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50 libros de cine imprescindibles

Por Eduardo Roldán @enfaserem

El cine es a la vez un compendio de y un pulso entre arte e industria. Arte de síntesis por antonomasia —literatura, música, fotografía…—, e industria de límites porosos donde el azar tiene una presencia decisiva. Debido a esta naturaleza doble y plural en cada una de sus partes, tanto el proceso de creación —la producción de un filme— como el resultado —el filme en sí— del cine son territorios de exploración fascinantes, que admiten una variedad de enfoques riquísima, bien por los participantes en la creación, bien por los observadores del resultado.

Aquí os presentamos cincuenta de estos enfoques, que van desde memorias personales a reseñas y análisis críticos, desde el humor a la filosofía, desde el recuento histórico hasta las predicciones del futuro; en diversos géneros —entrevistas, diarios, ensayo—, ninguno de estos libros os dejará indiferentes, y el conjunto forma una biblioteca que en verdad se puede calificar de imprescindible.

50. Con el corazón en tinieblas: Un diario íntimo de ‘Apocalypse Now’.(Eleanor Coppola).
Con una prosa clara y honda, el diario de Eleanor Coppola es el contrapunto íntimo y a media voz del caos comunal que Corazones en tinieblas mostró que fue el rodaje de Apocalypse Now: un retrato honesto —miedos, iras, frustraciones: no calla nada— y conmovedor de un alma confusa y rota, acaso la de la persona, aparte su marido, más afectada por el delirio filipino. (Decir en favor de este que fue él quien la animó a publicarlo).

49. ‘Slapstick. Las memorias de Buster Keaton’.
(Buster Keaton en colaboración con Charles Samuels).

Desde que siendo un niño su padre lo lanzara, volteara, estampara contra el bombo de la batería… hasta el estrellato mudo del celuloide, el olvido y el parcial resurgimiento televisivo, Keaton fue un ejemplo admirable de profesionalidad, siempre dispuesto a ponerse la máscara del estocismo y acudir allí donde lo llamasen. Agradecido por la vida que ha llevado —pese a los muchos reveses—, no tiene una mala palabra para nadie. En su caso el genio cómico se alía con una alma ancha, que ensancha la de quien lo lee.

48. ‘Ebert’s Little Movie Glossary’. (Autoría comunitaria, compilada por Roger Ebert).

El crítico de Chicago selecciona y compila alfabéticamente una serie de lugares comunes cuyo uso abusivo se diría los ha vuelto invisibles, junto a otros algo menos masticados. Con en torno a cuatrocientas entradas, todas poseen ingenio y garantizan la sonrisa. Librito para llevar en el bolsillo y leer al antojo, tiene mucha más sustancia de lo que su aparente inocencia pudiera hacer creer en un principio.

47. ‘Conversaciones con Billy Wilder’. (Cameron Crowe).
Todo fanático sueña con poder conocer y charlar sin censuras de tiempo, espacio o temática con su ídolo. Cameron Crowe logró hacer el sueño realidad, y la realidad no desmerece al sueño. Gracias sobre todo a la tremenda lucidez de un Wilder que contaba con más de 90 años, y a un estilo grácil y directo, cuando uno se quiere dar cuenta, ya ha terminado el libro. Eso sí, quien espere que el entrevistador cuestione al o apriete las tuercas del entrevistado, que busque en otro lado.

46. ‘Historia del cine’.
(Roman Gubern).

Sin orillar los factores sociológicos, económicos, culturales y técnicos en favor exclusivo de los artísticos (por supuesto aparecen Chaplin o Greta Garbo, pero también Edison o Freud), pues sin aquellos estos no se pueden entender, y menos un arte tan industrial, el libro imbrica y hace la síntesis de unos y otros con sencillez y hondura, en una narración muy dinámica que le deja a uno la impresión, al cerrar sus muchas páginas, de que la historia se le ha quedado corta.

45. ‘Lecciones de cine y Más lecciones de cine’. (Laurent Tirard).
El quién es quién del panteón actual de los directores de cine —alguno fallecido tras la publicación— se da cita en estas lecciones en forma de diálogos abiertos con el cineasta francés en las que, al obtenerse de primera mano los trucos, las manías, las certezas y las dudas de cada cual a la hora de afrontar un proyecto, termina uno por admitir (recordar) que no existe fórmula infalible para la creación y que la incertidumbre es ingrediente —y motor— inseparable de esta.

44. Linterna mágica (Ingmar Bergman).
El supuesto paraíso de la infancia. Los miedos arraigados que el tiempo no deshace. El padre como ojo que todo lo ve y todo lo juzga. El misterio y la fascinación de la luz. La esperanza pese a todo. Bergman tumba su memoria en el diván y ofrece un retrato más íntimo del que cualquier analista le hubiera podido extraer. Este es lugar para explorar las raíces de su genio, que el director sueco logra exponer con una fuerza visual digna de algunas de sus imágenes más potentes.

43. ‘La poética de lo cotidiano. Escritos sobre cine’. (Yasujiro Ozu).
“No era un estudioso”, dice Ozu de sí mismo. Pero lo fue, como esta selección de textos deja claro: solo que no un estudioso de academia sino autodidacta. Sus opiniones son tan lúcidas como firmes y plurales: desde el star system hasta los matices del rostro de un actor o el sentido de la gramática del cine, que ignora si no le sirve para su objetivo último, “hacer sentir eso que llamamos vida, sin utilizar acontecimientos especiales”. La exquisita edición de Gallo Nero hace justicia al contenido.

42. ‘El cine en vivo y sus técnicas’ (Francis Ford Coppola).
Pionero en el uso y visionario en el alcance de las técnicas digitales, Coppola se muestra convencido de que el formato digital cambiará no solo la producción y distribución sino la misma esencia del cine como arte. Con la referencia de la TV de la época dorada y valiéndose de la tecnología actual, el “cine en vivo” pretende capturar y aunar la excitación de un gran evento deportivo con la magia del acto de creación en el momento de producirse. Libro lúcido y ameno, la tesis puede discutirse pero no obviarse.

41. ‘De cine. Aventuras y extravíos’ (Eugenio Trías).
Para Trías el séptimo arte no fue solo un pasatiempo canjeable sino una devoción en la que zambullirse con el entusiasmo que se dedica a esas tres o cuatro cosas que nos permiten seguir tirando. Con el rigor y la curiosidad del buen filósofo, aborda el estudio de ocho de sus cineastas esenciales —Lang, Hitchcock, Kubrick…— para, a partir de las filmografías, que desglosa/desmonta con una erudición notabilísima, interrogarse sobre las cuestiones esenciales de la condición humana.

40. ‘Cine o sardina’. (Guillermo Cabrera Infante).
Quien afirmase que el cine no es que hubiera influido en la narrativa literaria del s. XX, sino también en la anterior a que fuera inventado, desata su pasión cinéfila con opiniones tan arbitrarias como inteligentes, tan a veces discutibles como siempre interesantes. Escritor ante todo, Cabrera no se resiste a jugar con el lenguaje —paradojas, retrúecanos…—, y este es uno de los mayores atractivos del libro, y también su peligro mayor: tanto ingenio puede por momentos llegar a saturar.

39. ‘Autobiografía (o algo parecido)’. (Akira Kurosawa).
De estructura impresionista —cabe hablar más de viñetas que de capítulos—, el emperador del cine nipón rememora aquí desde su infancia hasta Rashomon. Rememoración para la que no dudó —y eso lo honra— en consultar a los otros participantes de los episodios si él tenía nieblas. Con humor, con afecto y melancolía, en no pocas ocasiones implacable, si algo se desprende de estas páginas es la voluntad de hierro de Kurosawa de no plegar jamás su visión, fílmica y vital, a las exigencias de otros.

38. ‘Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntar a Hitchcock’. (Slavoj Žižek y otros).
El quizá más punk y mediático de los filósofos actuales aborda su devoción hitchcockiana a través del prisma del quizá más discutido de los psicoanalistas. Volumen indicado especialmente para quien piense que el sustrato psicológico del cine del mago del suspense ya ha sido estudiado hasta la náusea, la selección zizekiana de textos supone una inmersión profunda, plural y turbadora en un universo creativo diríase que inagotable. (Recomendable poseer un vocabulario psicológico básico).

37. ‘Fellini por Fellini’. (Federico Fellini).
Personalidad arrolladora, inabarcable, contradictoria —como tantos genios—, si ha habido un cineasta que haya bebido de su propia experiencia —recuerdos, sueños, demonios—, ese ha sido el director de Rímini; así, un libro armado por él y sobre él, podría casi parecer un apósito prescindible. No lo es, sino un collage embrujador de entrevistas, artículos, réplicas a críticos, anécdotas… Cabe sospechar que originalmente más anárquico, el ejercicio de edición no le resta fuerza y le confiere claridad.

36. ‘La mirada encendida’. (Ángel Fernández-Santos).
La magnum opus del por muchos considerado mejor crítico de cine que ha dado este país. Reseñas, desde luego, pero también perfiles de cineastas, crónicas de festivales e incluso necrológicas que abarcan casi trescientos textos y cuatro décadas, y que permiten disfrutar de la honradez y sabiduría (no basta con manifestar las filias y las fobias para ser un buen crítico, hay que justificarlas, y justificarlas con razones cinematográficas) en un prosa tan cuidada como enérgica.

35. ‘Chaplin: His Life and Art’. (David Robinson).
La vida, llena de claroscuros, del acaso más grande hombre de cine —aparte del mayor icono— exigía para su relato y análisis un esfuerzo descomunal; a fin de cuentas, es en buena medida la vida del siglo XX. Robinson no solo lo hace, sino que consigue, en una fluida fusión entre vida y obra, no perder nunca el pulso narrativo, la distancia crítica pero equilibrada, el afecto sin gratuidad. En torno a mil páginas que quizá constituyan la cima de las biografías sobre cineastas.

34. ‘Ciudadano Welles’. (Peter Bogdanovich).
De conclusión mucho más fatigosa que el Hitchcock/Truffaut —se tardaron décadas en darle su forma final—, el otro gran libro de conversaciones entre cineastas presenta una estructura más anárquica, acorde con el espíritu de Welles; la cronología no se respeta, las ideas se van enlazando al correr de la cinta…, pero no hay confusión: los intercambios están seleccionados y editados con esmero. Quizá no haya otro retrato más fiel de alguien tan desbordante y contradictorio.

33. ‘Cassavetes por Cassavetes’. (Ray Carney, John Cassavetes).
La considerada mayor autoridad mundial en el cine de Cassavetes no omite ninguno de los muchos perfiles del actor y director neoyorquino —el despótico, el generoso, el infatigable, el arbitrario…—, y termina por alumbrar el retrato conmovedor de un héroe marginal que entendió siempre el cine como un proceso colaborativo con el actor como eje esencial al que subordinar el resto de elementos. Texto inspirador para cualquier hombre de cine, pero sobre todo para cualquier hombre.

32. ‘Rebel without a Crew: Or How a 23-Year-Old Filmmaker With $7,000 Became a Hollywood Player’. (Robert Rodríguez).
En la época del DIY, el recuento de Rodríguez sobre la gestación y parto de El Mariachi es un auténtico manual de inspiración motivacional para cualquiera que pretenda filmar su primera película. Las condiciones y dificultades indudablemente han cambiado, pero el empeño y la energía necesarios para hacerles frente no. Con un estilo-metralleta por completo adictivo, el epílogo final (Escuela de cine en diez minutos) bastaría por sí solo para justificar la adquisición del libro.

31. ‘Mi último suspiro’ (Luis Buñuel).
Diálogo/monólogo forjado al abrigo de una amistad de muchos años, Buñuel enhebra el relato de su vida al compás sereno y a veces caprichoso, no necesariamente cronológico, que le marcan los recuerdos. Tan lúcido como sardónico (y entrañable), no omite ninguna de sus obsesiones, no maquilla ninguna de sus impresiones, no incurre nunca en el patetismo o la autocomplacencia. Revela tanto de la creación de sus películas como de la sociedad de la España (y del mundo) que conoció.

30. ‘Reflexiones sobre mi oficio: escritos y entrevistas’ (Carl Theodore Dreyer).
Volumen que pide leerse junto al estudio de Schrader, es un cajón de sastre —reseñas, esbozos de proyectos, meditaciones sobre el cine, entrevistas…— donde cada prenda constituye una pieza preciosa en sí misma y a la vez contribuye a seguir el rastro del pensamiento del director danés. Alcanzado el final, el lector admite que el adjetivo trascendental elegido por Schrader impregnó los otros empeños de Dreyer fuera de, pero relacionados con, la pantalla de plata.

29. ‘A cinema of loneliness’ (Robert Kolker).
Crítico materialista en el mejor sentido (la película como texto fílmico autónomo), Kolker estudia qué distingue a ciertos autores que admira al tiempo que alumbra el factor común en todos ellos. Penn, Stone, Fincher; Scorsese; Kubrick; Spielberg; Altman. Cinco capítulos a cada cual más denso, luminosos y sorprendente —¿quién asociaría el nombre de Spielberg a un “cine de la soledad”?—. Por poner un pero, la inclinación del autor a destripar los argumentos que comenta.

28. ‘El nombre delante del título . Autobiografía’ (Frank Capra).
La lucha de Capra fue por mantener su autonomía dentro del sistema de estudios. Referencia ineludible para conocer la Edad de Oro, no se limita no obstante a encadenar negritas; refiere anécdotas, sí, pero tanto más interés tiene su mirada sobre la Segunda Guerra Mundial o su escasamente paradisiaca infancia: una de esas vidas que merece calificar de plenas. Como hiciese con su cine, estas páginas demuestran que los llamados ‘buenos sentimientos’ también pueden dar grandes obras.

27. ’50 años de cine norteamericano (2 vols.)’ (Jean-Pierre Coursodon, Bertrand Tavernier).
Más de 1.300 páginas para un tesoro de la consulta. No se trata de la cantidad de información sino de cómo la información se presenta; y los autores, con una minucia y una profundidad inmensas, no se limitan solo a verter una catarata de datos sino a hacer la reseña de la mayoría, y sin perder la amenidad en ningún momento. Trabajo monumental, resulta tan útil para la búsqueda concreta como disfrutable al azar.

26. ‘Teorías del cine: Una introducción’ (Robert Stam).
Todo arte trae consigo un aparato crítico que trata de asirlo —sin, por fortuna, conseguirlo nunca del todo—, y el cine no escapa a este principio. Genealogía de los más relevantes enfoques críticos que han abordado el séptimo arte —teóricos del cine mudo, estructuralismo, feminismo, etc.—, lo que podría parecer de entrada un texto dirigido en exclusiva al nicho concentrado de los académicos es, gracias a una exposición pedagógica, sugestivo para cualquiera con alguna inquietud teórica.

25. ‘A libro abierto. Memorias’ (John Huston).
La épica-macho, hemingwayana con la que John Huston siempre fue asociado —se sacó las castañas boxeando, y era dado tanto a la caza como al whisky, y contó sus matrimonios con los dedos de una mano…— es una etiqueta solo sostenible si no se pierde de vista el hecho central de que, como el escritor de Illinois, fue sobre todo un trabajador incansable. Estas memorias, tan llenas de nombres como de honestidad, recompensan como la más excitante novela de aventuras.

24. ‘El estudio. Un año en el infierno de la Fox’ (John Gregory Dunne).

El todopoderoso Richard Zanuck concede al marido de Joan Didion el raro privilegio de tener libre acceso a todas las instancias de la Fox durante un año, y el novelista y guionista lo aprovecha en un ejercicio de reporterismo no menos fascinante que los de su esposa. Entre las revelaciones, sorprende especialmente la influencia decisiva del factor pulsional en la toma de decisiones: nada de la mentalidad fría, numérica, que uno creería en quienes manejan el negocio.

23. ‘Moteros tranquilos, toros salvajes. La generación que cambió Hollywood’ (Peter Biskind).
Muchas de las figuras que ayudaron a erigir el Nuevo Hollywood no salen bien paradas en el —junto a Hollywood, Babilonia— otro gran clásico del lado oscuro de la industria. Quizá no más riguroso, resulta sin embargo más creíble, acaso porque las anécdotas no se abisman en territorios tan sombríos como aquel y porque muchos de los protagonistas siguen vivos —tendemos a pensar que quieren proteger su reputación—. Más o menos verídico, una vez abierto resulta muy díficil volverlo a cerrar.

22. ‘Mutaciones del cine contemporáneo’ (Jonathan Rosenbaum / Adrian Martin (coord.).
El fluctuante, y en no poca medida desconcertante, panorama audiovisual actual halla en este volumen acaso la más omnicomprensiva y lúcida lectura de cuantas se han publicado. El denominador común de los ensayos es la certeza de que este cambio constante, y la incertidumbre que generan las nuevas formas de producir/consumir cine, no ha aniquilado el arte sino abierto nuevas vías cuya exploración está trayendo —y seguirá— algunas de las propuestas más audaces y sugerentes que pueden verse hoy.

21. ‘El gusto por la belleza’ (Eric Rohmer).
Selección de piezas críticas por las que el lector, a partir de las apreciaciones sobre las películas y cineastas comentados —Hawks, Flaherty, Rossellini…—, es capaz de destilar la concepción del cine del propio Rohmer, que luego este llevaría a sus películas. Con esa sabiduría tranquila solo alcance de los más grandes maestros, el libro es ante todo una celebración del hombre como ser creador, y a la belleza creada como portadora de valores morales. No solo para cinéfilos.

20. ‘Memorias’ (Roman Polanski).
Polanski personaliza como nadie la injusta actitud de no valorar la obra de un artista por sí misma sino condicionada por sus asuntos privados. Los de Polanski, plurales, dramáticos y turbios, no le han impedido sin embargo dejar de producir una obra vasta y poderosísima, ni tampoco de, pese a todo, seguir intentando disfrutar de la vida. El recuento que de esta hace fascina como la flauta de un encantador de serpientes.

19. ‘The American Cinema: Directors and Directions (1929-1968)’ (Andrew Sarris).
El culpable de instalar la política de autores al otro lado del Atlántico —y en la lengua inglesa— hizo de la jerarquía uno de los ejes de su enfoque crítico. Lo cual no hay que identificar con una graduación en función de un supuesto ‘cine de calidad’, contra el que los jóvenes turcos de Cahiers tanto se pronunciaron. Erudición, humor, vehemencia… He aquí las lecciones de un sabio que no teme zambullirse en el fango de la polémica, sabedor de que la contradicción contribuye al avance.

18. ‘On directing film’ (David Mamet).
Compilado de un curso que impartió en la Universidad de Columbia, Mamet se opone a muchos de los principios de la realización cinematográfica considerados sacrosantos, según él no otra cosa que imposturas para perder tiempo (y dinero). La forma de cine ideal que es la película muda (pura imagen), el corte como motor de la narración, el plano sin inflexiones y la diferencia entre drama y regodeo son temas que no ha dejado nunca de explorar y de los que hace aquí una síntesis acerada.

17. ‘The Age of Movies. Selected Writings of Pauline Kael’ (Pauline Kael).
No hay Batman sin Joker como no hay Sarris sin Kael. Le llamaron de todo: rencorosa, arbitraria, viperina… Pero su escalpelo también cortó en sentido contrario: un dominio del idioma que ya quisieran para sí los más laureados escritores ‘serios’, un ojo capaz de radiografiar un filme hasta la médula, una pasión infatigable. Se puede o no estar de acuerdo con su opinión, pero hasta cuando se está en contra uno no puede dejar de admitir la lucidez y la articulación de sus puntos de vista.

16. ‘Hollywood, Babilonia (2 vols.)’ (Kenneth Anger).
Convertido hoy en libro de culto —con todo lo bueno y lo malo que tal etiqueta implica—, este compendio de cotilleo salaz, morboso y hasta turbio tiene sin embargo la capacidad de demostrar, a través de las historias que narra —y aun pese a la indudable especulación de muchos de los hechos afirmados—, la fundamental impostura sobre la que la industria del espectáculo se sostiene. Algo de lo que somos conscientes, pero en un grado ni remotamente cercano al existente.

15. ‘A Hundred Years of Japanese Film’ (Donald Richie).
El mayor japanófilo de los intelectuales de Occidente, tan exquisito bon-vivant como infatigable trabajador, une aquí su gran capacidad analítica y de síntesis junto a su pasión por la historia para armar un volumen primorosamente editado y más que adictivo. La industria del cine japonés no es menos interesante que la de Hollywood, y Richie la cuenta con la erudición y claridad de los mejores prosistas americanos de posguerra. Solo por el anexo de DVD’s comentados merece la pena.

14. ‘Las aventuras de un guionista en Hollywood’ (William Goldman).
Con una experiencia de casi dos décadas en el momento de su redacción, Goldman contribuyó quizá como ningún otro a visibilizar la figura del guionista dentro de la maquinaria hollywoodiense. Despiezando los distintos engranajes que la componen —repudia la teoría de autor: para él una película es siempre un proyecto de responsabilidades limitadas y compartidas—, la célebre conclusión a la que llega: “Nadie sabe nada” es tan pertinente hoy como lo fue entonces, recién consumada la debacle de Las puertas del cielo.

13. ‘Conquista de lo inútil’ (Werner Herzog).
Ya Herzog advierte desde el comienzo que quien busque encontrar un informe del rodaje de Fitzcarraldo, mejor busque en otro sitio. Lo que aquí va a encontrar, en forma de falso diario, son los reflejos interiores del caos que ese propio interior suyo contribuye a crear. Algunas de las escenas que relata son aun más surrealistas que las del filme, pero tampoco por estas ha de leerse: ha de leerse porque nos hallamos no ante el libro de un cineasta que se sienta a escribir, sino ante el de un escritor con una prosa de una fuerza poética arrasadora, que además hace cine.

12. ‘Notas sobre el cinematógrafo’ (Robert Bresson).
Suerte de breviario ontológico de su concepción del cine, Bresson, cual maestro del haiku, y apoyado por puntuales citas ajenas, destila reflexiones e intuiciones concentradas en dos, tres, cuatro líneas; algunas paradójicas, otras discutibles, todas dignas de atención reposada, el abanico de temas —‘Sobre la imagen’; ‘Sobre lo verdadero y lo falso’, ‘Sobre la música’, etc.— es plural y poroso, pues las píldoras se cuelan a veces donde, en teoría, no pertenecen. Tan anómalo como necesario.

11. ‘Roger Ebert’s Book of Film: From Tolstoy to Tarantino, the Finest Writing From a Century of Film’ (Roger Ebert).
Más de cien escritos —críticas, estudios, piezas de ficción…— con autores que van del Tolstói del título a Susan Sontag o John Huston, y que cubren por entero —si es que se puede cubrir por entero— las múltiples esferas del mundo del cine. Deliciosamente parcial, idiosincrásico y agudo —puro Ebert—, este ladrillo antológico invita e incita a leerse sin otro criterio que el de dejarse llevar por el albur, pues el disfrute está asegurado.

10. ‘Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine’ (Andréi Tarkovski).
Tarkovski eleva al cine a la altura de las artes clásicas como medio para responder a las cuestiones que desde siempre han asediado al hombre, y trata de darles respuesta con los rasgos propios del cine, limitaciones incluidas. Las reflexiones se dividen en las que se centran en aspectos concretos de la realización y en otras más generales, como la responsabilidad del artista o la relación de este con el público. El conjunto resulta deslumbrante y, por momentos, sobrecogedor.

9. ‘Hacia una teoría del montaje (vols. 1 y 2)’ (Sergei M. Eisenstein).
El lenguaje cinematográfico (imagen + montaje) tiene dos padres indiscutibles: Griffith y Eisenstein, pero fue este quien le otorgó la mayoría de edad artística. Él es uno de esos raros teóricos que logra trasvasar sus principios a la práctica, demostrando así su eficacia, y —más raro aun— de los que no se anquilosa en sus postulados, por muy brillantes que sean, y sigue cuestionándose. Dos volúmenes inmensos que demuestran que el legado del cineasta ruso va más allá del montaje de atracciones.

8. ‘El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer’ (Paul Schrader).
Quizá el más claro manifiesto de cómo las decisiones estéticas contribuyen al nacimento de distintos estados en el espectador. Schrader defiende, con Ozu, Dreyer y Bresson como pruebas, una suerte de teoría de la navaja implacable: la reducción al extremo de los elementos que despiertan la empatía sentimental en el espectador revelará al cabo una quietud —estasis— que trasciende la experiencia sensorial y la sustituye por la conciencia pura. Tiene todo lo que se le puede pedir a un ensayo.

7. ‘El cine según Hitchcock’ (François Truffaut).
Desde la admiración rendida del fan y con el bagaje del erudito, Truffaut exprime hasta la última gota de la sabiduría del genio, que se presta al diálogo sin establecer ninguna barrera temática o temporal y con respeto profundo por su interlocutor (que, cabe sospechar, jamás habría tenido con un periodista). El resultado es el casi seguro epítome de los libros de conversaciones con cineastas, un modelo infinitamente imitado pero igualado jamás.

6. ‘¿Qué es el cine?’ (André Bazin).
El padre espiritual de los críticos de Cahiers… se plantea, como los niños y los filósofos, la pregunta más sencilla, que es también la más difícil de responder. Entre otras cosas porque no hay una respuesta definitiva. Bazin aboga por un cine realista-poético, y se suele expresar con metáforas e imágenes —muchas veces más iluminadoras que el estricto análisis racional— para exponer sus posiciones teóricas, germen primero de la quizá controvertida, pero insorteable, ‘política de autor’.

5. ‘El arte del montaje’ (Walter Murch y Michael Ondaatje).
El diálogo entre Murch y Ondaatje presenta una química irresistible; las preguntas del novelista son tan incisivas como abiertas, y el montador —un humanista en el sentido más pleno— las aprovecha para ir encadenando ideas, intuiciones, anécdotas, cada cual más jugosa que la anterior. Con tanta hondura como falta de pedantería y prejuicios, el resultado es un tratado del montaje y la narrativa cinematográficos ejemplar, pero sobre todo una fiesta de la inteligencia.

4. ‘The New Biographical Dictionary of Film’ (David Thomson).
El por muchos considerado monarca primero de la crítica e historiografía cinematográfica publicó en 1975 el diccionario biográfico de referencia, y desde entonces no ha dejado de enriquecerse y reeditarse. No es solo la marea de negritas, es que sobre cada una vierte una opinión, provocadora y audaz. Nada que ver pues con un diccionario impersonal, mero archivo de consulta: la consulta encontrará aquí su recompensa, pero una mucho más suculenta de la que esperaba.

3. ‘La imagen-movimiento y La imagen-tiempo’ (Gilles Deleuze).
Díptico inseparable, Deleuze aborda el núcleo constitutivo e irreductible del cine —la imagen— con la misma entrega y rigor (y pasión) que durante siglos los filósofos han dedicado a las grandes cuestiones del pensamiento. Plagada de ejemplos y con una escritura que, pese a la profundidad de los conceptos, no pierde el tono conversacional, el lector interesado no debiera sentirse intimidado por la fama de esotérica que la precede.

2. ‘Film Art: An Introduction —International Edition’ (David Bordwell y Kristin Thompson).
Lo que Así se hacen las películas es a la ejecución, Film Art lo es al visionado: un manual didáctico que no incurre ni en la simpleza ni en el hermetismo. Los elementos que fundamentan la estética fílmica —luz, encuadre, sonido…; y otros a los que no se les suele prestar tanta atención: dicción de actores, formatos de visionado…— se explican con claridad e ilustrativos ejemplos (también gráficos) que enriquecen la mirada del espectador, no solo la del estudiante o del crítico.

1. ‘Así se hacen las películas’ (Sidney Lumet).
Del mismo modo que Kind of Blue es a la vez la perfecta introducción al jazz —por accesible y sofisticado, por su capacidad para despertar la curiosidad— y una de sus cimas, Así se hacen… gratifica tanto al neófito como al aficionado como al experto. Con didactismo y sin perder el humor, Lumet expone todas las fases de la producción cinematográfica como si en efecto te estuviera contando una —muy interesante— película. Si hay un título que pueda considerarse imprescindible en la biblioteca de un cinéfilo, es este.