10 películas horribles con bandas sonoras espléndidas

Dolor para las retinas, placer para los oídos: aunque estas películas no valgan la pena, su música se merece un lugar en cualquier 'playlist' exigente.

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10 de enero de 2020

Por muchos matices que el público y los críticos queramos aplicar al juzgarlas, a veces la realidad obliga a ser maximalista: cuando una película es mala, es mala y no hay más que hablar. ¿O sí? Pues, a veces, ese es el caso. Porque, aunque las imágenes de un filme sean una tortura para las retinas y el cerebro, a veces sus bandas sonoras las superan hasta tal punto que compensan la experiencia… o, al menos, se ganan un lugar en cualquier playlist exigente. Aquí tienes unos cuantos ejemplos.

El expreso de medianoche (Alan Parker, 1978)

La película: El guion de Oliver Stone se llevó el Oscar, y la crudeza de sus imágenes impactaron al mundo entero. Pero ahora esta adaptación de las memorias presidiarias de Bill Hayes resulta un triunfo del estilo (artificioso) sobre la sustancia, amén de la segunda mayor inspiración de chistes sobre cárceles turcas después de Aterriza como puedas. 

La banda sonora: A finales de los 70 y principios de los 80, el nombre de Giorgio Moroder suponía una garantía de calidad capaz de consagrar películas, si eran buenas, y de redimirlas, si eran lo contrario. Con la legendaria Chase como tema estrella, esta BSO no solo se llevó el Oscar, sino que también (y más importante) supuso una influencia capital en la evolución de la música disco hacia el house y el techno.

Under the Cherry Moon (Prince, Michael Balhaus, 1986)

La película: Tras despedir a la directora Mary Lambert en pleno rodaje, Prince se lió la manta a la cabeza y decidió ponerse delante y detrás de la cámara para su segundo filme como protagonista. Si has visto Purple Rain, sabrás que el talento dramático del multiinstrumentista no era nada del otro jueves. Y si has tenido la desgracia de ver esta película, sabrás que esa poca maña interpretativa se queda en nada al lado de su ineptitud como cineasta.

La banda sonora: Como actor y como director, Prince no valía un pimiento. Pero una cosa es aceptar esa verdad y otra bien distinta negar que el músico de Minneapolis y su banda The Revolution se hallaban en estado de gracia cuando grabaron esta BSO. Editado con el título de Parade (lo cual ha contribuido piadosamente al olvido del filme), el álbum contiene perlas como Kiss, Girls & Boys y esa Sometimes it Snows in April que tantos recordamos cuando el músico pasó a mejor vida.

Star Wars Episodio I: La amenaza fantasma (George Lucas, 1999)

La película: Aunque hoy en día se las reivindique, las precuelas de Star Wars presentan defectos que solo el fan más encarnizado podría negar. En su día, muchos warsies salieron de esta película con una dolorosa decepción a cuestas, ignorando que el verdadero cataclismo (es decir, El ataque de los clones) estaba a la vuelta de la esquina.

La banda sonora: En tres palabras: “Duel of the Fates”. Más ampuloso que nunca, John Williams echó el resto en lo que a coros y orquesta se refiere para ambientar el duelo entre Obi-Wan Kenobi, Qui-Gon Jinn Darth Maul. Hasta los más acérrimos detractores de las precuelas admiten que este temazo es lo más de lo más en lo que a música galáctica se refiere, y el resto de la BSO no le va a la zaga.

Tron Legacy (Joseph Kosinski, 2010)

La película: Pese a la espectacularidad de sus imágenes digitales, y pese a Jeff Bridges, la primera Tron resultó un fiasco debido a un guion sin ritmo alguno. Cuando se estrenó su secuela, algunos pensábamos que ese problema quedaría corregido… pero nos encontramos con algo casi peor, según se mire.

La banda sonora: Al igual que en el caso del filme original, Tron Legacy tuvo su redención en la música: en lugar de las orquestaciones sintéticas de Wendy Carlos que atronaban en el filme de 1982, aquí tuvimos los beats subidamente macarras de unos Daft Punk que incluso se permitieron un cameo (enmascarado, claro).

Judgment Night (Stephen Hopkins, 1993)

La película: ¿No te suena de nada el título de Judgment Night? Normal: hablamos de uno más de esos thrillers que surgieron como setas en los 90 a la cola del éxito de Reservoir Dogs, con Emilio Estévez, Cuba Gooding Jr. Stephen Dorff huyendo de las iras de un mafioso.

La banda sonora: Aunque la película apenas llamase la atención, la BSO de Judgment Night sí que supuso una pequeña conmoción en su día. ¿Por qué? Pues porque sus productores tuvieron la idea de convertirla en el primer crossover a gran escala entre grupos de hip-hop y estrellas del rock alternativo. Quién iba a pensar que la cohabitación de De La Soul con Teenage Fanclub, o la de Sonic Youth con Cypress Hill, sonarían tan bien.

Eragon (Stefen Fangmeier, 2006)

La película: Aunque estuviesen al filo del bodrio (no decimos de qué lado), las novelas de Christopher Paolini supusieron una iniciación a la fantasía para muchos lectores jóvenes a principios de este siglo. Su adaptación al cine se ganó con justicia la calificación de truño irredimible, por mucho que Jeremy Irons John Malkovich se apuntaran a su reparto para pagarse las habichuelas.

La banda sonora: Será por su mala suerte o porque no sabe decir que no a un encargo, pero el caso es que la especialidad de Patrick Doyle es aportar su maravilloso talento melódico a películas desastrosas (sobre todo si las dirige Kenneth Branagh). Así pues, la BSO de Eragon está llena de temas que vuelan mucho más alto que sus dragones.

Xanadú (Robert Greenwald, 1980)

La película: Presencia inevitable en las listas de peores filmes de la historia, Xanadú podría haber sido un delirio kitsch mezclando musical clásico, patinaje, mitología y música disco, con Olivia Newton-John Gene Kelly como cabezas del reparto. Pero se quedó en aburrida sin más, y fue un mastodóntico fracaso de taquilla.

La banda sonora: Aunque Xanadú (la película) haya caído en el olvido, Xanadú (la canción) sigue sonando sin descanso en fiestas y discotecas con noche retro. Algo muy comprensible, porque si mezclas los poderes vocales de la Newton-John y las instrumentaciones de una Electric Light Orchestra hasta arriba de brilli brilli, el resultado no puede ser menos que divino.

La rebelión de las máquinas (Stephen King, 1986)

La película: Al igual que Prince, Stephen King es un caso innegable de “si no sabes dirigir, ¿pa’ qué te metes?”. La única película firmada por el escritor de Maine es un desastre de antología, propulsado (según confesión de su autor) por toneladas de barbitúricos y cocaína.

La banda sonora: Además de un cineasta lamentable, Stephen King es un rockero de pro con muchos contactos en el mundo de los guitarrazos. De modo que, para ambientar su película, se agenció los servicios de AC/DC, nada menos. Los titanes australianos hicieron lo que mejor se les da, llenando La rebelión de las máquinas con riffs tan básicos como el argumento del filme… pero mucho más efectivos.

Oblivion (J. Kosinski, 2013)

La película: Resulta que ha habido una invasión alienígena y la Tierra se ha quedado vacía salvo por Tom Cruise. Y por Olga Kurylenko. Y por Morgan Freeman. Y por… en fin, disculpadnos si no seguimos con la lista, pero a la hora de película (o así) dejamos de prestar atención.

La banda sonora: Al igual que en el caso de Tron Legacy, Joseph Kosinski demuestra aquí su doble especialidad: rodar películas sin fuste, y encargar para ellas bandas sonoras electrónicas mucho más estimulantes que sus imágenes. Aquí son M83 quienes entregan partituras de subidón como Supercell Jack’s Dream.

Magical Mystery Tour (John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr, 1967)

La película: Efectivamente, ni siquiera The Beatles se libran de aparecer aquí. Este especial televisivo, dirigido por los cuatro miembros del grupo, fue realizado sin guion… y vaya que si se nota. Aunque algunos de sus gags funcionen (el momento de Lennon con los espaguetis se adelanta un par de décadas a los Monty Python de El sentido de la vida), el conjunto es un mayúsculo despropósito.

La banda sonora: Tratándose de los ‘Fab Four’, nunca hay una paletada de cal sin otra de arena. Así pues, aunque Magical Mystery Tour no dé el pego en la pantalla, su banda sonora (que incluye temazos como I Am The Walrus, Blue Jay Way y el instrumental Flying) es uno de los mejores discos del cuarteto, completado en su cara B con los estupendos singles que el grupo había lanzado antes y después de Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Ahí queda eso.

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