10 actores que sólo dirigieron una película

Al igual que Philip Seymour Hoffman con 'Una cita para el verano', estos intérpretes se pasaron tras la cámara en una única ocasión.

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14 de agosto de 2014

En sus 46 años de vida, Philip Seymour Hoffman tuvo tiempo de hacer muchas cosas. Actuar en unas cuantas películas excepcionales, por ejemplo, y también dirigir una muy aprovechable: tres años después de su estreno en EE UU, esta semana llega a nuestra cartelera Una cita para el verano, la comedia romántica (y ambientada, todo sea dicho, en un frío invierno neoyorquino) que el difunto Hoffman llevó al cine como director y actor principal, adaptando una obra teatral que él mismo había protagonizado en Broadway.

Por razones tan sabidas como lamentables, Una cita para el verano sitúa a Hoffman como miembro de un club muy selecto: el de los actores que sólo dirigieron una película. Porque, si bien es fácil que un intérprete sienta ganas de ocupar la silla de tijera, algo que puede dar lugar a una carrera establecida (¿alguien dijo Clint Eastwood?) o a una trayectoria tan guadianesca como la de Gary Oldman (quien prepara la que será su segundo trabajo como director, Flying Horse, casi 20 años después de debutar con Los golpes de la vida) eso de dejar un único trabajo para la posteridad también tiene su encanto. Los casos más conocidos de este único salto de un lado a otro de la cámara son los de Charles Laughton  (La noche del cazador) y el de El rostro impenetrable, el discutidísimo filme de Marlon Brando. Pero la historia reciente del cine nos da otros ejemplos, algunos de los cuales salieron bien, y otros… dejémoslo en que les quitaron a sus responsables las ganas de repetir.

The Brave (Johnny Depp, 1997)

Definitivamente asentado en el estrellato gracias a Ed Wood y (en fin…) Don Juan De Marco, Depp decidió aprovechar sus credenciales hipsters para producir, dirigir, escribir (en compañía de su hermano D.P. Depp) y protagonizar un largometraje sobre la penosa situación de los nativos americanos. El personaje de Depp, un padre de familia ex convicto y más pobre que las ratas, vive su última semana de vida antes de perecer (a cambio de una gran suma de dinero) por designio de Marlon Brando, millonario aficionado a las películas snuff.

¿Qué tal le fue? Tirando a mal, o a muy mal: pese a haber sido presentada con pompa y boato en el Festival de Cannes, The Brave fue machacada por la crítica (Variety la tachó de “una suma de los peores rasgos de Jarmusch y Kusturica”) y tuvo una trayectoria en taquilla de lo más floja.

Sonny (Nicolas Cage, 2002)

Sí: el inigualable ‘Tío Nic’ también ha hecho un único pinito detrás de la cámara. Y qué pinito, señoras y señores, porque su protagonista no fue otro que James Franco, recién salido de la serie Freaks & Geeks y ascendido a la popularidad internacional merced al Spiderman de Sam Raimi. Señalemos que, en Sonny, Franco interpreta a un gigoló chuleado por su propia madre (Brenda Blethyn) y que compite con Harry Dean Stanton por el amor de la prostituta Mena Suvari (American Beauty). Si Nicolas no es más sórdido, es porque no se entrena.

¿Qué tal le fue? El proverbial mal fario de Nicolas Cage también se aplica, por lo que parece, a su faceta como director: la crítica del New York Times consideró que Sonny era “un intento sin gracia de emular al Mike Figgis de Leaving Las Vegas”, y apuntaba que el único momento vivaz del filme venía dado por un cameo del propio Cage. ¿Qué pensaría de esto el tío Francis Ford Coppola?

La zona oscura (Tim Roth, 1999)

En la cúspide de su popularidad, y recién disuelto su vínculo profesional con Quentin Tarantino, el polifacético Roth volvió a su Inglaterra natal para lanzarse a la piscina del miserabilismo familiar y obrero, en esta ocasión detrás de la cámara. El chaval protagonista de esta película (Freddie Cunliffe) descubre muy que su padre (Ray Winstone) está abusando sexualmente de sus hermanas, una de ellas un bebé de pocos meses. Y no sólo eso, sino que su madre (Tilda Swinton) hace la vista gorda ante tan dantesca situación. ¡Alegría!

¿Qué tal le fue? Estupendamente: la crítica anglosajona se deshizo en elogios, con Roger Ebert comparando al filme con las obras mayores de Ingmar Bergman, y Roth se hinchó a ganar trofeos, incluyendo victorias en la Berlinale, en la SEMINCI vallisoletana y en los Premios del Cine Europeo, donde fue aclamado como Director Revelación.

Más que amigos (Edward Norton, 2000)

Hace 14 años (cómo pasa el tiempo), Norton era uno de los jóvenes actores más aclamados de Hollywood, con la crítica haciéndole la ola gracias a El Club de la lucha, American History X y Rounders, entre otras. De modo que, cuando le dio por dirigir, el mundo contuvo la respiración… para encontrarse con una comedieta romántico-religiosa en la que Edward, en el rol de un cura católico, compite con su amigo el rabino Ben Stiller por el amor de la rubita Jenna Elfman.

¿Qué tal le fue? Los resultados taquilleros de Más que amigos fueron tirando a discretos, aunque satisfactorios, mientras que los plumillas acogieron al filme encogiéndose de hombros y propinándole un aprobado raspadito. Para tanta teología, pues, Norton obtuvo un producto tirando a desangelado.

Compromiso de sangre (Laurence Fishburne, 2000)

Como corresponde a un tipo que veló sus primeras armas en el rodaje de Apocalypse Now (del que salió, por culpa de Dennis Hopper, convertido en un heroinómano adolescente), Fishburne oculta una dureza berroqueña bajo su pulido exterior. Por eso su único trabajo tras la cámara, protagonizado por él mismo y basado en una obra teatral con su firma, es un tremebundo drama criminal sobre dos hermanos que se meten en líos tras robar un cargamento de drogas.

¿Qué tal le fue? Otro batacazo habemus: aparte de pasar casi totalmente desapercibida en términos comerciales, Compromiso de sangre fue descrita por Roger Ebert como un ejemplo de las peores cosas que pueden ocurrir cuando una historia pasa del teatro al cine: “Demasiado diálogo, demasiado tiempo pasado en una sola habitación, y demasiados acontecimientos que ocurren fuera de campo”, escribió el maestro, y se quedó tan ancho.

Con la poli en los talones (Bill Murray, 1990)

¿Que no te suena esta película? Pues es una pena, porque el comediante más serio y talentoso de Hollywood está orgullosísimo de ella. Codirigida con el guionista Howard Franklin (El nombre de la rosa), Con la poli en los talones pone a Bill al frente de un trío de atracadores completado por Geena Davis y el siempre excesivo Randy Quaid. Tras dar el golpe de sus vidas (en el que Murray, para más detalles, aparece vestido de payaso), los delincuentes deben escapar de Nueva York sin que la ley se cruce en su camino. ¿Lo conseguirán?

¿Qué tal le fue? Pues ni demasiado bien, ni demasiado mal, algo que a Murray parece fastidiarle bastante. Bill considera el guión de Con la poli en los talones como uno de los mejores que ha interpretado en su vida, y eso, viniendo de quien viene, es mucho.

Bopha! (Morgan Freeman, 1993)

Todo él bonhomía y calidad humana, como de costumbre, Freeman eligió para su trabajo como director un tema que escocía entonces y, en buena medida, también ahora: cargado con la papeleta de ser un policía negro en la Sudáfrica del apartheid, Danny Glover vé cómo la brecha entre generaciones y la segregación racial le ponen en contra de su propio hijo. La película, apuntemos, fue estrenada tres años después de la liberación de Nelson Mandela.

¿Qué tal le fue? De nuevo nos hallamos ante un caso de ‘ni sí, ni no, sino todo lo contrario’. Bopha! se ganó críticas aceptables en el año de su estreno, pero fue un fracaso financiero (apenas 262.187 euros -ajustados- en la taquilla de EE UU) y la posteridad la condenó a un discreto olvido.

The Devil and Daniel Webster (Alec Baldwin, 2003)

El mayor de los Baldwin se jugó el todo por el todo cuando le tocó saltar tras la cámara: su debut habría de ser un remake del clásico El hombre que vendió su alma (William Dieterle, 1941), con un reparto de actores desconocidos y sólo él y el amiguete Dan Aykroyd para darle un toque de glamour al reparto. Tras terminar la película, Baldwin se pasó dos años intentando encontrar una distribuidora y, cuando por fin lo logró, su trabajo fue montado de nuevo a espaldas suyas. Y no sólo eso: también le cambiaron el título por el más comercial Shortcut to Happiness.

¿Qué tal le fue? Pues, como ya te estarás imaginando, catastróficamente mal. Ante los maneos de sus distribuidores, Baldwin eligió firmar la película con seudónimo (Stephen Kirkpatrick) y retirar su nombre de los créditos como productor. La película se estrelló comercialmente, y a estas alturas Alec no quiere ni oír hablar de ella.

El cuarteto (Dustin Hoffman, 2013)

A la bíblica edad de 76 años, convertido en un estimado abuelete y con la jubilación llamando a la puerta, ¿a qué actor le da por pasarse al otro bando, de golpe y sin avisar? Pues está claro: a un majara como Dustin. En esta película, el californiano reunió a un elenco de veteranos ilustres (Maggie Smith, Tom Courtenay, Billy Connolly y Michael Gambon) para una tragicomedia sobre cuatro cantantes de ópera jubilados que dan un último concierto para salvar del cierre a la residencia donde vivien.

¿Qué tal le fue? Pues, teniendo en cuenta que (casi) todo el mundo adora a Dustin Hoffman, medianamente bien. El cuarteto se benefició de un estreno en el Festival de Toronto, así como de unas críticas bastante positivas, quedando en la memoria como un filme, si no fantástico, sí muy entrañable.

El gran lío (Dan Aykroyd, 1991)

En principio, todo pintaba bien: el coautor de Los cazafantasmas se une a un grupo de comediantes con talento (John Candy, el compañero del Saturday Night Live Chevy Chase y una Demi Moore jovencita) para poner en escena una historia de humor negro concebida a medias entre él mismo y su hermano Peter Aykroyd. ¿Qué podía salir mal? Pues, con lo gafe que suele ser Dan, prácticamente todo.

¿Qué tal le fue? Mal. Muy mal. Catastróficamente mal. No es sólo que El gran lío resultara un fracaso antológico de taquilla, mostrándose incapaz de recuperar siquiera una quinta parte de su presupuesto. Es que, para colmo, el filme fue nominado a seis ‘Razzie’, llevándose Aykroyd el ‘anti-premio’ correspondiente a Peor Director. Irónicamente, la gran ‘no-ganadora’ de esa edición fue El gran halcón, la película que estuvo a punto de sepultar la carrera del entonces marido de Demi Moore, Bruce Willis.

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