidas que encuentran a menudo destinos mucho, mucho más horrendos que la propia muerte. Pero su apartado técnico, acompañado de un montaje histérico y una soberbia banda sonora de Ennio Morricone, convierte esta pieza en uno de los giallos menos distinguidos pero más sorprendentes de los primeros setenta.

La conexión Morricone no es casual: Massimo Dallamano, antes de dirigir películas como esta fue director de fotografía de alguna película de Sergio Leone que musicó Morricone. El resto de su breve filmografía, sin embargo, es aún menos sofisticada que esta erótica epopeya de ultraviolencia ambientada en el Londres de los primeros setenta.

Rojo oscuro

(Dario Argento, 1975)

De qué va: Un psíquico lee, enmedio de uno de sus espectáculos, la mente de un asesino, y poco después él mismo se convierte en una víctima. Pero hay un testigo inesperado: un pianista inglés contempla el asesinato, que es solo el primero de una serie de sádicos crímenes que ocultan un tesoro cuyo núcleo se remonta varias décadas en el pasado.

Por qué es importante: Solo cinco años después de su debut, Dario Argento ya daba carpetazo al género en su vertiente clásica con una película en la que los crímenes son de una belleza plástica insólita e incluso se permite experimentar con los escenarios (esa imposible calle con bar donde medita el protagonista, deliciosamente artificial, de cuadro de Edward Hopper) y manipular los espacios y el tiempo de forma absolutamente deliciosa.

Poco a poco la atmósfera fantástica empapa una película que no es exactamente de horror sobrenatural, aunque podría: como en los mejores giallos, la locura argumental y la inverosimilitud del guión (el protagonista, un David Hemmings que casi hace una réplica de su propio papel en Blow-Up de Antonioni, se pasa toda la película intentando recordar la clave que le falta para solucionar el misterio) se soluciona a base de interpretaciones entregadísimas y una atmósfera onírica en la que el espectador acaba asumiendo que no debe buscarle sentido a nada. Sólamente disfrutar de un espectáculo de violencia, erotismo, una increíble partitura de chirriante psicodelia gótica de Goblin y una buena avalancha de psicoanálisis barato. Ojo a Daria Nicolodi, musa de Argento durante muchos años y aquí con uno de sus mejores papeles: una periodista metomentodo muy lejos de la típica damisela en apuros o víctima propiciatoria de otros giallos.

 La casa dalle finestre che ridono

(Pupi Avati, 1976)

De qué va: Un joven restaurador recibe el encargo de ocuparse de una controvertida pintura de San Sebastián en la iglesia de un oscuro pueblo. Allí descubre que el autor de la pintura, el autor maldito Buono Legnani, era conocido como “El Pintor de la Agonía” por retratar siempre a gente en su último aliento de vida. Cuando un amigo experto en arte muere, el restaurador decide averiguar qué extraña relación hay entre los habitantes del pueblo y el misterioso pintor.

Por qué es importante: Esta “Casa de las ventanas que ríen” era hasta hace poco un giallo desconocido en nuestro país. La reivindicación de Pupi Avati como un director esencial del género, pese a no prodigarse casi en él (su otra gran película de terror es L’arcano incantatore, alejada de los códigos del giallo) ha llevado a considerar en los últimos a años a La casa dalle finestre che ridono como una pieza esencial.

Es un giallo tardío, sólo un año anterior a que Suspiria revolucionara por completo el cine fantástico italiano, y posiblemente por eso se permite unas libertades muy notorias: es menos violento, más artístico, menos pendiente de los códigos del policiaco tronado y más tendente a hacer un retrato de una Italia católica opresiva y monstruosa, lo que conecta el film de Avati con la comentada Angustia de Silencio de Fulci, infinitamente más demencial. Pese a sus devaneos con el cine de autor, La casa dalle finestre che ridono es, por encima de todo, un giallo excelente, y lleva a bordo los rasgos más característicos del género, sobre todo del tardío: un final sorpresa delicioso, una extraña conexión con el mundo del arte y una interpretación psicoanalítica de auténtica traca.

Suspiria

(Dario Argento, 1977)

De qué va: Una estudiante americana de danza llega a una prestigiosa academia alemana, donde se da cuenta que tras la apacible fachada de la institución se oculta una trama sobrenatural que hace que las estudiantes vayan muriendo de forma espantosa una tras otra. Magia negra desbocada y el escalofriante mito de las Tres Madres se dan cita en una espiral de locura pesadillesca.

Por que es importante: La cima del cine de Argento es esta película, suma de todo lo que había ensayado con anterioridad en películas como Rojo Oscuro. Asesinatos estilizadísimos, un escenario delirante y propio de una pesadilla donde las distancias y las leyes naturales no surten efecto, colores primarios, inverosimilitud argumental que hacen que la historia tenga un tono imprevisible… El guión de Daria Nicolodi y Argento pone sobre la mesa una historia de brujería mediterranea inspirada en el libro Suspiria de Profundis de Thomas de Quincey, donde se habla de las Tres Madres: Mater Lacrymarum, Mater Suspiriorum y Mater Tenebrarum.

La trilogía quedó tardíamente completada, tras Tenebre, con La madre del mal en 2007. Con su alucinante banda sonora de Goblin, quizás la más conocida de todas las que hizo para Argento, y llena de set-pieces de horror puro absolutamente inolvidables, Suspiria es quizás la película más influyente de este director: su argumento de señoritas inmersas en tortuosos aprendizajes y su demencial estética se detecta en las recientes Cisne Negro o The Neon Demon. Argento no volvería a brillar tan alto como aquí, pero su carrera posterior, especialmente en los ochenta, es interesantísima, con multitud de películas de merecido culto como Inferno, Phenomena o Terror en la ópera.

El más allá

(Lucio Fulci, 1981)

De qué va: Una mujer hereda un viejo hotel en Louisiana y planea reformarlo y reabrirlo, pero cuando se suceden una serie de muertes inexplicables, descubre que en realidad la construcción está sobre una de las puertas del infierno, de inminente apertura.

Por qué es importante: Posiblemente esta sea la película menos estrictamente giallo de toda esta lista, pero era inevitable. Después de una etapa rodando extraordinarios giallos “de libro”, Lucio Fulci se convirtió en el gran carnicero del horror italiano gracias a éxitos internacionales como Nueva York bajo el terror de los zombies (secuela apócrifa del Zombie de Romero), Aquella casa al lado del cementerio o Miedo en la ciudad de los muertos vivientes. El más allá es la más representativa de un estilo narrativo indescriptible y que muchos críticos juzgan inadecuadamente como pura ineptitud.

Nada más lejos de la realidad: las sangrientas barbaridades que cuenta Fulci no tienen ni pies ni cabeza, pero conectan no sólo con una atmósfera de pesadilla aún más descarnada y oscura que la de las películas sobrenaturales de Argento, sino que sabe actualizar, a base de hachazos y evisceraciones, con algunas de las constantes formales del giallo policiaco clásico. Los lugares malditos, los asesinatos que se suceden casi en fila india -al estilo Bava-, la estilización de la violencia -convirtiendo las secuencias gore en nauseabundas muestras de arte abstracto- y el completo (y muy consciente) descuido de las normas más elementales de coherencia narrativa. Como buen artesano de la serie Z, Fulci es tremendamente irregular, pero sus mejores películas de terror no tienen, literalmente, parangón con nada que se haya hecho en el género antes o después.

Aquarius

(Michele Soavi, 1987)

De qué va: Un grupo de actores encerrados en un teatro para pasar la noche ensayando un inminente estreno reciben la visita de un asesino que ha escapado de un manicomio cercano. Ataviado con una máscara de búho perteneciente a la propia producción, los irá masacrando uno a uno.

Por qué es importante: Podemos pasar un rato discutiendo si Aquarius es un giallo o no (posiblemente no: llega en una época en la que las intrigas policiacas del género habían sido sustituidas por los impactantes enredos sobrenaturales de Argento y los demenciales torbellinos de violencia de Fulci y compañía), pero es un ejemplo perfecto de cómo el género en los setenta influyó a muchos autores norteamericanos (Brian De Palma, por ejemplo, que es alumno sobre todo de Hitchcock, tal y como Hitchcock es influencia primordial en los giallos de Bava). Y sobre todo, de cómo el giallo ayudó a prefigurar un género, el slasher (películas como Viernes 13 o El asesino de Rosemary serían inconcebibles sin el éxito previo de los giallos) que, después del tremendo éxito conseguido en todo el mundo… supusieron una influencia tremenda en el cine de horror italiano.

Es decir, Aquarius es como un slasher norteamericano, pero que tiene muy presente su herencia como último eslabón de una cadena que se remonta a los sesenta: la máscara, los asesinatos consecutivos, el ambiente “artístico”, los crímenes creativos, la inverosimilitud en el argumento y en la puesta en escena, el desprecio a las reglas naturales de tiempo y espacio, la atmósfera onírica… Mucha atención al talentoso Soavi, que después de hacer la segunda unidad de muchas películas de Argento en los ochenta, despuntó como brillante director de breve carrera con películas imprescindibles como La secta, El engendro del diablo o Dellamorte Dellamore.

Amer

(Bruno Forazani y Hélène Cattet, 2009)

De qué va: Un giallo en tres partes que husmea en el desarrollo sexual de una adolescente que vive en la Riviera francesa, en un experimento visual cautivador y sin diálogos.

Por qué es importante: Como Berberian Sound Studio, Amer es ya post-giallo: es de nacionalidad franco-belga y llega mucho tiempo después de que el género original esté muerto y enterrado, y solo sirva como pasto de homenajes posmodernos. Este es uno de los mejores, ya que va más allá de replicar las constantes visuales y estéticas de las películas de los setenta y ochenta, y entiende que el giallo es, ante todo, una amplificación sensorial hasta extremos paroxísticos.

Sus responsables, el matrimonio de Bruno Forazani y Hélène Cattet, repitieron la jugada con una película menos experimental y mucho más ambiciosa, El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo, que citaba directamente los delirios arquitectónicos de Suspiria e Inferno de Argento.

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