CRÍTICA

Torrente 4: Lethal Crisis

5

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11 de marzo de 2011

Hacer una crítica de la cuarta entrega de Torrente es imposible. Ésta es pues la crónica de un fracaso. Como una crítica gastronómica de un whopper, que está cojonudo, por cierto. O como plantearse los puntos de fuga del argumento de Loca Academia de Policía VI. O la entidad psicológica del Jason de Viernes 13 VIII.

Pero hay una pequeña grieta por la que meter mano a Torrente 4: Lethal Crisis y poder contar algo con cierto sentido, más allá de si nos hemos reído o no, que tampoco es cosa baladí: su propio creador acaba reclamando siempre, entre bromas, para este producto cinematográfico el trato especial de un artefacto hecho para pasar un buen rato. Así que si Torrente 4 no es en puridad una película, entonces esto tampoco debería ser una crítica. Y ese es el gran mérito de Santiago Segura, que ha conseguido desbaratar el efecto de los críticos que se lo cepillan en aras del rigor fílmico, para crear un fenómeno inédito y diferente, basado en su propio talento como comediante, que lo tiene, y en un par de propuestas más que logran que nadie se plantee si la película es buena o mala, sino si cumple o no con sus dos principales bazas. El resto, los argumentos convencionales de la crítica, sobran. No tienen razón de ser. O no valen para analizarla. Habría que bajar antes al barro. Y eso ya es un triunfo para su alma máter.  

Antes de nada, y en esencia, Torrente 4 es mucho mejor y más divertida que la tercera parte y compite con la segunda por el puesto de plata en el ránking de esta saga que parece sólo rendir cuentas ante ella misma. Eso es así porque nadie le pide argumento ni trama ni desarrollo de personajes ni suspense ni tan siquiera ritmo. La gente quiere lío.

Estamos obligados a analizar el todo por sus partes (bajas): los cameos y los golpes de humor. Lo dicho: al barro. Si esta cuarta parte reanima la saga (que amenaza con volver en 2017) es porque se mete en menos líos y vuelve a lo esencial: mucho Madrid callejero (pese al crossover con Celda 211 y Evasión o victoria) y mucha mierda de la buena (a veces). Funciona el teta, puta, caca, culo, pedo, pis, y el rescate de la cazoleta va a revolucionar botellones y despedidas de solteros. Es cierto que la apuesta por el villano Francisco, el de la OTI, se queda corta, y que se echa de menos algún otro actor profesional a la altura de Villén, Leblanc y Yon González entre tanto cameo.

Eso, porque luego, claro, están los cameos. Santiago Segura ha revolucionado el concepto. Ha creado algo así como El gran Cameo, en el que las apariciones estelares ya no van trufando el conjunto, como ornamento de la acción, sino que conforman un todo propio: la acción misma es un inmenso cameo que se añade a los demás. Así, además, Torrente 4 se convierte en el receptáculo único del carnaval televisivo trasladado al cine. Lo malo es que eso nunca fue un valor. Segura recoge y amplia el formato para convertir su creación en un mejunje (bien montado y de buena factura, con un 3-D de mero apoyo, alguno sospechará que para la taquilla) que además va a servir para que muchos plastas vuelvan a revisar los límites de lo políticamente correcto tras los casos Vigalondo, Galliano y A Serbian Film. Eso está bien. El chasco que se llevarán. Y aquí sí que hay tesis. Y es más que marxista: cuanto peor, mejor, parece advertirnos el propio Torrente que, cual inspector Clouseau del universo sórdido, tiene más gracia cuanto más bruto es. En fin, será que somos así y no queremos darnos cuenta. Espectador, si no sabes torear con José Luis Torrente, ¿pa qué te metes?

 

CARLOS MARAÑÓN

SINOPSIS:

Una vez más, José Luis Torrente se dispone a limpiar España de escoria.

Torrente 4: Lethal Crisis

Comedia, acción / España / 2011 / Director: Santiago Segura Actores: Santiago Segura, Mario Casas, Kiko Rivera, Belén Esteban, Ana Obregón, Andreu Buenafuente Guión: Santiago Segura

ESTRENO: 11 de Marzo de 2011

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