11 cosas que pueden pasar si te encuentras con Bill Murray

Desde ponerte fino a tequilas a cantar en un karaoke: los 'fans' que se cruzan con el actor de 'St. Vincent' acaban viviendo peripecias inesperadas.

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10 de diciembre de 2014

Es uno de los mejores actores de la historia del cine. Es uno de los cómicos más ilustres que ha dado la factoría Saturday Night Live (y eso es decir muchísimo). Y también es una fábrica inagotable de anécdotas y leyendas urbanas. ¿De quién hablamos? Pues de quién va a ser: de Bill Murray. El intérprete de Illinois ha protagonizado tantas historias delirantes (pero verosímiles) que existe al menos un blog dedicado a recoger sus andanzas. En estos relatos, muchos de ellos contrastados y con pruebas gráficas, Murray desmiente esa fama de borde que suele acompañarle en sus encuentros con la prensa, dejándonos a cambio con la duda de si se trata de un verdadero genio, de un loco de atar o de ambas cosas. Y, como recibir una película suya en la cartelera siempre es un placer, nosotros hemos recopilado esta antología de 10 cosas que pueden pasarte si te cruzas con Bill Murray.

Bill Murray te acompaña a una fiesta (y te friega los platos)

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Ocurrió en… St. Andrew’s (Escocia), 2006

La historia: Lykke Skavnef, un estudiante noruego de Antropología, se llevó una impresión de órdago al encontrarse con Murray en un bar del pueblo escocés de St. Andrew’s. Resulta que el actor había acudido a la patria del golf para participar en un torneo de aficionados y, una vez acabado el encuentro, se estaba aburriendo como una ostra. Tras trabar conversación con Bill, Skavnef (quien, a su vez, se hallaba en la localidad por motivos académicos) tuvo la genial idea de informarle de que esa noche se celebraba una fiesta en la casa de unos condiscípulos. A resultas de dicha información, el estudiante acabó marcándose el tanto de su vida: Murray no sólo le acompañó al sarao, donde se puso fino a beber vodka, sino que cuando éste hubo terminado insistió en quedarse para ayudar a fregar los cacharros. Según comentó uno de los asistentes, el hecho de que la fiesta en cuestión estuviese llena de “espectaculares rubias escandinavas” pudo tener algo que ver en esa actitud tan caballerosa, pero eso no es óbice para reconocer que el astro se comportó como un señor.

Bill Murray va a una biblioteca en obras (y lee poesía)

Ocurrió en… Nueva York, 201o

La historia: Hombre de vasta cultura y ambiciones intelectuales (no en vano se pasó un año asistiendo a cursos de Filosofía en la Sorbona), Bill Murray tiene en mucha estima a Poet’s House: esta institución neoyorquina, inaugurada en 1985, contiene una de las bibliotecas más grandes de EE UU, además de un archivo con documentos personales de grandes poetas, y suele prestar sus instalaciones para seminarios, presentaciones de libros y mesas redondas. Así pues, cuando la sede de Poet’s House precisó unas reformas allá por 2010, Murray se sintió obligado a echar una mano, pero de forma más bien poco esperable. Luciendo el preceptivo casco de seguridad, Murray se plantó en las obras durante la hora del bocadillo, con la intención de leerles sus poemas favoritos a los albañiles que trabajaban allí. Tras soltarles su parrafada a los obreros, y de agradecerles su labor, Bill les animó a presentarse a sí mismos frente a la cámara. Puedes verlo en el vídeo de arriba.

Bill Murray descubre que hay algo mejor que un autógrafo (y a cámara lenta)

Ocurrió en… Un aeropuerto de EE UU, 2011

Un buen día, el montador y director de cortometrajes David Walton Smith y unos amigos suyos se toparon con Bill Murray en un aeropuerto. Y eso les causó un problema: por una parte los chicos estaban deseando llevarse a casa una prueba del encuentro, pero por otra sabían que Murray detesta firmar autógrafos. Dicha disyuntiva acabó llevándoles a una idea genial, porque en lugar de pedirle al actor una firma en un pedazo de papel, Walton Smith y sus acompañantes le pidieron que se dejase filmar caminando junto a ellos, prometiéndole que el metraje sería exhibido a cámara lenta. El resultado, un microcorto de 57 segundos titulado Les Cinéastes, es a la vez un estupendo tributo al estilo de Wes Anderson y una prueba de que Murray puede convertir cualquier imagen en un monumento a lo cool.

Bill Murray te atiende en un bar (y te sirve tequila)

Bill Murray Bartending at SXSW 2010 from Erica Hoerl on Vimeo.

Ocurrió en… El bar Shangri-La de Austin (Texas), 2010

Durante la edición 2010 del festival South By Southwest, Bill Murray acabó yéndose de fiesta con sus amigos RZA GZA, raperos del grupo Wu-Tang Clan con los que había trabajado en la película Coffee and Cigarettes (2003). Avanzada la noche, y ya en ese estado vital que un español calificaría de ‘como Las Grecas’, el trío acaba recalando en un garito llamado Shangri-La, el cual se encuentra a rebosar de gente. Entonces es cuando ocurre lo inesperado: sin comerlo ni beberlo, Bill Murray se pone detrás de la barra, e insiste en servirle él las copas al personal. Por las razones que fueran, eso sí, Murray se negó a atender las comandas, dedicándose a escanciar un chupito de tequila tras otro, le pidieran lo que le pidieran. Aunque la potente bebida mexicana no sea lo tuyo, estamos seguros de que tú hubieras correspondido al honor ventilándote el tapón de un sólo trago.

Bill Murray arruina una foto con tu novia (y después posa con vosotros)

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Ocurrió en… Charleston (Carolina del Sur), 2014

Para Raheel Gauba, una fotógrafa de bodas que trabaja en Carolina del Sur, el 11 de junio de este año empezó siendo un día de lo más normal. Pero las cosas se le torcieron un poco mientras retrataba a Ashley Donald Erik Rogers, una pareja de novios que le habían encargado unos retratos en el casco antiguo de Charleston. En lugar de estarse quietos y poner cara de tórtolos, Ashley y Erik no paraban de reírse, y así no había quien les echara una foto romántica en condiciones. ¿A qué tanta hilaridad? Pues a que, justo en ese momento, Bill Murray se había situado silenciosamente junto a la fotógrafa: de acuerdo con el testimonio de Raheel, el actor se hallaba “con la camisa abierta, y dándose palmas en la barriga”. Pasado el primer sofoco, los novios invitaron a Bill a que posara junto a ellos en la instantánea, algo a lo que éste accedió. “Después, les felicitó y siguió con su camino”, concluye el relato posteado por Raheel Gauba en su web.

Bill Murray juega contigo al kickball (sin avisar)

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Ocurrió en… Isla Roosevelt (Nueva York), 2012

Aunque el deporte que más le apasiona es, como todos sabemos, el golf, sabemos que Bill Murray tampoco le hace ascos al kickball, un juego estadounidense que combina las mecánicas del béisbol y las del fútbol europeo. En otoño de 2012, sin ir más lejos, un grupo de amigos que jugaba en un parque de Roosevelt Island se quedó pasmado al ver cómo el actor se colaba en su partidillo de kickball sin avisar: por lo visto, el actor estaba dando un paseo acompañado de sus hijos, y al presenciar la pachanguita sintió ganas de desahogar sus músculos. Tras el ejercicio, en el cual por lo visto se desenvolvió muy bien, Murray charló un rato con los participantes y posó junto a ellos en la foto que puedes ver arriba.

Bill Murray se cuela en tu despedida de soltero (y suelta un discurso)

Ocurrió en… Charleston (Carolina del Sur), 2014

De la misma manera que ciertos lugares del mundo son propicios para los encuentros en la Tercera Fase, Charleston parece la ciudad más propicia para tropezarse con Bill Murray. Tras haberte puesto al día del talento del actor para el photobombing, ahora nos toca contarte la historia de tres universitarios que habían acudido a esta ciudad sureña para una despedida de soltero. Durante la cena previa al sarao, los chicos descubren que Bill está sentado a la mesa en el mismo local, y deciden invitarle a una copa, para encontrarse con que el actor la rechaza. Sin desanimarse, vuelven a acercarse a él para proponerle que les acompañe a la despedida y salude al futuro esposo. Bill les responde con una segunda negativa. Desanimados, los jóvenes abandonan el local, entran en la casa donde se celebra la fiesta, y… “Dos minutos después, llaman a la puerta, y vemos al puto Bill Murray entrando en el salón”. Ante los pasmados asistentes, Bill Murray le dio al novio un consejo algo peculiar: “Si has encontrado a alguien que piensas que es el amor de tu vida, toma a esa persona y viaja con ella por el mundo. Ve a lugares a los que es difícil llegar, y de los que es aún más difícil salir. Y si, cuando estés de vuelta en el JFK [el aeropuerto Kennedy de Nueva York], sigues estando enamorado de esa persona… entonces cásate”. Ignoramos si el homenajeado (que, para más señas, atendía por las iniciales E. J.) le hizo caso, pero hay que reconocer que la advertencia tiene su miga.

Bill Murray se cuela en tu karaoke (y canta una de Elvis)

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Ocurrió en… Nueva York, 2011

Esta es una de las anécdotas más conocidas de Bill Murray, sobre todo por lo similar que resulta a una de las mejores escenas de Lost In Translation. Y también, para qué nos vamos a engañar, es una de las mejores: unos amigos que habían acudido a echar unos cantecitos en un karaoke de Nueva York se encontraron con que Murray también estaba en el garito, invitándole a unirse a ellos. Fiel a su costumbre, el actor se hizo de rogar, pero finalmente acabó incorporándose a la fiesta. Y de forma memorable, además: según los protagonistas de la historia, Bill pasó cuatro horas con ellos, invitándoles a chupitos de “una misteriosa bebida verde”, contando chistes y cantando sin parar. Según el relato, Murray cosechó grandes aplausos con su interpretación de (Marie’s the Name) His Latest Flame, una canción popularizada por Elvis Presley. Suponemos que sus acompañantes agradecerían que no le diera por el repertorio de Roxy Music, aunque también habría sido bonito…

Bill Murray se disculpa (ante una donna molto pericolosa)

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Ocurrió en… Nueva York, mediados de los 90

La presente anécdota, relatada por los periodistas George Rush y Joanna Molloy, se sale de los parámetros de este informe, pero es tan extremadamente disparatada que no nos resistimos a incluirla. Un día de invierno, mientras hace las compras de navidad, una señora acompañada de sus dos hijos se encuentra con Bill Murray en unos grandes almacenes de Nueva York. Ante la insistencia de los chavales, la mujer se acerca al actor y le pregunta, educadamente, si accedería a hacerse una foto con ellos. “¡No!”, responde Bill, dejándola con la palabra en la boca. Tras salir de la tienda, y ya a bordo de su coche, la señora oye un “toc, toc” en una de las ventanillas: se trata de un Murray que, con rostro compungido, viene a pedirle perdón. “Lo siento mucho”, explica el intérprete, “acabo de tener una pelea familiar. ¿Me permite que les invite a cenar a usted y a sus hijos?”. Ella accede, y Bill les lleva al Tribeca Grill, el restaurante de su amigo Robert De Niro. Tras la cena, Murray repite sus disculpas, y su invitada responde jocosamente: “Creo que le perdonaré la vida”. Poco después, según Rush y Molloy, Murray descubrió que esas palabras iban más en serio de lo que parecía: la mujer en cuestión era Joanne Persico, la esposa del capo mafioso Michael Persico. 

Bill Murray se come tus patatas fritas (o eso dicen…)

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Ocurrió en… Multitud de lugares, a lo largo de muchos años

De todas las historias asociadas al nombre de Bill Murray, esta es sin duda la más mosqueante, tanto porque tiene todos los visos de ser una leyenda urbana como porque podría ser verdad. Salvo matices, el cuento siempre es el mismo: un honrado ciudadano está almorzando en una hamburguesería, cuando de repente descubre que alguien le está metiendo mano a su ración de patatas fritas. Ese “alguien” es un Bill Murray que comenta con sorna “Si cuentas esto, nadie va a creerte”, antes de meterse las chips en la boca y marcharse con tranquilidad. ¿Suena a tontería? Pues seguramente lo sea. Pero la anécdota, relatada no por una, sino por varias fuentes, circula desde hace décadas… y el propio Bill no tiene ninguna intención de desmentirla. En 2010, cuando un reportero de la revista GQ le preguntó sobre el particular, Murray respondió: “Lo sé, lo sé. Esa historia la cuenta mucha gente. Y yo no sé qué decir, aunque debe haber una respuesta perfecta. [Murray sonríe de oreja a oreja] Pero, ¿verdad que suena como una locura? Es tan loco, tan imprevisto, tan poco corriente…”. 

Bill Murray tira tu teléfono móvil desde la azotea

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Ocurrió en… la localidad californiana de Carmel en febrero de 2016

Bill Murray sólo estaba pasando el rato en la azotea del Vesubio, que así se llama el bar donde todo ocurrió, un lugar donde varios famosos se reúnen después de participar en un torneo de golf, el deporte favorito de Murray. Justo ese día había una fiesta de tequila y los anfitriones eran el actor de Lost in Translation y Justin Timberlake. Unos fans entraron y le reconocieron para acto seguido fotografiarle con sus teléfonos móviles. Los flashes molestaron al actor que decidió agarrar los dispositivos y lanzarlos por la azotea. Bueno, un ataque de ira lo tiene cualquiera, eso sí, Murray se ha ofrecido a pagar el importe de los teléfonos.

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