CRÍTICA

Somos lo que somos

7

Por
16 de enero de 2015

El primero que se declara en contra de la subdivisión de remakes exprés de Hollywood –la que rehace películas interesantes de cualquier punto del planeta casi inmediatamente después de detectarlas– es el director Jim Mickle. ¿Entonces a qué viene esta nueva versión de Somos lo que hay (2010), retrato de una familia caníbal del mexicano Jorge Michel Grau? Quizás sabe que, como en la pintura, son más importantes los trazos que la originalidad del motivo. Al pasar de la bulliciosa México D.F. a las aisladas montañas de Catskill no hace sólo un traslado geográfico, sino, incluso con más ambición que Matt Reeves en su Déjame entrar (2010), un cambio de paradigma, de sensibilidad y, en todos los aspectos, de película. Lo que también implica desplazar el centro de interés original –los componentes de clase– hacia sus preocupaciones sobre la vida en comunidad y los demonios interiores. El canibalismo ha tenido tratamientos cinematográficos tan poco ortodoxos como Godard, Oliveira o Denis, pero Mickle prefiere contar un relato de iniciación y rebeldía adolescente –papelones de Julia Garner y Ambyr Childers– dentro de un ambiente cerrado y viciado. Lo que hace a nivel de narración y atmósfera con el hogar de los Parker no tiene nada que envidiar al rigor formal de un Michael Haneke o Yorgos Lanthimos, sólo que la crónica de desmoronamiento familiar que traza seguramente contará con menos exégetas a la búsqueda de alegorías. Mejor así: lo que hay es lo que hay.

El primero que se declara en contra de la subdivisión de remakes exprés de Hollywood –la que rehace películas interesantes de cualquier punto del planeta casi inmediatamente después de detectarlas– es el director Jim Mickle. ¿Entonces a qué viene esta nueva versión de Somos lo que hay (2010), retrato de una familia caníbal del mexicano Jorge Michel Grau? Quizás sabe que, como en la pintura, son más importantes los trazos que la originalidad del motivo.

Al pasar de la bulliciosa México D.F. a las aisladas montañas de Catskill no hace sólo un traslado geográfico, sino, incluso con más ambición que Matt Reeves en su Déjame entrar (2010), un cambio de paradigma, de sensibilidad y, en todos los aspectos, de película. Lo que también implica desplazar el centro de interés original –los componentes de clase– hacia sus preocupaciones sobre la vida en comunidad y los demonios interiores. El canibalismo ha tenido tratamientos cinematográficos tan poco ortodoxos como Godard, Oliveira o Denis, pero Mickle prefiere contar un relato de iniciación y rebeldía adolescente –papelones de Julia Garner y Ambyr Childers– dentro de un ambiente cerrado y viciado. Lo que hace a nivel de narración y atmósfera con el hogar de los Parker no tiene nada que envidiar al rigor formal de un Michael Haneke o Yorgos Lanthimos, sólo que la crónica de desmoronamiento familiar que traza seguramente contará con menos exégetas a la búsqueda de alegorías. Mejor así: lo que hay es lo que hay.

Repiten los ingredientes, se cambia la receta. Devóralo otra vez.

SINOPSIS:

La ermitaña familia Parker es conocida por pasar desapercibida en su pequeña localidad. Frank, el cabeza de familia, dirige a su familia con severidad. Tras la muerte de su madre, Iris y Rose deben cuidar a su hermano pequeño Rory. Lo que no esperaban era la magnitud de las responsabilidades que ahora se les venía encima, deben continuar con la ancestral y macabra tradición familiar. Una tormenta conducirá a las autoridades hasta el secreto de los Parker.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: ,

GUIÓN:

PAIS:

DURACIÓN: 105

EDAD RECOMENDADA: PC

DISTRIBUIDORA: LA AVENTURA AUDIOVISUAL

ESTRENO: 16 de Enero de 2015