10 ‘blockbusters’ que merecen una segunda oportunidad

Querían conquistar los bolsillos y corazones del público y sólo se quedaron con su indiferencia o, en algunos casos, odio eterno. Démosles otra oportunidad.

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06 de julio de 2011

No existe la receta infalible para el blockbuster perfecto, y cada año la temporada de estrenos veraniegos lo demuestra. Ni toda la maquinaria promocional de Hollywood puede evitar serios pinchazos en taquilla y la desconexión total con el público cuando encuentra algo que no se ajusta a lo que esperaba ver.

Repasamos ahora algunas de las grandes apuestas de las majors de los últimos años que, pese a estar cargadas de secuencias de acción apabullantes, estrellas de carcasa reluciente, explosiones pirotécnicas, guiones compatibles con el déficit de atención, efectos especiales patidifusos y, en definitiva, todos los ingredientes que hacen un buen maridaje con las palomitas, no consiguieron conectar con su público. Automáticamente defenestradas por la crítica, ignoradas o incluso odiadas por la mayoría de sus espectadores, aunque casi todas cubrieran gastos lo hicieron a duras penas, flirteando con el fracaso absoluto.

Este es un llamamiento a reconsiderar la mala fama de unas películas que, aunque acusadas de una superficialidad (la mayoría de las veces, sólo aparente) no ajena a otras cintas comerciales que sí se encumbraron monetariamente, tienen grandes destellos de emoción y atrevimiento que han renovado lo que se entiende por cine-espectáculo.

Hulk

Hulk (Ang Lee, 2003)

Presupuesto: 94.533.600 €

Recaudación mundial: 169.305.179 €

La crítica: “Una cinta larga, tediosa y embutida con efectos especiales poco convincentes”.(Mike Whatt, Film Threat)

La burbuja de las películas de superhéroes marvelitas estuvo a punto de reventar cuando, después de un eterno barajar de nombres, Ang Lee fue elegido para llevar a Hulk a la gran pantalla. El taiwanés no tuvo en cuenta la mansa experiencia de Sam Raimi con Spider-Man y no se cortó un pelo, facturando una versión hamletiana de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde que pilló a todos los fans del personaje de Stan Lee con el paso torcido. La imposibilidad posterior de Eric Bana de convertirse en estrella y el reboot al que Marvel sometió al personaje sólo cinco años después son historia, pero una película capaz de combinar el minimalismo escénico (la conversación entre Bruce Banner y su padre —desatadísimo Nick Nolte— tiene puesta en escena de Dogville) y la abstracción paisajística (los saltos de la mole verde por el desierto) con detalles 100% pulperos como los perros hulkizados merece mucha mejor consideración.

The Island

La isla (Michael Bay, 2005)


Presupuesto: 
86.937.221 €

Recaudación mundial: 112.453.885 €

La crítica: “Lo que los clones amantes encuentran al salir es un nuevo mundo —el del año 2019— de choques en autopistas, motos voladoras, edificios que explotan, malas interpretaciones e incoherencia moral; algo muy parecido a las añejas películas de Michael Bay”. (Peter Traves, Rolling Stone)

Esta centelleante y bayzada versión de La fuga de Logan le quedó tan bien a su director que después no ha dudado en reutilizarla. Todas las marcas de estilo de Bay están elevadas a su máxima potencia (una vez que en Dos policías rebeldes 2 había alcanzado la cima de persecuciones automovilísticas con una en la que directamente los coches son proyectiles, aquí se saca de la manga unas moles de metal destinadas exclusivamente a ser lanzadas; ¡y le queda bien!) y los travellings circulares de personajes saliendo de vehículos nunca han estado mejor calibrados. Pero, además, el californiano consigue dar un inesperado subtexto metalingüístico al product placement y las figuras de Ewan McGregor y Scarlett Johansson: especialmente cuando ella observa extasiada su propio anuncio de Calvin Klein. Lo que a Soderbergh le gustaría conseguir cuando sueña que es Godard.

Domino

Domino (Tony Scott, 2005)


Presupuesto:
 34.505.167 €

Recaudación mundial: 15.834.879 €

La crítica: “Es como un hurón colocado de metanfetaminas al que le llega tarde el subidón y, de todas formas, tiene un viaje aburrido”. (Ann Hornaday, Washington Post)

Cuando Tony Scott decidió gastarse una millonada en comprar los derechos de la vida de la caza recompensas Domino Harvey para hacer una película sobre ella tenía muy claro que no quería un biopic convencional. Por eso, tras leer la locura de Southland Tales, llamó a Richard Kelly (Donnie Dako), que le entregó un guión tan irreverente y enfarlopado como para no desentonar con la explosión plástica y delirios cromáticos de Scott a la cámara. Como ocurría en Asesinos natos, otra película hermana en ametrallamiento visual, puede que la crítica hacia la espectacularización de los medios de comunicación quede diluida en su propio retrato, pero qué demonios importa eso cuando tienes a Keira Knightley haciendo la lap dance más gratuita de la historia del cine.

Beowulf

Beowulf (Robert Zemeckis, 2007)


Presupuesto:
 103.494.092 €

Recaudación mundial: 135.503.949 €

La crítica: “Zemeckis se ha dejado seducir por los cantos de sirena de la captura de movimiento… Nota para Zemeckis: ¡vuelve a la Tierra!” (David Ansen, Newsweek)

El aspecto visual de su cacareada animación por motion capture pudo ser un escollo difícil de tragar (conseguía lo imposible: que ver a Angelina Jolie emergiendo desnuda del agua diera más mal rollo que otra cosa), pero hoy, a cuatro años de su estreno, ya podemos decir que ese look de valle inquietante total ha obtenido la respetabilidad vintage de lo ajado. Además, lo importante de la película está en otros lados: en el despliegue formal de un Zemeckis en absoluto estado de gracia y en el texto, la adaptación personalísima y atrevida del poema épico inglés que se marcaron Neil Gaiman y Roger Avary, que no se corta en crudeza a la hora de desmitificar la figura del héroe.

El incidente

El incidente (M. Night Shyamalan, 2008)


Presupuesto: 
33.124.404 €

Recaudación mundial: 112.759.943 €

La crítica: “Asombro tan idiota en su concepción e inepto en la ejecución que, después de verlo, uno casi se pregunta si fue real o imaginado”. (Christopher Orr, The New Republic)

Por si con la indefendible La joven del agua M. Night Shyamalan no había dejado claro que él hacía lo que quería aunque toda la crítica tronara en contra y el público le enseñara cada vez más centímetros cuadrados de espalda, en El incidente se marcó un hito vacilón que, junto a El protegido, resulta la mejor película de su carrera. Suspense hitchcockiano absolutamente minimalista, interpretaciones bressonianas diluidas en cannabis sativa, desorientación general trasladada a la perfección desde los ojipláticos personajes de Mark Whalberg y Zooey Deschanel hasta el público y un angosto mensaje ecologista fueron los misiles que Shyamalan lanzó contra la línea de flotación de las expectativas de casi cualquiera que entrara en la sala. Olé por él.

Speed Racer

Speed Racer (Andy y Lana Wachowski, 2008)


Presupuesto: 
82.806.310 €

Recaudación mundial: 64.827.518 €

La crítica: “Esta mezcla tóxica de frenesí generado por ordenador y acción real soporífera consigue ser, casi al mismo tiempo, genuinamente dolorosa —su estética es el equivalente a clavarse agujas en los ojos— y extrañamente entumecedora, como un bombón relleno de lidocaína”. (Joe Morgenstern, Wall Street Journal)

El movimiento más arriesgado de los hermanos Wachowski no tuvo lugar en un quirófano ni en el gazpacho filosófico de las secuelas de Matrix, sino en esta hipercalórica adaptación del anime Speed Racer no apta para epilépticos. Andy y Lana volvieron a demostrar su amor por el reflejo nipón de la cultura pop, esta vez fijándose en sus aspectos más naïve e histéricos. El resultado es una canónica historia de superación personal articulada a través de carreras de coches constantes y llenas de pura emoción, donde la narración de flash-backs, acciones paralelas y flash-forwards se superpone como en una lollipop gigante hasta converger en una secuencia de abstracción pura digna heredera en almíbar de 2001: una odisea del espacio.   

GI Joe

G. I. Joe (Stephen Sommers, 2009)


Presupuesto: 
120.584.684 €

Recaudación mundial: 208.416.999 €

La crítica: “Este despilfarro pulp sin vida nunca podría haber sido pulverizado por los críticos, simplemente porque ya estaba muerto”. (Manohla Dargis, New York Times)

Fue una sorpresa que la cinta de Stephen Sommers basada en los muñecos de acción de Hasbro consiguiera todo el desenfadado frenesí requerido para hacer digerible tal proyecto. La película está concebida como una secuencia de acción continua de 120 minutos, así que se agradece la ausencia de todo intento de trama o psicologismo en personajes que, caramba, a fin de cuentas proceden de unos juguetes (de todas formas, tranquilos fanboys, la fidelidad a la serie de animación está más que conseguida). Esto hace que su reparto, que los puristas consideraron atroz no se sabe muy bien por qué, sea un aliciente más que sumar a secuencias como la persecución por París: por planificación, desarrollo y plasmación (¡homenaje a Jacques Tati incluido!) una cima del cine de acción reciente.

Push

Push (Paul McGuigan, 2009)


Presupuesto: 
26.218.942 €

Recaudación mundial: 33.711.086 €

La crítica: “Push tiene una cinematografía brillante y actuaciones decentes, pero maldito sea si he entendido algo”. (Roger Ebert, Chicago Sun-Times)

Ya sea por su ambientación hongkonesa, el sano cachondeo de su argumento “sálvese quien pueda” o el carisma de Dakota Fanning, este descarado calco de las historias de grupos superheroicos con diversos poderes —a lo X-Men o Héroes— resulta un soplo de aire fresco gracias a no tener un mínimo de vergüenza ni la obligación de pagar réditos a ningún seguidor de cómics previos. Además, el punto más flojo, que sería crear a sus personajes una mitología tan alambicada que el propio guionista no sabe muy bien cómo va, es constantemente dejado de lado por el propio desarrollo de la película en una demostración más de desenfado muy bien recibido en una época en la que parecía que el superpoder más extendido en el cine era la superseriedad (pero ahora volveremos sobre eso).

Terminator Salvation

Terminator Salvation (McG, 2009)


Presupuesto: 
138.058.990 €

Recaudación mundial: 256.336.632 €

La crítica: “Terminator Salvation es un confuso chirrido sin humor ni nadie entre los implicados, desde sus grandes estrellas hasta los diseñadores, capaz de limar su egotismo”. (Anthony Lane, The New Yorker)

Más que una película de acción post-apocalíptica, Terminator Salvation es una radiografía de la bipolaridad en la industria del blockbuster circa 2009. Repasemos: Warner tiene tal subidón con los millones amasados por El caballero oscuro que quiere repetir carambola con otra de sus franquicias estrella. Problema: al frente de ella no está un seriote director con sueños de auteur como Christopher Nolan, sino un tipo que atiende al nombre de McG y no para de meter über robots tamaño diplodocus en cada plano. Así es como el director de Los ángeles de Charlie fue conminado a darle una pátina más seria a sus escenas bélicas de hiper-robots (de ahí el viraje hacia un look Hijos de los hombres, el otro referente del cine-comercial-de-calidad de nuestra era). La propia película escenifica este choque de fuerzas en su argumento: Christian “Batman” Bale es John Connor, la mesiánica esperanza de la Humanidad, mientras Sam “Avatar” Worthington se cree un humano bueno pero en realidad descubre que no es más que una lavadora por dentro. Más claro, agua.

Sucker Punch

Sucker Punch (Zack Snyder, 2011)


Presupuesto: 
56.472.554 €

Recaudación mundial: 61.847.330 €

La crítica: “Básicamente, Sucker Punch es como si la inmensa Brazil de Terry Gilliam la hubiera dirigido un idiota emocional, intelectual y artísticamente deficiente”. (Peter Sobcynski, eFilmCritic)

Liberado por primera vez del corsé que supone adaptar materiales previos por sistema, Zack Snyder se jugó toda la (inexplicable) aceptación de la que gozaba entre el fandom con una propuesta suicida, pero también descaradamente enfocada hacia la sensibilidad de un mercado concreto. ¿Cómo fallar con un grupo de chicas ligeras de ropa envueltas en estéticas fetichistas y dedicadas a pegar tiros y blandir katanas contra robots, samurais, zombies y dragones? Sin embargo, la propuesta de Snyder resultó mucho más cercana al arte y ensayo (a todo el arte y ensayo que se puede hacer en una caravana de Wisconsin, claro) que al blockbuster garrulazo esperable, pero sin darle la espalda al ruido blanco neuronal de éste último. De estética excesiva y orgullosamente obvia (atención a los títulos de las canciones de esa banda sonora 100% hitazos), Sucker Punch tiene el atrevimiento de terminar su sucesión hiperbólica de videoclips organizada según la lógica narrativa de los videojuegos con un anticlimax subversivo que anima a replantearse todo lo antes visto sin necesidad de dejar peonzas girando. Una vez más: aprende, Nolan.

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