CRÍTICA

Sinónimos

9

Por
11 de febrero de 2020

Un soldado israelí llega a París, se cuela en un piso vacío en el que le roban hasta los calzoncillos y, desnudo e indefenso, renace como proyecto de ciudadano francés, arropado y mimado por dos jóvenes burgueses que se apiadan y fascinan de su misteriosa presencia. Con ese punto de partida, tan enigmático como rebosante de simbolismo –a todas luces uno de los arranques más potentes en el cine de autor de la temporada–, Nadav Lapid nos adelanta las líneas maestras que cimientan su tercer largometraje, porque Sinónimos es una película de personaje, de fuerte contenido alegórico que se presenta, de manera frontal, como una reflexión sobre las identidades nacionales.

Quienes conozcan la trayectoria del cineasta reconocerán en Yoav ecos del niño poeta y del mundo militar retratados en sus filmes previos –Policía en Israel (2011) y La profesora de parvulario (2014)–; aunque aquí el rol interpretado de manera soberbia por Tom Mercier se transfigura en una suerte de personaje tabula rasa en busca de unos mitos –Godard, Garrel y otros tótems de la cultura gala diletante– de los que desencantarse toda vez que descubra el Edén parisino como un escenario hostil y cínico. Entre el verbo y el cuerpo, lo cómico y lo rabioso, la melancolía y la agitación, Sinónimos se desborda por todos los lugares posibles y el resultado es admirable, tanto por su audacia como por su autocomplacencia.

Un pequeño soldado israelí buscando (y cargándose) a Godard.

SINOPSIS:

Yoav llega a París, donde se queda literalmente desnudo, sin posesiones ni identidad. Esto hará que deba renacer, renegando de su origen hebreo y comenzando una complicada relación con Émile y Caroline, sus nuevos protectores. Los problemas pronto empezarán a sucederse uno detrás de otro.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS: Francia, Israel, Alemania

DURACIÓN: 123 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: La Aventura Audiovisual

ESTRENO: 14 de Febrero de 2020