CRÍTICA

Sotobosque

6

Por
02 de octubre de 2018

Ni parto sin dolor, ni hortera sin transistor, ni mes sin ejercicio de fiction-non fiction orientado al circuito de festivales en su calendario de estrenos. Ahora le toca al segundo largometraje de David Gutiérrez Camps, dedicado a seguir la rutina (desoladora, como mandan los cánones) de Musa Camara, joven mauritano cuya subsistencia en un pueblo de Gerona se basa en una labor que diríase del Neolítico: recolectar piñas y ramas secas para vendérselas a los locales como combustible.   

Entre las virtudes de Sotobosque están una fotografía cuidadísima y, sobre todo, un trabajo primoroso de captación del sonido. Asimismo, la alienación sufrida por Camara resulta evidente, más aún si el espectador comparte con él la impresión de que la sardana es tan indescifrable como un jeroglífico. Pese a ello, los esfuerzos de la película para eludir un desarrollo convencional resultan tan artificiosos como esos encuentros destinados a crear un efecto de extrañamiento: la webcammer erótica se lleva la palma, pero la boletaire profética y el emú perseguidor también pueden dejarle a uno con el gesto torcido, por rebuscados. Así pues, el filme acaba creando una duda incómoda: ¿están sus imágenes al servicio de ese protagonista para el cual partirse la crisma es un riesgo diario, de ese director empeñado en emular a Kiarostami y a Lisandro Alonso, o de nadie en particular? Que cada uno decida.

Ejercicio verité demasiado empeñado en gustarse a sí mismo.

SINOPSIS:

Musa, un joven de Mauritania deambula por los bosques que rodean Girona. Allí, totalmente aislado de la sociedad, recoge piñas y ramas para venderlas a los comerciantes locales.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS: España

DURACIÓN: 83 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA:

ESTRENO: 05 de Octubre de 2018