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Tus héroes de acción favoritos están muertos (o deberían)

Eso de desafiar a la muerte y sobrevivir a combates épicos queda muy bien en el cine, pero ¿y si lo examinamos a la luz de la medicina? En su libro Ain’t Got Time to Bleed (No tengo tiempo para sangrar), el humorista Andrew Shaffer y el ilustrador Steven Lefcourt estudian cómo habrían quedado nuestros héroes favoritos tras sus hazañas más famosas… y nos demuestran que, en el mejor de los casos, se habrían quedado para hacer chopped.

John McClane

Profesión del paciente: Policía

Lugar del incidente: La jungla de cristal

Cuadro clínico: Los problemas de salud del señor McClane van mucho, mucho más allá de la resaca. Tras su encuentro con los terroristas en el Nakatomi Plaza, y además de lucir una cara como un mapa, podría haber sufrido fracturas muy severas en su espalda y su cuello, con riesgo de tetraplejia. La suma de tanto hostión, tanta herida de bala (superficial, eso sí) y tanto andar sobre cristales rotos habría derivado en copiosa pérdida de sangre. Pero lo peor habría sido su decisión de comerse un pastelito caducado: de no haber tenido suerte, aquello podría haberse traducido en una intoxicación con vómitos, fiebre y diarrea. Así, cualquiera se pone a arrojar supervillanos desde lo alto de un rascacielos.

Diagnóstico: “No podrá caminar con Lauren Bacall hacia la puesta de sol”. 

Paciente: Bruce Wayne

Profesión del paciente: Batman

Lugar del accidente: El caballero oscuro. La leyenda renace

Cuadro clínico: El señor Wayne habría hecho mejor quedándose en la Batcueva. El examen revela numerosas costillas fracturadas y traumatismos diversos en la espina dorsal (con unas cuantas vértebras al aire de propina), lo bastante graves como para dejarle en silla de ruedas. Para colmo, debemos añadir dos rótulas fracturadas y una puñalada que podría haber afectado al hígado, además de causar una copiosa pérdida de sangre. Además, la agitada vida nocturna del sujeto le habría dejado recuerdos en forma de osteoartritis y tejido cicatricial en los riñones.

Diagnóstico: “El Caballero Oscuro no habría renacido”. 

Sarah Connor

Profesión del paciente: Madre de la Resistencia, camarera. 

Lugar del incidente: Terminator 2: El juicio final

Cuadro clínico: Tanto durante su estancia en el hospital penitenciario de Pescadero como en sus correrías junto a su hijito y su mascota cyborg llegada del futuro, la pobre Sarah se llevó las del pulpo. Las golpisas que le propinaban aquellos enfermeros tan malos le habrían roto varias costillas, mientras que una herida de bala pudo perforarle la arteria femoral (lo cual la habría llevado a desangrarse en ausencia de atención médica). Además, ese momento en el que el T-1000 jugó con ella al ‘pincho o pellizco’ en la fundición le habría causado con toda probabilidad un fatídico neumotórax. La guinda de la tarta habrían sido sus variados accidentes automovilísticos, con sus secuelas en forma de hemorragia intracraneal, lesiones en los órganos internos y demás cosas incompatibles con la vida.

Diagnóstico: “Terminada (al menos, en esta línea temporal)”.

Ash J. Williams

Profesión del paciente: Ferretero y exterminador de zombies

Lugar del incidente: Terroríficamente muertos

Cuadro clínico: Aunque el héroe interpretado por Bruce Campbell no para de recibir trompazos demoníacos en su segunda aventura, estos no son el mayor de sus problemas. La verdadera llamada al Otro Barrio le habría llegado al volante de ese coche Oldsmobile que le prestó Sam Raimi: tras arrearse una buena mientras conducía dicho vehículo, Ash habría sufrido fracturas en el tórax y, muy probablemente, se habría roto la columna. Para colmo, eso de ponerse una motosierra a guisa de prótesis en su mano amputada queda muy molón… pero las vibraciones del aparato sobre una herida abierta le hubieran provocado un dolor insoportable. Eso, por no hablar del riesgo de infecciones.

Diagnóstico: “Amputación aparte, habría estado groovy”. 

Beatrix 'La Novia' Kiddo

Profesión de la paciente: Asesina (retirada)

Lugar del incidente: Kill Bill Vol. 1

Cuadro clínico: ¿Nos dijo alguna vez Quentin Tarantino  si su heroína con chándal llevaba una placa de titanio en el cráneo? Pues más le vale a Beatrix que así sea, porque esa (además de una compleja y arriesgada cirugía de urgencia) habría sido la única forma de salvarla tras el regalito de boda en forma de tiro en la cabeza que le dejó su ex. Además, habría presentado un cuadro severo de atrofia muscular tras pasar cuatro años en coma. Por otra parte, y aunque sus encuentros con O-Ren Ishii, Gogo Yubari, Vivica A. Fox y demás chicarronas la dejaron muy perjudicada, la Novia tuvo suerte: nueve de cada diez víctimas de una herida como la suya se quedan en el sitio.

Diagnóstico: “Posible recuperación parcial. Ten cuidado, Bill”.