CRÍTICA

Tomboy

8

Por
01 de mayo de 2013

Casi como un esqueje de alguna de las películas de los hermanos Dardenne –La promesa o El niño de la bicicleta, por ejemplo– nos llega esta obra de Sciamma que, lejos de estar hipotecada por el pesado influjo de nadie, posee una enorme personalidad propia. Retrata la directora el conflicto de una niña que decide hacerse pasar por niño. No conocemos al detalle sus motivaciones y es que no es ésta una película de evidencias, sino de sugerencias, de intuiciones más que de certezas. De ahí su valor, su capacidad para seducirnos, hablarnos de miradas, de gestos imperceptibles, de aprender a escupir, de los primeros celos y deseos escondidos, proscritos por la prudencia, el desconocimiento y el miedo. La mirada es sensible y luminosa, rehúye oscuridades y truculencias. Al contrario, la escena es siempre soleada, la cámara siempre busca la luz, nunca la tiniebla. Es cierto que se ensimisma a ratos en escenas familiares o costumbristas que no aportan demasiado, más allá de una notable aunque a ratos plana capacidad de observación. Pero lo importante es ese relato para nada inocente ni esterilizado, que sabe jugar con el espectador, prevenido ante la intuición de que tarde o temprano se descubrirá el pastel. Y entonces no tiene miedo a la incomodidad, no opta por una conclusión cómoda, por un happy end facilón y evidente. Todo un descubrimiento, un relámpago humano y humanista que merece ser visto. 

 

VEREDICTO: Una historia sencilla y esencial sobre la infancia.

SINOPSIS:

Tras instalarse en su nuevo barrio fuera de París, una niña de 10 años de edad, decide empezar a vestirse como un chico.

Tomboy

Drama / Francia / 2011/ Dir: Céline Sciamma / Reparto: Zoé Héran, Malonn Lévana, Jeanne Disson, Sophie Cattani, Mathieu Demy, Cheyenne Lainé / Guión: Céline Sciamma

ESTRENO: 01 de Mayo de 2013

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