10 películas con embarazos de alto riesgo

¿Hay algo peor que una jueza llevando al hijo de un asesino? Pues sí: en comparación con estos casos, el bombo de '9 meses... de condena' resulta casi normal. Por YAGO GARCÍA

10 de abril de 2014

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  • Entendemos que es un aprieto. Y uno bien gordo, además: cuando una es una mujer entregada a su oficio, un embarazo inesperado puede caer como el proverbial jarro de agua fría. Ahora bien, si la susodicha es una jueza, y el responsable del bombo un delincuente en busca y captura, la cosa pasa de lo trágico al puro y duro recochineo. Esa es la premisa a la que se enfrentan Sandrine Kiberlain y Albert Dupontel en Nueve meses de condena, una comedia con mala leche que se estrena esta semana aquí tras triunfar en Francia por todo lo alto (incluyendo dos premios César). Nosotros no sabemos cómo le irá al filme en nuestro país (ya se sabe que, a veces, la risa acaba en los Pirineos), pero sí tenemos claro que, en lo que a embarazos de cine se refiere, el que nos presenta esta película es de los menos complicados. ¿Quieres pruebas? Pues aquí las tienes.

    La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968)

    La madre: Mia Farrow, muy atribulada, pero también muy favorecida por ese corte de pelo.

    El padre: En teoría, John Cassavetes. En la práctica, un señor con cuernos y rabo.

    El embarazo en sí: Dado que el título en castellano de este filme constituye por sí solo un enorme SPOILER, no creemos chafarle el aquelarre a nadie si vamos al meollo: el bombo ostentado por la Farrow es el fruto de una cópula alucinógena con el mismísimo Satán. De ahí que toda la película sea un festín de paranoia en el que cualquier personaje (desde esos vecinos tan simpáticos al ginecólogo, pasando por el marido de la protagonista) puede estar conchavado con el Maligno y sus adoradores. 

    Junior (Ivan Reitman, 1994)

    La madre: En el sentido biológico, Emma Thompson. Ahora bien, esto admite matices…

    El padre: Diríamos que Arnold Schwarzenegger, pero también es cuestionable.

    El embarazo en sí: Aunque Junior diste de ser su mejor trabajo, Ivan Reitman le plantó aquí un buen órdago a los roles de género con la ayuda del guionista Kevin Wade (Armas de mujer). Porque, vale, aquí la Thompson es la que pone el óvulo, pero quien carga con el paquete (a semejanza de los caballitos de mar) es un ‘Arnie’ dispuesto a darlo todo en nombre de la ciencia. Una premisa que, avisamos, ya había aparecido en No te puedes fiar ni de la cigueña (1973, con Marcello Mastroianni y Catherine Deneuve) y la española El insólito embarazo de los Martínez (1974), con el mismísimo José Sazatornil en funciones de varón gestante.

    La saga Crepúsculo: Amanecer (Bill Condon, 2011-2012)

    La madre: Tras dos filmes aguantándose las ganas, Kristen Stewart descubre que eso de intimar con un vampiro tiene sus riesgos.

    El padre: Robert Pattinson, extremadamente necesitado de unos cursillos de paternidad para chupasangres.

    El embarazo en sí: Como sabemos, la noche de bodas de Bella y Edward, así como la subsiguiente concepción, fue uno de los acontecimientos más esperados del cine reciente. Ahora bien, la actitud del clan Cullen ante este embarazo humano-vampírico acabó siendo de juzgado de guardia: en lugar de documentarse leyendo antiguos grimorios (encuadernados en piel humana, a ser posible), la familia se dedica a buscar información en Google. Y, claro, así no hay quien atienda un parto sobrenatural en condiciones.

    Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006)

    La madre: Kee (Claire-Hope Ashitey), prostituta africana y adolescente con un sentido del humor muy puñetero.

    El padre: Dadas las circunstancias, eso es lo que menos nos importa…

    El embarazo en sí: ¿Puede depender el futuro de la humanidad de una ‘sin papeles’ embarazada? En esta historia, el futuro director de Gravity se las apaña muy bien para convencernos de que sí: en el mundo de Hijos de los hombres no nacen niños desde hace casi 20 años, con lo que Clive Owen asume el papelón de custodiar a la chica entre formidables planos secuencia, secundarios de lujo (Julianne Moore, un Michael Caine encantador y un Chiwetel Ejiofor en funciones de villano) y escenas de violencia inquietantemente plausibles.

    ¡La que hemos armado! (John G. Avildsen, 1988)

    La madre: Pues nada menos que Molly Ringwald, la que fuera musa de John Hughes y del cine teen de los 80 en general.

    El padre: Un tal Randall Batinkoff. Tal vez le recuerdes por su papel como secundario en Kick-Ass…

    El embarazo en sí: Comparado con otros apocalipsis gestatorios de este informe, el argumento de ¡La que hemos armado! resulta más bien normalito: al fin y al cabo, el tema del embarazo adolescente no le resulta ajeno al cine. Ahora bien, el shock de ver a la Ringwald con un bombo preuniversitario no bastase para ponernos los pelos como escarpias. Y el argumento de la peli (con la parejita protagonista insistiendo en quedarse el bebé, cual Madonna en Papa Don’t Preach) resultaría polémico aun a día de hoy. ¿O es que hace falta recordar los casos de Juno y Lío embarazoso?

    Cromosoma 3 (David Cronenberg, 1979)

    La madre: La británica Samantha Eggar (El coleccionista), afrontando el papel más excesivo de su carrera.

    El padre: Esto… Será mejor que sigas leyendo.

    El embarazo en sí: Allá por 1979, David Cronenberg acababa de divorciarse de Margaret Hindson, su primera esposa y madre de su hija Cassandra, tras unas negociaciones muy largas y muy dolorosas. ¿Cuál era la mejor manera de desquitarse? Pues, tratándose del director canadiense, estaba claro: inspirarse en su ex para crear el personaje de Nola Carveth, una señora que da a luz niños clónicos, monstruosos y sin ombligo concebidos, además, en vainas surgidas de su abdomen. Quienes gustan de acusar a Cronenberg de misógino tienen un argumento de lujo en esta película.

    Adiós, cigüeña, adiós (Manuel Summers, 1971)

    La madre: Paloma (María Isabel Álvarez), una chica de 13 años. 

    El padre: Arturo (Francisco Vila), un chaval de 15 años.

    El embarazo en sí: Antes de que nadie pregunte: no, las edades citadas en los epígrafes de arriba no son erratas. Algo todavía más inquietante si te fijas en la fecha de la película y constatas que esta fue producida y estrenada en pleno franquismo. ¿Donde estaba el truco? Pues en que Summers, sacándole partido a su faceta de presunto provocador, enfocó la historia desde un punto de vista tan, pero tan cargado de moralina que ésta podría pasar hoy por propaganda del Foro de la Familia. Tal vez por ello, el éxito del filme fue histórico, llegando incluso a generar una secuela (El niño es nuestro) al año siguiente.

    Fargo (Joel y Ethan Coen, 1996)

    La madre: Marge Gunderson (Frances McDormand), cumplidora y pacienzuda sheriff con mucho ojo para las deducciones.

    El padre: John Gunderson (John Carroll Lynch), pacífico y orondo pintor de sellos.

    El embarazo en sí: Dado que sus dos progenitores gozan de empleos estables, y parecen buena gente por lo demás, estamos seguros de que el primogénito (o la primogénita) de los Gunderson tendrá una infancia muy feliz en su pueblecito de Dakota del Norte. Ahora bien: no queremos ni imaginarnos la cara que pondrá la sheriff cuando el retoño le pregunte qué hacía ella durante el embarazo. Explicarle el asunto con pelos y señales (“Pues mira, cariño, mamá estaba arrestando a un señor que había metido a otro señor en una trituradora para maderas”) nos parece poco aconsejable, la verdad.

    Pesadilla en Elm Street 5 (Stephen Hopkins, 1989)

    La madre: Alice (Lisa Wilcox), protagonista de la anterior entrega.

    El padre: En principio se supone que es Dan (Danny Hassel), otro superviviente de Pesadilla en Elm Street 4. Ahora bien, aquí también hay que puntualizar…

    El embarazo en sí: Para muchas mujeres (y más de un novio o marido) la idea de un positivo en un test de embarazo es ya de por sí pesadillesca. Pero lo de esta película rompe los esquemas, como es natural. Por si no bastase con un prólogo que nos muestra la concepción de Freddy Krueger (una pista: lo de “hijo de cien maníacos” iba en serio), aquí nos encontramos con una heroína embarazada de penalti que, para colmo, lleva todos los números para ser la nueva madre (reencarnación mediante) del asesino onírico. ¿Puede funcionar un slasher como propaganda de las virtudes del sexo seguro? Tras ver esta película, está claro que sí.

    Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979)

    La madre, o el padre (o ambos): Pues quién va a ser: Kane (John Hurt), en una escena que todavía hoy nos da pesadillas.

    El embarazo en sí: Sabemos que ser xenófobos (o xenomórfobos, en este caso) está mal, y que no somos quienes para cuestionar las formas de reproducción de las especies alienígenas. Ahora bien: los engendros creados por Scott, Dan O’Bannon (guionista) y el dibujante H. R. Giger tienen una forma bastante desagradable de diseminar a sus pequeños por el espacio sideral. Si la Noomi Rapace de Prometheus podía librarse del trance con una cesárea, el pobre John Hurt (y sus compañeros) descubrían aquí el significado de la palabra “revientapechos”.

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