CRÍTICA

Upstream Color

8

Por
28 de marzo de 2014

El síndrome de la segunda película es una afección con riesgo de efectos demoledores en el ánimo de los cineastas primerizos. No digamos si su ópera prima es un ovillo espacio-temporal tan deslumbrante y peculiar como Primer (2004). Por ello no extraña que el multifacético Shane Carruth haya tardado casi una década en reaparecer con una apuesta tan sólida y pulimentada como este nuevo objeto poliédrico, todavía más atrevido, singular y críptico en su exposición. Lo que empieza como un enigmático thriller de ciencia-ficción conspiranoica encierra una historia de amor de transcendencia malickiana aderezada con bosquejos sobre la vida en comunidad y saltos cuánticos difíciles de asimilar de un solo trago.

En un ambiente tan sobrecargado de homogeneidad como el indie estadounidense, la voz de Carruth sigue siendo insólita. Es imaginarlo mientras controla todos los aspectos de la película (dirige, escribe, actúa, produce, fotografía, monta y compone la sensacional banda sonora) y pensar en el modo que tiene de filmar a sus personajes realizando con firme exactitud varias actividades repetitivas. Hay un aprecio por el gesto conciso y afinado que sólo puede venir de la autoexigencia de un artista más preocupado por la narración de texturas y enlaces entre planos que con nivelar su discurso para que llegue a todo el mundo.

 

VEREDICTO: Desobediencia civil, transmigración y cerdos. Toma inception.

SINOPSIS:

Kris es atacada por un ladrón que le anula la personalidad mediante un gusano con extrañas propiedades. La joven sigue todas las instrucciones que le da. Tras la extracción de las hipnóticas larvas, encuentra con su vida totalmente destruida. Un tiempo después conoce a Jeff, un hombre con quien conecta hasta un nivel metafísico.

Upstream Color

Ciencia-ficción / EE UU / 2013 / Dir: Shane Carruth / Reparto: Amy Seimetz, Andrew Sensenig, Thiago Martins, Shane Carruth / Guión: Shane Carruth

ESTRENO: 28 de Marzo de 2014

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