CRÍTICA

Un blanco, blanco día

8

Por
22 de junio de 2020

LA ESCENA INDIE de Islandia, sin duda una de las mejores localizaciones cinematográficas del planeta, por fin ha encontrado un relevo considerable a Baltasar Kormákur, quien lideró la industria nacional al empezar el siglo y ya está más que consagrado dentro y fuera de su país. Se trata de Hlynur Palmason, cuyo debut Winter Brothers (2017) fue premiado en Locarno y con Un blanco, blanco día confirma un importante talento narrativo que podría preludiar una interesante filmografía. Bastante más que las de otros compatriotas como Hafsteinn Gunnar Sigurðsson (Either Way, Buenos vecinos), Benedikt Erlingsson (De caballos y hombres, La mujer de la montaña), Rúnar Rúnarsson (Sparrows) o Grímur Hákonarson (Rams), por cierto.

Un blanco, blanco día es una película marmórea, sólida como un puñetazo en la cara, pero también intensamente cálida; como el calorcillo que te deja en la carne ese mismo golpe. Comienza con el seguimiento de un coche por una de esas serpenteantes carreteras islandesas que parecen tenderse sobre el fin del mundo
como una cuerda de funambulista. Hay un accidente. Después viene una hermosa sucesión de vistas de una casa en construcción (en realidad, la demolición de una nave industrial para su transformación en vivienda), cuyo avance es punteado por el paso del tiempo y las estaciones. Palmason filmó ese material durante dos años empleando mucha paciencia y la cámara de 35mm que lleva siempre en el maletero del coche. Su manejo preciso de la narración visual se concreta en lo avanzada que está la película cuando vemos al primer personaje humano. Aparece en pantalla Ingvar Sigurdsson, la presencia cinematográfica más potente del cine islandés (en Hollywood, desaprovechado vilmente en roles terciarios dentro de descalabros como Liga de la Justicia o Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald). Es Ingimundor, un detective de policía retirado y viudo, que se sobrepone a la muerte de su mujer (el accidente de carretera del principio) volcándose en la reforma y aclimatación de su hogar, cuidando a su nieta y asistiendo a terapia psicológica por videollamada.

Hasta que, de la manera más casual, Ingimundor descubre que su mujer fallecida mantenía una relación secreta con un vecino. Conocer esa información lo sume en una espiral de celos y rencor que se van filtrando a través del duelo y reactivan la musculatura de su mente policial, de inmediato lanzada a la búsqueda del amante. La entereza de este hombre recio de apariencia gélida, que se derrite en cuanto interactúa con su nieta, recuerda al Mike de Jonathan Banks en Breaking Bad/Better Call Saul, a la mirada profunda pero fiera de Michel Subor en las películas de Claire Denis; eso sí, con la planta y humanidad de un héroe trágico de John Ford que habría clavado John Wayne.

Hlynur Palmason cuenta el camino de este hombre hacia el abismo de la obsesión y la venganza ciega a través de secuencias dibujadas con tiralíneas, de pulso firme y un sentido del humor tan perverso como el programa de televisión infantil más marciano y existencialista que nunca has visto. Quizás de ahí venga cierto hálito de fábula en el desarrollo de la historia, como si fuera un cuento infantil para adultos donde los lobos se ahuyentan con alaridos y y no se teme a los fantasmas si suena
Leonard Cohen de fondo.

Thriller frío de avance caliente: lenguas de lava sobre un glaciar.

SINOPSIS:

En un pequeño municipio islandés, un jefe de policía retirado lucha por superar la muerte de su mujer, causada por un accidente de coche. Cuando se entera de que esta pudo tener una aventura con otro hombre, la obsesión por descubrir la verdad hará que se ponga en peligro a sí mismo y a sus seres queridos, incluida su nieta más cercana.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS: Islandia

DURACIÓN: 109 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: La Aventura

ESTRENO: 26 de Junio de 2020