CRÍTICA

Toni Erdmann

10

Por
23 de diciembre de 2016

“No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella”, dijo un sabio sin saber que estaba resumiendo la tercera película de Maren Ade. La descollante Toni Erdmann, que, en el pasado Festival de Cannes, renovó la fe cinéfila de unos cuantos cínicos a punto de perder el carnet de periodista, moldea esa máxima en exceso escurridiza y la disfraza de comedia del año para que no la volvamos a olvidar.

Todos somos la fría Ines que, en Toni Erdmann, nunca tiene tiempo para nada, y ni hablar de ser feliz. Siempre pegada al móvil, subida a sus tacones de aguja, camisa blanca, americana sosa y prieto el moño de ejecutiva agresiva, está disponible las 24 horas para hacer el trabajo sucio en la oficina o saciar los caprichos más íntimos de sus colegas de profesión, todos hombres. Su ambición es llegar lejos, llegar a ser, extraño tiempo verbal que nunca es.

Todos deberíamos ser Winfried, el padre que se presenta diciendo que ha contratado a una hija sustituta para que haga todo lo que la titular nunca tiene tiempo de hacer con él. Winfried, el profesor de música en horas bajas que, preocupado por su hija workaholic, viaja por sorpresa a Bucarest, Rumanía, donde la empresa para la que trabaja se encuentra inmersa en importantes negocios. Allí, en el hall de un edificio anodino del que entran y salen otros como ella, mismas chaquetas y ambiciones, la intercepta a la vuelta del almuerzo, disfrazado con unas gafas de sol negras y unos dientes postizos a juego. El desconcierto es máximo, no sólo el nuestro, también el de Ines, que, rodeada por sus compañeros de buenos modales y semblante serio, aprieta el paso y disimula. Lo que comienza siendo un rifirrafe verbal entre padre e hija, término felicidad arriba, concepto diversión abajo, va convirtiéndose en Toni Erdmann, con la misma aspereza con la que su protagonista vive la vida, en un monumento al absurdo que mucho le debe a la desbordante vis cómica de Peter Simonischek, así como a la entrañable química que genera con la poliédrica Sandra Hüller. Su personaje pasa de perseguirla a las puertas de la oficina a crearse un álter ego con peluca y gustos bizarros que van desde el champán caro hasta los cojines de pedos.

La confusión que la directora Maren Ade (Entre nosotros) logra transmitirnos en esa escalada de bromas de casi tres horas de duración esconde, en el fondo, una profundidad que jamás hubiésemos atribuido a las esposas de juguete o las fiestas en pelotas. Son todas estas estratagemas rijosas una didáctica demostración paternal de lo ridícula que es la vida cuando se toma demasiado en serio, pero, sobre todo, del poco sentido que tiene si no se disfruta. El empeño de este sujeto por que su hija comprenda esto –¿qué mejor legado puede dejarle?– no conoce límites, aunque el asunto le cueste alguna bofetada de spaghetti. Todo compensa y cobra sentido en el sublime clímax peludo en el que ella (y nosotros) lloramos y reímos aplicando lo aprendido. Y, desde alguna parte, Toni Erdmann sonríe satisfecho enseñando sus sucios dientes postizos.

La película que te hará replantearte tu vida y mirar con mejores ojos las tiendas de artículos de broma. Todos necesitamos un Toni Erdmann.

SINOPSIS:

Inès trabaja en una gran empresa alemana establecida en Bucarest. Su vida está perfectamente organizada hasta que su padre Winfried llega de improvisto y le pregunta ”¿eres feliz?”. Tras su incapacidad para responder, sufre un profundo cambio. Ese padre que a veces estorba y que la avergüenza un poco le va a ayudar a dar nuevamente sentido a su vida gracias a un personaje imaginario: el divertido Toni Erdmann.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO: ,

GUIÓN:

PAIS: Austria, Alemana, Rumania

DURACIÓN: 162 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Golem Distribución

ESTRENO: 20 de Enero de 2017