12 cosas que (probablemente) no sabías de ‘Emmanuelle’

Hace 40 años, la película erótica más influyente de la historia pudo estrenarse por fin en España. Celebramos la efeméride indagando en sus intimidades

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05 de enero de 2017

Hace 40 años que se estrenó en España, cuando el fin de la censura franquista se lo permitió. Y la verdad es que la edad la favorece: aunque los críticos sigan poniéndola a caer de un guindo, y aunque ahora su erotismo a base de filtros flou y cámaras lentas delate que se rodó en los 70 (en 1974, para ser exactos), Emmanuelle sigue siendo una película que marcó una época. Por lo pronto, la imagen de esa Sylvia Kristel muy ligerita de ropa (y tan ligerita: chal, perlas y para de contar) sentada sobre un sillón de junco sigue inspirando tantas calenturas como editoriales de moda. Por no hablar de que el mueble de marras se conozca ahora como “sillón Emmanuelle” hasta en las revistas de decoración más respetables, o que en Japón “hacer un Emmanuelle” sea sinónimo de tener un rollo de una noche.

Vamos, que en lo que se refiere a trascendencia cultural, Emmanuelle va sobrada. Por eso, con ocasión de su cumple, le hemos dedicado este reportaje sólo para adultos en el que caben desde sus dudosos orígenes literarios hasta sus insospechados fans en el mundo del cine de autor, por no hablar de las mil y una secuelas y falsicuelas que despertó su éxito. Pon el aire acondicionado a tope y procura tener cerca un botellín de agua (o un cóctel con sombrillita), porque lo vas a necesitar.

De la clandestinidad al bestseller

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Al igual que La historia de O (otro clásico erótico surgido en Francia por las mismas fechas), la novela Emmanuelle lleva tras de sí una historia de seudónimos, ocultación y escándalo. Claro que, en este caso, con matices: tras correr de mano en mano gracias a una edición clandestina de 1959, que entusiasmó a literatos como André Breton, el libro presuntamente escrito por Emmanuelle Arsan (en la imagen) llegó a las tiendas allá por 1967, convirtiéndose en carne de controversia. Y no era para menos, ya que en sus páginas se cuentan las andanzas eróticas de una chica de 19 años, esposa de un diplomático, que se da a los goces de la carne cuando su marido es destinado a Tailandia. Pero, como dirían las cuñadas de Homer Simpson, “la verdad siempre sale a la luz”, y con el tiempo terminó sabiéndose quiénes estaban detrás del volumen: aunque Emmanuelle Arsan fuera un supuesto seudónimo de la escritora Marayat Bibidh, el libro había corrido a cargo de su marido Louis-Jacques Rollet Andrane. Avispado él, Louis-Jacques escribió más novelas sobre el personaje, e incluso hizo sus pinitos en el cine. Pero no adelantemos acontecimientos…

Las primeras veces

En realidad, la Emmanuelle que todos conocemos es lo que ahora llamaríamos un remake. O, vistas sus consecuencias, sería mejor decir un reboot: en 1968, el director Jean-Pierre Thorn adaptó la novela en un cortometraje de 30 minutos escasos que, a decir de los pocos que lo han visto, prescinde del follisqueo del original quedándose con sus reflexiones sobre la sexualidad humana, el antagonismo entre Oriente y Occidente, etcétera. Además, la novela tuvo su primera adaptación en forma larga con la italiana Io, Emmanuelle, dirigida por Cesare Canevari en 1969 y con Erika Blanc en el papel protagonista.

Todo comenzó con un tango…

1972 fue, sin duda, un año crucial para el cine verduscón y jadeante: El último tango en París no sólo aleccionó a grandes masas de público sobre los usos alternativos de la mantequilla, sino que también demostró que un auteur consagrado como Bernardo Bertolucci podía rodar una película con sexo explícito. Y, mientras Marlon Brando y Maria Schneider se refocilaban a este lado del Atlántico, EE UU se enfrentaba al escandalazo de Garganta profunda, uno de los títulos fundacionales del cine porno, que (pese a haberse rodado para lavar dinero de la Mafia) llegó a salas convencionales y se ganó espectadores de tronío como Martin Scorsese y Truman Capote. Sumemos ésto a los éxitos de Max Pecas, el cineasta francés más calentorro de la época, con Yo soy ninfómana y filmes de similar ralea, y entenderemos por qué el productor Yves Rousset-Rouard reclutó a un fotógrafo de modas llamado Just Jaeckin para hacerse cargo de Emmanuelle.

El vestido deslizante de Sylvia Kristel

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Con la consigna de rodar “una película con clase”, Jaeckin necesitaba a una actriz de porte aristocrático para Emmanuelle. Y, como sabemos, una holandesa de 21 años llamada Sylvia Kristel habría de encargarse del rol, algo que la intérprete acabó lamentando con los años. Ahora bien, ¿cómo fue el fichaje de Sylvia? Pues tuvo que ver con la ropa, o con su ausencia: según unas fuentes, la Kristel compareció a su entrevista con el director llevando un vestido ligerito, cuyo único tirante se desató por sorpresa en pleno cásting y cayó al suelo revelando todo lo que había debajo (y también lo que no había). Kristel, por su parte, confesó en su autobiografía (Desnuda, 2002) que fue Jaeckin quien le pidió que se despojara del atavío. En todo caso, el resultado fue el mismo: Sylvia siguió conversando con el director en traje de Eva, como si no hubiese pasado nada. El contrato era suyo.

Truffaut: los ojos como platos

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Es lo que tiene el cine francés: si rebuscas un poco, hasta un vídeo de bodas y bautizos tiene conexiones con el cine de autor. Y Emmanuelle no es una excepción: para empezar, el filme contó para un papel secundario con Marika Green, la coprotagonista del Pickpocket de Robert Bresson. Y, para seguir, se ganó un fan tan improbable como François Truffaut. El director de Los 400 golpes, gran aficionado a la literatura erótica, siguió muy de cerca el rodaje, y según se afirma dio el visto bueno a la elección de Sylvia Kristel como protagonista. ¿Qué pensaría de esto su archienemigo Jean-Luc Godard?

Abriendo las puertas de Tailandia

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Para ser fiel al libro original, Jaeckin tenía que rodar parte de su filme en el país del muay thai y Apichatpong Weerasethakul. El problema era que las autoridades tailandesas no estaban nada por la labor de autorizar el rodaje de una cinta guarrindonga en su suelo, algo que el director e Yves Rousset-Rouard solventaron mediante un viejo truco: presentando un guión falso para obtener el permiso. Una vez en Tailandia, la filmación transcurrió sin muchos problemas, pero la insistencia de Jaeckin por rodar a pie de calle y con actores no profesionales le supuso un susto muy gordo a Sylvia Kristel. En la escena en la que la protagonista es violada en un fumadero de opio, los chicos tailandeses contratados para la ocasión se tomaron demasiadas libertades. “Llegué a temer por mi vida”, confesó la actriz.

El humo ciega tus ojos

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El contenido rodado por Just Jaeckin ya era fuerte de por sí, al menos para la época, pero el productor Rousset-Rouard sabía que, para tener un blockbuster, necesitaba escenas de impacto. De modo que, a espaldas del director, se dedicó a capturar imágenes en sex shows y burdeles de Bangkok. Cuando asistió al estreno del filme, Jaeckin se quedó pasmado al ver la escena en la que una stripper fuma usando la vagina: hasta el día de hoy, el cineasta asegura que el jamás filmó aquello, y que el momento está fuera de lugar en la película.

Once años de clímax

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Los resultados comerciales de Emmanuelle fueron, como cabía esperar, espectaculares: en Francia se mantuvo en la cartelera de París durante 11 años ininterrumpidos, vendiendo casi 90 millones de entradas. En EE UU, una Columbia Pictures deseosa de compensar el megabodrio Horizontes perdidos la lanzó a bombo y platillo, aprovechando la inevitable clasificación ‘X’ como arma promocional. En el Reino Unido se estrenó con un par de cortes, pero aun así recaudó a destajo. Y en España, quienes no habían hecho el inevitable viaje a Perpignan para verla tuvieron que esperar a 1978, tras la muerte del Caudillo y el final de la censura. Y luego se extrañan de que los sillones de ratán se pusieran de moda…

“¡Me han robado mi música!”

Pese a su pésima recepción crítica, Emmanuelle se ganó alabanzas por un elemento insospechado: su banda sonora. El cantante y compositor Pierre Bachelet pergeñó una partitura muy easy listening para acompañar las andanzas de Sylvia Kristel, consagrándose así como el músico por excelencia del cine erótico francés. Pero ojo, porque aquí también hubo polémica: Robert Fripp, el impasible guitarrista y líder de los King Crimson, acusó a Bachelet de haberse apropiado de su tema Lark’s Tongues In Aspic: Part II. El plagio resultaba bastante obvio, así que la demanda se resolvió mediante un acuerdo extrajudicial. Ahora bien, míster Fripp: ¿cómo se enteró usted del latrocinio? Y no vale decir que le avisó el salidorro de su amigo Brian Eno, que nos conocemos.

Los autores quieren su parte

Hemos dicho antes que Emmanuelle Arsan y Louis-Jacques Rollet Andrane también hicieron sus pinitos en el cine, ¿verdad? Pues ahora llega el turno de hablar de ellos: en 1976, la escritora dirigió (supuestamente: en realidad fueron su marido y Roberto D’Ettore los responsables), escribió (también sólo en teoría) y actuó como secundaria en Laura, película que se presentaba como “una odisea erótica sin censura” y donde la musa de serie B Annie Belle ejercía como heroína insaciable, rubita y pelicorta. El filme es una fotocopia del original: escenario exótico (esta vez Filipinas), música de ascensor y pretextos antropológico-filosóficos para encubrir sus auténticas intenciones. Con decir que, en algunos países, se estrenó con el título de Forever Emmanuelle, creemos que la cosa queda clara.

Las secuelas…

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Con Jaeckin buscando otros horizontes (aunque sin salir de lo sicalíptico: ahí quedan Historia de O, Madame Claude y su postrera Gwendoline), estaba claro que Emmanuelle era el comienzo de un filón. De ahí que la secuela Emmanuelle 2: La antivirgen llegara en 1975, sucedida por Adiós, Emmanuelle en 1977. Pero aquél “adiós” acabó siendo un “hasta luego”, porque Emmanuelle IV se estrenó en 1984. Sylvia se despidió de un rol que nunca había soportado del todo a la altura de Emmanuelle V (donde la reemplazó Monique Gabrielle, en la imagen) y Emmanuelle VI (con Natalie Uher). ¿Faltaba algo más? Pues sí: a partir de 1993 la actriz regresó para intervenir en ocho secuelas más con forma de telefilme, en las cuales acompañaba a la joven venezolana Marcella Walerstein. Y, en Emmanuelle au 7eme ciel (1993) la saga llegó a la cima de su despropósito introduciendo un tema tan nineties como la realidad virtual.  Con Kristel definitivamente fuera de la ecuación, la cosa siguió por derroteros fantásticos con las dos entregas de Emmanuelle in Space.

…Y las ‘falsicuelas’

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Cinemaníacas y cinemaníacos, toca adentrarse en la parte más delirante (y más divertida) de este reportaje. Porque Emmanuelle debe ser una de las películas con más secuelas falsas (o falsicuelas) de la historia. Para empezar, en 1975 nació la saga Emanuelle negra, de nacionalidad italiana y con Laura Gemser (foto) en el rol protagonista: la Emanuelle de color y con una sóla “m” protagonizó 10 filmes con titulos tales que Emanuelle en las noches porno del mundo, Emanuelle y los últimos caníbales, Emanuelle viciosa y Sor Emanuelle. La lista de títulos apócrifos no se detiene ahí: sin ir más lejos, nuestro añorado Jess Franco (tenía que salir) filmó Las orgías inconfesables de Emmanuelle en 1982. Y con la llegada del cine porno en vhs y dvd la cosa se disparó, abundando los filmes ya totalmente explícitos como Emmanuelle Pie (lo juramos), Emmanuelle in Paradise y Emmanuelle in Wonderland. Ahora bien: no busquéis Emmanuelle negra en el valle de los zombies, porque ese filme sólo existe en la discografía de los Ciudad Jardín.

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