CRÍTICA

Wall·E

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Por
08 de agosto de 2008

“No todo el mundo puede ser un gran artista, pero éstos pueden proceder de cualquier lugar”. La frase, escrita por Anton Ego en la crítica final de Ratatouille, encerraba una lectura autoindulgente: el propio origen de Pixar, que es el de un extravagante funcionario, John Lasseter, cuyo genio se reveló en el seno de una empresa de software que él mismo reconvirtió en una factoría de deslumbrantes fantasías digitales y salvó a Disney (con quien se fusionó en 2006) de su agonía creativa. Tradición y vanguardia, tecnología y creatividad, nostalgia y progreso. En esta conciliación de opuestos (que encumbró al tío Walt) está la clave de su éxito. La amistad que sellaron Woody y Buzz, un muñeco de trapo y otro de última generación, en la fundacional Toy Story; la nostalgia por el pasado de Colorado Spring, aquel pueblecito de Cars arrollado por el progreso; o ese pisto de Ratatouille que deconstruía una receta tradicional. WALL•E, un clásico instantáneo, es el eslabón definitivo para leer sus obras como la sublime culminación (por acumulación) de toda la historia de las artes visuales y narrativas con el añadido de su excelencia técnica. Ellos nos lo recuerdan en unos créditos que emulan del trazo de Altamira a Van Gogh. 

Si la idea de una rata cocinera era el colmo de la creatividad, el director de la homérica Buscando a Nemo, Andrew Stanton, riza el rizo incrustando una maravillosa love story silente entre dos robots en una ciencia-ficción de inabarcable inventiva que combina lo retro con el diseño más vanguardista. La primera parte es puro cine mudo: el romanticismo de Chaplin con la sinfonía de ruidos (cortesía de Ben Burtt, padre de los gorgoritos de R2D2) de un Jacques Tati. Tierno, curioso, torpón y muy cómico. Primo hermano de E.T. y Número 5. WALL•E, un náufrago como el de Soy leyenda que se pirra por Hello, Dolly!, es un prodigio de expresividad que en su cuerpecito de chatarra alberga (y contagia) más sentimientos que muchos humanos. Y la segunda una dinámica y trepidante sátira futurista (con guiños a 2001, Star Wars, Brazil y Minority Report) que, al apuntar al consumismo desaforado como causa de su inhóspito paisaje de obesos virtuales, ha sido tachada por los neocons de propaganda comunista.

Precedido del desopilante corto Presto, el resultado es un milagro, casi de arte y ensayo, que alberga detalles y momentos (como el ballet de extintores o el redescubrimiento del contacto físico entre dos personas) de una belleza estremecedora, que son para levantarse y aplaudir. Hipnótica, inteligente, poética, emocionante y visionaria. La obra maestra de unos genios que nos devuelven la ilusión por el cine. O como diría Ego: “Me han estremecido hasta lo más profundo”. 

DAVID BERNAL

SINOPSIS:

WALL•E es un robot basurero. El último de la Tierra. Y está muy solo. Cuando aparece la ovoide EVE se enamora y la sigue por toda la galaxia.

Wall·E

 

ANIMACIÓN, COMEDIA ROMÁNTICA / EE UU / 2008 / 103 MINUTOS / WALT DISNEY STUDIOS DIRECTOR: ANDREW STANTON. GUIÓN: ANDREW STANTON, JIM REARDON FOTOGRAFÍA: ROGER DEAKINS. MÚSICA: THOMAS NEWMAN. PRODUCCIÓN: JIM MORRIS www.disney.es/FilmesDisney/Wall-E

 

ESTRENO: 08 de Agosto de 2008

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