Los 30 documentales sobre cine que tienes que ver

El próximo estreno de un póker de documentales que exploran los universos creativos de cuatro figuras tan singulares como talentosas como, al menos de entrada, dispares —El gran Buster (Peter Bogdanovich, 2 de agosto); La mirada de Orson Welles (Mark Cousins, 26 de julio); Entendiendo a Ingmar Bergman (Margarethe von Trotta / Felix Moeller / Bettina Böhler, 19 de julio), y Varda por Agnès (Agnès Varda, 5 de julio)— nos ha movido a ofreceros una lista de otros treinta títulos (más uno) que consideramos ningún cinéfilo interesado en el proceso de creación cinematográfica debería pasar por alto.

Por Eduardo Roldán @enfaserem

1. The Story of Film: An Odyssey [La historia del cine: una odisea] (Mark Cousins, 2011)
Cousins quiso poner en imágenes las más de 500 páginas de su libro, y el resultado — más de 900 minutos en 15 episodios— es la quizá más omnicomprensiva historia del cine que el documental conoce: una inmersión total en las distintas geografías, en los aspectos técnicos y hasta ontológicos. Milimétricamente montado (equilibrio entre importancia del contenido y tiempo en pantalla), acaso la única pega sea la ocasional tendencia del autor a las sentencias maximalistas: “jamás alcanzado”, “insuperable poder de”, etc. Pero es una pega ínfima comparado con lo mucho —muchísimo— bueno que tiene.

2. Histoires(s) du cinéma — (Jean-Luc Godard, 1988)
Collage de más de cuatro horas y media en ocho episodios, compuesto casi en exclusiva por citas —Godard es uno de los, sino el, más grande citador(es) de la historia—; lo cual no quiere decir sea menos personal: de la selección y yuxtaposición brota un nuevo contenido, una iluminación. Polarizador y discutible como todos los trabajos del cineasta suizo/francés, no es menos apasionante, exigente y provocador, y quizá el más importante desde finales de los ’70. La banda sonora (ECM Records) merece un monumento aparte.

3. Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse [Corazones en tinieblas] (Fax Bahr / George Hickenlooper / Eleanor Coppola, 1991)
Acaso anclada en el imaginario colectivo como epítome de producción demencial, el documental sobre esta “Idiodisea”, como el propio Coppola se refiere en cierto momento a su proyecto perpetuamente en curso, es, ante todo, el estudio de un carácter maniaco-depresivo, obsesivo, exigente hasta el dolor (empezando por él mismo), de un malabarista, en fin, con tantas bolas en el aire que uno da por supuesto no será capaz de llegar a buen puerto. Ver cómo lo logra, sin los tapujos que otro hubiera puesto por su reputación, es una oportunidad para no dejar pasar.

4. The Making of a Legend: Gone with the Wind (David Hinton,1988)
En un mundo donde las películas son un objeto consumible del ocio más —y ni remotamente el de mayor relevancia—, es difícil imaginar el seísmo cultural/social que el estreno de Lo que el viento se llevó supuso. Con el legendario David O. Selznick como eje narrativo, se ofrece aquí una panorámica exhaustiva, desde la concepción hasta la cosecha de Oscars, con el atractivo añadido de plantear varios “¿Qué habría podido ocurrir si…?”. Al terminar, se tiene el deseo de volver a ver las cuatro horas del original, y quizá no haya indicio más claro de su interés.

5. Jodorowsky’s Dune (Frank Pavich, 2013)
La historia no ha querido que la novela seminal de Frank Herbert haya tenido una versión fílmica a la altura (veremos si Villeneuve): por motivos técnicos, de choque de egos, etc. Pero de los muchos proyectos truncos, quizá el de mayor eco y aura haya sido el del multifacético artista chileno. Con un guion megalómano y un gasto desbordado ya en preproducción, al cabo de tres años el sueño se diluyó. ¿Diluyó? No del todo: dejó, al menos, su impronta en otros títulos capitales, desde Alien hasta Terminator, y este documental que merece todos los aplausos —unánimes— que ha recibido.

6. This Is Not a Film [Esto no es una película] (Jafar Panahi, 2011)
Se apaga el año y el director iraní, condenado a arresto domiciliario, lleva un mes esperando el fallo de la apelación. En su cárcel de oro trata de engañar a la frustración y la rabia, y decide contar a un colaborador que ha llamado la película que ha escrito: pega —a la Dogville— en la alfombra una cinta que delinea la planta de la habitación de la protagonista; lee el papel; explica lo que querría con ejemplos de filmes anteriores suyos que pone en vídeo… Y se da cuenta de la ridiculez del empeño y lo abate la melancolía. Pero en algo hay que creer, y al cabo retoma el hilo, y el día avanza, y hay fuegos artificiales nocturnos en la plaza a la que Panahi no puede bajar. Puede que no sea una película, pero es sin duda un milagro.

7. Directed by Andrei Tarkovsky [Dirigido por Andréi Tarkovsky] (Michal Leszczylowski, 1988)
Mientras rodaba Sacrificio Andréi Tarkovski era un hombre colonizado por el cáncer, sabedor de que aquellas imágenes serían las de su testamento fílmico. Las de Michal Lesczylowski registran la gestación del testamento; y como en todo testamento, la voluntad desempeña un rol central, motor. Así lo demuestra la actividad del hombre enfermo, obsesivo hasta el misticismo: su concentración abandonada, la meticulosidad con que aborda cada una de las decisiones que ha de tomar. Equilibrado y honesto, haría un sugestivo programa doble con Un día en la vida de Andréi Arsenévich (Chris Maker, 1999).

8. Wrath of Gods (Jon Gustafsson / Karolina Lewicka, 2006)
La épica del folclore anglosajón tiene en Beowulf una de sus incontestables cimas. Trasladar a la pantalla toda la potencia verbal e icónica del poema a través de un proyecto de presupuesto jugoso y voluntades afines ya supondría un reto capaz de paralizar al más osado; hacerlo en condiciones mucho menos que óptimas parece un empeño destinado al abismo. La filmación de Beowulf & Grendel así lo confirma: hasta la Naturaleza se opone. Sin embargo, un motor loco, divino y comunal que el equipo comparte se obstina en seguir, aun a riesgo —en absoluto ficticio— de su propia integridad. Sobrecogedor.

9. Où gît votre sourire enfoui? [¿Dónde yace tu sonrisa escondida?] (Pedro Costa, 2001)
El cineasta portugués filma, con la devoción del fan y el rigor del investigador, a la pareja Straub-Huillet durante el proceso de gestación del hijo de ambos, Sicilia!, cuyo nacimiento esperan tras la finalización de este tercer montaje. Discusiones bizantinas, a la vez enconadas y afectuosas; sorpresas que las imágenes todavía les deparan pese a que ambos conocen cada fotograma de memoria; reflexiones sobre cine y arte; frustraciones… Tanto una comedia de costumbres como un ensayo fílmico, es ante todo una celebración de la voluntad de crear y del punto de locura que conlleva.

10. It’s All True: Based on an Unfinished Film by Orson Welles (Richard Wilson, 1993)
No hay conjunción frecuente entre la realidad y el deseo, y en el caso de la filmografía del genio de Kenosha ese divorcio tiene, para el cinéfilo, momentos de desesperación absoluta, de los que acaso se lleve la palma el desdén oceánico con que fue tratado por RKO It’s All True, el que iba a ser tercer filme de Welles. Mucha de la desesperación deriva de los testimonios del propio director, pero ¿dónde comienza y termina la verdad del mito? Aquí se realiza una exploración con hondura, pasión y rigor —no son incompatibles— y se ofrece una respuesta quizá lo más clara que pueda darse.

11. Burden of Dreams [Un montón de sueños] (Les Blank, 1982)
Lo que Conquista de lo inútil tiene de subjetivo, meditativo y solitario, Burden of Dreams lo tiene de documento urgente y comunal. Complemento perfecto al diario del director, la imagen de la espiral de caos que constituyó el rodaje de Fitzcarraldo queda aquí —por si aún había alguna duda— probada, como el harakiri es prueba de la voluntad del samurái. Caos del que quizá ninguno de los participantes salió indemne — incluido el testigo del caos—, Burden… conmueve por registrar cómo la obsesión hace que se llegue a olvidar cuál fue la cosquilla inicial que quiso poner en marcha un sueño.

12. This Film is not yet Rated [Los censores de Hollywood] (Kirby Dick, 2006)
La censura no solo atenaza el aspecto creativo; también, de entrada, los réditos económicos. ¿Qué debería hacer el productor: eliminar la escena de la discordia y recibir la más generosa calificación R o no eliminarla y mantenerse fiel a la visión artística del equipo, aun a costa de recibir la temible NC-17? Implorar a la todopoderosa MPAA (Motion Picture Association of America) presenta escasas perspectivas de éxito; más efectivo —y mucho más difícil— es airear las cloacas del censor —las distintas varas de medir, los criterios de selección de sus miembros—, y de este modo exponer su esencial hipocresía. No otro es el tema de este muy necesario filme.

13. Lightning Over Water [Relámpago sobre el agua] (Wim Wenders, 1980)
Documentalista muy notable e insistente — Buena Vista Social Club, Pina…—, el director germano radiografía aquí, con apenas 35 años, a uno de sus héroes de siempre —Nicholas Ray— en el ocaso de su vida y colonizado por un cáncer voraz. Hubo quien calificó el retrato de pornográfico, por el realismo casi clínico de ciertos planos y por el brindis con champán del cierre. Es no entender nada. El primero que hubiera repudiado un retrato edulcorado habría sido Ray, y el champán celebra un nacimiento —la película— y sobre todo el final de un sufrimiento atroz tras una vida plena.

14. Visions of Light —The Art of Cinematography (Todd McCarthy / Arnold Glassman / Stuart Samuels, 1992)
La imagen es la esencia del cine. Tal relevancia tiene el director de fotografía (DP) que los nombres de algunos de los más grandes cineastas se emparejan automáticamente con los de sus DP’s. Los 28 aquí entrevistados tratan de explicar la misteriosa y fascinante interacción entre luz, color y forma en casi cien títulos muy bien elegidos que abarcan desde el nacimento del cine hasta el año 1990. Un deleite para la vista y el entendimiento en el que solo se echa en falta una discusión sobre las diferencias entre celuloide e imagen digital (algo en lo que hoy seguro habrían incidido).

15. A Personal Journey with Martin Scorsese through American Movies (Martin Scorsese / Michael Henry Wilson, 1995) / My Voyage to Italy [Mi viaje a Italia] (Martin Scorsese, 1999)
Scorsese quizá sea antes cinéfilo que cineasta; es decir, alguien que podría llegar a concebir su vida sin hacer películas pero no sin verlas. Pasión que tiene en las filmografías americana e italiana —las de su genealogía— sus dos nutrientes principales. Viaje personal —que no arbitrario—,  estructura la rama americana en base a un concepto de autor muy particular: el director como contador de historias; como ilusionista; como contrabandista, y como iconoclasta. Y la italiana con Rossellini (de quien toma el título) como eje vertebrador. En conjunto, 471 minutos y 150 filmes comentados sin un momento de desperdicio.

16. Voyage à travers le cinéma français [Las películas de mi vida] (2016, Bertrand Tavernier)
A la manera de los viajes memorísticos de Martin Scorsese por las historias de las cinematografías americana e italiana, el director francés ofrece una clase magistral sobre cuáles son y por qué razones sus mitos fílmicos: películas, directores, actores, músicos… Tavernier, como el gran gourmet que es, se deleita en los comentarios, en los que quizá se echa en falta algo de la acidez crítica que ejercitó, en ocasiones con virulencia, cuando empuñaba la pluma. Pero esto sería contrario al concepto mismo que aquí se maneja, no otro que el de la celebración. Y es una celebración iluminadora.

17. Filming Othello (Orson Welles, 1978)
El genio de Kenosha rememora las vicisitudes, mayormente obstáculos, de la producción y realización; no sin frecuencia el discurso adquiere tintes de diatriba. A ratos fiscal, a ratos abogado defensor, monologa primero cara a la cámara, y dialoga más tarde, como queriendo poner a prueba la validez de su testimonio, a dos —con sus actores— y a múltiples bandas —con el público, en un pase especial—. Su alegato final, de nuevo solo frente a la cámara, es un lamento por lo que pudo ser y no fue, que logra inclinar al jurado-espectador, por si hubiera todavía algún reticente, de su lado.

18. Overnight (Tony Montana / Mark Brian Smith, 2003)
De parábola define el cartel anunciador lo que el espectador va a ver. Y lo es: la parábola de un Ícaro que asciende a una velocidad fulminante, pero no tanta como a la que cae. Por motivos —y he aquí la moraleja— no solo achacables a las fuerzas demoniacas de la industria. Queda la sospecha de que el material seleccionado no haya sido del todo justo con el retrato de Troy Duffy, en pos de insuflar más fuerza al relato; si es así, lo cierto es que lo consigue: el espectador lo atiende fascinado y no quiere que la caída cese. Lo que quizá implique también otra moraleja, no menos grave

19. Dangerous Days: Making of Blade Runner [Días peligrosos: creando Blade Runner] (Charles de Lauzirika, 2007)
Con casi cuatro horas de duración y más de 80 entrevistas, esta ‘pieza de compañía’ del montaje definitivo (versión del 25 aniversario, única sobre la que al parecer Ridley Scott tuvo control completo) se estructura a modo de libro en siete capítulos que abordan los distintos aspectos del proceso productivo (con testimonios de algunos de los más directos responsables, Scott incluido) y otro final, a modo de epílogo, que expone —y en la medida en que tan inabarcable empresa permite, consigue— la influencia que la mítica cinta ha tenido desde el ya lejano 1982 en que se estrenó.

20. Lost in La Mancha [Perdidos en La Mancha] (Keith Fulton / Louis Pepe, 2002)
El Caballero de la Triste Figura ha sido objeto de obsesiones recurrentes; la de Gilliam se prolongó por en torno a treinta años y tuvo que enfrentar una nube de obstáculos que parecían haberse puesto de acuerdo en gafar el proyecto, pero su resistencia fue mayor y la obsesión se resolvió finalmente el pasado año, si bien con un resultado no a la altura de la espera. Lost in La Mancha nos recuerda el poder determinante del azar, factor que con frecuencia se olvida, en la realización cinematográfica, y la necesidad de limar los aspectos más narcisistas del ego al emprenderla.

21. Ingmar Bergman Makes a Movie (Vilgot Sjöman, 1963)
Quien espere ver en acción al cineasta sueco en plató es probable se lleve una decepción: Bergman no consiente ser filmado mientras filma, pero sí que quede registro de los ensayos, y contesta todas las preguntas que se le plantean, desde las tribulaciones que lo acometen durante la escritura del guion hasta las que durante la espera a la respuesta de los plumíferos de la prensa a Los comulgantes, con honestidad, lucidez y calma. Un muy valioso documento, compendio destilado de los pensamientos sobre el cine de una de las más singulares cabezas que haya dado el séptimo arte.

22. Final Cut: The Making and Unmaking of Heaven’s Gate (Michael Epstein, 2004)
La cinta cuya realización supuso el despertar del sueño del Nuevo Hollywood es tan, si no más, pródiga en leyendas como en realidades. Si bien las primeras, sobre todo las de corte sensacionalista, no van a dejar nunca de bullir y renovarse, este cómo se hizo resulta un equilibrado ejercicio a la hora de sugerir responsabilidades en la debacle (además de aportar un puñado de anécdotas tan inverosímiles como jugosas). La mayor lástima, la negativa de Cimino a participar en el documental —sus palabras provienen de una entrevista de la época—.

23. American Movie (Chris Smith, 1999)
La falta de contactos, financiación y un equipo solvente genera dudas sobre la valía del trabajo que se quiere sacar, el refugio transitorio del alcohol solo añade más dudas a la larga… ¿Cómo hacer que el sueño cuaje? Compasivo y brutal, humorístico y tristísimo, canto de amistad y denuncia inquisitorial, el retrato que Chris Smith hace de Mark Borchardt posee la magia ambivalente, abierta a múltiples lecturas, de las grandes obras, presentada con un velo doméstico, casi precario. Cualquier cineasta en ciernes debería verlo, siquiera como terapia, para sentirse menos solo.

El canto del cisne del director Ted Demme es también un canto de amor al cine que lo forjó (a él y a LaGravenese), ese que surgió en la década de los 70 e hizo del concepto de director-autor el eje —siquiera transitorio— de la realización de un filme, y que se materializó en el llamado Nuevo Hollywood. Con título de inspiración cassavetiana y una nómina nutricia del quién fue quién de la década (incluido el propio Cassavetes, en material de archivo), los distintos puntos de vista sobre cómo pudo materializarse el milagro acaso no desentrañen el misterio, pero sin duda lo iluminan.

25. The Cutting Edge: The Magic of Movie Editing [La magia del montaje] (Wendy Apple, 2004)
Desde el maestro de maestros Walter Murch hasta Quentin Tarantino, el análisis que los participantes en el filme realizan de algunos montajes memorables pueden ser más o menos iluminadores —si bien ninguno resulta obvio—, pero en cualquier caso nos recuerdan que la sintaxis, el montaje, determina por completo el contenido, cómo la misma escena puede excitar o aburrir en función de la manera en que se ensamble; nos recuerdan, en fin, la esencial importancia de la herramienta que determina uno de los rasgos esenciales del cine: la organización del tiempo. Solo por esto merece verse.

26. 10 on Ten (Abbas Kiarostami, 2004)
El volante como catalizador de la imaginación, la memoria y la reflexión ha sido un motivo recurrente en la filmografía de Kiarostami, y aquí es él el que se pone en el asiento del conductor para desgranar —en un eco formal de Ten, y mientras recorre algunos escenarios de El sabor de las cerezas— distintos aspectos de la realización cinematográfica, ilustrados por sus propios trabajos. Arriesgado y —de entrada— “anticinematográfico”, se trata de un viaje profundo a las entrañas de un cineasta enorme.

27. The Sweatbox (Trudie Styler / John-Paul Davidson, 2002)
El de la animación no es el paraíso inocente que uno imagina. No al menos en cuanto a las producciones/Disney se refiere, si lo aquí narrado es síntoma de una patología habitual y no un accidente (nota indiciaria: la propia Disney lo ha vetado). En el proceso de lo que terminó siendo El emperador y sus locuras se cuentan tantas imposiciones verticales y frustraciones creativas como en el más accidentado proyecto con vocación exclusiva de blockbuster. Irónicamente, es la cámara de uno de los damnificados —la de Trudie Styler, mujer de Sting— la que registra la debacle.

28. Tales From The Script: Hollywood Screenwriters Share Their Stories (Peter Hanson, 2009)
No historias desde la cripta (crypt) sino desde el guion (script). Algunas no son menos aterradoras; en el sentido, sobre todo, de descorazonadoras. Y eso que se refieren las experiencias de las primeras plumas: Shane Black, Allison Anders, William Goldman… También —sabio equilibrio— se tantean los misterios del oficio, y por ello es probable que para el guionista en ciernes tenga más interés el libro que acompaña al filme. Hay versión patria de este título: Writing Heads: Hablan los guionistas (Alfonso S. Suárez, 2013).

29. Score: A Film Music Documentary (Matt Schrader, 2016)
“¿Música? Nada de música”, llegó a decir Bresson, y ciertamente, el uso abusivo y comodón que de ella se hace en cine —y cada día más— convierte a las palabras del maestro francés en una opinión a no desechar sin más. No obstante cómo negar, cuando empleada orgánicamente con la imagen, su poder enriquecedor. Desde históricos vivos como John Williams hasta históricos futuros como Trent Reznor, el análisis que se ofrece es plural —directores y músicos, además de compositores— y a la vez apasionado y equilibrado. El filme ha prolongado su vida en un podcast de entrevistas.

30. Full Tilt Boogie [A toda marcha] (Sarah Kelley, 1997)
Airea algunas pequeñas miserias de las estrellas de Abierto hasta el amanecer y presenta un conflicto con el sindicato, el rumor de que va a promover piquetes contra la producción por haberse contratado a trabajadores no sindicados. Asunto, por lo infrecuente, de interés, pero en el que no se ahonda; Kelly parece darse por satisfecha con conceder a la masa anónima tiempo en pantalla. Tampoco el deslavazado montaje ayuda, pero tiene ese innegable poder de seducción que no nos permite apartar la vista de la pantalla aunque seamos conscientes de que lo que estamos viendo no sea bueno.

(+1). Buster Keaton Rides Again (John Spotton, 1965)
El documental tras las cámaras que acompaña (casi) inseparablemente a The Railrodder lo dobla en metraje, pero se hace corto. Cierto: es probable que más largo viera su fuerza diluida, como la ven los poemas a los que el autor se empeña en adosar versos. Eso mismo es Buster Keaton Rides Again: un poema de amor a uno de los mayores genios que ha dado el cine mudo —y no solo mudo—, y a un tipo de cine y humor que, ya en 1965, estaba condenado a quedar solo como curiosidad de filmoteca y capricho cada vez más ocasional.

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