Las 50 mejores películas de la década según los que deciden lo que ves

Los programadores de cine (Verdi, Conde Duque, Yelmo, Renoir, Cinesa, Kinépolis, Sunset Cinema, Sala Equis, LesGaiCineMad y MK2) eligen sus películas favoritas de 2010 a 2019

50 (+1).  INCENDIES (Denis Villenueve).

La gran baza de Incendies es que su director (y co-guionista) Denis Villeneuve no solo cree en la inteligencia del espectador a la hora de ensamblar el puzzle narrativo, sino que confía en su capacidad de asomarse a la oscuridad de sus propias deducciones para llegar a entender la esencia de la historia, y así resultar desgarradora. A la manera de una tragedia griega, relato melodramático por fuera y bien podrido por dentro.
JUAN PRIETO.

50.  MAGICAL GIRL (Carlos Vermut).

El segundo film del director Carlos Vermut es una de las películas más singulares y perturbadoras de la década del cine español, un rompecabezas de tres historias unidas que conforman los actores principales: José Sacristán, Bárbara Lennie y Luis Bermejo. Todos ellos están atrapados en una red de chantajes y verdades a medias que representan la oscuridad humana, convirtiendo a personas normales en monstruos. El triangulo de apartados se titula como el disco del grupo de los sesenta Los Brincos, Mundo, Demonio y Carne. O lo que es lo mismo: Dinero, Satanás y Sexo.
NACHO MARTÍNEZ-USEROS.

49.  CAROL  (Todd Haynes, 2016).

Aunque Todd Haynes nos tenía acostumbrados a retratar de manera histriónica y loca la naturaleza humana en sus más distintas facetas (Velvet Goldmine I’m Not There), en Carol llega la gran sorpresa: sobriedad, delicadeza y pulcritud para narrarnos una preciosa historia de amor entre dos mujeres perfectamente antagónicas. Basada en la novela de Patricia Highsmith, la hiératica mirada de Rooney Mara y esos silencios que dicen mucho sin decir nada, y la soberbia e impulsiva Cate Blanchett, siempre excelsa, conducen al espectador a un juego de continuas vueltas de guion con sorprendente y efectista final (sello Highsmith).
DAVID GARCÍA.

 

48.  ZOOTRÓPOLIS  (Byron Howard, Rich Moore, 2016).

Un thriller muy animado, donde todo y todos podemos tener cabida. En Zootróplis conviven  el humor, la aventura, el drama,  la crítica “feroz” al capitalismo y a la burocracia, el feminismo, el drama, el buen rollo y hasta guiños a grandes mitos del cine. Persiguiendo un misterio en esta animalaria ciudad, una coneja recién llegada al cuerpo de policía descubre en el supuesto mayor de sus enemigos en la naturaleza el que quizá pudiera ser el mayor de sus amigos en una impostada ciudad. Quizá todo sea cuestión de mirarnos de otro modo, pese a los instintos. Nunca un “Para todos los públicos” estuvo mejor justificado.
MÓNICA CRUZ.

47.  QUE DIOS NOS PERDONE  (Rodrigo Sorogoyen, 2016).

Rodrigo Sorogoyen se deja de retóricas de pareja en azoteas y se enchufa el desfibrilador con la cámara al hombro. Que dios nos perdone expone las miserias de la gentrificación, el fracaso político y la recesión económica en un Madrid a cuarenta grados que recibe al mismo tiempo al Papa y a un asesino en serie. La mejor y más jodida radiografía de la capital española en esta década no viene del cine social, pero se diría que consigue el mismo efecto.
JUAN PRIETO.

46.  NIGHTCRAWLER  (Dan Gilroy, 2015).

Si bien a primera vista puede parecer una película de acción superficial, a medida que avanza se manifiesta como una dura crítica sobre no solo el mundo del periodismo actual, sino también sobre la cultura del éxito a cualquier precio. Jake Gyllenhaal hace uno de sus mejores papeles interpretando a un hombre dispuesto a cualquier cosa por triunfar en un mundo donde todo vale, y donde solo eres tan valioso como la última primicia que has fabricado. Con un ritmo trepidante, la película no permite que te levantes del asiento. SANTIAGO SAVRANSKY.

45.  ÉRASE UNA VEZ EN… HOLLYWOOD  (Quentin Tarantino, 2019).

Aunque quizá no esté al mismo nivel que sus obras magnas, la novena película de Quentin Tarantino sigue siendo una obra mayor y toda una declaración de amor al séptimo arte. Metacine rebosante de caprichos referenciales de la mano de unos de los directores más icónicos del panorama contemporáneo en el que, probablemente, su mayor éxito consiste en exprimir hasta la última gota de un Brad Pitt y un Leonardo DiCaprio inconmensurables y tremendamente cómicos. Una cinta esencial para sumergirse en una época crucial de la cultura popular americana, con una traca final inolvidable.
JESÚS MATEOS.

44. THE MASTER (Paul Thomas Anderson, 2013).

Los puntos débiles como moneda de cambio. Paul Thomas Anderson dirige el relato no explícito de la creación de la Iglesia de la Cienciología y consigue meter al espectador en la turbulenta mente de Freddie Quell, un exmarine interpretado por Joaquin Phoenix. En su camino Quell se cruza con Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman) y se une a su congregación. The Master escala en la lucha de estas dos personalidades para mostrar un retrato retorcido de la mente humana. “Si nos encontramos en la próxima vida, serás mi enemigo acérrimo y no tendré piedad contigo”.
OCTAVIO ALZOLA.

43. INSIDE LLEWYN DAVIS (Joel y Ethan Coen, 2014).

Con el estilo inconfundible de los hermanos Coen, Inside Llewyin Davis pone de manifiesto la dualidad de ciertos personajes, que pueden ser genios en algunos aspectos y absolutamente ineptos en otros. Con un personaje principal que es difícil amar, pero imposible no querer, los Coen nos adentran en el mundo de la música folk de los años 60 haciéndonos partícipes de algo que para muchos resulta muy lejano. El tono agridulce de la película favorece a un Oscar Isaac que se revela como un actor talentoso que hace un retrato del fracaso, el duelo y la desesperación en un mundo gris. SANTIAGO SAVRANSKY.

42. MUSTANG (Deniz Gamze Ergüven, 2016

Ergüven debuta con un largometraje combativo con el que pretende denunciar el inmovilismo de la imposición cultural y religiosa en la Turquía rural. Y más concretamente, la anulación y subordinación que sufren las mujeres en detrimento de la figura masculina. A pesar de lo oscuro de su trasfondo y sus múltiples situaciones dramáticas, la película se erige victoriosa gracias a una exquisita y lumínica propuesta visual, una excelente capacidad narrativa, y un cast compuesto por cinco niñas extraordinarias que transmiten verdad en cada uno de sus gestos y miradas. Una victoria de lo nuevo sobre lo antiguo.
JESÚS MATEOS.

41.  LA ISLA MÍNIMA  (Alberto Rodríguez, 2014).

Thriller policíaco que convierte a Alberto Rodríguez en uno de los mejores directores del panorama cinematográfico español. Esta historia se desarrolla al principio de los 80, donde se encuentran las dos Españas: aquellos que luchan por un futuro más próspero (Raúl Arévalo) y aquellos que todavía viven anclados en el pasado (Javier Gutiérrez). Asombrosa interpretación de ambos actores que se completa con un gran guion, que mantiene la tensión durante toda la película, y una fotografía excepcional de las marismas del Guadalquivir que la convierten en un personaje más de la historia.
CARLOS BARTOLOMÉ.

40.  INTOCABLE  (Eric Toledano, Olivier Nakache, 2012).

Comedia francesa con tintes dramáticos en la que se tratan temas como la superación personal, la integración social o la discriminación racial. La historia juega con la antagónica posición vital y social de los dos personajes principales, y cómo, una vez superados los primeros prejuicios, ambos encuentran en el otro una razón para seguir adelante en la vida. La película deja un gran sabor de boca al espectador y aunque trata temas difíciles, lo hace siempre escapando de la compasión y aplicando buenas dosis de humor negro. Mención especial se merecen las interpretaciones de François Cluzet y Omar Sy.
CARLOS BARTOLOMÉ.

39. EL VICIO DEL PODER (Adam McKay, 2019).

Al mejor estilo de Adam McKay, y de una manera entretenida y distendida, es una crítica astuta sobre uno de los hombres que cambiaron el curso de la historia norteamericana y, probablemente, del mundo. Rompiendo con muchos de los esquemas establecidos, al igual que lo hace su personaje principal, y a través del uso del humor, la película nos lleva a conocer a un hombre que, sin que nadie se diera cuenta (ni lo esperase), se convirtió en la persona más poderosa del mundo. Aunque para algunos la película pueda pecar de muchas cosas, en ningún caso lo hará de ser aburrida.
SANTIAGO SAVRANSKY.

38.  CRUDO  (Julia Ducournau, 2017).

Crudo reinterpreta en clave de body horror el relato de Eva y la manzana, el de Pandora y la caja, el del conocimiento prohibido a la mujer por percibirse como amenazador. Radical propuesta hiperestilizada que prescinde del discurso didáctico sobre el empoderamiento femenino y lo trata desde lo más primario, desde la sangre y el sexo, motores de vida y muerte. El verdadero aprendizaje es aquel que pasa, en su sentido más literal, por probar la carne.
JUAN PRIETO.

37.  PATERSON  (Jim Jarmusch, 2016).

Paterson vive en Paterson, conduce un autobús y escribe poemas. Jim Jarmusch refleja la realidad cotidiana, la belleza de las pequeñas cosas, la vida de un poeta, como su mundo afecta a su obra y viceversa. Paterson vive a la sombra de William Carlos Williams, autor a su vez del poema-libro Paterson, lo cual convierte a la película en una estupenda matrioshka de conexiones complejas dentro de una historia sencilla. “Soy un conductor de autobús. Sólo un conductor de autobús”.
OCTAVIO ALZOLA.

36.  TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS  (Martin McDonagh, 2018).

Lo que una madre tiene que hacer cuando no lo hacen los que lo tienen que hacer. Hay fuerza y denuncia en todos sus personajes y en todas sus palabras, las que se dicen y las que no. Y siempre en las afueras, a donde se relega todo lo que en ella sucede, en la película y en la vida. Liderada por una excelente Francesc McDormand, Tres anuncios en las afueras te despierta rabia de la buena, de la que hace que el mundo quizás pueda cambiar, con la justicia en cada mano y un agrio humor en la recámara.
MÓNICA CRUZ.

35.  DOLOR Y GLORIA  (Pedro Almodóvar, 2019).

Opus cinematográfico de la filmografía de Pedro Almodóvar y una mirada mítico-poética a su vida y sus recuerdos. Antonio Banderas es el encargado de meterse en la piel de Salvador Mallo, álter ego del director manchego en la ficción, bordando el personaje de un director en constante sufrimiento ante su imposibilidad de seguir creando. Se podría decir que nos hemos topado con un Almodóvar en la cúspide de su carrera, hilvanando una narrativa y una estética deliciosas y refinadas que bien se aproximan a lo sublime, estando a la altura de los más grandes maestros del cine.
JESÚS MATEOS.

34.  BLANCANIEVES  (Pablo Berger, 2012).

Volver a contar una historia a priori creada para niñ@s de todo el mundo y de manera cañí no era tarea fácil. Sin embargo, de manera bella y sutil, Pablo Berger y ese plantel de actrices (nuevas en el olvido o recordadas en la memoria, no hay palabras para describir la interpretación de todas ellas) nos hacen sumergirnos en una de las más dramáticas historias que los hermanos Grimm hayan creado. Una manzana, la mala malísima, la buena buenísima y un príncipe que a priori no estaba a la altura hacen el resto, el que todos conocemos, pero como nunca hubiésemos imaginado. Gracias, Pablo. MÓNICA CRUZ.

33.  UNDER THE SKIN  (Jonathan Glazer, 2014).

Scarlett Johansson recorre Glasgow en una furgoneta, cazando hombres solitarios. En la bruma escocesa flota la espeluznante y melancólica música de Mica Levi. Críptica, desoladora y enervante, Under the Skin es una mirada al ser humano desde una perspectiva radicalmente alienígena: el descubrimiento de las formas y sonidos humanos, la empatía, la moral, la identidad, el cuerpo y el amor.  PABLO PARRA.

32.  BIRDMAN  (Alejandro González Iñarritu, 2015).

De la mano de una excelente banda sonora y con un humor particular, nos hundimos en el infierno del fracaso y los límites de la cordura humana. Con un cast que no podría estar mejor escogido por los paralelismos que presenta, Iñárritu nos aleja de la realidad habitual en un único plano secuencia. La película nos pone en la piel de sus personajes a través de su música y planos no convencionales haciendo que sintamos con ellos el estrés de estar jugándonos todo y resurgir de nuestras cenizas como el ave Fénix. Su complejidad puede no gustar a algunos espectadores pero sin duda no deja indiferente a ninguno.  SANTIAGO SAVRANSKY.

31.  EL ÁRBOL DE LA VIDA  (Terrence Malick, 2011).

Por inabarcable e inspiradora, si hay una película en esta década que haya conseguido la sublimación de la belleza de su texto, esa es El árbol de la vida. Complicado cuanto más su director se ha esforzado por repetir la misma puesta en escena durante los últimos 20 años. No obstante, la ambición artística que hay tras esta historia que conecta a una familia tradicional estadounidense con la creación del universo tiene poco que envidiar a la de Kubrick con 2001 o Jodorowsky con su fallida Dune.
JUAN PRIETO.

30.  LA DONCELLA  (Park Chan Wok, 2016).

El director surcoreano es experto en la venganza, tanto que sería para él como un género tras su famosa trilogía integrada por Sympathy for Mr. Vengeance (2002), Oldboy (2003) y Lady Vengeance (2005). Con La doncella consigue bucear en esta acción de reprimenda con la intención de reparar el daño, representada con la mayor belleza. El director encontró en la novela Falsa identidad de la galesa Sarah Waters una historia ambientada en la Inglaterra victoriana para, a través de su propia mirada, situarnos en la Corea de los años 30. Un laberinto de tres capítulos que alza la fuerza feminista contra una opresión masculina y oscura que hay mucho más que vencer. Hay que castigar.
NACHO MARTÍNEZ-USEROS.

29.  SEARCHING FOR SUGAR MAN  (Malick Bendjellou, 2013).

El cine documental, ese gran desconocido que muchas veces nos descubre historias que deben ser contadas. En el caso de Searching for Sugar Man es la historia de un cantautor fracasado, Sixto Rodríguez, cuya música viajó a otro continente para triunfar en el contexto del apartheid. Es una película magnética con un montaje brillante que la convierte en un thriller con un protagonista desaparecido, un éxito inesperado y un villano que se ha quedado con unos beneficios que no le corresponden. “Sugar man you’re the answer that makes my questions disappear”.
OCTAVIO ALZOLA.

28.  WHIPLASH  (Damien Chazelle, 2015). 

Película arrolladora y perfectamente engranada (guion, ritmo, interpretaciones, efectos, banda sonora) que traduce en notas musicales una ambición caníbal por el éxito. Con su primer gran trabajo, el joven director Damian Chazelle pilló al gran público a contrapié. Nadie se podía esperar un duelo tan violento (y sin apenas sangre) entre un alumno baterista y su profesor. Una película tan entretenida como agónica, tan musical como dramática, con uno de los clímax finales más potentes vistos en el cine de las últimas décadas.
JESÚS MATEOS.

27.  UN ASUNTO DE FAMILIA  (Kore-eda Hirokazu, 2018).

En el clásico de Yasujiro Ozu Cuentos de Tokio, el ritmo de la sociedad moderna rompía la familia tradicional japonesa y deshumanizaba a sus miembros. En Un asunto de familia ocurre lo contrario: unos pícaros al margen de la sociedad forman una auténtica familia, y esta unión les hace más humanos que cualquier estatus social. Kore-eda presenta la miseria real desde la comicidad, las emociones profundas desde la irreverencia doméstica, en un delicioso y agridulce cuento en el Tokio moderno.
PABLO PARRA.

26.  ELLE  (Paul Verhoeven, 2016).

Otra película que juega a derrumbar nuestro sistema moral, pero esta de manera más retorcida y enfermiza. Verhoeven retrata un mundo regido por el control psicológico del otro, en un vicioso juego del gato y el ratón del que nadie escapa, en el que todo consiste en quién gana a quién y lo más importante es nunca perder. Todos sus personajes son crueles, pero algunos de maneras más sutiles y sofisticadas que otros. Elle analiza (y destroza) el concepto de humanidad entendido como algo cálido y guiado por el corazón, pues en su mundo reina el ego, el deseo, el control, la frialdad y la cabeza. ¿Es esto inhumano, o también es humano?
MANUEL DAÑINO.

25.  JOKER  (Todd Phillips, 2019).

Efectivamente todo lo dicho es cierto, la interpretación de Joaquin Phoenix es sublime y hay que ver la película en su versión original. Pero hay mucho más detrás de la máscara, la dirección de Todd Phillips es puro nervio y la música de Hildur Guđnadóttir lo impregna todo. Gracias a todo ello la película se eleva para convertirse a la vez en gran cine de autor y en un gran éxito de taquilla; este éxito augura más cine arriesgado en el futuro, bienvenido sea. “Creía que mi vida era una tragedia … ahora veo que es una comedia”.  OCTAVIO ALZOLA.

24.  DJANGO DESENCADENADO  (Quentin Tarantino, 2013).

Si se juntan en una misma película el género del western y el director Quentin Tarantino, solo puede haber un final posible: una gran película con toneladas de humor negro, interpretaciones legendarias de todos sus personajes (mención especial para el gran Christoph Waltz) y mucha sangre y excesos por doquier, que son claramente parte del sello personal del aclamado cineasta. En esta ocasión Tarantino juega con los guiños a los westerns clásicos, una gran banda sonora y la química entre personajes, regalando al espectador unos magistrales diálogos difíciles de olvidar.
CARLOS BARTOLOMÉ.

23.  EL HILO INVISIBLE  (Paul Thomas Anderson, 2018).

Nunca se vio un análisis sobre la relación entre artista y musa tan hermoso y tan enfermizo, con unos juegos de poder y control entre poseedor y poseído tan apasionantes. En El hilo invisible la dualidad del ego y el amor es el motor del ser humano. Uno se esfuerza por conquistar la belleza artística; otro la posee como don inherente. Ambos se desean, ambos se necesitan, ambos estarán en eterna lucha, apretando y soltando por siempre jamás. Esta joya es la nueva prueba de que Paul Thomas Anderson ya solo sabe hacer GRAN cine y abordar los conflictos que mejor han definido el subconsciente de la historia americana contemporánea.
MANUEL DAÑINO.

22.  EL HIJO DE SAÚL  (Laszlo Nèmes, 2016).

El monumental debut de Nèmes es una experiencia demoledora como un puñetazo en el estómago, pero también una película abierta y compleja, con múltiples aristas y lecturas proyectadas en distintas direcciones que de paso tambalean nuestro sistema de certezas morales. El instinto de supervivencia en circunstancias extremas como algo más allá de lo que podamos controlar y comprender, capaz de desenfocar, distorsionar, olvidar o inventar la realidad para evitar así colapsar. El horror se siente en cada milímetro de metraje, pero también se cuela una luz superior de trascendencia mística que sobrecoge.
MANUEL DAÑINO.

21.  DE ÓXIDO Y HUESO  (Jacques Audiard, 2012).

Dos personajes que se cruzan en el camino del otro sin saber quién necesita más a la otra persona, más allá de la dulzura femenina y la brutalidad masculina del cuento La bella y la bestia al que recuerda. Tal vez esto sea por la presencia ante la cámara que siempre ha acompañado a Marion Cotillard y la dureza del papel interpretado por Matthias Schoenaerts, un boxeador que al igual que ella está en un momento de autodestrucción, intercambiando sus estados anímicos convirtiéndola en mucho más que la típica historia de superación. Una superación que además trata la sexualidad sin preguntas, mostrando la “imperfección” del cuerpo humano con la naturalidad de lo más bello y bestia a la vez.
NACHO MARTÍNEZ-USEROS.

20.  ROMA  (Alfonso Cuarón, 2018).

Alfonso Cuarón es uno de esos pocos cineastas que siempre sale de su zona de confort a la hora de contar nuevas historias, en las que lo más es menos y viceversa. Rodada en exquisito blanco y negro de fotografía superlativa y puesta en escena meticulosa, Roma nos cuenta un crisol nada opaco de la infancia del director, en sucesivas estampas fellinianas (en cada plano ocurren mil cosas, en cada secuencia, un millón) rodadas en su barrio natal. Personajes humildes que te llegan al corazón, situaciones cotidianas que te llegan al alma y un tempo que te mece en un ensueño del que no querrás despertar.  DAVID GARCÍA.

19.  MELANCOLÍA  (Lars Von Trier, 2011).

¿Angustiada? ¿Deprimida? ¿Sientes que se te cae el mundo encima? Nada tiene sentido y nadie te entiende, y para colmo un planeta gigante se dirige hacia la Tierra. Melancolía es un relato íntimo sobre un fondo apocalíptico, regado de imágenes arrebatadoras. Lars Von Trier plantea el fin del mundo con hermosísima desesperanza. Una película lenta y angustiosa, hipnótica como el remolino de un desagüe por el que desaparece el mundo.
PABLO PARRA.

18.  CALL ME BY YOUR NAME  (Luca Guadagnino, 2018).

El arte tiene la facultad de remover como pocas otras cosas pueden hacerlo, y el cine en particular mucho más. Call Me by Your Name consigue tocar las tripas de las emociones sin que quede claro de donde proviene, y ahí está su gran belleza, conmoviendo a gente de todas las edades, orientaciones y circunstancias. No solo por la historia de amor de los dos protagonistas, sino por recordarle a tu cuerpo las sensaciones vividas y que rondan la incertidumbre sentimental que acompaña a la adolescencia. A aquellas primeras veces que nunca más se repetirán, hasta que el cine te lo vuelve a recordar.
NACHO MARTÍNEZ-USEROS.

17.  LA CINTA BLANCA  (Michael Haneke, 2010).

Grandiosa obra maestra sobre los orígenes del fascismo. Los inesperados acontecimientos que comienzan a producirse en una pequeña aldea protestante en la Alemania de 1913 se transforman en un apabullante e hipnótico relato que consigue resultar asfixiantemente violento y abrumador con tan solo miradas y silencios. Un ejercicio cinematográfico propio de un orfebre del celuloide y de la psique humana en lo más alto de su filmografía. Un ejercicio exquisito de sugerencia en la que se pueden inhalar desde la butaca los hedores de una sociedad en proceso de descomposición. Y, aún así, tremendamente luminosa y bella. JESÚS MATEOS.

16.  RELATOS SALVAJES  (Damián Szifronm 2014).

Seis relatos en los cuales los personajes principales se enfrentan a situaciones cotidianas pero que, en este caso, los llevan al borde de la enajenación. Como más de uno nos hemos sentido alguna vez. Esto da pie a una serie de eventos que con un toque de humor negro nos muestran lo que es llegar al límite y cómo todos estamos tan solo a un mal día de la locura.
SANTIAGO SAVRANSKY.

15.  VERANO 1993  (Carla Simón, 2017).

En la crítica más fascinante de la década, C. Heredero se limitó a copiar un texto 30 años anterior de J. M. Carreño a propósito de Hatari de Hawks, que venía como anillo al dedo a Verano 93: “Aquí una imagen no existe en función de una idea, sino que las ideas nacen de los mismos hechos. Un lenguaje con una íntima y sólida confianza en que estos sean expresivos por sí mismos, en que no haya que explicarlos. Un cine de lo concreto, un arte de contacto inmediato con la realidad, donde la cámara nunca es protagonista sino un vehículo para hacer testigo al espectador. Las sensaciones no traducen propósitos temáticos sino que invaden al espectador, ensanchando su receptividad. Un estilo de máxima naturalidad, sin distorsiones expresivas, en una narrativa sencilla y apacible. Una película de armonía, de aceptación del mundo, cuya claridad de trazo y madurez le confieren toda su universalidad”. Amén.
MANUEL DAÑINO.

14.  CANINO  (Yorgos Lanthimos, 2010).

El mito de la caverna en el chalet burgués de una familia griega. El control parental llevado al extremo, tan extremo que lo dramático con el filtro del surrealismo aplicado a la crítica social se convierte en risas incómodas en la sala. Yorgos Lanthimos construye una historia de terror realista en la que por no afrontar lo exterior los monstruos se materializan dentro de la propia familia y la neolengua lo invade todo para alterar la realidad. “Zombie es una flor pequeña y amarilla”.  OCTAVIO ALZOLA.

13.  EL LOBO DE WALL STREET  (Martin Scorsese, 2014).

Biopic de un corredor de bolsa neoyorquino, la película es un exageradísimo carrusel de las aventuras y desventuras de un prometedor lobo de las finanzas cuyo futuro se ve truncado, con un ritmo y una apabullante interpretación del por entonces “cada-vez-mejor-actor” Leonardo DiCaprio. Scorsese exorciza al actor, lo somete a los límites de lo verosímil y embauca al espectador en una historia compleja pero ágil, entretenida y visualmente prodigiosa. Memorable secuencia de nuestro protagonista bajo los efectos de una droga alucinógena para llegar a su coche, pura gimnasia rítmica por parte de un DiCaprio en estado de gracia. DAVID GARCÍA.

12.  MAD MAX: FURIA EN LA CARRETERA  (George Miller, 2015).

Un camión acorazado atraviesa el desierto a toda velocidad. Al volante la Furiosa Charlize Theron, una heroína moderna que hace chupar rueda a un patriarcado mutante. George Miller carbura todos sus cilindros con tal maestría que eleva una historieta de tebeo a impecable ejercicio cinematográfico (valedor de seis Oscars, entre ellos montaje y diseño de producción). En una década plagada de remakes y franquicias recalcitrantes, Fury Road lleva a otro nivel el cine de acción y nos regala una aventura asombrosa y emocionante.
PABLO PARRA.

11.  AMOR  (Michael Haneke, 2013).

Cuesta mucho entender el proceso de creación de Amor como uno de tantos. Aquí lo que hay es un triple salto al vacío de Riva, Trintignant y Haneke. Los tres se dejan de tal forma la piel y el alma por no caer en el sentimentalismo o el tremendismo que al final tan solo les resta el factor humano, y entonces nada parece una película, y sin embargo lo es. Posiblemente sea de las historias más incómodas y aun así más bellas de estos últimos 10 años.
JUAN PRIETO.

10.  NADER Y SIMIN, UNA SEPARACIÓN  (Asghar Farhadi, 2011).

El siempre bienvenido Farhadi nos ofrecía una historia de su Irán natal con una premisa sencilla, sin artilugios ni pretensiones aparentes, pero que gira de repente para llevarnos por episodios inesperados, arrojándonos al vacío de las miserias del ser humano y las maniobras más oscuras del corazón para sobrevivir en un mundo nunca fácil. Thriller de sentimientos y redención donde la situación sentimental de una pareja en crisis nos muestra realidades desoladoras para el mundo occidental. Ganadora del Oscar y el Globo de Oro a Mejor Película Extranjera en 2012, cuenta con una secuencia final que es ya historia del cine.
DAVID GARCÍA.

 

9.  BOYHOOD  (Richard Linklater, 2014).

Boyhood se desliza por la vida de la manera en que percibimos el tiempo: desde los momentos de transición, de lo que pasa entre los hechos supuestamente importantes, mientras hacemos otros planes. Captura el crecimiento, el aprendizaje, la formación de una personalidad, los pequeños cambios y cómo estos nos marcan y determinan. Boyhood es a la vez un experimento sobre el paso del tiempo, una ficción hermosa, un documental sobre los actores que aparecen en ella y un testimonio de vida. Y el resultado, monumental, consigue hacernos sentir reflejados en un espejo mientras amplía los límites de lo que entendíamos por cine. MANUEL DAÑINO.

8.  ORIGEN  (Christopher Nolan, 2010).

La obra del cineasta Christopher Nolan se puede definir como una película de ciencia-ficción, como un thriller psicológico, incluso, en parte, como cine de evasión. Pero todas estas afirmaciones tienen parte de engaño, ya que este filme no se puede encuadrar en un solo género o estilo conocido. En esta ocasión Nolan consigue crear un thriller complejo, atrevido e innovador adornado con grandes escenas de acción y unos efectos especiales dignos de admirar. Además, ofrece una gran complejidad argumental que obliga al espectador a no perder detalle durante todo el metraje.
CARLOS BARTOLOMÉ.

7.  TONI ERDMANN (Maren Ade, 2017).

Cuando crees que lo tienes todo perfectamente hilvanado, un trabajo que te dice cuando vivir (otras cosas) o una pareja que te dice qué tocar (si procede), que sea tu padre el que llegue a desordenarte, u ordenarte, tu vida, es Toni Erdmann. Divertida, extravagante, dramática, o no, la protagonista hija de su padre, ubicada en una Bucarest multinacional, redescubre, aunque le cueste casi tres horas de cine, un rato de vida, volverse a reír de una misma.
MÓNICA CRUZ.

6.  LAURENCE ANYWAYS (Xavier Dolan, 2013).

Un jovencísimo Xavier Dolan escribe y dirige la odisea vital de una mujer transexual y su novia durante una década. La conquista extraordinaria de aceptarse a una misma y al ser amado, el amor como fuerza vital todopoderosa. Un vestuario delicioso, una fotografía explosiva y una banda sonora exquisita y la actuación cautivadora de Melvil Poupaud hacen de Laurence Anyways una joya vitalista y memorable.
PABLO PARRA.

5.  DRIVE  (Nicolas Winding Refn, 2011).

El thriller dirigido por Nicolas Winding Refn y protagonizado por Ryan Gosling mezcla a partes iguales la violencia y el romance y la convierte en una película totalmente diferente a todo lo que Hollywood ha ofrecido con anterioridad. Si se busca un filme de acción cargado de testosterona y adrenalina será una decepción total, pero si el espectador se deja atrapar por su ritmo lento, su atmósfera deprimente y sus inquietantes silencios, encontrará una película brillantemente dirigida e interpretada, con una espectacular banda sonora, que consigue dejar una huella profunda difícil de olvidar.
CARLOS BARTOLOMÉ.

4.  LA LLEGADA  (Dennis Villenueve, 2016).

Existe un vínculo circular entre la cinta de Denis Villeneuve y Contact (de Robert Zemeckis, 1997), más allá de que ambas estén inspiradas en una obra literaria, y un parecido de tez y alma ante la cámara de sus protagonistas Amy Adams, en la película contemporánea, y Jodie Foster, en el film de los noventa. Los papeles de las dos actrices están ligados de algún modo con esos seres extraterrestres que han llegado a la Tierra con una intención todavía por descubrir; ellas serán la llave de cara a contactar con ellos. Tal vez esto haga la película perfecta, que esta historia redonda te lleve directamente al pasado, y te haga volver a dudar de si el tiempo es lineal o circular.
NACHO MARTÍNEZ-USEROS.

3.  HER  (Spike Jonze, 2014).

Inspirada en un futuro que ya la ha sobrepasado, Spike Jonze vuelve a adentrarse en lo más sórdido del ser humano y en su capacidad de crear y creerse su propia historia. ¿Acaso así no la vivimos todos? Ella es la soledad, la verdadera protagonista de la película, además de la voz y el (¿por qué no?)  ser que se esconde detrás de un dispositivo tecnológico y de la que se enamora él, un Joaquín Phoenix como siempre descomunal, que no hace sino cuestionarnos a través de su desasosiego qué es el amor, cómo cubrimos ciertos vacíos y necesidades y si éstos son obra nuestra o de ellos, los otros. Una historia real en tiempos de ficción.
MÓNICA CRUZ.

2.  LA VIDA DE ADÈLE  (Abdellatife Kechiche, 2013).

La vida de Adèle son tres horas de dolor y temor, tres horas de esperanza y conciliación del cuerpo y el alma, y tres horas de ejercicio cinematográfico superbo. Tras varias obras no tan menores pero muy desapercibidas, Abdellatif Kechiche da a luz uno de los dramas sobre el amor más desgarradores de la década. Cual fábula lésbica de Romeo y Julieta, se antoja un canto a la más intimista revolución libertaria de los sentimientos y la más devastadora radiografía de la soledad del ser humano con problemas de identidad sexual. Nunca escenas de sexo explícito en pantalla resultaron más hermosas a la vez que extenuantes hasta el límite de lo soportable.  DAVID GARCÍA.

1. LA GRAN BELLEZA (Paolo Sorrentino, 2013).

Cuando el síndrome de Stendhal ataca con Paolo Sorrentino al frente y Toni Servillo convertido en Jep Gambardella el resultado es La Gran Belleza. 50 años después del estreno de La Dolce Vita volvió el espíritu de Fellini y una vez más se demostró que el arte para ser grande debe beber de sus mayores y evolucionar creando un diálogo infinito. “No sólo quería participar en todas las fiestas, quería tener el poder de hacerlas fracasar”.
OCTAVIO ALZOLA.

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