[Crónica Festival Cine Gijón 2013] El cine de animación en el FICX51

Tras las crónicas diarias, dedicamos un artículo especial al cine de animación (largometrajes y cortos) vistos recientemente en el Festival de Gijón. Por PABLO GONZÁLEZ TABOADA

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25 de noviembre de 2013

Que la animación es el medio más libre y abierto a la hora de contar historias, es indudable. Trabajando con actores/localizaciones palpables existen las limitaciones autoimpuestas por la propia realidad, y no ha sido hasta la irrupción del cine digital, con sus cromas y pantallas verdes, cuando se ha podido -a través de la animación- todo lo que de otra forma sería sólo imaginación: mundos nuevos -Pandora, de Avatar, criaturas de fantasía, etcétera.

Sin embargo, el cine animado per se se encuentra estigmatizado. La etiqueta “para niños” cuesta quitársela a pesar de los innumerables trabajos que justificaron su erradicación desde hace unas cuantas décadas. Por ello es particularmente importante la existencia de los festivales de cine: porque programan trabajos que no van necesariamente dedicados al consumo de los infantes, eso cuando no apuntan directamente al público adulto. Indistintamente de la calidad que atesoran las producciones de grandes estudios, como Pixar, Dreamworks o Ghibli, existe ‘otro cine’ más pequeño que este año hemos podido ver en varios festivales nacionales. El ciclo Animatopia de San Sebastián o Animaficx de Gijón son buenas muestras de esta búsqueda de nuevos caminos para un medio casi centenario. De este último festival hablaremos a continuación, haciendo un balance de todo lo que ha dado de sí en su programación animada.

 

Animaficx, largometrajes para todos los gustos

El bloque competitivo dedicado a la animación nació el año pasado en el Festival de Gijón y una vez más ha demostrado ser todo un acierto. Once largometrajes que alternaban varias técnicas (dibujo a mano, stop-motion, claymation, flash, rotoscopia…) y que procedían de localizaciones como Francia, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón o Rusia. De todo un poco y para todos los paladares. Como decimos, el bloque fue competitivo y se premiaron dos largometrajes con el galardón principal y al margen se entregó una mención especial. The Fake, de Yeun Sang-ho y Cheatin’ de Bill Plympton recibieron el primero, mientras que la mención fue para la japonesa Patema Inverted.

Premiadas al margen, pudieron verse trabajos tan estimulantes como Uma História de Amor e Fúria, ganadora del Festival de Annecy (el más importante del mundo en lo que animación se refiere), en la que su director Luiz Bolognesi mira al público adulto para tratar la historia de su país a través de la mitología de su creación y distribuyendo la narración en cuatro bloques en distintas ventanas temporales. Francia estuvo representada a través de trabajos como Jasmine, Aya de Yopougon o Ma maman est en Amérique, elle a rencontré Buffalo Bill. Esta última (que recibió una distinción especial en Annecy) aborda la infancia con una mirada limpia y nada afectada, tratando a los niños de tú a tú, sin tomarlos como bobos, para abordar una historia de encuentro con la propia personalidad a través de las tratadas de un crío. Sin ser una joya rotunda, tiene un indudable valor pedagógico y alguna escena que obliga a los padres a intervenir, lo cual es positivo porque el cine nunca ha sido una enseñanza por sí mismo, pero siempre ha sido una herramienta perfecta para crear un diálogo.

La sección se completó con la brillante The Congress, la rusa The Snow Queen, que sirvió para crearnos más ganas de ver Frozen, el reino de hielo, la japonesa Psychic School Wars, de Ryosuke Nakamura, y la canadiense The Legend of Sarila, de Nancy Florence Savard. En la película de Nakamura se alterna la tradicional ficción de amoríos en el instituto con una trama de ciencia-ficción bastante más turbia y que en su segunda mitad explota hasta dejar el cerebro como un colador. No es una propuesta intelectual al uso (no penséis en Lain) pero en su irregularidad encuentra su centro, su gracia, aunque sea muy difícil defenderla por sus constantes caídas en los inexplicable. Técnicamente es, eso sí, impecable. The Legend of Sarila es una fallida película que ha costado producir más de cinco años y que aborda la historia de unos habitantes del ártico que están quedándose sin animales para cazar y deciden hacer un pacto con la diosa de la naturaleza. Se mezcla la aventura con un componente fantástico para dar forma a una película bastante justita a nivel técnico, algo que se perdona en cierta medida por los escasos medios con los que cuenta, pero que tiene un guión torpe, tosquísimo, al margen de tener una estructura equivocada y nada natural. La peor que vimos en el FICX51, sin género de dudas, aunque los más pequeños quizá la puedan disfrutar.

Animaficx, también en formato corto

Una de las novedades de la recién clausurada 51 edición del festival fue la inclusión de cortometrajes animados acompañando los largometrajes de la sección a concurso. No competían, pero en muchos casos complementaban, abordando temas similares a las películas que las seguían. Hay que decir que la calidad de estas piezas de corto metraje ha sido en general bastante alta, con algunas excepciones como las que supusieron la holandesa The Life of Death o la francesa N’Djekoh, ambas excesivamente cursis.

En lo más alto, cualitativamente hablando, podríamos hablar del imaginativo e inteligente Nyuszi és Öz (Rabbit and Deer), del húngaro Péter Vácz. Mezclando animación tradicional con stop-motion, consigue representar dos dimensiones del mismo plano de forma pasmosa. El eslovaco Pandy, de Matúš Vizár, es otra joya en bruto: ¿cómo se crearon los pandas? Parodia de la evolución darwiniana, que deja el tremendísimo videoclip Do The Evolution de Pearl Jam en un cuento para niños: hay violencia salvaje y una sátira de la humanidad sin abandonar nunca el humor, negrísimo. Recuerda a un David O’Reilly cabreado; lo que ya es mucho decir. El tercer gran corto que pudimos ver fue Yuki Onna, de Jiri Barta. El maestro de las marionetas recurre a varias técnicas para contar una historia moral, un cuento con sorpresa que adapta una leyenda japonesa con un estilo en el que puede reconocerse la influencia de Kihachiro Kawamoto, y concretamente de su pieza A Poet’s Life (1974). Un trabajo riguroso, de una pericia técnica asombrosa.

Bastien Dubois, ganador del premio al mejor cortometraje con su Cargo cult10, también proyectó tres episodios de su serie Portraits de voyages dentro de este bloque de cortos. La sección se completó con el preseleccionado a los Oscar del año pasado Junkyard, Drunker than a Skunk, de Bill Plympton, Gerdas Vej, de Jérémy Pailler (adaptación de La Reina de las Nieves, con siluetas), el polaco Ziegenort y el belga One for the Road.

 

La animación en otras secciones

Al margen de Animaficx también se ha podido ver animación, tanto en formato largo como corto. En el primer caso, podríamos hablar de dos películas que la entremezclan con la imagen real. La primera es la española Pixel Theory, que incluye varios segmentos animados que son, de lejos, lo mejor de una película interesante en su planteamiento pero completamente errada en todo lo demás: interpretaciones de patio de colegio, un talento ausente en prácticamente todo sus segmentos, y la capacidad de desaprovechar sus ideas como rara vez se ha visto. Todo lo contrario ocurre con la magnífica An Oversimplification of Her Beauty, un cine independiente riguroso, alejado de los convencionalismos, que bordea lo experimental pero sin agotar con recursos, controlando lo que utiliza. Llega a recordar, por ejemplo, a Don Hertzfeldt. Y eso son palabras mayores.

En formato corto, el bloque “Noche del Corto Español (Animación)” estaba compuesto por siete piezas locales de calidad desigual. La más notable fue indudablemente Canis, de Marc Riba y Anna Solanas. En un espectacular blanco y negro, se plantea unmundo apocalíptico en el que un niño está atrapado en una casa rodeada de perros hambrientos. Salvaje y nada complaciente, es un trabajo de una riqueza técnica indiscutible, que en sus casi veinte minutos se las ingenia para mantener el interés en todo momento haciendo propia la iconografía del expresionismo a través de un perfecto stop-motion. Alberto Vázquez puso la nota gamberra con su Sangre de unicornio (también para adultos), mientras que el tercer trabajo de cierta altura fue Candy Hearts, de Joan Martín. El programa se completó con Origami, de David Pavón, un trabajo de animación tradicional sobre un barco de papel que pierde a su guardián, El ruido del mundo, de Coke Riobóo, Hotzanak, de Izibene Oñederra, y Morti, de Carlos Fernández.

Como véis, una edición del Festival de cine de Gijón con una presencia de la animación en absoluto testimonial. A todo lo anterior se le sumó, además, un ciclo dedicado a Jean-François Laguionie, en el que pudieron verse sus cuatro largometrajes y su mediometraje más reconocido, La traversée de l’Atlantique à la rame.

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