10 momentos por los que siempre recordaremos a Terry Jones

Su militancia en la formación humorística de Monty Python dejó una buena ristra de momentos (y ataques de risa) inolvidables.

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22 de enero de 2020

Según podemos leer en The Python Years, diario escritos por Michael Palin entre 1969 y 1979, uno de los primeros sketches que grabó Monty Python tras su contrato con la BBC tenía como protagonista a Terry Jones vestido como la reina Victoria. Meses después Monty Python’s Flying Circus debutaba con gran éxito en la televisión británica y Jones podría especializarse en un tipo de actuación cómica similar a aquel registrado inicialmente por Palin.

En efecto, lo primero que nos viene a la cabeza hablando de Terry Jones es su afición a disfrazarse de mujer, y en concreto de señoras respondonas y con muy malas pulgas. Pero su rol dentro de los Monty Python era mucho más importante de lo que parecía. La dupla que estableció con Palin fue muy fructífera en términos de gags y parodias sucesivamente más venenosas, y Jones fue quien acabó dirigiendo las tres películas del inmortal equipo cómico: dos de ellas (Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores y El sentido de la vida) en compañía de Terry Gilliam, y La vida de Brian en solitario.

Hoy nos hemos enterado del fallecimiento de Jones cinco años después de que fuera diagnosticado por una afasia primaria progresiva, y en homenaje a él hemos querido recordar sus momentos más descacharrantes delante de las cámaras.

Por contarnos el chiste más gracioso del mundo

Uno de los sketches más recordados de los Monty Python se remonta a los inicios de su carrera en la BBC, habiendo este alcanzado tanta fama que tuvo un par de versiones a posteriori. El planteamiento de The Funniest Joke in the World es sencillo: un escritor consigue dar con el chiste más gracioso del mundo, que segundos después de escribirlo le produce tal ataque de risa que fallece.

El ejército británico se entera de la existencia de este chiste y decide utilizarlo como arma de guerra, una vez lo prueba en uno de sus soldados (interpretado por Jones, ideólogo del sketch junto a Michael Palin) y desencadena un asesinato igualmente hilarante. A día de hoy seguimos sin saber en qué consiste este chiste, pero al menos podemos revisitar esta obra maestra de forma periódica.

Por ser el primero en deconstruir a los superhéroes 

Jones y Palin se conocieron mientras trabajaban en Oxford y rápidamente se especializaron en un tipo muy concreto de sketches: aquellos que se generaban a partir de una ligera disonancia en el mundo real cuyas consecuencias, más allá de la estrambótica génesis, obedecían a algo parecido a la lógica. Bicycle Repair Man, en ese sentido, es una pieza ejemplar e incluso visionaria.

El número se ambienta en una realidad alternativa habitada por superhéroes (o supermanes, para ser exactos) entre los cuales vemos a uno encarnado por Jones. La gracia viene de que, en un mundo donde lo extraordinario es la norma, el único habitante que puede permitirse destacar es alguien normal y corriente como, por ejemplo, un mecánico especializado en bicicletas que se revela como el auténtico héroe. Ni a Alan Moore se le habría ocurrido algo así.

Por presentarnos al neurocirujano que quería ser su propio jefe

En efecto, el chiste del loro. Posiblemente el número más célebre de los Monty Python, y sin duda uno de los que con más intensidad se han infiltrado en la cultura popular. El sketch, no obstante, no fue escrito por la dupla Palin/Jones sino por John Cleese y Graham Chapman, y la influencia que acabó acaparando (apareciendo incluso en una intervención de Margaret Thatcher) atormentó bastante al artista en los siguientes años.

¿Por qué traemos a colación un sketch que no fue escrito por Jones y cuyos protagonistas eran Cleese y Palin? Básicamente, porque entre toda la mezquindad que invade The Dead Parrot Sketch, donde un cliente trata de devolver un loro muerto a la tienda de animales, destaca de forma luminosa la presencia de Jones, que interpreta al funcionario de una estación que afirma ser neurocirujano, pero que ahora está trabajando ahí porque quiere ser su propio jefe.

Por ser una de las Abuelas del Infierno

Tal y como recoge Julio Tovar en su recopilación de greatest hits de la formación británica, a principios de los 70 era habitual que los reporteros de la BBC salieran a la calle tratando de registrar ciertos movimientos de aura vagamente contracultural. El más famoso de todos ellos fue el que encontraba como representantes a la banda de moteros que se hacía llamar los Ángeles del Infierno.

Este tipo de piezas es la gran inspiración para Hell’s Grannies, un memorable falso-documental (o algo así) en el que conocemos a una banda de adorables ancianitas que aterroriza a los londinenses con todo tipo de actos vandálicos. Una de ellas, por supuesto, tenía los rasgos de Jones, aunque el sketch apenas le dejaba espacio para ensayar voces chillonas.

Por no saber qué se hace con las brujas

Y Monty Python dio el salto al cine. En Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores Jones no sólo se ponía tras la cámara y escribía el guión (o lo que fuera el amasijo de chistes del que saliera todo), sino que encarnó junto al resto del equipo a varios personajes. Uno de los más recordados, quizá, sea el caballero Sir Belvedere, poseedor de una verborrea por otro lado bastante inhabitual en los papeles del cómico.

La escena en la que aparecía contiene algunas de las líneas de diálogo más recordados de los Monty Python, y consiste básicamente en una larga charla mantenida por Jones y un grupo de lugareños empeñados en quemar a una mujer por bruja. Sir Belvedere trata de hallar los motivos por los que quieren hacerlo a través de una serie de preguntas sucesivamente más filosóficas, siendo interrumpido por la llegada del rey Arturo (Chapman).

Por engendrar al Mesías

En La vida de Brian Jones también tenía varios papeles, pero sin duda el más carismático era el de Mandy, la madre de Brian (interpretado por Chapman). Esta señora no se achantaba ante nada y tenía una escena de presentación de lo más icónica cuando los Reyes Magos acudían a ver a su hijo recién nacido con el propósito de adorarlo, y Mandy los echaba de malas maneras.

En otra escena del film, que es la que enlazamos (pero nos habría valido cualquiera), la madre del protagonista se enfrenta a un grupo de fanáticos que sigue a Brian donde quiera que va, habiéndolo identificado como su Mesías. “No es un Mesías, es un niño muy malo”, replica Mandy. Tras permitir que su hijo se asome brevemente por la ventana es preguntada por la turba si es “virgen”, y la conversación termina de forma súbita.

Por el voto de silencio que Brian le hizo incumplir

Otro genial personaje que Jones se reservó para sí en La vida de Brian era el del viejo ermitaño, que en la inmortal comedia protagoniza una de las historias más trágicas a la vez que humorísticas. El viejo ermitaño vive en el desierto y lleva 18 años manteniendo el voto de silencio, pero este es bruscamente roto cuando se topa con Brian, que le aplasta los pies y provoca que se le escape un grito.

El ermitaño se enfurece por esos 18 años desperdiciados, pero una vez rompe su silencio empieza a cantar alegremente… hasta que se topa con los fans de Brian que le sigue por todas partes, y una vez trata de atacar al presunto Mesías es linchado sin piedad por toda esa gente. Jones, por cierto, se pasa durante toda esta escena prácticamente desnudo y obsesionado con un enebro que también Brian parece haber echado a perder.

Por descubrir el sentido de la vida

El recuerdo de los Monty Python no sería lo mismo sin sus canciones, y aunque la que nos venga de forma inevitable a la cabeza sea el Always look on the bright side of life con el que finalizaba La vida de Brian, la tercera película de la formación tiene otro temazo igual de pegadizo y existencialista. Y, ya que aparece en un film titulado El sentido de la vida, su letra se preocupa de relativizar las preocupaciones de los seres humanos.

La canción, Galaxy Song, es cantada nuevamente por Eric Idle, siendo Jones la atribulada señora Brown que acompaña a Idle por un paseo a través de las estrellas mientras descubre que su vida es absolutamente insignificante comparada con la grandeza del universo, y que por eso mismo tampoco se tendría que tomar todo tan en serio. Los Monty Python, a su manera, también eran los reyes del coaching.

Por recordarnos que cada espermatozoide es sagrado

El sentido de la vida es la película de los Python con mayores ambiciones filosóficas, y una que es consciente de que no hay mejor forma de ilustrar al espectador en verdades complejas que con una buena canción. Así, además de la citada Galaxy Song podemos disfrutar de Every Sperm is Sacred, en cuya puesta en escena la formación británica se las apañó para reclutar a un grupo de niños que cantaran alegremente sobre la importancia del semen.

En este número (de una sofisticación escénica que no le anda a la zaga a otros grandes musicales de la época), Jones desempeña un doble papel. Por un lado es una señora (por supuesto) que aparece embarazada pero que baila que da gusto, y por otro un maquiavélico sacerdote que mira a cámara mientras casa a dos jóvenes tan concienciados como él con no desperdiciar los espermatozoides.

Por el gigantesco Señor Creosota

No todo es tan etéreo en El sentido de la vida, ya que en uno de sus segmentos los Monty Python deciden ceder a su vena más escatológica y poner en pie una escena fundamentada en lo asqueroso que es un personaje concreto, el Señor Creosota. Un hombre de imponente sobrepeso que interpreta Jones, y que entra en un distinguido restaurante para ser atendido por el camarero más afrancesado del que disponían, John Cleese.

Lo primero que hace el Señor Creosota es pedir un cubo para vomitar, y una vez sentado en la mesa pide tal cantidad de comida y bebida que llegado un punto no se limita a seguir devolviendo, sino que explota directamente. En el que puede ser el sketch más asqueroso de los Monty Python, todos los clientes del restaurante huyen asqueados de Jones, que ha sobrevivido a la explosión y no parece descartar regresar al restaurante en el futuro.

Y por ser, en resumen, la persona que nos hace reír incontrolablemente

A lo largo de esta lista hemos querido recoger los momentos donde más destacó Jones, pero este esfuerzo está claramente limitado por las veces que apareció en pantalla. El rol del Monty Python es vital y se amplía a prácticamente cada gag o frase chorra que nuestra memoria nos haga recitar. Quedarse únicamente con los números que acabó protagonizando es algo injusto hacia su figura, pero aún así…

The Man Who Makes People Laugh hace honor a su título y es realmente imposible que no te rías a lo largo de su desarrollo. Está protagonizado por, precisamente, Jones, interpretando a un apocado oficinista que provoca en todos los de su alrededor una risa incontrolada; incluso en el superior que lo va a despedir desoyendo sus tragedias familiares. Y bueno, no se nos ocurre una mejor forma de concluir este in memoriam.

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