10 directores geniales que nunca ganaron el Oscar

David Fincher no es el primer titán del cine que se queda a las puertas de una estatuilla. Estos diez colegas suyos también fueron ninguneados por la Academia. Por CINEMANÍA

01 de marzo de 2011

Una carrera excepcional y un filme que hace historia no han bastado para que David Fincher obtenga por fin su Oscar al Mejor Director. Al director de La red social aún le queda mucha cuerda, y en CINEMANÍA esperamos verle subir al estrado un año de estos, pero –por si las moscas- le rendimos homenaje recordando a estos diez genios del Séptimo Arte a quienes la Academia de Hollywod también tomó por el pito del sereno.

 

HOWARD HAWKS

Nominaciones a Mejor Director: Una (El sargento York, 1941)

Comedias (La fiera de mi niña), thrillers (El sueño eterno), westerns (Río Bravo)… Ningún género cinematográfico tenía secretos para este titán, figura clave de la historia del cine. Pese a su talento, y al aprecio del gran público, Hawks fue considerado un ‘solvente artesano’ durante buena parte de su carrera: la Academia sólo se fijó en él cuando los críticos europeos comenzaron a analizar su obra, otorgándole un Oscar honorífico en 1974, tres años antes de su muerte.

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LUIS BUÑUEL

Nominaciones a Mejor Director: Ninguna.

Haber escandalizado a Europa entera con sus primeros trabajos no fue una buena carta de presentación para el genio de Calanda en Hollywood. Como tampoco lo fueron sus habituales tamborradas a costa de la religión (Simón del desierto), las diferencias de clase (Viridiana) y el sexo chungo (Belle de jour). De este modo, el que fuera compañero de juergas de Lorca y Dalí hubo de conformarse con dos nominaciones al mejor guión adaptado, por El discreto encanto de la burguesía (1972) y Ese oscuro objeto del deseo (1978).

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ROBERT ALTMAN

Nominaciones a Mejor Director: Cinco (M.A.S.H, 1970, Nashville, 1976, El juego de Hollywood, 1993, Vidas cruzadas, 1993, Gosford Park, 2002).

Por falta de intentos no fue, de eso estamos seguros, pero lo cierto es que el torrencial y poliédrico director de Los vividores no cosechó ninguna estatuilla hasta 2006, cuando le fue entregado el pertinente Oscar honorífico. Emparentable con Berlanga por su mala leche y su afición a llenar los encuadres con gente hablando, Altman se vengó brindándole un corte de mangas a la industria de la talla de El juego de Hollywood. Para más INRI, esa película le granjeó una de sus nominaciones.

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AKIRA KUROSAWA

Nominaciones a Mejor Director: Una (Ran, 1985).

Con permiso de maestros como Yasujiro Ozu y Kenji Mizoguchi, Kurosawa puso a Japón en el mapa del cine mundial. De ahí que su falta de éxito en los Oscar sea una injusticia más grande que la espada de Toshiro Mifune en Yojimbo y más enigmática que las historias de Rashomon. Imitado por cineastas de todo pelaje, el que fuera apodado ‘El Emperador’ por su carácter tiránico cosechó una única nominación con una ayuda de sus discípulos George Lucas y Steven Spielberg, productores de Ran. Eso sí: su Dersu Uzala ganó el Oscar a la mejor película extranjera (1975), y el propio Kurosawa recibió un Oscar honorífico en 1990.

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INGMAR BERGMAN

Nominaciones a Mejor Director: Tres (Gritos y susurros, 1972, Cara a cara, al desnudo, 1976, Fanny y Alexander, 1982).

Con su retorcido humor, Bergman debió apreciar en su día lo irónico de su relación con los Oscar: pese a ser considerado un maestro indiscutible de desde el comienzo de su carrera, recibiendo de la propia Academia el Irving Thalberg Memorial Award (1971), fue nominado en más ocasiones como guionista que como director. Al fin y al cabo, el maestro sueco había iniciado su carrera en el mundo teatral, y cuando uno juega al ajedrez con la mismísima Muerte (véase El séptimo sello) las estatuillas importan poco.

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FEDERICO FELLINI

Nominaciones a Mejor Director: Cuatro (La dolce vita, 1960, 8 ½,  1963, Fellini Satiricon, 1969, Amarcord, 1973).

Aficionado al simbolismo de trazo grueso y a las féminas de formas aún más rotundas, el director de Rímini debutó en los Oscar con una nominación al mejor guión original (Roma, ciudad abierta, 1945), siendo nominado en siete ocasiones por su trabajo con la máquina de escribir. Ganador de cuatro premios a la mejor película extranjera (La Strada, 1954, Las noches de Cabiria, 1957, 81/2 y Amarcord), Fellini recibió un premio honorífico en 1993.

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CHARLES CHAPLIN

Nominaciones a Mejor Director: Ninguna.

El stablishment de Hollywood no trató bien al director de cine más querido de su tiempo, y seguramente de todos los tiempos. Aunque se le concediera un premio especial “a la versatilidad” por haber producido, dirigido, escrito y protagonizado El circo (1928) y se le concediese el Oscar a toda una carrera en 1972, el director de Tiempos modernos, El gran dictador, El chico y La quimera del oro sólo ganó una estatuilla dentro de la competición oficial: a la Mejor Banda Sonora Original, por Candilejas (1952). Para colmo, Chaplin recibió el Oscar en 1973, cuando su película se estrenó en EE UU.

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ALFRED HITCHCOCK

Nominaciones a Mejor Director: Cinco (Rebeca, 1940, Náufragos, 1942, Recuerda, 1945, La ventana indiscreta, 1954, Psicosis, 1960).

Al igual que Howard Hawks, el ‘Mago del suspense’ fue considerado durante muchos años un mero director de thrillers (pero, ¡qué thrillers!) sin especial mérito ni interés… Hasta que François Truffaut y sus colegas de la Nouvelle Vague se fijaron en su obra. En 1968, cuando le fue concedido el premio especial Irving Thalberg, Hitchcock había perdido buena parte de su fe en la industria: Frenesí (1972), su última obra maestra, fue rodada por el maestro en su Inglaterra natal.

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STANLEY KUBRICK

Nominaciones a Mejor Director: Cuatro (¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú, 1964, 2001: Una odisea del espacio, 1968, La naranja mecánica, 1971, Barry Lyndon, 1975).

 Versatilidad, rigor técnico, perfeccionismo maniático… Ninguna de sus virtudes como director le valieron a Kubrick una estatuilla dorada. El único Oscar recogido por el director del Bronx (nominado cinco veces como mejor guionista) se debió a su pionero trabajo en los efectos especiales de 2001, junto al gran Douglas Trumbull. Enfermizamente tímido, Kubrick se quedó incluso sin el trofeo honorífico de rigor, algo que nunca pareció importarle. Al fin y al cabo, ¿quién necesita un eunuco dorado cuando tiene un monolito?

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ORSON WELLES

Nominaciones a Mejor Director: Una (Ciudadano Kane, 1940).

En 1941, cuando John Ford ganó su Oscar por Las uvas de la ira, lamentó haberle birlado el premio a dos cineastas que reconocía como sus iguales. Uno de ellos era Howard Hawks, y el otro el director de Ciudadano Kane, por entonces un joven prodigio que ignoraba lo caros que iban a costarle sus arrebatos de ego (y la presión del magnate William Randolph Hearst, satirizado en el filme) a su carrera como cineasta. Tras una carrera llena de maravillosas victorias pírricas (El cuarto mandamiento, Sed de mal, Fraude) Welles rió el último: cuando se le concedió el Oscar honorífico en 1971, el maestro pasó de asistir a la ceremonia y envió un discurso pregrabado. Hasta la fecha, no hay noticias de que Mark Zuckerberg haya decidido imitar a Hearst, con lo que David Fincher puede descansar tranquilo.

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