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Batman v Superman

DIRECTOR’S CUT: NO SE VAYA TODAVÍA, AÚN HAY MÁS

1. ¿MÁS DE LO MISMO? Corría el año 1940, volaba Superman, acechaba Batman, invadía Hitler. Al eminente psicólogo William Moulton Marston, pionero de la terapia moderna, inventor del primer polígrafo como detector de mentiras, le gustaban mucho los cómics. Los leía en el porche de su casa de verano de Nueva Inglaterra mientras soñaba con crear un personaje que tuviese un gran valor educativo para las jóvenes generaciones de norteamericanos, huérfanos de utopías. “Un nuevo tipo de héroe que triunfe no con sus puños, sus armas de fuego o sus superpoderes, sino con el arma definitiva: el amor”, pensaba iluso mientras se rascaba la cabeza. “Bien, querido”, leyó sus pensamientos su esposa Elizabeth mientras daba un sorbo al té helado, “pero más te vale que sea una mujer”.

Superada ya esa baladronada condescendiente y machista de que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, colocamos a una chica por delante de los dos superhéroes más poderosos de la historia del cómic, visual y conceptualmente: lo siento, Spider-Man, eso de que tu tela de araña salga de un agujero del traje y sea irrompible no se lo traga nadie. Hay una luz en las tinieblas. Intensitos, oscuros como se han puesto últimamente el atribulado Batman y el afligido Superman, su esperadísimo duelo en la sombra, lleno de remordimientos, culpas, migrañas y rictus de contrariedad necesita un toque de atención (y de distinción). Se intuye un requiebro esperanzador en el cine de superhéroes con pretensiones, un giro evolutivo, un avance necesario contra el más de lo mismo. Una heroína que ponga orden entre tanta misantropía, que ponga firmes a estos pelmazos. Dales caña, Wonder Woman.

2. SUPERPODIO. No se vayan todavía, aún hay más. Para los que nuestro superhéroe favorito oscila entre Tintín, Marty McFly y Superratón, el sorpasso de Wonder Woman no afecta a nuestra escala de supervalores. Por fortuna, hoy no hace falta estrujarse la memoria para recordar heroínas del cine como sucedía en otros tiempos en los que sólo lucía Juana de Arco, Ninotchka, Katharine Hepburn en La fiera de mi niña y poco más. Pero hasta en eso, la princesa amazona fue una adelantada. Wonder Woman, alias Diana Prince, es una guerrera solitaria. El bueno de Moulton quiso crear una mujer con la fuerza de Superman contra la sumisión femenina. Un golpe de propaganda para presentar una mujer que, ¡al fin!, gobernara el mundo, a pesar de que le hizo alguna que otra putada de género como la tiara con poderes o el traje de rodeo (¿o es de majorette?). Sucedió que las chicas leían menos cómics de superhéroes y las curvas robaron espacio al lado reivindicativo del personaje. Hoy, a la espera de la reválida de Wonder Woman, que ya se ha ganado su lugar de privilegio en nuestro podio, y para compensar tanta testosterona en las 50 mejores películas de superhéroes, presentamos a las Mujeres Maravilla que dominan la escena. Supervitaminadas y mineralizadas, las auténticas heroínas del momento ni siquiera necesitan traje de faralaes: sólo usan la lycra para ir al gimnasio y salir a correr. Porque ellas corren, ni se les ocurriría eso de “hacer running”.

3. LA RESPUESTA. Entre el primer y el segundo telefilme de Wonder Woman, la serie que popularizó Lynda Carter con su escote, su giro de bailarina y un destello que la convertía en la reina del carnaval de Baton Rouge, se estrenó Taxi Driver, esa superpelícula. De Niro, que le birló el papel a Jeff Bridges, favorito de Scorsese, hizo de chófer 15 horas al día durante semanas para preparar la parte taxista de su Travis Bickle. Para la otra, la de la sociopatía que rezuma el guión del genio atormentado de Paul Schrader (qué buen libretista para superhéroes modernos torturados), De Niro se centró en una frase: dicen que se lo vio decir a Bruce Springsteen al público en un concierto, y que la repetición modulada era un ejercicio de la escuela de interpretación de Stella Adler. Pero aparte de la improvisación actoral, Scorsese se remite a una escena ante el espejo de Brando en Reflejos en un ojo dorado. “You talkin’ to me?”. Este justiciero de Manhattan nada tiene de superhéroe, pero, villano o antihéroe moderno, que lo mismo da, la clave está en la fuerza. La Fuerza de una película. Esa que hizo reconocer al propio George Lucas que el emperador Palpatine de Star Wars venía del senador Palantine al que amenaza Travis. Esa que ha hecho que, 40 años después, esta película siga señoreando por las calles de la historia del cine. Y sí, te estamos hablando a ti.

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