CRÍTICA

Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia

9

Por
26 de mayo de 2015

Sin pausa pero sin prisa, Roy Andersson lleva 15 años demostrándonos que ser humano significa estar sometido a confusión, frustración, soledad y crueldad. También, cierto, a destellos de felicidad. Y eso es lo bello de su cine, que a través del humor absurdo y una afectuosa misantropía es capaz de sugerir que la raza humana es un lugar extrañamente acogedor y a la vez desoladoramente inhóspito. Vemos a un tipo a punto de suicidarse, a otro que lleva a cabo experimentos de electroshock con un mono, y todos se empeñan en repetir la misma frase: “Me alegra oír que estás bien”, aunque ninguno de ellos ni está alegre ni está bien. Esas personas son grotescas criaturas de nosotros mismos y de gente que conocemos, y por eso ver la película debería animarnos a comprar un arma de no ser porque la distancia que Andersson pone al rodarlas nos da permiso para la risa. En todo caso, un arco narrativo hermosamente sutil transforma gradualmente la impasible comedia negra en cándida melancolía.  Habrá quien ponga Una paloma… junto a sus dos predecesoras y concluya que Andersson ha ido a menos, y para rebatir eso hace falta arremangarse la camisa. Pero es que no hace falta hacerlo para estar de acuerdo en que, en todo caso, esta película es inagotablemente sorprendente e hilarante y conmovedora, que invita a sucesivas reflexiones y que confirma a Roy Andersson como un hijo imposible de Beckett, Bergman, Jacques Tati y Monty Python y, a la vez, como un cineasta único.

Sin pausa pero sin prisa, Roy Andersson lleva 15 años demostrándonos que ser humano significa estar sometido a confusión, frustración, soledad y crueldad. También, cierto, a destellos de felicidad. Y eso es lo bello de su cine, que a través del humor absurdo y una afectuosa misantropía es capaz de sugerir que la raza humana es un lugar extrañamente acogedor y a la vez desoladoramente inhóspito.

Vemos a un tipo a punto de suicidarse, a otro que lleva a cabo experimentos de electroshock con un mono, y todos se empeñan en repetir la misma frase: “Me alegra oír que estás bien”, aunque ninguno de ellos ni está alegre ni está bien. Esas personas son grotescas criaturas de nosotros mismos y de gente que conocemos, y por eso ver la película debería animarnos a comprar un arma de no ser porque la distancia que Andersson pone al rodarlas nos da permiso para la risa. En todo caso, un arco narrativo hermosamente sutil transforma gradualmente la impasible comedia negra en cándida melancolía. 

Habrá quien ponga Una paloma… junto a sus dos predecesoras y concluya que Andersson ha ido a menos, y para rebatir eso hace falta arremangarse la camisa. Pero es que no hace falta hacerlo para estar de acuerdo en que, en todo caso, esta película es inagotablemente sorprendente e hilarante y conmovedora, que invita a sucesivas reflexiones y que confirma a Roy Andersson como un hijo imposible de Beckett, Bergman, Jacques Tati y Monty Python y, a la vez, como un cineasta único.

Normal que le dieran el León de Oro en la Mostra. A su callada manera, esta película es una mala bestia.

SINOPSIS:

Como si de un Don Quijote y un Sancho Panza modernos se tratase, Sam y Jonathan son dos comerciales de artículos de fiesta que forman una extraña pareja y siempre están discutiendo. Un viaje sorprendente y surrealista a través del destino del ser humano.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS:

DURACIÓN: NA

EDAD RECOMENDADA: PC

DISTRIBUIDORA: GOLEM

ESTRENO: 29 de Mayo de 2015